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Edgardo Boeninger, un ciudadano ejemplar, de una inteligencia extraordinaria, de una gran sencillez; nos ha dejado. Es mucho lo que nuestra sociedad le debe a él

Ayer recibimos la triste noticia de su fallecimiento. En mi vida, en varios momentos estuve relacionado con él. En 1955 ambos ingresamos a la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile, de esa universidad de entonces de grandes valores. Él ya era Ingeniero Civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile y yo Ingeniero Agrónomo recién recibido de Agronomía de la Chile.

Anualmente nuestro curso se reúne en el mes de diciembre y habitualmente nos acompañaba. Siempre alegre y sencillo, preocupado de todos nosotros. Hace un par de semanas nos encontramos en una escalera del Metro, conversamos unos minutos, nos contamos de nuestras vidas; lo vi bien; me alegré. Su muerte sin dudas me sorprendió.

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo de él. Creo que todos debemos aportar antecedentes que contribuyan a más conocer a esta persona extraordinaria. Hoy homenajeado por la Presidenta de la República, por otros presidentes, por personalidades de las diferentes posiciones políticas. Nunca he podido oír una crítica razonable a su persona y a su actuar.

Fue un alumno sobresaliente. A muchos nos llamaba la atención que aunque poco asistía como yo a las clases, él siempre obtenía notas excelentes. Nos impresionaba cómo él preveía lo que los profesores iban a preguntar en sus pruebas. Seguramente sabía conocer de cada uno de ellos su idiosincrasia, como también captar la importancia de los temas.

Conocí su trayectoria académica en la Universidad, cómo llega a decano de la Facultad de Ciencias Económicas, por un voto. Cuando postuló al decanato, un profesor le dijo que si no obtenía el título de Ingeniero Comercial, no votaba por él. Hizo el esfuerzo de titularse, obtiene el título, el día antes de ganar la elección por sólo un voto.

En el Gobierno del Presidente Alessandri llega a la Dirección de Presupuesto que estaba a cargo de ese otro extraordinario Ingeniero Comercial de la Universidad de Chile, Sergio Molina Silva. Él cuenta que necesitaba un segundo y pide a su facultad que le recomiende al mejor de los recientes egresados. Así llega Edgardo a ser uno de los segundos de esa importante Dirección.

Me correspondió apoyarlo como candidato a la Rectoría y es él quién me convence de presentarme a candidato por la sede de Santiago al Congreso Transitorio que se encargaría de preparar el nuevo estatuto de la Universidad. Era la época de esa gran universidad nacional, con sedes en mucha provincias. Era un congreso triestamental, con miembros académicos nacionales, de sede y de facultad. Además había congresales alumnos y administrativos. Así me tocó participar en esa recordada actividad, cuando lo vimos como Rector electo en dos oportunidades y cada vez con mayor apoyo.

Extrañó entonces que su nombre apareciera de candidato a Rector. Un académico aún poco conocido y de una facultad pequeña. Se dieron otros nombres, pero otros candidatos de mucho prestigio y más conocidos, no tenían ese silencioso gran apoyo transversal y más bien bajo rechazo o nulo rechazo.

Yo desde CORFO tuve mucho contacto con él en lo que fueron los primeros años de los 60, cuando Sergio Molina pasa a ser el Coordinador del Plan Nacional de Desarrollo, requisito para que el Gobierno recibiese un importante apoyo financiero externo tan necesario para la reconstrucción después de esos tremendos terremotos de 1960. Se forma ahí un interesante equipo y a mi me eligen para cubrir el campo agrícola.

Recuerdo cuando habitualmente conversaba en CORFO con el Gerente Agrícola, Don Ismael Edwards Izquiedo, quien era mi superior. Comentamos en una ocasión la inteligencia y capacidad extraordinaria de Edgardo, eso si mal no recuerdo era en 1963. Hace ya unos 45 años.

Llega el Gobierno de Frei Montalva y a ambos nos toca seguir relacionados.

Habría mucho más que escribir. Pero por ahora lo dejaré aquí.

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