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Indigna tratamiento de El Metro, empresa del Estado de Chile, al adulto mayor. Otro golpe, el nuevo vertedero de Tiltil

Recientemente El Metro, empresa estatal, decide hacer desaparecer el boleto Adulto Mayor, para reemplazarlos por el uso de una tarjeta, que sólo permite un uso de 14 viajes a la semana. Anteriormente el número de viajes no tenía límite.

Me han informado que al llegar la tarjeta al uso de los 14 viajes en la semana, ella queda inoperante. Al no venderse pasajes tendrá este adulto mayor que poseer la otra tradicional, para no quedar inmovilizado. Parece increíble que este usuario tenga que ir llevando la contabilidad de los viaje de la semana.

Es habitual que el adulto mayor, por problemas de salud, debe algunos días cercanos hacer varios viajes. Ir a los servicios de atención y también a otros lugares donde tener que hacerse exámenes o ser atendido por especialistas. Eso puede suceder a lo lejos, en momentos que su salud esté más comprometida.

Qué gana la empresa con ello, que un jubilado con necesidades posiblemente más urgente, tenga que contribuir con el pago de unos probables dos pasajes de muy alto costo, y con ello contribuir a la “rentabilidad de la empresa”, al mejoramiento de “su eficiencia”, con un costo social adicional para el adulto mayor del orden al equivalente de un kilo de pan para su familia.

Limitar a 14 viajes no tiene mayor razón; incluso hay que establecer todo un sistema de control y de suspensión de capacidad de uso de una tarjeta, aún ésta teniendo dinero, que ya ha recibido la empresa. El daño que se le hace al adulto mayor que lo “pesca la máquina”, sin duda que le origina serias molestias, que incluso pueden dañar su salud. Además le crea una inquietud permanente.

Con esta medida se está perdiendo beneficios existentes, es como perder derechos adquiridos. Es una tradición en una auténtica democracia la de respetar los derechos adquiridos; una aberración es quitarle esos derechos a los ancianos de mayor edad, que más pueden requerir ocasionalmente de un uso mayor de su tarjeta. Lo más grave es que lo haga una empresa del Estado.

Otra queja. Yo, de 84 años,  tengo una tarjeta muy antigua que me ha servido para comprar boletos. Ahora la debo renovar. Seguí las instrucciones para una actualización automática tanto por teléfono como por Internet; por ambos conductos llegó la respuesta automática seguramente de una máquina “este rut no existe” podría más bien responder “este rut no está registrado”. La tarjeta antigua con fotografía lleva mi rut.

Conversé con un Jefe de Estación que me señaló que posiblemente lo de mi tarjeta se debía a la antigüedad de ella, que por sus características debiera corresponder a adultos de bastante mayor edad. Además me señaló que debía ir a una Oficina del Cliente que me conviniera. Elegí La Moneda; días atrás fui allá; la oficina estaba llena de adultos sentados de bastante edad y había además una cola importante al exterior, desde luego de adultos mayores de pie. Vi que varios tenían la tarjeta antigua, igual a la mía. A un funcionario, muy atento, que salió a informar y asesorar a los que estaban en la cola, le pregunté cuánto sería la demora. Me contestó que no sabía, pero que tardaba unos 4 minutos por atendido; por el número de los que estaban esperando, estimé que serían unas tres horas las de espera. Me parece que en la Oficina no hay baños, ni tampoco en toda la estación; sólo deben existir para los trabajadores quienes trabajan en la estación.

Muchos de los que estaban iban en pareja, posiblemente como es racional costumbre que se da en matrimonios de más edad, por sentido de protección. Cada pareja ahora requiere de dos tarjetas, las que sólo puede lograr si ambos son pensionados o jubilados.

Debe tenerse presente que esta exigencia se hace en pleno invierno. Con clima con más posibilidades de causar o agravar enfermedades.

El cambio que se establece exige un pago por una tarjeta nueva, en circunstancia que no le otorga ningún beneficio adicional al usuario, al contrario los reduce. Es una exigencia que sólo beneficia a la empresa, quitándole ingresos a sectores más necesitados.

Otra consecuencia seria para los adultos mayores es que la tarjeta se dará sólo a pensionados o jubilados. Los que no tienen esa condición no podrán beneficiarse con la tarifa del “Adulto Mayor”; es posible que estos mayores que no reciben pensión o jubilación, estén en situación económica más crítica.

El sistema actual, existente hasta el 31 de julio, si bien permitía comprar boletos a sólo los jubilado y pensionado, no era extraño que se les vendiera sin la credencial. Por otra parte, quienes tenían la autorización para adquirirlo, traspasaron a otros adultos mayores; eso no estaba explícitamente prohibido, lo que se justifica porque el boleto sólo señala “Adulto Mayor”.

Con el nuevo sistema, quedará una gran cantidad de adultos mayores que no tienen pensión o jubilación, sin este beneficio que ha estado recibiendo. En circunstancias que ellos se pueden encontrar en peor situación socioeconómica; el nuevo sistema les va a aumentar el costo de los servicios que debe utilizar. Significa de hecho, bajarles los ingresos disponibles.

Esto, desgraciadamente, puede o debiera crear manifestaciones sociales con gran respaldo nacional, sin duda muy justificadas. Mucho más que las por “No a las AFP”.

Debería a los menos contemplar este nuevo sistema, que el beneficio se extienda a todos los adultos mayores.

Como va el proceso, se producirán grandes congestiones al tratar de conseguir las nuevas tarjetas. Ya empiezan éstas a observarse.

Como información, la venta de boletos será sólo hasta el 31 de julio y se podrán utilizar hasta el 28 de febrero de 2018. Los que disponen de recursos comprarán lo que puedan antes que termine el mes, será muy buena inversión, y así dispondrán de la tarifa preferente hasta fines de febrero del próximo año.

Le cuesta a uno explicarse las nuevas medidas que se han tomado, con tan bajo criterio político, en pleno periodo preelectoral. Sin duda esto favorece al candidato Piñera, algunos podrán decir que en buena hora.

Uno llega a pensar que los que dirigen el METRO puedan estar “atornillando al revés”; cuesta creer que tengan tan bajo criterio.

Cuando el problema se presente, en pocos días más, puede constituir una noticia de interés internacional y motivar su amplia divulgación mundial. Podría llegar a ser noticia “como un increíble, pero cierto”, consecuencia de un gobierno cuya autoridad presidencial es una mujer , de un partido político que se dice socialista y de un gobierno de un conglomerado político que se dice de “centro izquierda”.

Incluso se pudiese pensar que quizás estas medidas tuvieran la posibilidad de calificarse que actúan contra los derechos humanos, porque estas “agresiones a mayores” son provocadas por el Estado (por una empresa del Estado).

Yo pertenezco a la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios (CONADECUS), donde he sido miembro de su Directorio e incluso Vicepresidente.

He hecho llegar a su Presidente actual, Hernán Calderón, un gran luchador por los consumidores y usuarios de nuestro territorio, estas inquietudes y estoy cierto que las considerará.

Sugerí a CONADECUS que luche por:

Primero y más simple: se extienda la venta de los pasajes de adulto mayor más allá del 31 de julio, podría ser a los menos hasta fines de febrero del 2018.

Segundo: que la nueva tarjeta no tenga costo para el usuario.

Tercero: que tengan todos los adultos mayores el derecho a gozar de este beneficio en el METRO; y

Cuarto; por lograr que la tarifa adulto mayor se extienda a todo el Transantiago.

Le sugerí al Presidente Calderón que diera una vuelta por la Oficina “Atención al cliente” de la estación La Moneda, que está muy cerca de la sede de CONADECUS. Lo que vea seguramente lo motivará más para intervenir.


Hace un par de días que yo pasé nuevamente por esa Oficina y había tantas o más personas de las que vi en visita anterior. Tiempo de espera para ser atendido, posiblemente unas tres horas y quizás más.

Cabe preguntarse, qué se va a presentar a partir del 1 de agosto en que se termina la venta de pasajes “Adulto Mayor”.

Extraña que un Gobierno tome medidas de esta naturaleza a pocos meses de una elección presidencial y más extraña aún que se apruebe hace algunos días un nuevo vertedero en Tiltil, ahora de residuos de alta toxicidad.

Impresiona oír las expresiones del alcalde de esa comuna que con tanta decisión la cuestiona y las del intendente de la Región, que la defiende. Angustia oír las palabras del profesor de la escuela como la situación existente afecta a esos niños a su cargo.

De los candidatos a la Presidencia de la República se han levantado sólo las palabras en contra de esta aprobación de dos, Sebastián Piñera y de Beatriz Sánchez; nada se ha oído de los Partidos Políticos, y de los otros candidatos; no extrañaría que estos dos aspirantes sean los seleccionados en la primera vuelta electoral, a lo mejor se lo merecen.

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