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Compositor o componedor de huesos, don Luis Cabezas Cabezas. Sanaciones extraordinarias. Introducción a quiropráctica

Tema muy interesante es el de analizar la presencia en la sociedad chilena de los compositores o componedores de huesos.

Cuando era académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de la Alimentos de la Universidad de Chile (INTA) supe de don Luis Cabezas Cabezas, destacado compositor de huesos.

Un apreciado académico de este instituto (RL) sufría de un grave mal a los pies que no recuerdo como se denominaba, pudo ser equinismo. Tenía ambos pies como agarrotados, con serias dificultades para caminar. El caminar además de serle difícil le era doloroso.

La medicina alopática no lo había podido sanar.

No sé cómo se informó de la existencia de este llamado compositor de huesos, don Luis Cabezas. Persona que a mi juicio era bastante más que un componedor de huesos.

Así llegó al que se le conoce como compositor o componedor de huesos.

En dos sesiones distanciadas una semana, lo sanó totalmente. Gran parte de la sanación se le genera en la primera sesión.

Son personajes que se conocen generalmente en el medio rural o en sectores poblacionales urbanos más bien marginales. Son especies de curanderos; sus formaciones son heredadas habitualmente de un familiar directo. Son esencialmente empíricas.

He oído noticias de varios, no solo son hombres sino que también mujeres.

Me he dado cuenta que no solo tienen capacidad para recuperar zafaduras de huesos o quebraduras de ellos, sino superar otros problemas relacionados más allá de huesos y de las articulaciones. Intervienen en los sistemas muscular y nervioso, especialmente con masajes aplicados a veces con bastante fuerza cuando capta una anormalidad. Se menciona como una de las situaciones la encarnación de los nervios.

Describiré aspectos importantes de su tratamiento a base de lo que experimenté en mi cuerpo.

Yo me sometí a su tratamiento, fue a raíz de un serio problema que tuve derivado de anormalidades presentadas en vértebras cervicales (5ª y 6ª vértebras). Había tenido inicialmente una fuerte crisis que la asocié a un problema cardíaco. Se me produjo una especie de palpitación en mi pecho izquierdo Después de una dolorosa intervención hospitalaria con una aguja que perforó mi mano y de recibir una descarga eléctrica, más radiografía de la columna vertebral, se detectó en el Hospital de la Universidad Católica que el problema se originaba en dos células cervicales, las 5ª y 6ª. Me demoré bastante en superar el mal con atención de kinesiólogo y aplicación de luz y calor. Además de tomar algunas medicinas.

Después de pocos meses se me repitió la crisis con menor intensidad. Ello me llevó a este componedor; nunca más se me repitió un período crítico de esa naturaleza. Asistí a la primera sesión con la compañía del académico del INTA que inició los contactos con este compositor.

Me parece interesante explicar el tratamiento que recibí, con sus características habituales. Me hizo tenderme de espalda en una especie de camilla y extender las piernas. Ahí se captó que una pierna era más larga que la otra. Yo le pregunté si creía conveniente que usara un zapato con suela más alta. Él me preguntó medio en broma medio en serio, si yo quería que quedaran iguales. Y me las dejó iguales, lo que pudo verificar quien me acompañaba.

Su tratamiento empezaba revisando los pies, especialmente las distintas articulaciones del cuerpo, más los huesos y músculos. Al captar anormalidades en las articulaciones, las corregía de inmediato. Me recuerdo que en la tibia derecha detectó un golpe, él creyó que era consecuencia del fútbol, pero yo deduje que fue causada por un fuerte golpe que se me produjo bastantes años atrás al quebrarse un peldaño de una simple escalera de madera portátil; entonces inicialmente creí que me había quebrado ese hueso, pero afortunadamente no fue así.

Recuerdo algo más que me hizo el señor Cabezas, fue por la espalda, cargar fuertemente y masajear la parte superior de la pelvis mayor. Al parecer allí había algo inflamado. Ese tratamiento fue un poco doloroso. Posteriormente con su dedo pulgar hizo una fuerte presión entre las piernas, sobre la articulación de la cabeza del fémur de la pierna derecha.

Después de todo ello quedaron las dos piernas del mismo largo.

Me parece conveniente contar que un par de veces que he tenido un pequeño dolor al caminar, procedo a mi auto masaje sobre la parte superior de la pelvis mayor, donde siento algo de dolor al hacerlo, hasta cuando este desaparece junto con los que sucede con el dolor al caminar.

Otro tratamiento que me hizo don Luis fue un masaje muscular y donde detecta una anormalidad lo hace más intenso para eliminar al parecer sectores nudosos. Antes de los masajes aplica una especie crema líquida con fuerte olor a alcanfor.

También recuerdo una acción de torsión fuerte de la cabeza, práctica que sería habitual que la realicen estos compositores.

Repito que ese completo tratamiento recomendaba repetirlo a la semana siguiente.

Se comentaba que hay personas que llegaban inválidas, en silla de ruedas, salían caminando.

Otro hecho interesante es que él captaba características de sus pacientes. A algunos de inmediato no los quería atender.

Un caso extraordinario. Una académica del INTA sufría de un malestar creciente en sus dedos de las manos. Se le iban arqueando sin poderlos enderezar, asociado ello con pérdida de sensibilidad en sus yemas. Los médicos no la pudieron sanar e incluso uno planteó la hipótesis de una degradación de su médula. Varios familiares de esta académica habían sufrido de este mal, lo que hace posible suponer que hay un factor genético asociado como causal. El pronóstico era malo y su esposo estaba con la intención de comprarle un automóvil especial para esa invalidez que avanzaba.

Recuerdo que cuando ella anunció que iba donde este compositor, un médico le recomendó que no lo hiciera. Sin embargo lo hizo.

Me impresionó cuando esta académica me contó los resultados de la primera sesión. Le quedaron los dedos derechos, con perfecto movimiento y con recuperación de la sensibilidad de los dedos. Me informó que cuando volvió a su casa con su esposo, ellos se tendieron en la cama y llegaron a sollozar de emoción. Le cambiaba su pronóstico de condiciones de vida futura, y desde luego desaparecieron todos sus malestares.

Se sometió a la segunda sesión a la semana siguiente y nunca más se le repitió la molestia. Recuerdo que muy posteriormente le informé de la muerte de don Luis Cabezas, y vi que en sus ojos se formaron unas lágrimas.

Él atendía en su clínica que estaba en la plaza de Malloco y en casos especiales, en su casa en el camino a Melipilla.

Supe que médicos llevaban a pacientes con quebraduras graves para que él procediera a atenderlos. También recibía a veces a médicos con alumnos para conocer su tratamiento.

Varias veces su clínica fue cerrada por denuncias de médicos, al parecer especialmente de jóvenes, pero facultativos que conocían su tratamiento, influían para su reapertura.

Ya a edad más avanzada, por problemas de salud, redujo sus atenciones. Cada tratamiento significaba un considerable esfuerzo.

Se preocupó de formar un sucesor, que un tiempo trabajó con él para transmitir sus conocimientos y experiencias. Entiendo que la clínica ha seguido funcionando después de su muerte.

Yo tuve una conversación con él sobre su formación. La recibió si mal no lo recuerdo de un tío abuelo, quien le empezó a enseñarle con huesos de pajaritos.

Él no atendía a personas que habían sido operadas de la columna.

Recuerdo lo que me contó el primer académico del INTA que inició los contactos con don Luis Cabezas. Este compositor lo felicitó por la calidad humana de los pacientes que le llevó. Recordar que él captaba las cualidades de los pacientes y que a base de ello a algunos no los atendía.

Otro caso interesante fue el de otra académica del INTA que al día siguiente se iba a operar de un juanete y él en la primera sesión la sanó.

Él atendía desde muy temprano en su clínica y los pacientes incluso llegaban de noche para lograr ser atendidos.

Años después conversando con el doctor Jorge Mella, especialista en tratamiento de cáncer por radiación, dueño de la Clínica Mella hoy desaparecida y él fallecido, le informé de este caso. Y él me contó que a un destacado cirujano se le produjo ese mismo problema con las manos y por ello ya no podía operar. Pero fue donde un compositor al sur de Santiago que lo sanó. Presumimos que podría haber sido don Luis Cabezas.

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Buscando información en Internet he encontrado antecedentes de varios casos del trabajo de estos personajes de la medicina popular.

Acompaño uno de ellos. La información la presento textual:

 

COMPONEDOR DE HUESOS
por
Historico

Jueves, 19 de marzo de 2009

La Nación.

 Se refiere a don Raúl Recabal (76 años)

 Sus manos son capaces de tomar piernas y brazos quebrados, con esguinces o con aberturas de carne y volver a ponerlos en su lugar. Sus dedos reconocen el orden de los tendones, huesos y músculos. Sabe cómo moverlos y “sacarle el dolor” a quienes llegan de todas partes en busca de alivio.

 Depositario del conocimiento ancestral que no se aprende en las aulas, don Raúl Recabal (76) hace con sus manos lo que un traumatólogo logra en una operación.

 “Ellos operan y abren con bisturí lo que yo hago con mis dedos”, dice sin arrogarse la capacidad de un tratamiento médico, pero reconociendo que el oficio compone de verdad los huesos y está lejos de ser magia o leyenda.

 Ante una fractura -explica- el proceso es simple: sólo hay que juntar las partes que se abrieron. Si la pierna está colgando, la toma, la estira y la ajusta a su posición normal.

 Si el hueso se ha astillado, sus manos lo detectan y por eso el movimiento es especial.

 “Los dedos solos se detienen cuando sienten que el hueso está ajustado. Eso es lo maravilloso de este trabajo. No es que llegue y empiece a tironear, hay que saber”.

 El bienestar provocado en las personas que llegan a sus manos es la mejor forma de difundir su oficio. No pone carteles, ni se promociona, porque “las personas son mi tarjeta de presentación” dice confiado de que su arte se transmite de boca en boca.

 Sana a uno y llegan diez más.

 Componer huesos “está en tu sangre, en los genes” cuenta, tratando de explicar un “don” que no cualquiera puede practicar. Aprendió de su madre Juana Jara y ella de la suya. Sin embargo, no siempre se dedicó a este oficio y fue el azar el que lo llevó de vuelta a sus raíces.

 Raúl era comerciante. A los 50 años decidió cerrar su almacén y dedicarse a otras cosas, cuando el destino golpeó a su puerta. Una señora desesperada buscaba a un componedor de huesos para su madre postrada por una hemiplejia cerebral. Raúl le dijo que su progenitora ya no estaba en esta tierra, pero la mujer desesperada lo convenció de intentarlo y no se detuvo nunca más.

 Practicar lo aprendido

 De niño Raúl miraba a su madre componer. Juana le decía que aprendiera y él se negaba, pero sus manos sí aguardaron el momento adecuado para practicar todo que lo vio. La experiencia le fue mostrando el camino. “Me di cuenta de que los tendones son la base de todo el cuerpo y las articulaciones”, dice. Después fue reconociendo la anatomía de las personas y bautizando con sus propios términos sus procedimientos.

 “Le di otros nombres. Si llega cojeando con un problema en la columna, yo la miro y le digo que se trata de un ‘pasador de cadera que estaba fuera’. Se puede reír o extrañar, pero eso existe, aunque el médico lo llame de otra forma”, explica.

 Nunca ha salido alguien de su casa sin una mejora evidente y más ahora que tiene ayudante, su hijo, también llamado Raúl, de 24 años y profesor de educación física, quien decidió dedicarse a “componer huesos”, pero a lo aprendido de su padre le incorporó estudios de quiropraxia y kinesiología.

 Ahora, don Raúl “compone” y si es necesario algún tratamiento específico, su hijo continúa el trabajo. De eso se trata, “esto viene por generaciones, de la abuelita, de la mamá y ahora el hijo”.

 AUTOR: Nancy Arancibia

Fte. http://lanacion.cl/2009/03/19/componedor-de-huesos/

 


Mi comentario final:

La acción de estos compositores es extraordinaria. Sus resultados son impresionantes.

Es interesante ver cómo ellos se forman, principalmente por familiares anteriores que desarrollaron esa actividad. Se asemeja bastante a la medicina natural y al uso de las plantas medicinales.

Lo empírico supera a lo científico, que se hace presente habitualmente con posterioridad.

Importante estimo que sería estudiar más de ellos como también lo he señalado en varias publicaciones anteriores, considerar más a las medicinas de los pueblos originarios.

Considero positivo e interesantes el trabajo realizado por Raúl Recabal padre. Primero que se incorpore a continuar la labor y aprovechar las experiencias de su madre.

Me parece tremendamente positivo que se integre en su labor con su hijo profesional, profesor de educación física, quien decidió dedicarse a “componer huesos”, pero a lo aprendido de su padre le incorporó estudios de quiropraxia y kinesiología.

En un próximo artículo me referiré a la quiropraxia.

Dos definiciones de ella:

La Federación Mundial de Quiropraxia, la define como “la que se ocupa del diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos mecánicos del sistema músculo-esquelético, y de los efectos que éstos tienen sobre el sistema nervioso y la salud general”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la defines como: “Una profesión sanitaria que se ocupa del diagnóstico, tratamiento y prevención de los trastornos del sistema neuromusculoesquelético y de los efectos de éstos en la salud general. Se basa en técnicas manuales, incluyendo ajustes articulares y/o manipulaciones centrándose principalmente en las subluxaciones.

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