Dura e injusta carta de economista publicada por El Mercurio en que se ataca en mi opinión injustamente al rector de la Universidad de Chile

Me ha impactado negativamente la carta del ingeniero comercial, economista, que obtuvo su título en la Pontificia Universidad Católica de Chile, con posgrados en el extranjero, Ernesto Tironi y, me ha extrañado, que el Director de El Mercurio le haya dado tal importancia a esa comunicación como para publicarla. Ella apareció en la edición del 14 de octubre de 2019.

Muchas cartas le llegan al Director y por espacio muy pocas puede publicar. Yo en mi vida he mandado varias y la publicación de alguna hace excepción; comprendo que varias de las mías razonablemente no hayan merecido ser publicadas.

Presento a continuación la carta.

Rector
Señor Director:

Gracias por el artículo del rector de la U. de Chile. Su incapacidad de hacerse cargo de lo que sucede en su institución me explica mejor que nada su decadencia. Las conclusiones que saco es que no asume su responsabilidad como rector. Culpa a los políticos, al descuido de las universidades públicas y a otros, sibilinamente. Lo único que parece saber hacer es pedir más fondos al Estado. Por eso, creo que decaen la Universidad de Chile y toda la educación pública.

ERNESTO TIRONI
Economista

 

He tenido la oportunidad ya hace varios años atrás de conocer a Ernesto Tironi en el Centro de Estudios del Desarrollo (CED); a él lo llegué a apreciar, por ello me extraña, me cuesta comprender, por qué haya enviado esta carta para su publicación.

Me parece atinada la actitud del rector de al parecer dejarla pasar pasivamente. Considero que no merece destinar tiempo a opinar sobre ella y sus contenidos.

Por otra parte, del médico Ennio Vivaldi, hoy rector de la U. de Chile, he sido compañero de labores universitarias en el período de la Dictadura Militar en el INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Chile). Ello me permitió conocerlo y apreciarlo por su capacidad y formación como también por sus cualidades humanas, por sus luchas gremiales. No soy cercano a sus orientaciones políticas; puedo contarlo como anécdota que cuando en la dictadura se dieron las oportunidades de hacer elecciones, los académicos del INTA debían elegir a un representante en la organización gremial nacional de los académicos. Ennio fue candidato por el sector más bien de izquierda y a mí me pidieron otros académicos ir de candidato. Sin duda yo no era buen postulante, entre otras razones, por no ser profesional del área de la salud. Él es médico y yo ingeniero agrónomo e ingeniero comercial de la Universidad de Chile. Desde luego ganó él.

Muchos años después, por esas cosas de la vida, los sectores de izquierda me pidieron que me presentara como candidato a Presidente de la Asociación de Académicos del INTA, por razones no del caso ahora de mencionar, y finalmente terminé elegido en los momentos muy cruciales de la Universidad de Chile. Fue eso en 1985.

De los directivos de la Asociación de Académicos de esa época surgieron futuros directivos de la Universidad de Chile, entre los que se puede destacar es Jaime Lavados, rector de la Universidad y a varios decanos de facultades entre los que estuve yo como decano de la entonces Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales.

La educación superior del Estado sufrió un par de golpes tremendos dados por la Dictadura Militar que la han debilitado notablemente. Desapareció la tan importante Universidad Técnica del Estado, no sólo con su cambio de nombre por Universidad de Santiago, sino que desaparecieron, al igual que en la Universidad de Chile, todas sus sedes provinciales, para crear nuevas universidades del Estado regionales, con la integración de las sedes locales de las universidades de Chile y de la Técnica del Estado.

Además a la Universidad de Chile se le quitó el Pedagógico y varias carreras que se llevaron a un nuevo instituto que se creó con el nombre de Instituto Profesional de Santiago(IPS), el que posteriormente en democracia, por ley, se transformara en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM).

Un golpe muy fuerte a la Universidad de Chile fue quitarle su financiamiento por una ley especial, que destinaba un nuevo impuesto a las remuneraciones para su financiamiento, lo que permitía que sus ingresos creciesen al ritmo cercano al del Producto Interno Bruto.

Con esos recursos podía ofrecer docencia gratuita como también hacer investigación y extensión a favor de la sociedad en su conjunto y no de determinados intereses.

Me tocó vivir como Decano la triste experiencia de que cada año la Universidad de Chile debía reajustar sus aranceles, en términos reales, a las nuevas generaciones que ingresaban. Se los llevó de lo que podría llamarse a nuestros alumnos, discípulos a clientes de la universidad a quienes les vendíamos nuestros servicios.

Yo estudié dos carreras en la Universidad de Chile sin pagarle a ella más que una matrícula anual de bajo valor.

Qué importante fue para Chile formar gratuitamente profesionales comprometidos con la sociedad que les financió parte importante de sus estudios. Ahora qué diferente es todo ello.

En la formación médica la gratuidad formativa se extendía más allá del pregrado. El médico que se recibía no tenía casi más empleo que en el Ministerio de Salud, quien lo destinaba a médico general de zona, por varios años. Con ello conseguía experiencia y madurez profesionales y además conocer en su base a la realidad de la sociedad chilena. Pasado algunos años, podía gratuitamente perfeccionarse y obtener una especialidad, desde luego gratuitamente. Ya como especialista se le habría un mercado privado para ejercer, pero con la obligación de continuar parcialmente sirviendo al ministerio de Salud.

El Hospital de la Universidad de Chile ha debido perder muchas de las características que debe tener el Hospital Universitario como cumbre de un racional sistema nacional de salud, institución que debe atender a las mayores complejidades, ser centro de investigaciones y al mismo tiempo formador de especialistas.

Hoy cuán diferente es, como muchos de los profesionales de distintas carreras egresan con fuertes deudas. Sin duda ello explica un general distinto comportamiento del nuevo profesional, menos comprometido con la sociedad y más preocupado de pagar sus deudas y/o recuperar sus inversiones.

Un ex rector de una universidad me decía que él era de una familia de escasos recursos, familia de varios hermanos. Pudo estudiar porque se inició en una escuela pública, continuó en un liceo fiscal para después estudiar gratuitamente en la Universidad de Chile. Varios personajes chilenos han seguido sendas similares.

La Constitución vigente de 1980 eliminó todo financiamiento público por leyes especiales. Salvo dejó el 10% de las ventas de CODELCO para las fuerzas armadas.

El financiamiento de la Universidad de Chile pasó a depender principalmente de los aportes del Estado mediante la Ley de Presupuesto, que se discute apresuradamente en los últimos meses de cada l año.

Por otra parte, no puedo dejar de mencionar como ha dañado a la formación de profesores el cierre que hizo el Gobierno Militar de todas “las escuelas normales” dirigidas por maestros experimentados que no solo trasmitían conocimientos, sino que también experiencias y valores.

Muy dañino ha sido también la municipalización de la educación, que ha sido hasta ahora imposible de cambiar.

Todo lo anterior está relacionado con la educación pública.

Bastante he escrito sobre estas materias, por ahora me parece inconveniente extenderme más.

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