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La Población Nueva España de La Cisterna: Tercera Parte. Recuerdos de la Población y algunos aspectos de mi vida en ella

Tengo dos artículos anteriores sobre esta población, ellos son: “La Población Nueva España de La Cisterna. Primera parte. Sus comienzos” y “La Población Nueva España de La Cisterna: Segunda parte. Sobre su Virgen del Pilar”.

Introducción

Viví en esta población 23 años, entre 1936 y 1959. Seguí ligado a ella hasta 1973. Cuando se vendió la propiedad. Ello suma 37 años. Llegué a ella de 4 años y me alejé a los 41 años. En ese lapso sin duda uno tiene cambios importantes para apreciar la realidad existente y su evolución. A mi llegada era campo campo, rodeado por grandes propiedades agrícolas y bordeada por el norte y el poniente por vías llamadas entonces caminos. Eran el “Camino el Parrón” al norte y por el “Camino Ochagavía” por el poniente; que por su costado oriental se encontraba el Canal de Ochagavía, que llegaba bastante agua, con un curso casi torrentoso.

Parte central

La población estaba constituidas por parcelas de tamaños desde una media hectárea hasta en torno a una hectárea y una algo mayor, la se llamaba Quinta San Miguel, situada en el rincón sur oriente. A esa propiedad llegaba el canal de regadío que los abastecía con lo que se cuantificaba en 2,5 regadores del Canal de Maipo.

El regador no es flujo de gasto uniforme, corresponde a una fracción de las aguas que escurren por el Río Maipo. En promedio entregaba el regador unos 15 litros por segundo; se calcula que con un litro por segundo permite regar una hectárea, por ello los dos y medio regadores nos permitía regar bien la población. Las aguas podían desviarse al ingresar hacia el norte y hacia el poniente. Se regaban las parcelas por turnos, tantas horas en un día de la semana. Las aguas escurrían día y noche; no contábamos con un llamado “tranque de noche”, que es habitual el riego agrícola, para regar mejor sólo de día y habitualmente no hacerlo el domingo.

El regadío fue fundamental para esta población, que en algunos aspectos parecía un vergel, con árboles en sus calles y sus dos plazas.

Varias de las propiedades tenían el nombre de “villa”; en la que yo viví era conocida por “Villa La Reina”; recuerdo otras como la “Villa Corina” y la “Villa San Rafael”, donde vivía la familia de don Rafael Cardone Barbato, después de su muerte fue comprada por don René Guillier Gallegos. La familia nueva propietaria le cambió nombre y se pasó a llamar “Villa Cuquita”, al parecer correspondía al sobrenombre de la hija, que era la única mujer, teniendo otros tres hermanos mayores. Seguramente era la regalona de la familia. Más adelante haré más referencia a esta familia y a otras de las que tengo recuerdo.

Por ahora no se me vienen a la memoria nombres de otras villas. No supe por qué a la Quinta San Miguel, antes mencionada, siendo si no me equivoco la propiedad más grande de la Población, no se le dio el nombre de villa.

Tuve una amplia participación social en la Población Nueva España. Me correspondió crear la Comunidad de Aguas de la que fui su secretario por muchos años. También participé bastante en la Junta de Vecinos, que eran las dos organizaciones existentes más importantes. Ello me sirvió bastante para más conocer a la Población y a muchos de sus vecinos. También fui socio y dirigente del Club Deportivo Nueva España. Además me correspondió participar en el Comité de la Virgen del Pilar.

Tengo en mi poder el libro de actas de la Junta de Vecinos de la Población que cubre el período 1952 a 1959, que contiene a mi juicio con contenido de valor para una publicación como esta, tanto en materias tratadas como en nombres de vecinos de esa época. La Junta de Vecinos se fue debilitando hasta prácticamente desaparecer cuando yo en octubre de 1959 me alejé de esta tan recordada población. No tuve a quien entregar ese libro, donde hay un importe material histórico, también reflejado algunos conflictos interiores, muy relacionado con el tema político, especialmente en periodos preelectorales. He visto algo parecido en otras juntas de vecinos.

De ese libro obtengo bastante información que entrego a continuación.

Haré referencia a los propietarios más antiguos, para después referirme o otros que han venido después Entre los primeros me parece conveniente nombrar a tres hermanos italianos, sicilianos, de apellidos Cardone Barbato. Ellos son Ángel, Rafael y Bernardo.

Don Ángel Cardone era propietarios de una parcela o quinta bastante grande, ubicada en la esquina de las calles Chile España e Isabel la Católica. Tenía una casa de un piso, larga que se extendía por gran parte desborde poniente de la propiedad. Una casa algo extraña con un gran corredor abierto por el cual se podía entrar a cualquiera de las piezas y además todas ellas estaban conectadas interiormente. Esta casa pasó a ser bastante más tarde la Escuela Pública 180, que se denominó Naciones Unidas.

Era vecina por el sur a la Villa La Reina, la quinta de mi familia, de mi padre Alfredo Chateauneuf Duhalde y mis dos tías paternas Ofelia y Sara. En esa propiedad viví por 23 años, entre 1936 y 1959. Las dos propiedades estaban comunicadas por una puerta interior.

La quinta nuestra, de una hectárea de superficie, tenía una gran casa de dos a tres pisos. Nosotros vivíamos en el segundo. El de abajo frecuentemente se arrendaba. Tenía un intento de tercer piso que nunca se habilitó. Lo más característico era un torreón, con una cúpula característica y arriba un alto palo de bandera, con su rodillo superior por donde pasar la cuerda para izar el emblema patrio. Esta instalación nunca de utilizó. Ese torreón no tenía piso, sólo el envigado. Allí anidaban lechuzas. Se podía subir a él, solo por una claraboya. Varias veces recorrí ese tercer piso y en parte techo y entré a un largo pasillo que comunicaba con dos potenciales piezas, como torreones menores que tenían sus puertas al techo exterior. Un cuarto bloque, otro especie de torreón era hermético, sin ventanas ni puertas para ingresar; bajo él estuvo por muchos años mi dormitorio. En las noches a veces se oían ruido, posiblemente de pájaros.

Además esta gran mansión tenía un gran subterráneo al que se tenía acceso sólo del interior del primer piso.

Foto que muestra la orientación sur-oriente de la casa

En unos de los balcones estaba instalada una campana grande, que fue fabricada por mi abuelo  materno (francés) con la cual a veces en el día se me invitaba a almorzar o a tomar once estando yo en la quinta. En la noche se tenía como para anunciar o pedir ayuda frente a robos. Sonando los tres campanazos estaba dispuesto don Ángel a venir a prestar ayuda. Eran habituales entonces los robos de gallinas. Nunca tuvimos peligro de asalto.

Mis tías eran muy amigas de don Ángel y habitualmente una de ellas iba a su casa vecina a jugar a las cartas. El era italiano y su esposa, la señora Silvia Mosca, era argentina. Tenían un hijo, de mi edad, con quien además de amistad íbamos junto al colegio particular, llamado Colegio Coeducacional de La Cisterna, del cual tengo muy gratos recuerdos y mi gratitud a la educación que se me dio. Don Ángel era de los pocos que tenía en esa época automóvil y además también de los escasos que tenían teléfono. En aquel tiempo era a magneto con uso de una operadora a quien se llamaba a través de una pequeña manivela.

La Villa la Reina, nuestra propiedad, tenía como dirección la Calle Chile España 8334.

Don Bernardo Cardone tenía su propiedad en el frente oriental de la Plaza Cervantes, con una hermosa casa de dos pisos, que sólo conocí por fuera. Además tenia una franja de terreno en la calle Industrias, al costado oriental; de esa franja donó al Gobierno en 1937 unos dos mil metros, para que allí se construyera un reten de Carabineros, que finalmente terminó construyéndose en él, la Tenencia Nueva España.

Entre las dos propiedades que tenía se encontraba la Quinta San Miguel, que pertenecía entonces a una familia norteamericana de apellido Nelson, en que estaba una plantación de frambuesas negras. En su extremo interior, en el ángulo oriente sur tenía una gran casa de dos pisos, que muchos años después conocí gracias a que un compañero de curso vivía en ella.

Don Rafael Cardone tenía una gran propiedad, ya mencionada con el nombre de nombre Villa San Rafael. Se extendía entre las calles Chile España y Progreso; daba a dos calles como sucedía con una propiedad vecina por el sur de la familia Gontaretti.

Posteriormente la Villa San Rafael se vendió. No se si fue adquirida de primera mano por la Familia Guillier Ossa. Yo conocí a esta familia, uno de sus hijos menores, Luis Guillier, quien fue compañero de curso mío en el Instituto Nacional; éramos amigos antes y por ello pude conocer la gran casa de dos piso que poseían, que contaba además con una gran piscina.

La familia Cardone tenía una gran tienda de venta de géneros y sastrería en la Calle Bandera del Centro de Santiago.

Otra familia antigua de la Población Nueva España era la constituida por don Daniel Gontaretti Arripe y sus hijas la señorita Josefina y señora Anita Gontaretti Seally. Esta propiedad también se extendía entre las calles Chile España y Progreso, teniendo entrada por las dos calles, con dirección Progreso 8218. Tenían una amplia casa de un piso.

Otra familia antigua era la de don Humberto Vergara Saavedra, con su casa ubicada en Calle Isabel La Católica 0743, frente a la plaza Cervantes. En el terreno donde existió originalmente un Casino, en los inicios de la Población Nueva España el que se incendió y no se reconstruyó. Un hijo fue en algunos años un activo dirigente en la Junta de Vecinos y candidato a regidor.

Destacables familias en sus labores directivas históricas de la Junta de Vecinos y de la Comunidad de Aguas merecen ser mencionadas. Una de ellas la encabezada por don Tomás Capella, Presidente de la Comunidad de Aguas, persona a quien mucho aprecié, de fuerte personalidad y que por muchos años fui el secretario de esta Comunidad de Aguas y con quien le dimos vida legal. Tenía su propiedad en la calle Colón más hacia al norte, de la calle Virgen del Pilar.

La otra persona fue don Héctor Córdoba S., apreciado profesor que me ayudó mucho en mi formación como dirigentes poblacional; también propietario en la calle Colón, al norte de la propiedad de don Bernardo Cardone; su esposa era también profesora. Fue presidente de la Junta de Vecinos.

Se suma a ellos don Nicolás Cortez Pérez con su propiedad en Isabel La Católica al poniente de la propiedad de don Ángel Cardone hasta deslindar al sur con la calle Progreso, frente a la plaza Cervantes. Al sur limitada su propiedad con la Villa Corina, que no tengo conocimiento de su propietario de entonces y que muy posterior comprara don Ángel Burgueño, industrial que fuera Alcalde de La Cisterna. Don Nicolás desarrolló habitualmente la abnegada labor de tesorero y buen colaborador en varias otras iniciativas.

También debo mencionar de entonce don Juan Fuller, que tuviera su propiedad en la plaza Castelar; lo recuerdo especialmente como Juez de Aguas de la Comunidad de Aguas.

Otros de los primeros propietarios que conocí fue don José Plá, que tenía una propiedad bastante grande en la calle Progreso, en la esquina norte de la calle Virgen del pilar con el costado oriente de la calle Progreso. Varias veces estuve en su casa con una de mis tías que mucho lo estimaba. Recuerdo que tenía varios perritos Fox Terrier y nos aportó uno de ellos para la familia de mis padres.

Otros vecinos antiguos fue el doctor Fontecilla, no tengo la información de su nombre. Tenía un sanatorio para enfermos mentales; su propiedad estaba en la calle Industria al costado poniente. De niño llegué a conocerla; era amigo de unas de mis tías; terminó su vida asesinado por un paciente. Fue una triste noticia muy publicitada.

Recuerdo otras familias. Una de ellas mencionada como limítrofe del terreno de la Virgen del Pilar por el poniente. Un señor de apellido Huidobro; poseía una casa grande de dos pisos. En una oportunidad conocí esa casa.

Otra de las familias y casas que conocí fue de la Familia Inostroza, ubicada en calle Chile España, costado poniente, entre calle Virgen del Pilar y el Parrón. El jefe de familia, si mal no recuerdo trabajaba en el Club de la Unión de Santiago. Era de las pocas viviendas que disponía de teléfono; tengo muy gratos recuerdos de esa familia.
Como paréntesis sobre teléfonos, recuerdo que presenté una solicitud a la Compañía de Teléfonos, que era extranjera; con 14 años de antigüedad me llega un comunicado dando un corto plazo para que contestara si estaba todavía interesado en conseguir ese servicio; desde luego mi respuesta fue positiva. Ya para entonces eran teléfonos automáticos.

Otra familia que en sus comienzos fue propietaria de allá, fue la de don José Hirigoyen, familia gran amiga de la mía, pero cuando llegué de niño a vivir en La Cisterna, ya esa familia se había alejado de allá.

Otras familias que recuerdo es la del un señor Veruggio, callé Colón, que su propiedad se extendía hasta la Calle Chile España. Era contigua por el sur con una propiedad de un señor Rivadeneira, que era taquígrafo del Senado, que estudiaba además Medicina y supe después que era médico psiquiatra de prestigio.

Otro vecino antiguo, de quien se tiene buenos recuerdos es don Eleodoro Lattapiat Rojas, quien vivía contiguo a la plaza Castelar, en calle Progreso.

Cabe recordar que en la Población Nueva España se instaló el Matadero Municipal de La Cisterna, en la calle Industria con El Parrón. A mí me trae recuerdos los males olores que generaba. Entiendo que ese matadero posteriormente se cerró.

Tuve el 1965, teniendo un alto cargo en la CORFO, acudir a la inauguración del Matadero Modelo de Aves, que se construyó esa institución en la Población Nueva España, contigua a la carretera Panaméricana Sur, dentro de la Población contigua a la calle Progreso.

Otro recuerdo que tengo es la cancha de futbol de el Club Deportivo Defensor, entidad deportiva constituida por socios especialmente de la Población San Román, de las calles Manuel Ficshman y San Simón. Se quiso integrar a esa área deportiva al Club Nueva España, pero eso finalmente no prosperó y esos terrenos al parecer fueron destinados a fines poblacionales. Estaba situada al sur de la calle Virgen del Pilar, entre las calles Progreso e Industria. Tengo entendido que esos dos clubes deportivos posteriormente desaparecieron, como muchos otros por la desaparición de las canchas deportivas.

Otras familias importantes que vivieron en la población fueron la constituida por la familia Brieba Soffía, que se radicó en parte de la parcela ubicada al costado sur de la Villa la Reina, entre la Plaza Cervantes y la Población Biaut. Allí vivió la señora Soffia de Brieba con sus dos hijos solteros Yolanda y Sergio Brieba S. En casita aparte residió el matrimonio Oscar Brieba S. con su esposa y sus dos hijos; el fue Tesorero de la Municipalidad de La Cistencia. Los mayores de estas familias participaron como directivos de la Junta de Vecinos.

Especial mención debo hacer de la familia Guillier Ossa. Constituida por el ingeniero Renée Guillier Gallegos y doña María Amalia Ossa Lorca. Sus hijos fueron Alejandro, René, Luis y María Amalia Guillier Ossa. Todos residieron en esta población.

Cabe mencionar especialmente como colaboradores de la Población a don René Guillier Gallegos y a su hijo Luis Guillier Ossa.

El matrimonio Guillier Ossa tuvo un fatal accidente cuando iba en su citroneta, falleciendo ambos.

El senador Alejandro Guillier Álvarez, hoy candidato a la Presidencia de la República, es hijo de Alejandro Guillier Ossa y por tanto nieto de los que fueron propietarios de la que se llamó Villa Cuquita de esta población.

Como antes lo he señalado fui amigo y compañero de estudios de Luis Guiller Ossa.

Otra destacada vecina de la Población Nueva España fue doña Gertrudis Muñoz de Ebensperguer, quien fuera directora de la Escuela Normal Abelardo Núñez, hija del insigne educador José María Muñoz Hermosilla, a quien el Directorio de la Junta de Vecinos rindió un homenaje en 1957 con motivo del centenario de su natalicio.

Una obra destacable de don José María Muñoz fue el libro titulado “Historia Elemental de la Pedagojía Chilena”. Editada en 1918 (ver que se usa la j en Pedagogía).

Esta distinguida profesora fue miembro del Directorio de nuestra Junta de Vecinos.

Merece especial mención don Humberto Arcos F. quien fue por varios años presidente de la Junta de Vecinos. Él era dueño de un restaurante ubicado en la calle Parrón. Hombre también de fuerte personalidad y siempre fue muy acogedor en su negocio y en su casa; tenía cualidades de líder.

Se me grabó lo que una vez me contó, que refleja la pobreza que en esos años existía. Niños que venían al colegio desde la Población Santa Anita, que nacía como campamento, dejaban en su restaurante los zapatos, para desde ahí usarlos hasta llegar a su colegio y posteriormente los dejaban para seguir descalzos a su población.

Eran años que no pocos niños se les veía descalzos (“a pata pelá” como se decía); sin duda los tiempos han cambiado, los ingresos han mejorado notablemente y es posible que los zapatos han bajado sus precios reales y las familias tienen menos hijos.

Un hijo del Presidente Arcos, don Luis H. Arcos Duque fue miembro de la directiva de la Junta de Vecinos.

Muchas personas más merecen ser mencionadas. Recuerdo a un gran cooperador don Marcelo Saenger, que vivía en un predio de la Plaza Castelar, que tenía una una prestigiada tienda de artículos religiosos en la primera cuadra de la Calle Ahumada del Centro de Santiago.

Grande logros conseguidos por las organizaciones sociales de la Población Nueva España

Cabe destacar la creación de la Tenencia de Carabineros Nueva España. Fue muy importante la donación que hiciera don Bernardo Cardones de terreno de unos 2 mil metros al Fisco chileno con el propósito de que se construyera ahí un retén de Carabineros. La donación fue con fecha 19 de enero de 1937. El ministerio de Tierras y Colonización por decreto 165 de fecha 16 de marzo de 1938 aceptó esa donación.

Esa situación durmió hasta 1952 en que un nuevo directorio de la Junta de Vecinos reactivó este proyecto y logró con buenos contactos políticos que se destinaran recursos para sacar adelante esa obra. Se estuvo cerca de que esa donación caducara.

La Población Nueva España estaba atendida por el Retén El Parrón, ubicado en la entrada de un callejón que iba desde le camino de Ochagavía hacia el poniente hasta la línea del tren al sur. Callejón que separaba la Chacra Clara Estrella de la familia Arditi de un predio frutícola de don Juan Barros, dedicado especialmente a manzanas de exportación. Entiendo que el predio se llamaba Santa Olga. Ese retén tenía una pequeña dotación.

Recuerdo ver las parejas de carabineros a caballo que recorrían nuestra población con sus carabinas y sus típicas mantas de castilla. Conocí al Cabo Arévalo que estuvo a cargo de ese reén, quien un tiempo vivió en nuestra propiedad, arrendándonos una pequeña casa de cuidador se tenía sin uso.

La donación del terreno para retén generó algo más importantes; terminó en la Tenencia Nueva España, a cargo de un oficial de Carabineros con bastante más dotación humana y material. No fue fácil conseguir recursos para terminar esta Tenencia y para dotarla; recuerdo que yo siendo miembro del Club de Leones de La Cisterna, conseguí del él la donación de la placa de bronce para esta importante sede policial.

El éxito de esta obra se debió en gran parte al Presidente de la Junta de Vecinos Carlos de la Cerda Lobos, que a mi juicio puede considerarse un caudillo político. Pertenecía entonces al Partido Agrario Laborista, y estas gestiones exitosas se iniciaron durante los preparativos de la elección presidencial de Carlos Ibáñez del Campo. Después del triunfo de Ibáñez pudo lograr recursos presupuestarios para esta importante obra.

Él no era propietario, pero residía en la Población. Posteriormente él llegó a ser regidor de la Comuna.

Se incorporó a la Junta de Vecinos como dirigente en 1952; me correspondió acompañarlo como secretario de actas de la Junta.

Otro importante logro, fue conseguir que se estableciera en la Población una escuela pública, la 180, llamada Naciones Unidas. No fue fácil conseguir primero el arriendo de la propiedad y después su adquisición. Además hubo bastantes problemas con sus sanitarios que llegaron a amenazar su funcionamiento.

Esfuerzo permanente se hicieron para mejorar la locomoción a la Población, como para conseguir mejoramientos en la disponibilidad de agua potable. No siempre se consiguieron resultados positivos.

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Palabras finales.

 Temas sin mayor importancia.

Viví en esta población etapas inolvidables de mi vida. Desde niño de corta edad hasta llegar a ser profesional universitario y salir de ella cuando me casé, matrimonio que ya llega a los 58 años de existencia. Todos mis estudios los hice desde mi residencia en La Cisterna. Con bastante sacrificio cuando debí seguir mis estudios en el Instituto Nacional y mayor esfuerzos hasta llegar a la Quinta Normal en mis estudios de Agronomía en la Universidad de Chile y posteriormente en la Escuela de Economía de la misma universidad.

Muchos recuerdos me quedan de tantas cosas; desde largas conversaciones siendo aún niños con Alfonso Domenech que traía un par de vacas de su familia a pastar en la Población Nueva España, especialmente en la Plaza Cervantes. Como también que como niños buscábamos nidos de zorzales para extraer de ellos los que ya estaban de tamaño para ser criados en nuestras casas.

También era habitual ver por la calles los jóvenes teólogos salesianos en formación, que recorrían estas calles campestres, con sus negras sotanas y sus sombreros característicos; varios de ellos eran extranjeros; a ellos le pedíamos medallitas. En el paradero 22 y medio de la Gran Avenida estaba el Teologado donde se formaban sacerdotes salesianos de toda América Latina.

Recordar la vegetación de este interesante sector de La Cisterna; recuerdo los árboles de sus calles en que dominaban las falsas acacias, en ciertas parte los castaños de Indias, el roble negro de la plaza Cervantes, donde además se tenían plátanos orientales, una encina, un árbol de las tres espinas, dos manchones de laureles de flor blanca del centro de la plaza.

Dos recuerdos algo de detalle. Un día estudiando con un compañero de Agronomía nos encontramos con una planta de forma especial, era un tipo de pichoa. La llevamos a Agronomía a identificarla y ella no estaba registrada como existente en Chile. Su nombre científico es Euphorbia helioscopia, que parece quedó registrada como Euforbia heliscoidea.

La otra experiencia fue encontrarme en la calle Industria, una planta de trébol blanco con gran parte de sus hojas que eran de cuatro o más hojas, hasta de seis. Lamento no haber rescatado esa planta y haberla cultivado. Seguramente correspondía a una mutación especial. Nunca más he visto un caso de esta naturaleza.

Recuerdo de niños como pasaban los compradores de huesos, vidrios y fierro. De niños los juntábamos y así obteníamos algunas monedas.

Al fondo de nuestra parcela había un hoyo algo profundo, que llamábamos “hoyo de la basura”. Allí se botaba todo lo inservible; periódicamente se botaban ahí las limpias de maleza que tapaban las basuras que generaban mal olor; ese hoyo pasaba a ser fuente de tierra de hojas. En esa época no había recolección de basuras y no se usaban los plásticos. Muchos de los alimentos no perecibles se vendían a granel, en envoltorios de papel más bien delgado que el vendedor tenía gran habilidad de usarlos sacando el producto de la balanza misma.

Recuerdo ya joven que de noche volviendo a la casa, encuentro botado en la calle muy cerca de la vereda a una persona tendida y dormida. Me doy cuenta del riesgo que fuera atropellado por una carretela que pasara. Tomé la decisión de tomarlo y subirlo a la vereda; sin duda que corría un riesgo al hacerlo; pudo ser un delincuente, pero no lo era. A lo mejor le salvé la vida.

También recuerdo a los vendedores de temporadas de sandías, que había que comprarlas caladas, porque no todas eran de corazón rojo.

Recuerdo a don Laureano que repartía pan a las casas en esos típicos carretones con panaderos semi cerrados, con techo; a veces me regalaba un pan.

También me trae a los recuerdos la carretela cargada de verduras que llegaba a la Población una vez a la semana a abastecernos. Él tenía los ojos colorados y su hermosa ya madura de blanca tez esposa, sentada como en un trono al medio de la carretela teniendo a su alcance todas las verduras vendibles.

Otra experiencia curiosa, ya siendo muchacho, encuentro en el interior de nuestra en un rincón, entre matorrales, la ropa de una persona, hasta con sus zapatos y calcetines, con su billetera con algo de dinero y sin mayor información de la persona salvo una boleta de pago de remuneración que indicaba que era trabajador de la Municipalidad de Santiago. Tenía su nombre y una fotografía. Temí que estuviera muerto.
Con un compañero de estudios averiguamos en la Municipalidad y supimos que estaba vivo y que trabajaba con un carro de basuras tirado a caballo, que llegaba a un local que tenía la Municipalidad en la calle Portugal. Fuimos allá, no estaba pero luego llegaba. Al poco tiempo arribó; lo identificamos. Se sorprendió al vernos y cuando le contamos nuestro encuentro, nos señaló que lo pasó. Al parecer había tomado y despertó caminando por la calle desnudo. Creyó que había sido asaltado.
Al parecer llegó borracho a nuestra parcela, que siempre mantenía el portón fácilmente de abrir, creyó que llegaba a su casa y se acostó a dormir; seguramente despertó desnudo con fríos se levantó y siguió su camino sin mayor conciencia. Sin duda fue un caso extraordinario, con un final feliz.

Quizás he colocado en este artículo materias que no son de mayor interés, pero al hacer esfuerzos por recordar, aparecen temas secundarios, que quizás nunca los escribiría, por ello aprovecho de grabarlos y no desperdiciar la oportunidad de dejarlos registrado.

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2 Responses
  • Mauricio
    19 noviembre 2017

    Espectacular narración. Me gustaría establecer contacto con usted. Quizas sea bueno hablar de registros visuales antiguos del sector. Algo tengo.

    Saludos,

  • RChateauneuf
    19 noviembre 2017

    19 de noviembre de 2017
    Estimado Mauricio:

    Me gustaría que tomásemos contacto. Saber por qué se interesa en el tema. En general no hay muchos recuerdos escritos se La Cisterna. Existe un libro de Onofre Correa, que pocos lo tienen. Tengo cosas escritas relacionado con lo exalumnos salesianaos del Liceo Manuel Arriarán Barros. Me interesan los registros visuales que Ud. posee. Tiene mi correo para proponerme cómo nos podemos reunirnos. Atentamente. Rolando

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