El bajo e incierto valor de la divisa daña profundamente a nuestra sociedad. Pocas esperanzas de soluciones prontas, amplias y eficaces

1.Inquietud se plantea en muchos empresarios de la economía real, especialmente de aquellos que producen bienes denominados transables, – más bien transables internacionalmente-, en los que sus precios están estrechamente relacionados con los precios internacionales y con el valor de la divisa.

Uno de los grandes factores que influyen en Chile sobre el valor de la divisa es el precio internacional del cobre y la fuerte influencia de las exportaciones cupríferas en el valor total de las exportaciones; se menciona que ya alcanzaría del orden del 60% del valor total de lo que el país exporta. El precio del cobre de hoy sobre cuadruplica sus costo de producción y la causa principal de su alza es la expansión de la economía China basada principalmente en exportaciones sustentadas por un alto valor de sus divisas, es decir por mantener su moneda apreciablemente devaluada.

Parece una paradoja, mientras China respalda su desarrollo económico a base de una divisa fuerte y estable, con un crecimiento sostenido en las últimas décadas del orden del 10% anual, lo que impacta en la demanda de cobre, que lleva sus precios a valores jamás visto, Chile se desangra por la carencia de una política cambiaría, que hace caer el valor de la divisa junto a una inestabilidad de ella y a una gran incertidumbre de su valor futuro. El bajo valor de la divisa desincentiva o paraliza otras exportaciones y abarata productos importados competitivos de nuestra producción para el mercado interno. Se ven así fuertemente dañados sectores que debieran dar estabilidad y generar empleo; especialmente esto se aprecia en la agricultura y en la industria manufacturera; también daña al turismo. Sería sensible su efecto sobre reducción de inversiones.

Más adelante se analizan diversas materias relacionadas con el tema de la caída del valor de la divisa y de su inestabilidad e incertidumbre

  1. Efecto sobre la producción nacional y el empleo
  2. Efectos sobre las economías regionales
  3. Otros efectos adversos a la economía nacional
    –  Desaliento al ahorro
    –  Efectos sobre la inflación
    –  Temores a una gran crisis futura
  4. Caminos de solución

La búsqueda de solución debe ser una responsabilidad del Estado. Es primordial que, primero se tome conciencia de la gravedad del problema y segundo de que éste se crea tiene solución a través de un conjunto de medidas. Desgraciadamente no existe esa conciencia de la gravedad del problema y de que éste es solucionable.

Parece que esa conciencia la tuvo el presidente Piñera como candidato y el ministro de Agricultura en sus inicios, pero no se les ha visto en el real actuar preocuparse de cumplir con sus compromisos iniciales y tampoco han respondido a las críticas que se les ha hecho con respecto a la posterior pasividad y a su silencio sobre el tema.

1. Efecto sobre la producción nacional y el empleo

Son múltiples los efectos negativos del bajo valor de la divisa, de su inestabilidad y de la incertidumbre futura de su valor.

Afecta tanto a los sectores productores de bienes exportables como también es significativo el daño de las importaciones a bajos precios resultantes de la caída del valor de las divisas sobre las producciones nacionales para el mercado interno.

Frente al aperturismo irrestricto de nuestro comercio exterior y a las características de nuestros recursos naturales, gran parte de la producción nacional tiene el carácter de bienes transables; los recursos mineros, las aptitudes frutícolas y forestales de amplias regiones, los recursos pesqueros y las condiciones favorables para los cultivos acuíferos hace que una parte importante de nuestra producción vaya a mercados externos.

Estos productos de exportación se generan tanto en pequeñas como medianas y grandes empresas. Se estima que un 60% de nuestro PIB va a los mercados externos y un porcentaje similar de lo que consumimos viene del exterior. Exportamos en grado importante productos primarios con bajo valor agregado e importamos, salvo el caso del petróleo, principalmente productos industriales con alto valor agregado.

Esta estructura de nuestro comercio exterior es a mi juicio una causa principal del desempleo abierto, del desempleo disfrazado y del subempleo que domina en forma creciente a la economía nacional.

La apertura indiscriminada a los mercados internacionales y la mala política cambiaria, han liquidado en el pasado a sectores muy importantes de la producción nacional, como han sido los rubros textiles, metalmecánico, de la confección de vestuario y del cuero y calzado, actividades que se caracterizaban por un gran empleo de recursos humanos y poseer interesantes organizaciones de trabajadores, sindicatos fuertes. Eran empresas donde en muchas de ellas se fomentaba la cultura, el ascenso social y los deportes. Se puede decir que eran sectores donde había una relativa armonía entre el capital y el trabajo.

Ésa ha sido una de las importantes causales de tener un alto desempleo, especialmente en la juventud y haberse ampliado considerablemente el trabajo informal y, desde luego, la actividad delictual de distintos grados de gravedad. Las ventas clandestinas en las calles son todo un proceso casi imposible de controlar y que cuando se les pretende impedir y detener a esos dinámicos vendedores se desarrolla violencia por parte de los afectados, en parte la sociedad misma los defiende. “Es preferible que estén en esto y no anden de delincuentes”, es una expresión o similar a ella, que se oye habitualmente. Es gente de esfuerzo y que asume riesgos, son recursos humanos que el país no es capaz de darle una oportunidad de trabajo legal, digno y creador.

La droga en poblaciones es otra fuente de trabajo para muchos jóvenes a quienes se les incorpora primero al vicio y después pasan a la actividad de distribuidores finales, como fuente de ingresos y además de recursos para adquirir la droga de la cual se hacen leales y forzados dependientes.

Recuerdo que hace unos años atrás visite por unos pocos días Dubai. Pregunté al guía si había delincuencia. Su respuesta inmediata fue: “Aquí no hay delincuencia porque hay empleo pleno”.

El desarrollo industrial chileno del pasado permitió crear miles de empleos con mejoramientos en sus remuneraciones, junto con reforzar la formación de una clase media importante, con sólidas organizaciones sindicales. Se logró además un fuerte crecimiento poblacional urbano, en gran parte por la migración rural urbana.

La caída del valor de la divisa ha acentuado el proceso de retroceso señalado en párrafos anteriores, con importantes efectos perjudiciales regionales.

Recordemos con amargura el cierre hace varios años atrás de esa gran textil Paños Bellavista de Tomé, empresa que entregaba un prestigiado producto a los mercados internacionales y que quebró principalmente por la caída del precio de la divisa. La ciudad de Tomé se empobreció y el desempleo llegó a ser de los más altos de Chile.

Posteriormente vimos que Cerámica Cordillera, con una moderna planta, se cierra por el problema del valor de la divisa y como empresa continúa distribuyendo productos importados traídos con un dólar barato..

Recientemente se daba a conocer el cierre de una importante empresa relacionada con el tema textil y de la confección en Arica, región donde los problemas económicos se agravan.

La caída del valor de la divisa ha acentuado el proceso de retroceso señalado en párrafos anteriores con importantes efectos perjudiciales regionales.

2. Efectos sobre las economías regionales

Chile tuvo una interesante política arancelaria y de otras barreras que contribuyó no sólo a esta industrialización incipiente que se fue fortaleciendo, sino que también con tratamientos regionales distintos; favoreció expansiones productivas en las zonas extremas. Puede recordarse con nostalgia el desarrollo histórico de Arica; primero fue su puerto libre, con aranceles nulos cuando el país aplicaba altos impuestos a la importación, a la amplia gama de productos que se internaban; también había prohibiciones de importación y otros tipos de barreras. El puerto libre de Arica permitió en el Gobierno del Presidente Carlos Ibáñez del Campo dar una positivo auge a la nortina Tarapacá. Posteriormente vino la política de industrialización automotriz ariqueña, que permitió un interesante desarrollo industrial de armaduría unida a un proceso de incremento paulatino en la incorporación de piezas y partes de fabricación nacional. Ello se pudo llevar adelante gracias a los elevados aranceles que se cobraban por los vehículos importados.

También las entonces provincias australes se vieron favorecidas con sus condiciones de puertos libres. Cabe destacar el efecto en Punta Arenas de su zona franca.

Puede ser conveniente volver a mencionar cómo la caída del valor de la divisa ha castigado actividades regionales, ha sido dañada la de la madera aserrada en las zonas forestales y el triste cierre hace algunos años atrás de esa gran textil Paños Bellavista de Tomé que como ya se ha mencionado, entregaba un prestigiado producto a los mercados internacionales y que quebró principalmente por la caída del precio de la divisa generando un retroceso local considerable y llevando a esa ciudad a una de las tasas de mayor desempleo del país. Cuántos técnicos y obreros capacitados dejó de aprovechar el país y cuántos cientos de familia cayeron en la pobreza y en la desesperanza.

Recordemos el más reciente cierre de esa industria de textiles en Arica, ciudad que también se ve afectada por el desempleo y la droga.

En lo regional, me parece conveniente no dejar de mencionar el tema de la producción del salmón, de su expansión que se puede llegar a considerar irresponsable, aprovechando ventajas comparativas regionales; esta actividad termina en crisis acentuando situaciones de desempleos y dejando dañados recursos naturales que pueden comprometer potenciales capacidades productivas del futuro. Recuerdo también el irracional desarrollo pesquero de los años 60, que llevó a esa gran crisis del sector pesquero, especialmente nortino. CORFO debió asumir la no fácil tarea de racionalizar esa industria y motivar la recuperación de esas actividades.

Cuando se analizan estos resultados a uno se le refuerza la idea de que el país requiere de una sólida institucionalidad de planificación, como en el pasado lo constituyó la CORFO cuando ésta era más bien una institución del Estado chileno, más que una institución totalmente identificada con el gobierno de turno. Esa CORFO del pasado tenía ese gran Consejo superior con una amplia representación pública y privada. Muchas de sus acciones se proyectaban mucho más allá de los gobiernos de turno.

La configuración geográfica del país obliga a tener políticas económicas ad hoc para nuestra realidad; así lo comprendieron gobiernos con presencia de estadistas, hombres de una amplia visión económica y social, a los que hoy por lo menos algunos echamos de menos.

3. Otros efectos adversos a la economía nacional

–         Desaliento al ahorro

El bajo valor de la divisa estimula un consumismo de productos importados que se abaratan, que es alentado en el caso chileno actual especialmente por el sistema de las grandes tiendas, la mayoría de ellas asociadas al sector financiero; ambos sectores muestran fuertes crecimientos en parte importante como consecuencia de un peligroso endeudamiento de los consumidores. Sus agresivas publicidades en prensa escrita y en televisión, no dejan de impactar en los consumidores y en no pocos nos crea preocupación sobre hacia dónde nos está conduciendo este consumismo.

Dentro de esta realidad, hay en general un desestímulo al ahorro y todo ello va generando una sensación de abundancia, de crecimiento que se cree estable. Hoy el sistema financiero ofrece dinero a cero por ciento de interés, obteniendo sus grandes utilidades y rentabilidades a base de los procedimientos de cobro de comisiones y, además, hipotecando a sus clientes con endeudamientos futuros que seguramente serán a elevados intereses.

El actual Banco del Estado, cuya una de sus principales responsabilidades derivadas desde su creación cuando absorbe a la Caja Nacional de Ahorros era fomentar el ahorro, hoy ofrece una series de tarjetas de créditos a 0% de interés, con una efectiva y cara publicidad consumista. Esto lo hace después de haber destruido ese gran capital social que eran las más de 10 millones de cuentas de ahorros, a las que les empezó a cobrar inesperadamente y en forma poco transparente comisiones de montos absolutos reajustable que superaban en la gran mayoría de los casos los reajustes e interesas de esas cuentas promovidas históricamente por el Estado chileno.

Es extraño que este Estado de hoy esté indirectamente debilitando el ahorro privado, creando así lo que podríamos decir “pan para hoy y hambre para mañana”. Será ello consecuencia del neoliberalismo extremo al que ha llegado nuestro país.

La moneda sobrevaluada alienta el consumismo y el endeudamiento, y ha de repercutir finalmente en los déficits en la balanza comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Contribuye a un bienestar inmediato a costa de las malas situaciones futuras.

Hoy vemos a China con su moneda devaluada cómo estimula la producción, el trabajo, el empleo y sus exportaciones obteniendo además grandes excedentes en sus relaciones externas, pasando a constituir el gran abastecedor mundial de productos manufacturados y de capitales, especialmente financieros.

–         Efectos sobre la inflación

Otra consecuencia importante que se está produciendo por la caída del valor de la divisa es la baja inflación, la caída de precios de los bienes transables. Se nos genera así una falsa e inestable situación en los niveles de precios internos, que alienta al consumismo y al sobre endeudamiento.

Pensemos el efecto inflacionario que se produciría si el dólar subiese a los $ 550 que se dice que sería un nivel de la divisas adecuado para que el sector frutícola enfrente normalmente a los mercados internacionales; la fruticultura es indiscutiblemente un sector con ventajas comparativas y competitivas que Chile tiene en su comercio exterior. Eso motivaría una alza generalizada de los bienes transables, con fuerte elevación de precios en los alimentos y en los combustibles. Estamos indiscutiblemente con una inflación contenida, que mucho daño ha de producir cuando ésta se expanda.

También debemos analizar el alto endeudamiento de un porcentaje elevado de familias; cómo serían ellas afectados con una inflación alta, la que forzaría además a elevar las tasas de interés, hoy cercanas al 0 %, que ha estimulado como ya ha sido señalado el aumentos de las compras o del gasto privado.

–         Temores a una gran crisis futura

En mi opinión existe un serio temor para nuestra situación económica y social futura. Por una parte tenemos un retroceso crónico en varios sectores que son importantes para un desarrollo estable y sostenido y por otra, como nos sucedió a principio de los años 80, se nos puede llegar a generar una crisis bastante generalizada repentina y violenta.

Factores en que me baso. El alto precio del metal rojo no podrá ser sostenible a los niveles actuales. Su magnitud ha de estimular producciones mundiales por una parte y posiblemente alentará la búsqueda y el uso de sustitutos. Parte del alza del precio del cobre podría tener razones especulativas; estas demandas especulativas no tienen solidez en el tiempo y pueden contribuir a que la reversión sea más brusca e intensa.

Los grandes desequilibrios mundiales y la pérdida de valor de la divisa tradicional mundial, el dólar, lo que unido a una elevación exagerada de precios de los commodities, conduce a que disponibilidades de recursos líquidos internacionales se refugien en mercaderías para evitar sus desvalorizaciones. Ello estaría creando inversiones especulativas en algunos commodities, como “bienes refugios” como sucediera a mediados de los años 70 con la crisis petrolera motivada pos las reducciones de extracciones establecidas por países petroleros especialmente árabes.

Es probable que el precio del cobre siga subiendo transitoriamente y frente a la pasividad del Banco Central y del Gobierno la divisa continúe cayendo.

Me impresionó lo que escribía días atrás en El Mercurio ese prestigiado economista Jorge Quiroz en el artículo titulado “Al borde de la incoherencia. Traslado parte importante de su artículo:

En su reciente Informe de Política Monetaria, el Banco Central señala, de modo ligeramente cursi, que el tipo de cambio está en «los mínimos coherentes con su tendencia de largo plazo». Si el tipo de cambio está en los mínimos coherentes, querrá decir entonces que estamos al borde de la incoherencia.

Según el Banco Central la bolsa estaría sobrevalorada. Lo que no dice es que la sobrevaloración de la bolsa no es sino la otra cara de la subvaluación del tipo de cambio.

Si antes los tipos de cambio se medían tomando como referencia los precios de los bienes de consumo, que es como lo sigue haciendo nuestro Banco Central, la experiencia internacional reciente ha demostrado que las apreciaciones de las monedas parecen medirse mejor contra el valor artificialmente alto que adquieren los activos. Después de todo, los precios de los bienes manufacturados en una economía abierta como la chilena están mayoritariamente disciplinados por las exportaciones de Asia Emergente, todo un bloque comercial con moneda abiertamente subvaluada.

Un Banco Central que los especuladores perciben como indolente frente a la apreciación de la moneda sólo puede alimentar mayores compras de activos. Pero, para agregar más incoherencia al asunto, proyecta en su «escenario base» una tendencia… a la depreciación de la moneda. ¿Se entiende el asunto?

Quizás se entienda si se considera que el Banco Central proyecta un precio del cobre en USD 3,3, de ahí suponemos viene la depreciación en el largo plazo de la moneda de sus modelos.

Pero, por la misma lógica, cuando confirme que el cobre no se detiene en US$ 4 la libra sino que llega a niveles cercanos a US$ 5, incluso con crisis europea mediante, no podemos sino esperar que continúe perseverando en dejar que el tipo de cambio caiga a donde tenga que caer.

El país debe evitar que ello ocurra.

Digamos las cosas como son. El mundo hace rato ya entró en guerra de devaluaciones e intervenciones cambiarias; la economía que más crece industrialmente, China, tiene su moneda pegada al dólar, de modo tal que cuando el dólar se deprecia también se deprecia el yuan y barre con lo poco que queda de industria en Chile. Las devaluaciones que sobrevendrán cuando el euro entre en su crisis final son cosa de meses.

Como lo señaló recientemente Ben Bernanke, esta guerra de intervenciones deja un peso inequitativo del ajuste precisamente en países que, como Chile, optan por la ortodoxia.

Con un volumen de comercio que alcanza casi un 60% del PIB en Chile, los sectores transables, y en particular los exportadores, son la base de nuestro crecimiento y prosperidad a largo plazo.

Las intervenciones cambiarias, si bien no son la panacea, sí pueden proveer una modesta pero esencial protección a vitales sectores de nuestra economía. No se trata sólo de la agricultura, o de un problema «sectorial», como sugirió el presidente del Banco Central: se trata también del sector industrial, del forestal y de la pesca. ¿O queremos al final que sólo quede el cobre y el resto de los chilenos viviendo de subsidios del Estado? ¿Es coherente eso?

Este artículo debe hacernos pensar. El cobre puede seguir subiendo y el dólar continuar bajando. El Banco Central no está consciente de la gravedad del problema. Tampoco parece estarlo el Gobierno. Las quejas empresariales no originan mayor preocupación. Estamos dañando la base de nuestro crecimiento y de nuestra prosperidad a largo plazo.

Impacta la pregunta: . ¿O queremos al final que sólo quede el cobre y el resto de los chilenos viviendo de subsidios del Estado? ¿Es coherente eso?

Por otra parte como el desempeño económico de los países llamados emergentes ha sido en general muy positivo, y la recuperación de los industrializados muy modesta e incierta, los capitales han emigrado hacia los primeros a tasas muy elevadas. Ello motiva una mayor presencia de divisas que las provenientes del comercio exterior.

Chile habría sido afectado por esos dos fenómenos económicos, su comercio exterior de resultados muy favorables especialmente en los últimos meses y las llegadas de capitales financieros muchos de ellos con características especulativas. Así, desde fines de junio, Chile es uno de los países que más han visto apreciada su moneda, es decir, más castigado el valor de la divisa.

El crecimiento de nuestras exportaciones en valor y cantidades físicas ha sido argumento para no sostener la divisa, pero debe considerarse que parte importante del aumento del valor de las exportaciones es consecuencia del mejoramiento de los términos de intercambio, especialmente en torno a los altos precios del cobre y de la celulosa. Por otra parte, muchas producciones no tienen otra alternativa que salir a los mercados externos aunque sean a pérdida, como son los casos de las producciones frutícola y vitivinícolas, porque el no hacerlo le significarían pérdidas aún mayores.

Debe tenerse presente que la caída persistente del valor de la divisa motiva un rápido aumento de las importaciones, sustituyendo cantidades demandadas de productos de origen nacional y un tardío efecto en la reducción de las exportaciones. Eso lo pudimos muy bien apreciar en la crisis que se inicia a fines de los 70 y culmina en 1982.

Cuando ya se hace sentir los efectos negativos sobre la balanza comercial, el problema está en plena etapa de agravamiento y no se podrá corregir en el coto plazo. Lo vimos en la crisis de comienzos de los 80. Varios años demoró la recuperación, que sólo vino después de pasar por una impresionante caída del producto y de un desempleo desconocido en el país después de la crisis de comienzos de los 30.

El alto endeudamiento privado en torno a las familias, frente a una recesión que origina desempleo y posiblemente presiones inflacionarias derivadas especialmente de las devaluaciones del peso, conduce a insolvencias que no sólo afectan a las familias sino que también al comercio y a la banca. Desde luego también golpearía al área de la construcción privada, gran generadora de empleo y de demandas derivadas.


4.  Caminos de solución

Antes de entrar a este tema mismo, me parece conveniente hacer en parte un preámbulo recordatorio y agregar otros aspectos no considerados anteriormente.

–  La búsqueda de solución debe ser una responsabilidad del Estado. Es primordial que, primero se tome conciencia de la gravedad del problema y segundo de que éste tiene solución a través de un conjunto de medidas. Desgraciadamente no existe esa conciencia. Parece que la tuvo el presidente Piñera como candidato y el ministro de Agricultura en sus inicios, pero no se les ha visto en el real actuar preocuparse de cumplir con sus compromisos iniciales y tampoco han respondido a las críticas que se les ha hecho con respecto a la pasividad y al silencio sobre el tema.

– Los grandes y medianos empresarios que tienen mejores organizaciones son los que han hecho sentir especialmente el grave problema de la caída del valor de la divisa, representada principalmente por el dólar. Que sean las grandes organizaciones empresariales que reclamen, en parte perjudica el apoyo político mayoritario a la búsqueda de solución al problema. Puede llamar la atención que pocos economistas están conscientes de este grave problema y de los otros que los están, muchos de ellos plantean que si bien el problema existe, es poco lo que se puede hacer para solucionarlo.

El bajo valor de la divisa afecta tanto a productos de exportación como a bienes transables de importación. La pequeña y mediana empresa productora de bienes también están seriamente afectadas tanto por la competencia de los productos importados, importaciones estimuladas por los bajos o nulos aranceles, como también golpeadas por los bajos retornos de los productos potencialmente exportables. Son sectores que poca fuerza tienen para expresarse y para luchar por sus derechos salvo en los períodos pre eleccionarios; las instituciones del sector público que debieran defenderlas toman posiciones pasivas y buscan a menudo soluciones a través de mejores condiciones de los créditos o buscando “innovaciones tecnológicas” de dudosos resultados. Se debe estar consciente de que los más importante para una empresa es tener mercado y obtener precios adecuados

Los que han hecho sentir más sus quejas son los productores y exportadores de frutas y los productores de la agricultura sureña afectados especialmente por las importaciones de leche, trigo y azúcar y por las dificultades de exportación de lácteos y de otros productos pecuarios y agrícolas. Letreros de protestas se alzan en las carreteras del sur. Fue a ellos que más se les hicieron promesas preelectorales que hoy las reclaman.

Desgraciadamente las opiniones mayoritarias nacionales no captan los problemas de esos sectores, a los cuales incluso se les critica como llorones, que obtienen o han obtenido en el pasado elevados ingresos. Hay informaciones que señalan la caída de inversiones en fruticultura y cambios en su composición. Se señala que las plantaciones de nogales se han incrementado en desmedro de otras especies, como consecuencia de sus menores costos de mano de obra y de su más lenta maduración de la inversión, en las perspectivas de cuando entren en producción comercial, estemos en un ciclo económico distinto y en que nuestras balanzas comerciales y de pagos muestren posiciones normales y menos favorables que las actuales. Ya se habla de 80 mil personas que se han dejado de contratar en la fruticultura chilena..

He tenido conocimiento que para las cosechas frutícolas de este año se han usado mucho menos a las famosas temporeras que se desplazaban de norte a sur, las que han sido sustituidas por mano de obra extranjera, que está dispuesta a trabajar a más bajas remuneraciones

Una contribución significativa a favor de una política cambiaria puede estar en la elección del empresario Roberto Fantuzzi como presidente a la Asociación de Exportadores de Manufacturas (ASEXMA). Es un empresario a quien muy bien se le conoce por su preocupación por el efecto del tipo de cambio competitivo y estable en la economía nacional, por ser un empresario que siempre ha buscado una mayor justicia social contribuyendo a dar trabajo a personas sancionadas por la justicia. También fue en una época que trató de despertar un nacionalismo a favor de la compra de productos nacionales.

— Qué importante es la revisión histórica del tema cambiario en Chile, como también el análisis comparado de las políticas cambiarias que tienen otros países y especialmente aquellos que han tenido fuerte y constante crecimiento económico.

Breve revisión histórica del caso chileno

Chile ha sido un país que históricamente dependió económica y socialmente en alto grado de la minería; primero fue el salitre y después fue el cobre. La minería tiene como factor negativo entre otros las inestabilidades de los mercados, dependientes tanto de los ciclos económicos como de los avances tecnológicos, a veces revolucionarios, que conducen a la sustitución de las materias primas naturales. Además la minería descansa en recursos agotables, que después del cierre de la esquilmada mina dejan ciudades o poblados disminuidos o abandonados, como también puertos en situaciones similares. Un ejemplo es esa languidecida Pisagua, donde queda como recuerdo del pasado sus construcciones semidestruidas y su cementerio, que pasa a ser un monumento al recuerdo de un glorioso pasado económico, reforzado por la triste historia de los asesinatos a prisioneros políticos.

La lucha en el pasado contra la inflación influyó bastante en la política cambiaria. El presidente Jorge Alessandri crea el escudo casi a la par con el dólar y procura mantener su relación; en ello fracasa. La economía se debilita y tiene que devaluar.

El esfuerzo del Gobierno militar por salir de una inflación que tendía a mantener una tasa más bien alta y constante, lo llevó entre otras causas a salirse de la devaluación automática que se hacía a base del IPC. El nuevo ministro Cauas hace una mini devaluación inicial para subir el dólar a $ 39 y lo congela, con la intención de que ello fuera a lo menos por unos 10 años. A los tres años la economía explota y debe salirse de los marcos de un neoliberalismo para entregar el gobierno a dos cabezas con visiones más nacionalistas y pragmáticas, a Onofre Jarpa en Interior y a Escobar Cerda en Economía.

Chile desde hace años ha sido considerado como uno de los países más neoliberales del mundo. Éste se impuso en mi opinión gracias al Gobierno autoritario militar frente a esa gran crisis económica, social y política derivada del Gobierno de la Unidad Popular. En democracia difícilmente la civilidad hubiese aceptado esos cambios extremos.

El país, por otra parte, fue estimulado o casi forzado por presiones económicas especialmente desde el exterior a avanzar en este terreno.

El dogmático neoliberalismo extremo chileno se ha perpetuado y ha llegado a ser transversal a los gobiernos: Militar, de la Concertación y hoy de la Alianza.

Alguien decía en la época de la Concertación “Dios nos libre de los socialistas renovados”. Sólo en el Gobierno Militar cambió temporalmente el modelo a raíz de la crisis de comienzos de los ochenta, que tuvo como causa principal a mi juicio la abundancia de los llamados petrodólares provenientes de los préstamos de la banca privada internacional que nos llevó entre otras causas a un dólar a $ 39 congelado por casi tres años, lo que dañó en profundidad a la economía chilena, reflejada en la caída del producto y el crecimiento abismante del desempleo abierto; además se produjo una crisis bancaria jamás vista en nuestro país junto a una crisis igualmente fuerte en el sector inmobiliario.

El Gobierno Militar tuvo que volver temporalmente a una economía con una mayor presencia del Estado, con fuertes devaluaciones, aumento de aranceles y créditos diferenciados, con una banda de precios para productos claves agrícolas e incluso con la creación de una nueva empresa estatal, la COTRISA, para garantizar el cumplimiento de precios mínimos establecidos por la banda para los productores trigueros. Además hubo que intervenir parte importante de la banca privada con ayudas financieras, deudas que en parte aún perduran..

Todo ello, más otras medidas, hicieron posible una importante e impresionante recuperación de la economía que le permitió al Gobierno Militar entregar a la Concertación un país en fuerte crecimiento y bajo desempleo; pero sí, volviendo paulatinamente al neoliberalismo que se fue acentuando durante los gobiernos de la nueva democracia.

La Concertación siguió el modelo neoliberal, con más privatizaciones y con una creciente apertura a los mercados externos. Baja de aranceles unidos a acuerdos de libre comercio con diferentes países y con la Unión Europea. Llegamos incluso a un acuerdo de libre comercio con China, país que con ninguna otra nación había tenido negociaciones de esta naturaleza.

.Volviendo al pasado, a su economía mixta y planificada y a sus políticas de comercio exterior, no olvidemos cómo se desarrollaron grandes industrias nacionales como la metalúrgica especialmente en torno a CAP y sus filiales, las manufacturas de metales como MADEMSA y MADECO,  la Industria Azucarera Nacional, con dos períodos de esplendor, con los Gobiernos de Ibáñez y de Frei Montalva. Cómo esa industria integró la agricultura con procesos industriales, con grandes plantas que debían instalarse en ciudades de tamaños intermedios, ya que las disponibilidades de suelos agrícolas así lo exigían. Además cabe recordar cómo estimulaba al sistema de transportes y al mejoramiento de los caminos, junto con alentar el uso de insumos tecnológicos en una agricultura que se integraba a su vez con la producción pecuaria y con sus otras industrializaciones como especialmente la de la leche. Iansa fue gran compradora de carboncillo producido en la pobre entonces provincia de Arauco; llegó a demandar la mitad de su producción de carbón.  Mejor no recordar a esa ENDESA estatal que nos aseguró emergía eléctrica a todo el territorio y que muy bien sabía aprovechar los préstamos de las instituciones internacionales de fomento.

Esas producciones agroindustriales además daban fuerte impulso a las actividades regionales bancarias y financieras. Se logró debilitar la expansión de las concentraciones industriales en los entonces grandes polos industriales, Santiago, Concepción y Valparaíso-Viña del Mar, donde a su vez se concentraba gran parte de la población.

–         Algo sobre la experiencia internacional

Sin duda que el caso más interesante es el de China, país que maneja el valor de su moneda para generar su fuerte crecimiento económico, siempre con miras no sólo de corto plazo sino que con visión de mediano y largo plazo; país gobernado por grandes  estadistas.

Hoy el país asiático apega el valor de su moneda al dólar, devaluándose al mismo ritmo.

La India y Brasil, otros países de fuerte crecimiento, tienen políticas económicas más integrales, no sólo en los temas cambiarios sino que también en los arancelarios y en general de comercio exterior, junto a fuertes políticas fiscales a favor de determinados sectores de la sociedad; se muestran preocupados del empleo pleno.

En India muchas obras públicas se hacen con tecnologías que poco usan el capital y que generan mucho empleo; no les preocupa a sus maduros gobernantes que sean acciones “con baja productividad de la mano de obra”, si éstas obras generan empleo, estabilidad y bienestar a mucha familias. Hace poco tuve la oportunidad de ver en el sur de la India grandes extensiones de planicies a bajo el nivel del mar destinadas a arroz, con sistemas eléctricos de eliminación de aguas por elevación. Se me informaba que la energía eléctrica entregada a esa agricultura era gratuita.

Recordemos lo que escribía recientemente el economista ya mencionado Jorge Quiroz:

Digamos las cosas como son. El mundo hace rato ya entró en guerra de devaluaciones e intervenciones cambiarias; la economía que más crece industrialmente, China, tiene su moneda pegada al dólar, de modo tal que cuando el dólar se deprecia también se deprecia el yuan y barre con lo poco que queda de industria en Chile. Las devaluaciones que sobrevendrán cuando el euro entre en su crisis final son cosa de meses.

Estados Unidos no puede devaluar directamente, sólo lo hace con sus grandes emisiones que hacen perder valor a su moneda en los mercados internacionales. Tampoco pueden devaluar unilateralmente los países europeos de la zona del euro. Se habla de la posibilidad, aunque remota, de que algunos de ellos en situaciones más críticas se retiren del euro para superar sus crisis mediante políticas monetarias independientes.

La invasión mundial de productos manufacturados de una China con su moneda devaluada está dañando fuertemente a las economías más liberalizadas, especialmente a Europa y a EE.UU. Desde luego Chile no está ajeno a esa realidad.

Interesante es analizar en más profundidad a la economía de la India, como también a la de Brasil. Este país latinoamericano ha tenido pragmáticas políticas cambiarias como también arancelarias. Conocemos la experiencia argentina con sus alrededor de 10 años de paridad de su peso con el dólar, que la condujo a destruir parte muy importante de su sólida industria, mucha de ella emigró al pragmático Brasil. Sólo la dura devaluación del peso argentino le permitió al hermano país tener una recuperación económica impresionante.

Recuerdo haber conocido la política colombiana sobre los precios del café. Cuando éstos se disparaban en los mercados internacionales, parte de los ingresos cafeteros se destinaban a un fondo en su Banco Central. Con ello por una parte evitaba la sobrevaluación de su moneda y por otra, junto con anular presiones inflacionarias para sustentar la tasa cambiaria, daba estabilidad al proceso productivo del importante rubro cafetero evitando una exagerada expansión. Ese fondo retenido se devolvía a quienes le pertenecía cuando los precios del grano negro decrecían. Se daba estabilidad a ese importante rubro en que participaban muchos pequeños productores y se evitaban expansiones irracionales de las plantaciones. Esto nos puede ayudar a pensar en soluciones sobre la base de fondos similares para rubros en que los precios internacionales se disparen, como podría ser para el caso del cobre e incluso del molibdeno y de la celulosa.

Otros casos interesantes de considerar son los de los países en que las exportaciones de petróleo son de gran importancia relativa. Sus excedentes de divisas los transforman en reservas, de lo contrario sus economías sólo descansarían de los ingresos inestables del petróleo, que en parte se van agotando, trayendo todo el resto de los productos del exterior. Un ejemplo digno de destacar y analizar es el de Dubai.

Uno puede preguntarse por qué Chile no podría llevar una política similar frente al peso del valor de las exportaciones de cobre y a sus altísimos precios internacionales.

Se ha hablado de que Chile estaría cayendo en la enfermedad holandesa. Recordemos brevemente lo que ella fue:

“El síndrome holandés, también conocido como «mal holandés» o «enfermedad holandesa» es el nombre general que se le asigna a las consecuencias dañinas provocadas por un aumento significativo en los ingresos de un país.

El término surge de la década de 1960 cuando las riquezas de los Países Bajos aumentaron considerablemente a consecuencia del descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en el Mar del Norte.

Como resultado del incremento de ingresos el florín (Moneda Holandesa) se apreció lo que perjudicó la competitividad de las exportaciones no petroleras del país. De ahí el nombre de este fenómeno, que si bien no se relaciona con el descubrimiento de algún recurso natural, puede ser el resultado de cualquier hecho que genere grandes entradas de divisas, como un notable repunte de los precios de un recurso natural, la asistencia externa y la inversión extranjera directa.” Fte: Wikipedia

Recordemos o repasemos nuevamente lo del valor del dólar y de las intervenciones del pasado

Se estima que en la actualidad alrededor del 60% del valor de las exportaciones está constituido por las ventas del metal rojo. Esto motiva un alto ingreso de divisas, causa importante de la caída del dólar

El precio del cobre a lo menos triplica y aparentemente cuadruplica lo que podría llamarse un valor normal, el que podría considerar en algo superior a los de sus costos de producción. Esta situación motiva una abundancia de divisas y altos ingresos fiscales en moneda extranjera. Trasmite al país una abundancia económica financiera transitoria, temporal, que incluso daña a la sociedad; se multiplican las importaciones de suntuarios, las calles no dan abasto de automóviles sobre dimensionados para las necesidades familiares; compras que conducen en parte a la ostentación de riqueza que hiere a los tantos pobres que aún existen en Chile.

Hay bastante consenso de que una parte importante de la caída del valor de la divisa es consecuencias del alto precio del cobre; se observa en el corto plazo una clara relación inversa entre el precio del cobre y el valor del dólar. Es frecuente oír expresiones como éstas es las notas económicas de periódicos, “el dólar ha tenido una nueva caída como consecuencia del alza del precio del cobre”

Por otra parte la difícil situación de la economía de EE UU también ha contribuido a que el dólar pierda valor internacionalmente y se aumenten los precios de las commodities, entre éstas especialmente para nosotros el cobre. Disponibilidades líquidas de la moneda norteamericana, al parecer para evitar su desvalorización real, se refugian especulativamente en commodities, lo que agudizaría sus aumentos de precios.

El cobre sería uno de los bienes refugio.

Además como el desempeño económico de los países llamados emergentes ha sido en general muy positivo, y la recuperación de los industrializados muy modesta e incierta, los capitales han emigrado hacia los primeros a tasas muy elevadas. Ello motiva una mayor presencia de divisas que las provenientes del comercio exterior. Chile no sería ajeno a estas entradas de capitales extranjeros líquidos.

Se ha escrito en la prensa que la tasa de interés de la Reserva Federal de EE:UU, lo que podríamos decir su Banco Central, vigente a diciembre del 2010 es de 0,25%, mientras que la del Banco Central de Chile es de un 3,25%, lo que hace atractivo el mercado de inversión nacional y atrae dólares hacia el país, con lo cual disminuye su valor en el mercado nacional.

Así nuestro país habría sido afectado por esos dos fenómenos económicos, su comercio exterior de resultados muy favorables especialmente en los últimos meses y las llegadas de capitales financieros muchos de ellos con características especulativas a las que el país no pone frenos, como en el pasado lo hizo con los encaje al dinero llegado en esta forma. Desde fines de junio, Chile es uno de los países que más han visto apreciado su moneda, es decir, más castigado el valor de la divisa.

El crecimiento de nuestras exportaciones en valor y cantidades físicas ha sido argumento para no sostener la divisa, pero debe considerarse que parte importante del aumento del valor de las exportaciones es consecuencia del mejoramiento de los términos de intercambio, especialmente en torno a los altos precios del cobre y de la celulosa. Por otra parte muchas producciones no tienen otra alternativa que salir a los mercados externos aunque sean a pérdida, como son los casos de las producciones frutícola y vitivinícolas, porque el no hacerlo le significarían pérdidas aun mayores.

La caída del precio de la divisa se habría visto afectada también por las ventas de dólares del Estado, para poder cubrir gastos en moneda nacional, especialmente incrementados por los costos de la reconstrucción pos terremoto y maremotos.

Debe tenerse presente los efectos de los excedentes de ingresos fiscales en moneda extranjera y sus déficits en moneda nacional. La suma da saldos positivos, alientan las solicitudes de mayores gastos para el sector publico; un ejemplo fue la lucha de los gremios del sector público por un mayor reajuste, que algo lograron. El argumento principal de lucha gremial ha sido los altos valores de los ingresos del cobre.

No se tiene conciencia clara que en tales circunstancias para financiar los mayores gastos fiscales en moneda nacional, el fisco debe liquidar dólares en el mercado cambiario, lo que agudiza la caída de la divisa. Recordemos que algo de eso se ha debido hacer para financiar la reconstrucción que en alta proporción requiere moneda nacional.

En el pasado se tenía una clara diferenciación en los presupuestos de la Nación en componente moneda nacional y en componente en moneda extranjera. Hoy la opinión pública y muchos políticos lo ignoran o lo quieren ignorar por demagogia.

Debe tenerse presente que la caída persistente del valor de la divisa motiva un rápido aumento de las importaciones, sustituyendo cantidades demandadas de productos de origen nacional y un tardío efecto en la reducción de las exportaciones. Eso lo pudimos muy bien aprecias en la crisis de fines de los 70 y comienzos de los 80.

Amplios sectores consideran que el valor de la divisa no está en niveles críticos que justifiquen una intervención especialmente del Banco Central. Esta opinión estaría dominando en los economistas del banco emisor y desde luego en su presidente De Gregorio. Al respecto es preocupante lo que planteaba el editorial de El Mercurio del 16 de diciembre:

Por cierto muchos sectores se verían beneficiados con un peso depreciado. En cualquier caso, las intervenciones tienen sentido sólo cuando el tipo de cambio está claramente desalineado de la realidad económica del país, y nada sugiere que en las actuales condiciones estemos en tal situación.

En su presentación al Senado, el presidente del Banco Central, José De Gregorio manifestó que “en las actuales circunstancias no hemos descartado la posibilidad de intervenir”, pero fue también enfático en decir que “hasta ahora no hemos intervenido en el mercado cambiario ni aplicado medidas excepcionales, pues nos aparece que no se justifican”.

No deja de tener peso en la opinión pública, lo que piensa y dice el decano de la prensa, como también la opinión del presidente del Banco Central.

Representantes de los sectores productores especialmente de exportación, se han reunido este último tiempo con autoridades del Gobierno y del  Banco Central sin conocerse resultados positivos. Hay polémica en torno hasta donde el valor del dólar esté bajo en Chile. La fruticultura, frente a la cual el país tiene claras ventajas comparativas y competitivas, requeriría un dólar de a lo menos $ 550. Hoy lo tenemos ligeramente por debajo de los $ 470.

Tema de polémica reciente ha sido el llamado “tipo de cambio real” y las recientes expresiones del presidente del Banco Central que ha dicho que “el tipo de cambio real se encuentra en torno a los `mínimos coherentes´ y ….que hasta ahora no se ha intervenido porque se ha considerado que no hay justificación para ello”.

Sería interesante hacer un ejercicio que permita estimar cuál sería el valor del dólar en Chile frente a una situación normal de precios del cobre y de otras commodities, agregando además la eliminación del efecto de los movimientos especulativos de los capitales en los mercados internacionales.


Defensa del valor del dólar

Una pregunta que surge a veces es ¿quién debe defender el valor del dólar?

Algunos culpan al Ejecutivo que no lo haga, especialmente a Hacienda y a Economía; dicen que la solución es que el Gobierno debe gastar menos. Esa posición domina en los ultra neoliberales y en los monetaristas que persiguen que cada día el Gobierno tenga menos presencia en la economía y que todo se regularice y rija por las fuerzas del mercado.

Otros señalan que esto es responsabilidad del Banco Central, de esa institución que nace con características muy especiales en la dictadura militar cuando pasó a tomar constitucionalmente plena autonomía, con directores con altas remuneraciones y con cargos de gran estabilidad a lo menos por diez años; los pasan a ser verdaderos dioses que dictan cátedra sobre lo que debe ser la política monetaria y son buenos discípulos e incluso alabados por los grandes defensores internacionales del neoliberalismo y del monetarismo. La mayoría de ellos son economistas con postgrado en sus formaciones monetaristas, algunos de ellos pocos conocedores de la realidad social en que viven a los que llegan a calificar de “hombres flojos y alcohólicos y ahora drogadictos de los sectores más populares”. Su presidente reiteradamente declara que aún el valor de la divisa no llega a los niveles a los cuales el Banco Central deba intervenir. Otros reiteran que las intervenciones de los bancos centrales han sido un fracaso en otros países.

En más de una oportunidad las autoridades del Banco Central han señalado que la responsabilidad principal de su institución es el llevar una inflación moderada y programada y de disponer de las divisas que sean necesarias para que el país pueda responder a sus compromisos internacionales. Desgraciadamente las disposiciones legales y reglamentarias así lo establecen a diferencia de la FED de EE.UU que tiene responsabilidades más amplias.

Esos economistas del Banco Central han llegado a señalar que no es materia de su responsabilidad el crecimiento económico, el preocuparse de la generación de empleos, de que en el país se hagan las inversiones adecuadas, etc., etc. Legal y constitucionalmente tendrían razón.

Qué distante uno siente que están esos “grandes economistas” del empresariado productivo real que se satisface con producir, con que su empresa progrese y que se genere empleo;  y que más distantes parecen estar aún de esos miles de pequeños y medianos empresarios productores de bienes que enfrentan serios problemas para el mercado de sus decrecientes producciones.

Años atrás el Banco Central entró a comprar divisas cuando el valor del dólar había llegado a muy bajos niveles. Su argumento fue que la compra tenía la finalidad de aumentar las reservas para poder enfrentar en mejor formas situaciones futuras que se veían difíciles. No quiso reconocer el instituto emisor que lo hacía para sostener el valor de la divisa. Fueron momentos en que también Hacienda entró a comprar divisas.

Es algo positivo que ya el Banco Central considere que si la situación se agrava podría intervenir contra ello en el mercado cambiario. Los últimos pronósticos señalarían que si el dólar llega a los $ 460 entraría a comprar.

Medidas planteadas y esperanzas

Entre las medidas que se han planteado está un seguro que puedan tomar los exportadores sobre el valor del dólar. Algunas importantes empresas lo han podido utilizar positivamente. El tema tiene varios peros, uno de ellos es la dificultad para extender el sistema a parte importante de la producción de exportación, un segundo pero es que esto tiene un costo que mayor será mientras más inestabilidad presente el valor de la divisa y un tercer pero, es que ello no soluciona el tema de la importaciones abaratadas por el bajo valor de l la divisa y su efecto negativo sobre la producción nacional para el mercado interno.

Otras noticias más recientes al respecto:

Los gremios se han reunido con el Banco Central. Se informa que la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y el Gobierno trabajan en la búsqueda de medidas que ayuden a enfrentar la caída del dólar

Agricultores esperan implementar un seguro de cambio de largo plazo y que haya una intervención del instituto emisor.

Se informa que desde hace más de un mes, la SNA, la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) y el Gobierno están reuniéndose para realizar un exhaustivo diagnóstico de la difícil situación que vive el sector agrícola, a raíz del bajo tipo de cambio. A partir de este trabajo, propondrán una batería de medidas para recuperar dicha competitividad perdida.

Las dos comisiones, una a cargo del Ministerio de Hacienda y otra de la cartera de Economía, se encuentran finalizando las etapas de identificación de los problemas más urgentes del sector. Este diagnóstico dará pie a un posterior análisis y proposición de una serie de medidas concretas, las cuales se espera sean presentadas durante la segunda semana de enero.

Según el presidente de la SNA, Luis Mayol, entre las acciones que busca implementar la agrupación gremial -las cuales pasarán a discusión y estudio dentro de las comisiones- están un seguro cambiario de largo plazo para los agricultores medianos y pequeños, disminución en el pago de clientes al Servicio Agrícola y Ganadero, cambio de legislación laboral para el sector y disminución de las tarifas eléctricas en los meses punta.

«Hay varias medidas que, como SNA, propondremos en las mesas de trabajo. Una muy importante es implementar un tipo de seguro de cambio de mediano y largo plazo para proteger las inversiones del sector exportador. Si bien existen seguros de cambio, éstos son de corto plazo y casi no penetran en los pequeños y medianos agricultores», ha explicado Mayol.

Intervención

Una de las acciones que más demandan los agricultores en estos momentos es que el Banco Central intervenga el tipo de cambio. Hasta la fecha han sido varios los intentos por sensibilizar a la autoridad -incluida una sesión especial en el Congreso para analizar el tema-, las cuales no han logrado su cometido.

En la SNA estiman que las actuales condiciones están dadas para que la entidad monetaria aplique la medida. «La evolución última del dólar ha generado hechos nuevos, como las experiencias de países que han implementado intervenciones muy similares a la que se hizo en Chile en 2008 y que han dado buenos resultados. Creemos que están dadas las condiciones para intervenir y que ésta tiene que ser informada, anunciada y con un calendario preestablecido. No rígido», afirma el dirigente gremial.

Para abordar el tema, la entidad gremial se habría reunido con el presidente del Banco Central, José de Gregorio, para analizar y proponer medidas concretas que detengan la brusca caída del dólar. Estamos cada vez más convencidos que una de las medidas más convenientes para mejorar el tipo de cambio es la intervención», finaliza el dirigente gremial.

Banco Central no descarta intervención cambiaria, pero afirma que no se ha tomado la decisión.

Otra información que surge por los medios de prensa es interesante. En atención a los senadores que expresaron su preocupación por la industria agrícola, el presidente del Banco Central, José De Gregorio, no descartó una intervención vía acumulación de reservas, pero aseguró que no es una decisión que se haya tomado todavía. En su lugar, De Gregorio insistió en la necesidad de atender «los problemas sectoriales con medidas sectoriales», poniendo en manos de las autoridades fiscales la atención al sector agrícola.

En mi opinión esto es una demostración más de que el Banco Central no está convencido del daño que el bajo e incierto valor de la divisa esté siendo un real y profundo problema de la economía chilena. Parece más bien reaccionar con eventuales medidas parciales, respondiendo principalmente a las presiones de los sectores empresariales de mayor influencia.

Ojalá la incorporación de Fantuzzi a la presidencia de ASEXMA contribuya a que se tomé conciencia de que el problema es más amplio y profundo.

Se podría decir con insistencia de que este tema es problema de Estado y que exige en mi opinión una Política de Estado. Desgraciadamente se sigue en torno a lo que podría decirse “tirarse la pelota entre el Banco Central y el Gobierno”, dilatando la llegada a soluciones, aunque éstas sean parciales.

Queda en claro que las presiones políticas de las organizaciones agrícolas preocupan transversalmente a los parlamentarios, los que trasladan públicamente sus inquietudes, seguramente en parte para quedar bien con sus electores. Desgraciadamente las soluciones se parcializan y se retrasan.

Frente a todo esto, el reciente Informe de Política Monetaria (IPoM), por el Banco Central, el de diciembre,  indica que el tipo de cambio real (valor del peso en relación a una canasta de monedas) «está en torno a los mínimos coherentes con sus fundamentos de largo plazo» (87 puntos respecto al año base 1986=100). El escenario base que plantea para el próximo año incluye entre sus supuestos una moderada depreciación del peso hacia el largo plazo, lo que significaría lamentablemente que la situación seguiría empeorando.

El Banco Central aporta en forma indirecta información positiva sobre las cosas como están, al reducir las perspectivas de inflación para diciembre de este año desde 3,9% a 2,8% anual y mantuvo las proyecciones de crecimiento centrándose en un 5,2% para 2010 y en un rango de 5,5% a 6,5% en 2011. Pronostica así que la economía seguirá creciendo a tasas mayores, a pesar de que ya parte de la recuperación de lo perdido en años anteriores se ha materializado. Con ello parece traslucir que la política cambiaria ha sido la adecuada y lo seguirá siendo.

Por otra parte el Banco Central no ve con mucho optimismo la situación internacional. Aunque mantuvo las cifras estimadas de crecimiento para 2011, el banco emisor asegura que hay un sesgo a la baja por la fragilidad del escenario internacional. «El escenario base para la economía internacional es benigno, pero los riesgos son significativos», dijo De Gregorio. «El Consejo estima que el riesgo de un desempeño aún más débil de la economía mundial continúa latente y tiene mayor probabilidad que un escenario más optimista», agregó.

De Gregorio reiteró que el Consejo continuará subiendo gradualmente la tasa de interés de política monetaria (TPM). Ello podría incrementar las entradas de capitales externos especulativos de corto plazo lo que dañaría más al valor de la divisa

Caminos concretos de solución

Frente a nuestra realidad política e institucional los caminos se sienten débiles, lentos y muy parciales. Se avanzaría en poco significativas intervenciones sectoriales, especialmente para atender inquietudes de sectores agrícolas que han tenido mayor apoyo parlamentario. Los empresarios agrícolas tradicionalmente en democracia han logrados apoyo políticos, por la importancia de sus votos en las elecciones parlamentarias.

Ojalá algo se logre algo más rápido y amplio.

El verdadero camino debiera ser que se busque una solución profunda al problema a través de una política de Estado, de gran apoyo nacional, de la Alianza y de la Concertación, del Ejecutivo y del Legislativo y muy en especial del Banco Central.

Que importante sería llegar a un consenso nacional.

Para ello es fundamental que se tome conciencia de la seriedad del problema y además que exista el convencimiento de que éste tiene solución; pero para ello se requiere una política integral.

A mi juicio un importante camino sería llegar a un acuerdo sobre la forma de determinar el valor de la divisa que más le conviene al interés nacional, con visión no sólo de corto y mediano plazo, sino que también de largo plazo y que se busque que ese nivel tienda a producirse. Además que se crea la confianza que ese nivel se mantendrá en el futuro, por lo menos dentro de límites prudente.

Existe una batería de medidas que pueden ayudar. Llegar a establecer una angosta banda de precios cuyo centro sea el valor deseado. Se preparen las medidas para que el valor de mercado no se aleje de ese centro dejando como recurso extremo las compras y ventas de divisas por el Banco Central cuando la divisa llegue a los niveles extremos.

El ahorro y la inversión en divisa puede ser importante. La creación de fondos estabilizadores de precios de exportaciones cuando algunos valores se disparen. Que el Gobierno pueda recurrir a préstamos internos para evitar la liquidación de divisas; incluso la posibilidad de que justificadamente el Banco Central pueda prestar al Fisco moneda nacional en situaciones extremas. Que se obstaculicen el ingreso de capitales golondrinas cuando ello sea necesario.

Estoy seguro que muchas otras medidas pueden llegar a sugerirse

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