Preocupante lo que está pasando en Chile. Debilidades de Carabineros y de autoridad. Un caso especial, carreras clandestinas de vehículos

Qué pasa que los encapuchados no puedan controlarse en sus desmanes. Los fanáticos que salen de los estadios saquean negocios y originan graves destrucciones; poco son controlados.

Que personal de la Municipalidad de Santiago, de la que depende el Instituto Nacional, no pueda revisar las mochilas de los alumnos al entrar al establecimiento, dentro de las cuales podría haber algunos que provoquen peligrosas actuaciones. Su revisión¿ no podría servir para suponer que no hay delincuentes en el alumnado?, o que ingresen sustancia u objetos peligrosos.

Por otra parte parecen que quedan impunes unos pocos encapuchados que entran al Instituto y lanzan bombas incendiarias; la policía parece ser incapaz de controlarlos o quizás aún de detenerlos.

Cuántos policías detienen a delincuentes y ellos los ven a los pocos días libres actuando nuevamente en las calles. Se habla y critica a la llamada “puerta giratoria”, los detenidos ingresan a las cárceles y salen prontamente; la vida en las cárceles, en muchas de ellas, es inhumana. Se detectan desigualdades irritantes en el tratamiento y en el medio en que están los detenidos.

Chile desgraciadamente es uno de los países con más desigualdades en riqueza y en ingresos, lo que también parece darse en las cárceles, en las condiciones en que viven los reclusos.

Chile es uno de los países que mayor proporción de su población está encarcelada.

Que carabineros no puedan revisar un vehículo que aparezca sospechoso y si lo hacen y detectan el delito, éste desaparezca según algunos jueces, porque la inspección no estaba autorizada. Un sistema habitual de robo en propiedades particulares es el que los ladrones retiren sus productos de su accionar en taxi. Con ese criterio de algunos jueces la cosa robada ingresada al taxi ya queda en propiedad del que roba aunque haya sido detectada en el vehículo, si el policía no estaba expresamente autorizado para actuar en esa actividad específica de vigilancia o control.

Quién controla el uso de vehículos con vidrios polarizados, más aún cuando se permite oficialmente su uso si los vehículos fueron importados con esa característica. Por qué no se establece que sólo determinados vehículos controlados los puedan usar.

Por qué no se controlan efectivamente las velocidades de los vehículos en carreteras, caminos y calles. Impacta observar cómo vehículos de distintos tonelajes superan considerablemente las velocidades máximas impunemente sin mayor vigilancia ni control. Se bajan las velocidades máximas permitidas y más contraste se observa en las que se practican con respecto a las establecidas. Cabe preguntarse si esto no desprestigia a nuestro país. Triste imagen proyectamos a nuestros turistas extranjeros. Y eso sucede aun  en un Gobierno de Derecha.

Al parecer nadie controla la distancia entre vehículos y los accidentes por alcance pasan a ser tan habituales.

Hoy sale como uno de los editoriales de El Mercurio el artículo titulado: Carreras clandestinas.

 En la parte central de su texto se destaca este breve párrafo: La falta de resultado contra este tipo de actividades pone en cuestionamiento el accionar de las autoridades.

Otros contenidos de este editorial que considero destacar son:

Las carreras clandestinas nocturnas se expanden por la Región Metropolitana, pese a que cada cierto tiempo vuelve la controversia en torno a esta realidad. De hecho, días atrás se viralizó un video con una nueva modalidad: camiones que competían entre sí, con decenas de espectadores en el entorno.

      Aprovechando el menor tráfico de la madrugada, una gran cantidad de personas – en su mayoría jóvenes – emplean principalmente la Costanera Norte (pero también otros puntos de la ciudad) para arriesgadas competencias de velocidad, que incluso atraen a un público propio, que se aposta en las vecindades para observarlas.

Sin embargo, la falta de resultados contra este tipo de actividades pone en cuestionamiento el accionar de las autoridades, y en especial de Carabineros, y la falta de coordinación con las respectivas concesionarias de las autopistas.

      Chile, que se aprecia de contar con un sólido y estable Estado de Derecho, no puede permitir, con inexplicable desaprensión, que semejantes prácticas prosigan habitualmente. Cuesta creer que la policía, la judicatura, los concesionarios, los colegisladores y las instancias municipales no puedan hacer nada contra esta situación.

Con lo señalado anteriormente, qué esperanza queda para que se puedan superar los graves atentados en la Araucanía, que se hacen presente especialmente en zonas rurales, más difíciles de vigilar y controlar.

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