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Preocupa que se limite la velocidad en zonas urbanas cuando el sistema existente no es capaz de controlar velocidades considerablemente mayores. Inquietud sobre los buses de dos pisos

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Varias veces me he referido a mi inquietud en cuando al no cumplimiento de obligaciones legales y reglamentarias existentes. No se respetan las velocidades máximas permitidas. Se superan considerablemente sin mayores sanciones. Lo mismo sucede con los ruidos molestos generados por vehículos con escapes libres. Uno se pregunta, por qué antes se hacía de esos controles y ahora no. Menos se respetan las distancias entre los vehículos en calles y carreteras, que son causa importante de la mayoría de los accidentes por alcance que habitualmente comprometen a más de dos vehículos.

En varias vías cuando uno respeta las velocidades máximas se encuentra como agredido por vehículos de atrás que se le acercan peligrosamente para pretender posiblemente que uno aumente su velocidad, eso lo he observado en caminos o carreteras con velocidades máximas de 60 km/hora. A veces reacciono lentamente bajando la velocidad máxima permitida, lo que tiende a molestar al que le sigue a muy corta distancia. Uno piensa de inmediato qué pasaría si tuviese que frenar bruscamente por proteger por ejemplo a un ser vivo o sorprender un obstáculo inesperado en el camino; angustia más cuando uno va con niños en su auto. Lo anterior se da especialmente en caminos o vías de doble tráfico con solo dos pistas. El que le sigue, cuando puede lo adelanta a alta velocidad y uno observa que rápidamente se aleja a velocidades muy superiores a las permitidas.

Más peligrosa es la situación cuando el vehículo es de trasporte de pasajeros o de carga de alto tonelaje y más aún si llega carga peligrosa.

Hasta cuándo aceptamos que disposiciones legales no se cumplan y parece que cada vez pretendemos establecer que estas sean más estrictas.

Varias veces he apreciado en distintas vías como un alto porcentaje de los vehículos no cumplen con el límite de los 60 km/hora y que sería muy fácil de controlar. Como lo es en las carreteras  concesionadas.

Recuerdo que años atrás se hacía bastante más control y era habitual los que cursaban sentidos contrarios hacían señales de luces advirtiendo el control que existía más adelante. Solidaridad mal entendida, pero a lo menos servía para que se bajara la velocidad.

Recuerdo que en Miami los conductores respetan todas las disposiciones, ya que toda vulneración queda inmediatamente registrada y posteriormente se le cobra la sanción por el delito cometido.

Recientemente hemos visto que rápidamente se legisla para reducir la velocidad de los 60 a los 50 km/hora y más encima se empieza a controlar con sanciones de inmediato, existiendo señalizaciones que permiten velocidades mayores o el límite anteriormente existente. Uno se pregunta, por qué no se inicia con partes de cortesía y/o se espera que se cambie la señalización existente a las nuevas establecidas.

He podido observar que los que cumplían los 60, ahora cumplen los 50, pero los otros siguen con las velocidades que eran ya exageradas frente a las menores exigencias anteriores. Se ha recientemente bajado el límite de 60 a 50 km/ha.

Por otra parte, críticas se han presentado por conductores que han debido ocupar la vía exclusiva para movilización colectiva, con el objeto de girar a la derecha. Se ha respondido a ello señalando que se estudiará el caso. Uno se pregunta por qué no se estudian mejor estas situaciones antes de establecer estas nuevas exigencias. Ahora se dispone de muchos ingenieros del tránsito, que se supone que tienen competencia para asesorar estas disposiciones. ¿Se les consultará a ellos oportunamente como especialistas?

Me he referido también a la presencia creciente de buses de dos pisos en nuestras carreteras y sus frecuentes y más graves accidentes. He sabido que en otros países están prohibidos para trasporte en carreteras.

Sin ser experto, he sabido que estos vehículos tienen carrocerías más débiles, para reducir su peso; por otra parte poseen su centro de gravedad más alto cuando van cargados de pasajeros, que en su mayoría van en el segundo piso, lo que favorece su volcamiento. Además generan una mayor masa, al llevar una carga humana más elevada y con ello choques más graves; con ello por otra parte aumenta el riesgo de conductor.

Además su volcamiento genera un potencial mayor daño en los pasajeros del segundo piso por el mayor brazo de giro. Su conducción se hace más difícil, e incluso queda más sometido al riesgo de los efectos de ráfagas intensas de vientos.

A lo menos les debiera exigir velocidades máximas menores, lo que aún no sucede.

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