La Iglesia ha planteado la conveniencia de un salario o sueldo deseado de $250.000 mensuales, apelando a valores éticos; ha sido como un llamado a conciencia, para todos los que pudieran hacerlo. También debiera pensarse en una mejor política de asignaciones familiares y eliminar los absurdos que ésta hoy tiene.

Gran debate se ha desarrollado en torno al tema del sueldo o salario ético; bastó con que el Obispo Goic, que tan importante papel jugó en la solución de dos grandes conflictos sociales y laborales en torno a los subcontratados frente a dos grandes empresas: la privada CELCO, del rubro forestal y la estatal del cobre CODELCO, plantease posteriormente la recomendación de un sueldo o salario ético del orden de unos $ 250.000 mensuales, para que así partiera un amplio debate. Éste se inicia por una descalificación por parte de una economista senadora, a tan distinguido religioso, al que llegó a tratarlo de ignorante en temas económicos y manifestando que sobre lo que no conoce no debería hablar.
Posiblemente esta actuación fue poco meditada, imprudente, en parte puede calificarse de ofensiva y, que a mi juicio es de una visión muy estrecha, que desgraciadamente se da bastante entre los economistas del gremio al que yo también pertenezco; el tema de las remuneraciones no es sólo una materia económica, tiene un gran significado social y político, y como bien lo ha señalado la Iglesia, en torno al tema debe haber principalmente consideraciones morales. Además debe tenerse en cuenta que la economía debe ser una ciencia social; las simplificaciones y el uso de postulados que nos permiten desarrollar las teorías económicas, deben llevarnos a usar sus conclusiones con prudencia, pues hay muchas variables que hacen que la realidad no se comporte como las teorías lo presumen. Recuerdo unos complicados modelos matemáticos aplicados a la ganadería chilena que después se discutía su validez ya que su aplicación nos daba un peso para el toro que se beneficiaba en mataderos, de magnitud negativa.
La excelencia de una formación no debe estar por encima de la sabiduría, que lo aporta la experiencia, los años y los análisis más integrales, con más amplias consideraciones.
Estos nos trae al recuerdo expresiones de otros economistas tales como: que se coman las vacas, que se jubile a todos los campesinos viejos porque no son viables o el trato de gásfiter a una autoridad que aborda temas económicos sin tener “los conocimientos o la excelencia” del economista doctorado; es muy probable que las tantas adulaciones que nos llegan del exterior por “nuestros éxitos económicos y por nuestras brillantes políticas financieras” que mucho agradan a intereses internacionales, nos hagan sobre estimarnos. Bastante se ha hablado de la prepotencia de nuestros ejecutivos jóvenes en países extranjeros. Los “éxitos” parece que no nos dejan ver las desigualdades en nuestra sociedad y darnos cuentas de las tensiones que se van desarrollando y que terminan en explosiones sociales, como las ya percibidas.
No cabe duda que muchas grandes empresas que han tenido altas utilidades podrían perfectamente llegar a pagar a los trabajador de ingresos mínimos, niveles de esa naturaleza; es probable que con un tratamiento más digno, se reduzcan conflictos sociales y laborales, como también conseguir de los trabajadores una mayor contribución a la empresa.
Las palabras del Obispo Goic inician una polarización de posiciones y con matices en los apoyos a esta iniciativa. En torno a esto se mueven consideraciones económicas, políticas, sociales y morales.
Un candidato presidencial de derecha se pronuncia a favor de esta idea, pero considerando un nivel más alto a los $ 250.000 mensuales y que sea el Estado que ayude a cubrir este monto si las empresas, especialmente las pequeñas, no pueden remunerar a esos niveles. Los partidos de la Concertación en su conjuntos han apoyado el planteamiento eclesial; sectores empresariales se han manifestado en contra y la Alianza muestra división, especialmente en la UDI, donde la idea ha tenido un inesperado apoyo; éste sin dudas es uno de los partidos con menos ideología, pero que está más cerca de la población y de mejor comprender sus problemas; además es uno de los partidos mayoritarios o el mayor captador de la simpatías de los electores, a pesar de haber sido uno de los más cercanos y leales al Presidente Pinochet.. La Democracia Cristiana, partido mayoritario de Gobierno, ya plantea una reforma tributaria para facilitar el logro de lo propuesto por la Iglesia. El Ministro del Trabajo también respalda iniciativas de esta naturaleza.
Dentro de esto, en mi opinión se ha omitido, se ha olvidado un tema que considero muy importante y sobre el cual en la antigua democracia tuvimos una interesante experiencia: Me refiero a la asignación familiar.
Antes del golpe militar teníamos en Chile una asignación familiar que recibía el trabajador, fuese obrero o empleado, y también el jubilado o pensionado, varón o mujer, que se sumaba a la remuneración mensual por su trabajo o a su pensión. Fue preocupación permanente del Estado ir aumentando su valor real y el Gobierno de Frei Montalva, como un logro importante, consiguió establecer la uniformidad de monto para el obrero y el empleado; antes era mayor para el empleado.
El principio en que se basaba era sin duda muy lógico;
El empleado o el obrero recibía este pago adicional al que obtenía por su trabajo, que era en función de las necesidades de su hogar derivadas de las personas pasivas que vivían a sus costas. Principalmente éstas eran los hijos menores, también recibía por la esposa si no trabajaba en forma remunerada, por los padres sin rentas e incluso podía extenderse a los nietos cuantos éstos fueran de su dependencia. Este pago era mientras el causante de la asignación cumpliese los requisitos exigidos, la edad de los hijos por ejemplo, la que se ampliaba si pasado la límite, continuaba como estudiante.
Los economistas ideólogos del modelo impuesto por el Gobierno Militar, procuraron eliminar la asignación familiar. Sólo lograron afectarla seriamente. La base de sus planteamientos era que este pago tenía la característica de contribuir al paternalismo, de estimular la flojedad y la pasividad de los trabajadores.
Optaron como camino para lograr su eliminación, congelar su valor nominal, lo que significaba que su valor real se iba deteriorando en la medida que los índices generales de precios subían anualmente. Un estudio del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA), señaló que su poder adquisitivo expresado en kilos de pan llegó a reducirse en un 90%.
Se hizo toda una campaña para que la población renunciara a esta asignación, una vez que ésta se había ya reducido bastante y se llegó a dar publicidad de los nombres de quienes renunciaban. Pero esta gestión no tuvo mucho éxito; sólo se observó en algunos empleados públicos de niveles altos, de confianza política.
La antigua asignación podía cobrarla la esposa del trabajador, si ésta lo solicitaba; era un derecho que tenía la mujer. Con ello se resguardaba en mejor forma que ese dinero llegase a beneficiar más directamente a la familia.
Debe tenerse presente que si bien el empleador le entrega al trabajador la asignación familiar, ésta la financiaba como ahora el sistema previsional; por lo tanto no constituye un mayor gasto para el empresario.
En torno a esa asignación se asociaban otros beneficios, el nuevo hijo ya durante su gestación aportaba ingresos al hogar. Era habitual que los padres asociasen a que ese ingreso debía destinarse preferentemente a los niños, para compra de ropa u otras atenciones. El adulto mayor recibía un ingreso que contribuía a darle dignidad por la sociedad y se sentía menos carga del hogar que lo acogía. Podría decirse, que la asignación familiar reforzaba la familia.
Posiblemente sólo un gobierno autoritario pudo hacer una cambio de este tipo; pero parece poco creíble que la nueva democracia no haya vuelto a un sistema que tanto significó para la familia y la sociedad chilena.
Creo conveniente presentar la tabla actual de valores de la asignación familiar y los estratos de ingresos que son beneficiados, que rige a partir de julio de este año:
Monto de la asignación Límites de ingreso mensual
$ 5.393 Que no exceda los $ 135.124.
$ 4.223 Superior a $ 135.124 hasta $ 264.667
$ 1.375 Superior a $ 264.667 y hasta $ 412.791
$ 0 Superior a $ 412.791

El sistema es realmente absurdo. Si el trabajador gana un peso más puede perder una cantidad importante de dinero. Los genios que la establecieron posiblemente se basaron en el cálculo de impuestos progresivos como el Global Complementario, en que a medida que
el contribuyente aumenta sus ingresos, puede entrar en un tramo en que la tasa le aumenta, pero sólo sobre la parte que queda sobre el límite.
Se puede señalar lo absurdo del sistema. Por ejemplo si un trabajador con 7 cargas gana $ 264.000 y por ello recibe por asignaciones familiares 7 por $ 4.223 = $ 29.561.
Veamos qué le pasa a este trabajador se le sube su ingreso en $ 1.000, llegando a $ 265.000.
Al subir de tramo la asignación familiar se reduce a $ 1.375. Ahora lo que recibe es
7 por $ 1.375 = $ 9.625. El alza de su remuneración en $ 1.000, le significa una menor recepción por asignaciones familiares de $ 19.936 ($ 29.561 menos $ 9.625).
Otro absurdo que se da es si las remuneraciones cambian de un mes a otro, la asignación familiar le cambia o incluso puede desaparecer. Tuve la experiencia en trabajadores de la Hacienda Rinconada de Maipú de la Universidad d Chile, que perdían su asignación familiar algunos meses cuando recibían ingresos adicionales por tratos.

Recientemente apareció la noticia “Cayó en casi 20% tasa de natalidad; gobierno estudia incentivo para maternidad”. “La caída en la tasa de natalidad de la población chilena – que redujo la población infantil menor de 4 años en un 19,8% entre 1990 y l 2006 – tiene a las autoridades de gobierno evaluando crear incentivos para fomentar la natalidad”.
Tengo entendido que en Francia, se tuvo preocupación por la reducción de su población y se estimuló la natalidad, con buenos resultados, aumentando la asignación familiar y haciéndola creciente a medida que aumenta el número de hijos.
Parece lo más racional es que la asignación sea sólo una. El gasto de una carga para una familia, es independiente del ingreso que reciba el trabajador. Si la persona tiene ingresos altos, lo lógico es que tribute más, pero no se le rebaje el aporte por carga.
Ya que se ha hablado de reforma tributaria para el salario o sueldo ético, no podría ser conveniente también considerar una aumento de la asignación familiar y mantenerla uniforme para los distintos niveles de ingresos y que el mayor gasto se financie, si fuera necesario, con un ligero aumento tributario a los ingresos personales y que éste incremento sea progresivo.
Ojalá la triste experiencia del pasado lejano y más reciente, nos ayude a buscar buenas soluciones, que contribuyan a una mayor justicia social, que el país tanto necesita. No olvidemos la irritante desigualdad de ingresos que acusa Chile.

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