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Debemos crear una nueva Universidad de Chile. Parece hoy una utopía.

Es impresionante cómo la Universidad de Chile ha ido perdiendo importancia en muchos aspectos relacionados con las actividades académicas nacionales y en general el valioso aporte que daba en el pasado al desarrollo nacional en un amplio sentido.

La Casa de Bello fue tremendamente dañada por la Dictadura iniciada con el Golpe Militar de 1973.

Se le quitó todas sus unidades regionales que venían teniendo una expansión muy interesante. Con su reciente nuevo estatuto se creaban una serie de vicerrectorías regionales que se sumaban a las cuatro vicerrectorías que se establecieron para Santiago. A eso se sumó un despido masivo de funcionarios, especialmente académicos por criterios políticos; ello fue muy intenso en algunas facultades.

Se dejó en la práctica una universidad que en lugar de nacional quedó como santiaguina.

Algo similar se produjo con la Universidad Técnica del Estado, de característica nacional, que pasó a denominarse ya directamente Universidad de Santiago.

Incluso a la Universidad de Chile, en su nueva área geográfica, se le quitó el Pedagógico y varias otras actividades académicas, especialmente de docencia, para crear el Instituto Profesional de Santiago (IPS).

Se suma a lo anterior, que desapareció su financiamiento autónomo respaldado por una ley, que se reajustaba al ritmo del desarrollo económico del país. El enfoque extremo neoliberal monetarista primó, y se eliminaron constitucionalmente toda disposición legal que entregaba financiamientos específicos. Sólo quedaron para las fuerzas armadas el 10% del valor de las ventas de CODELCO. Algo se menciona en la Constitución la posibilidad de legislaciones que permitan financiamientos con destinos regionales.

Los recursos públicos sólo se fueron estableciendo lentamente a través de las leyes anuales de Presupuesto.

Posteriormente surge la creación de universidades privadas con unas expansiones realmente impresionantes. Vemos como se levantan edificios universitarios impactantes en distintas partes del país y se multiplican las masas de estudiantes clientes de estos grandes negocios empresariales, teóricamente prohibidos. Impacta ver como varias de esas grandes universidades pasan a ser posteriormente propiedad de capitales extranjeros.

Las universidades privadas se esparcen por el territorio nacional, mientra la Universidad de Chile queda sólo de la Región Metropolitana.

Estuve ligado a la Universidad de Chile por más de 50 años como académicos y algunos más como estudiante de dos carreras, entonces gratuitas.

Conocí su gran prestigio y sus grandes funciones históricas. Su rector era un personaje muy importante en la sociedad chilena, en la Nación.

Viví como estudiante y como académico su enorme desarrollo consecuencia en alto porcentaje de la acción de ese hombre extraordinario, Don Juan Gómez Millas.

A fines de los años 60 participé en el Congreso Transitorio que preparó el nuevo estatuto de la Universidad de Chile, congreso integrado por representación mayoritaria de académicos, además de estudiantes y de funcionarios administrativos. A mi juicio fue como una asamblea constituyentes. Lo que fue aprobado por amplia mayoría, quedó a firme y lo de mayorías más débiles fue a plebiscito.

Se establecieron las sedes regionales y cuatro sedes para Santiago, con la idea de que a la larga cada vicerrectoría asociada en lo posible a un campus, llegara a ser una universidad completa.

Todo lo aprobado e iniciado en su ejecución, quedó destruido con el nuevo gobierno nacido del Golpe Militar de 1973.

Fue triste que al volver a la democracia, no fuimos capaces de retornar a la antigua Universidad de Chile.

Creo que cometimos el error de no ser nosotros los que en esos momentos nos preocupáramos de proponer una política nacional de educación superior y no acogernos a una cómoda pasividad en la espera que el nuevo gobierno, con otras prioridades inmediatas, nos señalara cuál debía ser la política de educación superior. Uso la expresión nosotros, ya que yo fui uno de los nuevos decanos universitarios que asumimos en 1990.

El rector ya no fue esa importante autoridad nacional con contactos muy directos con el Presidente de la República, y pasamos hasta ser más bien dependientes del subsecretario de Hacienda. Tuvimos que entrar a financiarnos con los aranceles cobrados en montos crecientes a nuestros alumnos y nuestra investigación se fue ligando a intereses particulares que aportaban algo de financiamiento. La extensión prácticamente desapareció. Fuimos perdiendo paulatinamente el financiamiento público.

Las universidades del Estado regionales, la mayoría de ellas nacidas de las viejas sedes regionales, siguieron individuales y varias de ellas muy debilitadas. Mientras la Pontificia Universidad Católica de Chile mantuvo gran parte de sus cualidades históricas. Incluso durante la dictadura tuvo prácticamente un solo rector, hombre con importante apoyo político institucional.

En la Universidad de Chile cayeron fuertemente las remuneraciones de funcionarios y especialmente de académicos. Recuerdo que en una de las unidades en que fui académico, los sueldos descendieron un año en términos reales y en otra unidad se mantuvieron, gracias a las economías que se lograban con exoneraciones o reducciones de jornadas. Se dio una especie de antropofagia académica, con efectos sin duda negativos.

Algunas unidades universitarias mejoraron sus situaciones gracias a sus contactos con sectores privados, interesados directamente en los apoyos universitarios. La investigación se fue orientando a favor de sectores que aportaban financiamiento y se dejó de ir pensando en los intereses del país y en los de los sectores más postergados.

Lo he dicho en otras oportunidades, la necesaria autonomía universitaria no se puede lograr mientras no se tenga un importante financiamiento autónomo y creciente a lo menos al ritmo del crecimiento de la economía nacional, como lo fue en el pasado.

Muchos académicos importantes se incorporaron parcialmente y más adelante totalmente a las nuevas universidades privadas, llegando a ser autoridades máximas de ellas. Universidades que llegaron a captar grandes recursos a base de ampliaciones de sus matrículas a elevados aranceles.

Es impresionante como se formaron patrimonios universitarios privados, en instituciones legalmente sin fines de lucro; varias de las cuales han terminado siendo vendidas al capital extranjero, que extrañamente las compran a pesar de que no pueden tener finalidades de lucro.

Todo este proceso en parte apoyado por acreditaciones privadas lucrativas vergonzosas.

Recuerdos históricos positivos fue la creación de nuevas carreras que el país necesitaba, varias de ellas con muy pocos alumnos pero que dieron grandes aportes a la sociedad. Posteriormente vi cerrarse una carrera, a mi juicio de gran futuro, ya que el bajo número de postulantes impedía que se autofinanciara.

Qué pobres perspectivas se ven a la Universidad de Chile, para llegar a lo que fuera.

Poca importancia se le ha dado a la pérdida de su financiamiento autónomo derivado de leyes especiales, desaparecidas y hoy prohibidas constitucionalmente.

De esperar que algún día lleguen a gobernarnos nuevamente grandes estadistas y logremos tener rectores como un Juan Gómez Millas, hombre extraordinario y con gran apoyo político, no de políticas partidistas sino que de políticas de Estado.

Será posible y qué bueno sería que volviéramos a tener una nueva gran Universidad de Chile que podría estar constituida por una Federación de Universidades del Estado en que además de las metropolitanas – Universidad Metropolitana de la Educación (Pedagógico), Universidad de Santiago y UTEM -esta última nacida en los inicios de la nueva democracia- se integren todas las regionales estatales que pertenecieron a la Universidad de Chile otras nuevas como la Universidad de Magallanes y otras que están en creación.

Bien podría cada una de ellas pasar a ser una vicerrectoría y tener un gran consejo universitario constituido principalmente por todos los vicerrectores regionales más los que podrían generarse por las otras universidades hoy metropolitanas.

Cómo eso haría posible llegar a tener verdaderas especialidades convenientes por regiones y llevar adelante grandes acciones en programas de investigación de carácter nacional o de agrupaciones de regiones o simplemente regionales. Cómo los alumnos podrían cursar sus primeros años universitarios en sus regiones de origen y terminar en los centros más especializados de otras regiones y posiblemente en gran parte en la región Metropolitana.

Qué importante podría ser tener por ejemplo una facultad de ciencias de la salud en Magallanes con una cadena constitutiva de un gran sistema hospitalario universitario, como cúspide de un sistema nacional de salud.

Cómo podríamos hacer revivir en la gran nueva Universidad de Chile un sistema nacional de extensión sin la presencia de intereses privados parciales.

Sería interesante que temas de esta naturaleza se empezaran a ver en Chile, como la recreación de un sistema nacional de planificación, basada en una gran oficina central, y en oficinas sectoriales y regionales, donde trabajasen establemente los mejores profesionales en políticas de desarrollo de Estado.

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