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El tema del nuevo límite de las velocidades urbanas y el incumplimientos de las leyes en Chile

En el día de antes de ayer se publicó en El Mercurio de Santiago una precisa y corta carta al Director del diario relacionada con la reducción de la velocidad máxima urbana

La transfiero de inmediato

 

Sábado 11 de agosto de 2018

Costo-beneficio

Señor Director:

Mejorar la fiscalización, sancionar y hacer cumplir las sanciones sería mucho más eficaz para disminuir accidentes que reducir de 60 a 50 km/h la velocidad máxima de los vehículos en las zonas urbanas. Y, además, contribuiría a cambiar positivamente nuestra cultura ciudadana.

Claro que para eso se necesitaría una capacidad creativa, de coordinación, de trabajo y de decisión que no es común entre nuestras autoridades, jueces y legisladores.

Es mucho más fácil cambiar las señales de tránsito que hacerse cargo, de verdad, del problema.

Pablo Tironi Barrios

 

Quiero destacar ideas contenidas y que comparto plenamente:

 

  1. Mejorar la fiscalización, sancionar y hacer cumplir las sanciones sería mucho más eficaz para disminuir accidentes que reducir de 60 a 50 km/h la velocidad máxima de los vehículos en las zonas urbanas. Muy grave lo que está sucediendo en Chile, el no cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias en muchos campos, en este caso en el del tránsito; si masivamente no se cumplen las existentes, que ganamos con establecer otras más exigentes, que menos se respetarán. Tranquilizamos la conciencia con ello.
  2. Referente a la cultura ciudadana, qué grave es que aceptemos y participemos cada vez más en el mayor incumplimiento de las leyes.
  3. El requerimiento de que se “necesitaría una capacidad creativa, de coordinación, de trabajo y de decisión que no es común entre nuestras autoridades, jueces y legisladores”. Cabe preguntarse por qué esto no se está dando actualmente en Chile y antes lo teníamos cuando éramos más subdesarrollados. Desgraciadamente esto no solo se da en el tránsito, también lo vemos en las ventas callejeras y en muchas otras cosas más, como permitir la ilegal operación de Uber que nos está llevando a situaciones de mayor violencias a las que ya se perciben.

 

Anteayer fui desde Providencia a mi parcelita en Calera de Tango. Descendí por Eleodoro Yáñez hasta José Manuel Infante a no más de 50km/h. Muchos autos me superaban en velocidad y no pocos uno apreciaba que superaban los 60.

Nadie controlaba. Seguí por Blanco Encalada hasta Exposición. Nadie respetaba los 50. Llegué al camino a Melipilla, Avda Pedro Aguirre Cerda. La señalética indicaba los 60, no había cambio a 50. Un minoría de vehículo respetaba lo 60, no observé ninguno que fuera a los 50. Muchos superan largamente los 60 y entre ellos buses de la locomoción colectiva y camiones.

Tomé después en Camino a Lonquén, se inicia con señalización histórica de velocidad máxima 50, para después pasar a 60. Un porcentaje mínimo respeta los 60; camiones cargados llevan velocidades muy superiores.

En todo el trayecto de ida no vi policía alguno. Lo mismo me sucedió al regresar hasta mi domicilio en Providencia.

Supe por un funcionario municipal que no van a controlar los 50, mientras no se cambie la señalética; hacerlo puede considerarse ilegal.

Recordé que el Gobierno señaló que los 50 se iban a exigir de inmediato, incluso ni se quiso esperar el cambio de señalética, ni tampoco utilizar el sistema normal inicial de partes de cortesía. Uno se pregunta si no declaraciones oficiales de esa naturaleza, no desprestigian al Gobierno; yo pienso desgraciadamente que sí. Qué distantes están las autoridades de la realidad. Ya parece que no tenemos estadistas en Chile.

Otro tema preocupante de no cumplimiento de las leyes en Chile es el caso de Uber.

Lo sucedido anteayer presagia situaciones muy difíciles.

En los taxistas hay desesperación y con razón; cuantas exigencias tienen que cumplir y les aparece una competencia desleal, legalmente clandestina.

Parte importante del público defiende a Uber que procede con alta tecnología, con atenciones muy rápidas y de costo bajo. Se habla de unos 70 mil desempleado y subempleados que se incorporan a Uber; esto recuerda a los buses piratas que se hacen presentes en los periodos de mayor demanda.

Es deber del Estado, del Gobierno, de la Autoridad exigir que la ley se cumpla, pero ella se aplica solo a los taxistas. Parece increíble que tengan que ser ellos, aplicando violencia, los que luchen por que las disposiciones legales se cumplan.

El asesinato de un taxista que estaba al parecer en esa tarea y el baleo a otros, ha conducido a declaraciones violentas de los dirigentes gremiales. La intendenta ha respondido que eso no lo aceptará el Gobierno, sin duda con razón, pero ello debería ir asociado a que no pueda seguir actuando Uber, mientras no exista una ley que lo autorice, ley que sin dudas deberá establecer condiciones para una sana competencia.

Se avizora una peligrosa violencia y sin duda riesgos para los pasajeros y para toda la sociedad. Quién es el culpable básico, este es el Estado que no hace cumplir la ley.

Uno se pregunta, qué pasa con Carabineros. En el pasado se le asociaba como fiscalizadores del cumplimiento de la ley.

Antes se les veía en las carreteras y en las diferentes vías. Ahora no se ve ninguno, ni en calles; recuerdo no hace mucho que unos turistas preguntaban por un policía. Es común que en muchos países del mundo los turistas recurran a ellos en consulta; la presencia de ellos irradia seguridad.

Ya nadie controla los ruidos molestos.

Otro tema que impacta es las ilegales ventas callejeras. La Alcaldía de Providencia parece haberlo logrado, pero no Santiago. Hace pocos días pasé por la Alameda cerca de Estación Central, es impresionante la venta callejera. Forman en las veredas dobles filas paralelas, una contigua a las construcciones y locales y la otra adyacente a la calle. Se hace dificultoso caminar. Muchos de esos vendedores son haitianos.

Cómo esta venta daña al comercio establecido, que paga y recauda impuestos, que permite que los trabajadores estén incorporados a la previsión y a los servicios de dalud.

Recuerdo ver en televisión no hace mucho tiempo atrás una verdadera batalla campal frente a la Estación central entre grupos organizados de vendedores callejeros chilenos y haitianos. Quedando uno de estos últimos gravemente herido. Nada se informó y comentó de todo ello.

También no hace mucho al finalizar una marcha relativamente ordenada, aparecieron verdaderas pandillas que saquearon negocios en la Alameda. Se vio ello por televisión. No se apreció presencia de Carabineros y nada de ello se informó y comentó.

Qué nos está pasando en Chile.

 Cabe preguntarse sobre la ilegal venta callejera y sobre la también ilegal presencia de Uber; cuánto de ello oculta un desempleo estadístico mucho más alto si se cumpliera la ley.

Cuánto hay de delincuencia violenta y de comercio de drogas que también oculta un desempleo potencial que se haría presente si esos delitos no estuvieran presentes.

Es habitual saber la noticia de personas recientemente salidas de las cárceles que vuelven a delinquir.

No debiera pensarse en Chile volver a un sistema como el que existió en una etapa de crisis durante el Gobierno Militar, que permitió que muchos desempleados y cesantes pudieran hacer algo y algo al menos de recibir ingresos. Que positivo fue ver cuando la economía mejoró, como automáticamente estos programas se debilitaron y hasta desaparecieron, por falta de demanda por ellos.

Qué importante es en una sociedad que el que quiera trabajar pueda hacerlo. Cuánto producto nacional se pierde con seres humanos desocupados. En las sociedades más avanzadas con más población urbana, el trabajar remuneradamente no depende de la persona sino de la demanda de trabajo por la sociedad.

Cabe preguntarse, qué pasará con aquellos que en Providencia han dejado de vender en las calles. Cuántos de ellos se estarán incorporando a la delincuencia para poder subsistir.

Que desigualdad inmensa tenemos en nuestra sociedad. Cada día se venden automóviles nuevos, muchos de ellos de capacidades superfluas y por otra parte está presente esa masa en extrema pobreza. Cómo cada día aumenta la congestión de vehículos, sin que exista mayor solución que aumentar las restricciones frente a las contaminaciones ambientales.

Impacta la conciencia de muchos de nosotros ver como se cierran antiguas y prestigiadas industrias, como recientemente Nipsa y muchas otras. Como ya hace años han desaparecidos industrias manufactureras grandes generadoras de empleo regulares, como ha sido en los sectores metalmecánico, textil y de la confección, de cuero y calzado. Fue emblemático como dejó de producir Cerámica Cordillera, para transformarse como muchas otras industrias en comercializadoras de productos importados. Cuánto luchó la familia Fantuzzi por hacer subsistir la empresa que ella formó, Aluminios y Enlozados Fantuzzi S.A. Como trabajaban los hermanos Fantuzzi directamente con sus obreros y daban oportunidad de trabajo a algunos que salían de las cárceles. Pero la empresa desapareció, las importaciones libres y la carencia de una política cambiaria la liquidó.

Cuantas tiendas tenemos en Santiago que comercializan ropa usada importada.

Tanto se habla de darle valor agregado a nuestras exportaciones de productos primarios, como especialmente del cobre y ahora Chile se ha transformado en importador de cobre elaborado.

Que institución en Chile está preocupada de estos temas.

Sin duda es preocupante hacía dónde va Chile. Cómo se expande la delincuencia, cómo la droga penetra en nuestra sociedad. Cómo organizaciones de delincuentes hacen asaltos relámpagos de negocios muy bien planificados o como otros grupos en forma más simple saquean negocios en diferentes barrios. Cuántos roban en las viviendas de los diferentes sectores de Santiago. Y los llamados portonazos. Etc, etc.

  Cuántos serán todos estos delincuentes que en las estadísticas aparecen como recurso humano empleado.

 Todo esto y muchas otras inquietudes exigen un análisis profundo de su conocimiento y de su evolución, de sus causas y de llegar a estudiar que medidas de políticas deberán establecerse. Debemos reconstituir un sistema de planificación en Chile, con buenos diagnósticos de nuestra realidad y de sus prognosis, es decir hasta dónde llegaremos en el futuro si no actuamos. Pensar en el Chile del futuro que anhelamos y cómo podemos avanzar paulatinamente en lograrlo.

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