La salud pública chilena enfrenta desde hace años una seria crisis que se agudiza en determinados momentos. Algunas sugerencias

Posiblemente el tema más serio sea el de su financiamiento. Durante el Gobierno Militar se produjo una fuerte reducción en la participación presupuestaria de los sectores de salud y educación y no hubo posteriormente una seria recuperación. Eso se refleja muy claramente en el alto monto de la deuda hospitalaria. Ello tiende a agudizar los montos de los gastos, en la medida que los proveedores deben recargar los precios de sus abastecimientos para superar los mayores e inciertos costos de financiamiento y posiblemente muchos se retiren de la competencia en los concursos de adquisiciones.

Paralelamente se genera un déficit en la capacidad de asistencia hospitalaria pública, con serias y preocupantes cifras en las listas de espera, que en algunos casos llegan a superar el año; se han dado informaciones de muertes de quienes se mantenían en espera. Debe pensarse lo que siente la persona enferma y a su familia tener que postergar un tratamiento para un enfermo que se agrava y que incluso pueda conducirlo a la muerte, todo ello por falta de ingresos; el que los posee o dispone de seguridad en salud, es atendido oportunamente en el sistema privado.

Pensemos qué sería de Chile si no tuviésemos los médicos extranjeros.

Todo demuestra que no hay una planificación sectorial ordenada o bien que ella no se cumpla por falta de recursos. Cómo puede explicarse que el Hospital San José estaba programado para atender a medio millón de población y ahora tendría que hacerlo para el doble.

La crisis de este hospital fue impresionante, no sólo por falta de espacio y capacidad física sino que también de insumos. Uno se pregunta por qué faltan insumos en un hospital y esta carencia no puede ser cubierta de inmediato. Al llegar a stocks críticos debiera de inmediato hacerse las remesas; distinto es con los déficit de camas y de otros equipos.

Es imperdonable que tengan pacientes de urgencia atendidos en el suelo y con falta incluso de insumos. Debieran esos pacientes excedentes ser llevados a otros servicios o simplemente que los ingresos de pacientes se hagan directamente a un establecimiento  que tenga disponibilidad, aunque sea de carácter privado.

A muchos debe habernos impresionado ver a una enfermera llorando por no poder atender a pacientes. Como no puede recurrirse a un hospital tan cercano al Universitario José Joaquín Aguirre o recurrir al auxilio de las Fuerzas Armadas que debieran estar para colaborar frente a las emergencias.

En esos días de crisis hospitalaria tuve la experiencia de tener que llevar a un familiar a una atención de urgencia a una clínica privada, la atención fue inmediata.

Uno puede preguntarse qué puede suceder en Chile si viene una seria catástrofe.

También puede preguntarse, cómo no es posible superar rápidamente la situación presentada, sabiendo que esa podía aparecer en la medida que tendría ese hospital que atender a una población que doblaba para la cual tenía capacidad normal.

No es la primera vez que suceden estos problemas, mientras más vemos expandirse a las clínicas privadas.

El sistema de salud pública de un país debiera extenderse el consultorio local con sus postas rurales satélites de medicina especialmente preventiva hasta el hospital universitario de alta complejidad, muy dedicado a la docencia y a la investigación, ser el centro de la fundamental formación de especialistas.

En Chile tuvimos una valiosa formación universitaria pública gratuita en medicina y en muchas otras carreras. El médico recibido casi no tenía otro campo de desempeño que no fuera el sector público, como médico general de zona, para poder después de unos años de experiencia profesional y de mayor conocimiento de la realidad local, seguir gratuitamente una especialidad, para después iniciar parcialmente la actividad privada, sin poder ni querer abandonar el servicio público.

Recuerdo que el Presidente Allende, con visión de futuro, pidió a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile ampliar considerablemente sus vacantes para medicina. Posteriormente cuando los cursos ampliados entregaron esa mayor oferta de profesionales, se tuvo que  enfrentar el problema que no pocos recibidos no tenían donde ejrcer. Fue necesario buscar soluciones de emergencia. Así se pudo superar el problema.

Hoy es impresionante la falta de médicos chilenos especialmente en los consultorios, los que pueden cumplir sus funciones principalmente con médicos extranjeros; me atrevo decir bastantes apreciados por la población.

Pensemos qué sería hoy de Chile sin los médicos extranjeros.

Una medida nefasta para la medicina en Chile fue hacer dependientes los consultorios de las municipalidades, con lo que se desvinculó al médico municipal del hospital, relación muy importante para su permanente actualización y para los beneficios del trabajo en equipo. La municipalización del resto de sus funcionarios, también mucho habría perjudicado la carrera funcionaria y posiblemente sus procesos de perfeccionamiento; como también las contrataciones y los ascensos basados en méritos. Posiblemente también para su estabilidad funcionaria y para participar en los procesos críticos constructivos, que mucho beneficio pueden aportar al mejoramiento de los servicios, a sus satisfacciones personales de su labor y a la identificación con su ministerio.

Daría para un planteamiento más amplio los daños que ha provocado la municipalización de la educación; posiblemente los perjuicios han sido superiores a los generados en salud. No es fácil comprender por qué la nueva democracia no corrigió tan grandes cambios del Gobierno Militar.

Mi relación con la Universidad de Chile en altas responsabilidades académicas y directivas, me ha tocado conocer bastante sobre el Hospital José Joaquín Aguirre.

La Casa de Bello perdió mucho en el Gobierno Militar. Perdió gran parte de su financiamiento basado en leyes  especiales que le permitió  realizar una docencia gratuita que se extendía a gran parte del país; se había llegado a tener cuatro sedes en Santiago y una serie de sedes a lo largo del territorio; se llegó a pensar que cada sede podría llegar a ser una universidad completa. La cabeza de cada sede era un Vicerrector de Sede.

Muy importante eran los recursos propios disponibles para investigación y extensión, incluso para creación artística, todo ello orientado a los que la Universidad estimaba que era más importantes para el país.

La pérdida de sus fuentes autónomas de financiamiento le obligaron a empezar a cobrar aranceles, que fueron paulatinamente crecientes en valores reales; los primeros años iban siendo de valores más altos a los de cursos anteriores.

La formación gratuita creaba en sus egresados, o al menos en muchos de ellos, un compromiso con la sociedad. Con los cobros de aranceles y en no pocos fuertemente endeudados al recibir sus títulos, comprensiblemente, no se sienten mayormente comprometidos con la sociedad y dirigen sus esfuerzos en mayor proporción a la búsqueda de ingresos.

En mi opinión esto significa una pérdida de capital social, que fuera tan útil para el país en el pasado.

El desarrollo de las clínicas privadas y el de las universidades también privadas, han sido captadoras de profesionales del sector público y de la  Universidad de Chile. No pocos de los académicos de la Casa de Bello se empezaron a desempeñar parcialmente en las universidades privadas; los motivó a ello las bajas remuneraciones que recibían.  Incluso hubo a lo menos un año en que el reajuste de remuneraciones debió ser menor que la inflación, por lo tanto hubo un descenso real de ellas. El proceso de autofinanciamiento motivo una diferenciación de remuneraciones entre facultades, ya que algunas generaban mayores ingresos propios.

En la investigación se fue generando un cambio, perdiendo prioridad las que podrían ser más beneficiosas para el país, a favor de aquellas que más beneficiaban a algunos sectores privados, que así aprovechaban recursos humanos e infraestructura universitaria a beneficio de ellas.

La extensión universitaria pública fue perdiendo importancia tanto por problemas de financiamiento como por la mayor dependencia de los ascensos académicos de las actividades de investigación.


Volviendo al tema del Ministerio de Salud y de su financiamiento

Dado los déficits financieros para enfrentar las obligaciones de atención de la salud de la población fueron apareciendo legislaciones especiales para manejar los insuficientes recursos disponibles. Apareció así el famoso AUGE (Plan de Acceso Universal de Garantías Explícitas)

Me parece conveniente transcribir la parte más importante que nos entrega Wikipedia sobre este plan.

“l Plan de Acceso Universal de Garantías Explícitas (o Plan AUGE) de Chile consiste, según lo establecido por la Ley Nº 19.966 (que lo denomina Régimen General de Garantías en Salud) en una reglamentación en la cual cada 3 años se agregan nuevas patologías al sistema sanitario que garantiza el acceso a las acciones de promoción, protección y recuperación de la salud. Las Garantías Explícitas son:

  • Acceso: Obligación de Fonasa y las Isapres de asegurar las prestaciones de salud.
  • Oportunidad en la atención: Existencia de un plazo máximo para el otorgamiento de las prestaciones de salud garantizadas.
  • Calidad: Otorgar la atención de salud garantizada por un prestador registrado o acreditado.
  • Protección financiera: Contribución, pago o copago que deberá efectuar el afiliado por prestación o grupo de prestaciones.

El Régimen General en Salud está vigente desde el 1 de julio de 2005. Son beneficiarios los cotizantes o afiliados a FONASA o una ISAPRE. Para el año 2006 hay unas 40 enfermedades cuya atención está garantizada, pasando a ser 56 en el 2007, 69 en el 2010 y 80 en el 2013.

En mi opinión la política de este plan merece especial crítica, da prioridades por enfermedades y no por la parte humana; la prioridad debería ser por la situación del paciente y no por enfermedad, salvo el caso de una enfermedad de serias consecuencias de contagio que puedan generar epidemias u otros tipos de contagios delicados.

La ley dispone privilegios de prioridades y de financiamientos de acuerdo a la elección de enfermedades que se hayan establecido y no la prioridad humana que debería existir en la salud pública. Se ha comentado que algunos médicos firmarían diagnósticos por enfermedades del AUGE para pacientes de urgencia que sufren de una enfermedad no incluida en este plan.

Recientemente se ha legislado a favor del cáncer, especialmente para su financiamiento. La iniciativa de la ley provino de una diputada que logró superar este mal con un apoyo político transversal. Nuevamente se legisla con la filosofía del AUGE de prioridades por enfermedad; desde luego medida discutible.

Ha causado molestia las palabras del nuevo ministro de Salud frente al pedido que la esta ley sobre el cáncer establezca montos de recursos financieros anuales, al tratar de ignorantes a los que lo plantean. Ha debido dar explicaciones por sus poco meditadas palabras. Lamentablemente el ministro tiene en el fondo la razón, porque la espuria constitución vigente no permite leyes que rigidicen gastos, todos ellos deben establecerse en la ley anual de presupuestos.

Recuerdo que bastantes años atrás conversé con un médico de edad avanzada que hacía electrocardiogramas. Analizamos el tema del financiamiento de la salud. Él me decía con toda razón que él problema no tenía solución; cada vez se sabía más pero los tratamientos era más onerosos.

El financiamiento de la salud pública chilena debe estar ligado a grandes cambios en las legislaciones existentes, partiendo por llegar a una auténtica y ética constitución. Se requiere una reforma tributaria adecuada, con metas de cambios profundos a largo plazo. Tenemos una desigualdad en la distribución de los ingresos, que se refleja en la salud; clínicas privadas que se expanden y hospitales públicos que languidecen y no dan abasto.

Sin duda hace falta llegar a una planificación del desarrollo del sector como lo tuvimos en el pasado, con ese gran Sistema Nacional de Salud, con ese gran auténtico Hospital Universitario J:J:Aguirre. Con auténticos hospitales universitarios secundarios en varias regiones del país. Con la eliminación de la municipalización de la salud.

Debiéramos también pensar qué sería de Chile sin los médicos extranjeros.

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