Se recomienda reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y dar prioridad a los alimentos frescos y no procesados. Relación con la salud y especialmente con cáncer

El jueves, 14 de febrero de 2019 en Vida Ciencia Tecnología. El Mercurio de Santiago de Chile da la noticia:

“Una investigación que siguió la dieta y las condiciones de salud de 44 mil franceses concluyó que por cada 10% de aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados había un aumento del 14% en el riesgo de muerte”.

“Esto, incluso después de ajustar características socioeconómicas y de comportamiento que se asocian a una menor esperanza de vida. Los autores sugieren que el procesamiento de la comida a altas temperaturas puede formar contaminantes que producen cáncer”.

Esta publicación me ha motivado escribir este artículo y para ello revisar un amplio material.

Los alimentos ultraprocesados son aquellos que se producen a nivel industrial y que contienen una gran variedad de ingredientes de distintos orígenes. Por ejemplo, los refrescos, las bebidas azucaradas, productos de galletería, los dulces, los productos para picar entre horas o la comida instantánea o precocinada, productos cárneos de elaboración industrializada. Suelen ser ricos en azúcar, sal, carbohidratos refinados, grasas saturadas y aditivos.

Están bastante relacionados con los alimentos llamados “chatarra” o “basura”.

En  Wikipedia se señala textualmente: La comida basura (o comida chatarra esta última denominación empleada en Panamá, Ecuador, Chile, Costa Rica, Colombia, México, Paraguay, Perú, Argentina, Venezuela y Uruguay, es una traducción literal del término en inglés junk food) contiene, por lo general, altos niveles de grasas,  condimentos o azúcares (que estimulan el apetito y la sed, lo que tiene un gran interés comercial para los establecimientos que proporcionan ese tipo de comida) y numerosos aditivos alimentarios, como el glutamato monosódico potenciador del sabor o la tartrazina (colorante alimentario).

Potencialmente, todos los alimentos son perjudiciales para la salud si se abusa de su consumo, pero los que se consideran comida basura lo hacen en mayor medida por necesitarse menores cantidades para producir efectos adversos o por consumirse en mayores cantidades, dada su facilidad de consumo (comida rápida) o el uso social de su consumo (ligado a formas de ocio juvenil). También puede ocurrir que determinados grupos de población, o los que padecen determinadas enfermedades previas, sean más sensibles a sus efectos. Suele relacionarse el consumo de comida basura con la obesidad, las enfermedades del corazón, la diabetes del tipo II, las caries y la celulitis.

La comida basura brinda al consumidor grasas, colesterol, azúcares y sal, mientras que una comida saludable debe proveer fibras, proteínas, carbohidratos, vitaminas y minerales necesarios para el rendimiento del cuerpo.

Recomiendo leer todo lo que señala al respecto Wikipedia.

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Los consumos de lo ultraprocesados han aumentado notablemente. Desgraciadamente se asocian mucho con el desarrollo económico,  con el incremento de los ingresos y los cambios en los sistemas de vida.

La mayoría de expertos en nutrición recomiendan evitar estos alimentos por una serie de razones: suelen ser ricos en azúcares, grasas refinadas y sal, y pobres en fibra y micronutrientes. Estas características los relacionan con un mayor riesgo de varias enfermedades, como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y desde luego cánceres.

Por otra parte contribuyen a alterar la relación que debe haber entre los omegas 3 y 6, a favor de este último, situación que favorece el desarrollo de cánceres. Se destacan entre estos la mayoría de los aceites provenientes de más complejos procesos que son los de consumo más generalizados; hace excepción el aceite virgen de oliva, posiblemente por las características de la materia prima en que se basa y por su obtención industrial  que descansa principalmente en un proceso mecánico (prensado) a temperatura natural.

Tener presente que la obesidad favorece el desarrollo de cánceres.

Se ha confirmado que en general  la comida muy procesada favorece el cáncer. Un estudio con más de cien mil personas establece que los alimentos ultraprocesados incrementan el riesgo de cáncer, en particular el de mama.

Los expertos de las universidades de la Sorbona y de Sao Paulo, insisten en que los alimentos ultraprocesados aumentan en proporción directa el riesgo de padecer cáncer. Se ha llegado a señalar  que un incremento del 10% en el consumo de comida procesada se asocia con un 12% de aumento en el riesgo de cáncer, especialmente en el de mama.

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Las conclusiones de un estudio, publicado en el British Medical Journal, están basadas a en un sondeo hecho entre 104.980 adultos franceses saludables, con una edad promedio de 43 años. Se analizó el consumo de hasta 3.300 productos alimentarios diferentes, que fueron clasificados en función de su nivel de procesamiento. Y se tuvo en cuenta la influencia de factores de riesgo como la edad, si eran fumadores o si había antecedentes familiares de cáncer.

Tras analizar todas las variables, los investigadores concluyeron que los alimentos ultraprocesados se asociaban al cáncer, y que los frescos y mínimamente procesados, como las frutas y hortalizas y el arroz se relacionaban con un riesgo general menor de contraer la enfermedad.

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Por qué producirían cáncer

Los expertos sugieren varias explicaciones de esta relación. En general, consideran que la causa no hay que buscarla en la «calidad nutricional», en referencia a la composición de macro y micronutrientes, sino en compuestos bioactivos potencialmente cancerígenos que están presentes en los alimentos ultraprocesados.

Mencionan, por ejemplo, el bisfenol A, una sustancia que se encuentra en muchos envases de plástico y en las latas de conserva. Este compuesto interfiere con el sistema hormonal y podría favorecer el desarrollo de diversos tipos de cáncer, entre ellos el de mama.

Otros agentes sospechosos que se encuentran en los alimentos ultraprocesados son algunos aditivos alimentarios. Aunque existen unos niveles máximos autorizados para cada una de estas sustancias, aseguran expertos que «permanecen en gran parte desconocidos los efectos sobre la salud de la ingesta acumulada y de la interacción potencial entre ellos».

Se señala que de los más de 250 aditivos diferentes autorizados, algunos han mostrado actividad carcinogénica en estudios in vitrio y con animales, por lo que debieran ser investigados en humanos.

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Publicación sobre investigaciones realizadas en Francia señala que:

“Aunque todavía debe demostrarse, los investigadores especulan que la composición de los productos ultraprocesados podría aumentar el riesgo de mortalidad a través de múltiples mecanismos”.

“Estudios anteriores han relacionado un elevado consumo de sal o azúcar, abundantes en estos alimentos, con enfermedades cardiovasculares. Su bajo contenido en fibra, que tiene un efecto protector y reduce la mortalidad, también podría contribuir. Asimismo, los contaminantes generados en la producción industrial, los aditivos y algunas sustancias de los envases de plástico, que podrían transferirse a la comida, se han relacionado con algunos tipos de cáncer y alteraciones del metabolismo, como la diabetes”.

“Aconsejamos, en línea con las recomendaciones nutricionales nacionales francesas, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados tanto como sea posible y dar prioridad a los alimentos frescos y no procesados”, declaran por correo electrónico Bernard Srour, epidemiólogo de la Universidad de París XIII, y Mathilde Touvier, investigadora del Instituto Nacional de Investigación Médica y de la Salud (Inserm por sus siglas en francés), coautores del trabajo.

“Los dulces deberían reemplazarse por frutas. Las bebidas azucaradas, por agua”. En caso de tener poco tiempo para cocinar, recomiendan planificarse para preparar comida en casa cuando sea posible y congelarla para los días más ajetreados.

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Por otra parte:

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha señalado que “llevar una dieta sana a lo largo de la vida ayuda a prevenir la malnutrición en todas sus formas, así como distintas enfermedades no transmisibles y diferentes afecciones. Sin embargo, el aumento de la producción y consumo de alimentos procesados, la rápida urbanización y el cambio en los estilos de vida han dado lugar a un cambio en los hábitos alimentarios. Ahora se consumen más alimentos hipercalóricos, más grasas saturadas, más grasas de tipo trans, más azúcares libres y más sal o sodio; además, hay muchas personas que no comen suficientes frutas, verduras y fibra dietética, como por ejemplo cereales integrales”.

También destaca el organismo internacional que “la composición exacta de una alimentación saludable, equilibrada y variada depende de las necesidades de cada persona (por ejemplo, de su edad, sexo, hábitos de vida, ejercicio físico), el contexto cultural, los alimentos disponibles localmente y los hábitos alimentarios. No obstante, los principios básicos de la alimentación saludable son siempre los mismos”.

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El tema de la sal, cloruro de socio,  que contiene los alimentos es de especial interés por los efectos de los elevados consumos en la salud humana, especialmente por los aumentos de la presión sanguínea.

Interesante ha sido lo que se ha hecho en Chile en contra de los consumos de alimentos chatarra, especialmente en el sistema escolar. Igualmente es destacable señalar como se ha logrado reducir el contenido de sal en el pan, que es un alimento de muy alto consumo nacional; ello se ha logrado con la contribución de la industria panadera. La reducción del contenido de sal ha sido paulatina, para ir acostumbrando al consumidor a un pan de gusto algo distinto.

También ha sido importante la política desarrollada en torno al etiquetado de los alimentos, que contribuyen a que el consumidor se vaya preocupando del tema de los excesos dañinos a la salud.

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Un tema que me preocupa es en torno al cáncer

Es el especialmente relacionado con dos grupos de consumos de alimentos con ingredientes refinados, que son contribuyentes al desarrollo del cáncer como son los azúcares y los cereales refinados.

Se ha demostrado que los azúcares y los derivados de cereales refinados son grandes alimentos de las células cancerígenas. Por ello y por otras razones se debiera fomentar el consumo de azúcar de caña o de remolacha sin refinar, como también el consumo de derivados de harinas de cereales sin refinar, como también cereales con menor refinación como son los arroces integrales.

Los beneficios del arroz integral se explican en parte por el contenido en polifenoles que previenen el cáncer de colon, entre otros.

En el caso de Chile, antiguamente se consumía bastante la azúcar sin refinar que se le llamaba “azúcar sindicato”, como también azúcar rubia, que era de costo y precio sensiblemente más bajo. Esa azúcar desapareció del mercado. Era la azúcar cruda que se traía para ser refinada en el país; famosa fue la Compañía de Refinería de Azúcar de Viña del Mar (CRAV), como también la de Penco.

La azúcar rubia se puede obtener tanto a partir de la caña de azúcar o de la remolacha, antes de la refinación, como también a partir de la azúcar refinada que se revierte a rubia agregándole las impurezas. Sin lugar alguno este último proceso genera un producto de mayor costo; desgraciadamente el abastecimiento de azúcar rubia actual en el mercado es esta azúcar reconstituida, de costo y precio mucho más alto que la azúcar tradicional que se vende.

IANSA bien podría destinar parte de la remolacha a producir azúcar cruda, que tendría una interesante demanda, con lo cual se viera favorecida la producción agrícola.

Se aprecia que se expande más bien espontáneamente la demanda por azúcar rubia y por el pan integral, ambos productos se venden a mayor precio que la azúcar blanca y al pan blanco corriente. Se han transformado como productos de carácter que se podría denominar suntuario. El pan integral, especialmente la tradicional marraqueta, debería ser de costo más bajo, sin embargo se vende a un precio sensiblemente mayor que la marraqueta de pan blanco. La azúcar rubia se vende a un precio bastante superior a la refinada azúcar blanca, ello se debe, a como ya se ha informado a que se la produce mediante un proceso en que a la azúcar blanca, la refinada, se le agregan las impurezas.

Posiblemente su reemplazo por la azúcar cruda, además de bajar considerablemente su costo, sería un alimento de mejor cualidades alimentarias, un producto con menor grado de elaboración..

Poco se ha oficializado la recomendación del consumo de estos productos que deberían reemplazar a la azúcar refinada y al plan blanco. En general en la salud pública chilena poco ha interesado una mejor alimentación para prevenir e incluso enfrentar al cáncer.

El país debiera tener una gran política nacional de alimentación y nutrición, como política de Estado. Tener presente la gravedad del problema del sobrepeso y la obesidad, que se hace cada día más agudo; gran causante de ello es la mala alimentación del chileno. La otra causal es el sedentarismo expansivo.

En mi opinión mucho se ha debilitado en Chile la Salud Pública. Tuvimos en el pasado grandes avances con una importante participación especialmente de la Universidad de Chile desde su Facultad de Medicina y especialmente desde el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA).

El tema alimentario y nutricional debiera ser abordado integrando la acción de diferentes ministerios, especialmente los de Salud, Educación y Agricultura como también a organizaciones de la sociedad civil incluida en ella las de los consumidores.

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