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El embajador de Chile en Uruguay debería renunciar por el bien de Chile. Ojalá tuviésemos embajadores sólo de carrera

No con agrado me refiero al tema. Lo primero que quisiera plantear es el de la importancia de que los embajadores sean en lo posible de carrera y si no lo son todos, los que no lo sean actúen con gran prudencia y por ningún motivo usar su puesto para hacer intervenciones en temas relacionadas con políticas partidistas del interior de su país. No son pocas las tristes experiencias pasadas negativas con embajadores que no eran de carrera. Estas designaciones habrían sido a lo menos en parte para cumplir con los “cuoteos” políticos.

Hace un tiempo atrás observé una interesante entrevista al embajador del Reino Unido en que él nos informaba que por disposiciones legales los embajadores eran personas de carrera. Qué interesante me parecieron esas disposiciones. Eso lo ayuda a uno comprender la gran política internacional que ha llevado adelante esa gran nación.

Nuestro embajador sin dudas que ha actuado mal. No es fácil saber por qué lo ha hecho. Puede ser una falla humana, pero también uno tiene derecho a pensar que en torno de esto ha habido una intencionalidad política partidista. Cuántas hipótesis pueden plantearse al respecto.

El daño que se le ha hecho a la Presidenta en mi opinión es grave. Uno tiene derecho a pensar que la intención es forzarla a pedirle la renuncia o a no hacerlo. Cualquiera decisión tiene un costo político que la debilita. Ya el Ministro de Relaciones Exteriores ha traspasado la responsabilidad a ella. También la diputada Camila Vallejos en entrevista televisiva parece hacer lo mismo como igualmente lo ha manifestado por el mismo medio el Presidente del Partido Comunista.

Es indudable que en Chile frente a la motivación de un golpe militar y a su apoyo, a lo menos inicialmente, hubo un amplio respaldo nacional a éste de distintos grado por los diferentes partidos políticos. Desgraciadamente no pocos estimamos que no había otro camino para superar la grave crisis social, económica y política que enfrentaba el país. Se había sabido, por no pocos, la decisión mayoritaria de la UP de usar la vía violenta para mantenerse en el poder y afianzarse por encima del camino democrático. Eso habría sido, contra la voluntad de los partidos políticos más maduros; en esa minoría entonces estarían los partidos Radical y Comunista y fracciones importantes de los partidos Socialista y Mapu.

Amplios importantes sectores de la Democracia Cristiana estaban en contra del golpe y lo hicieron público algunos inmediatamente producido a riesgo de sus vidas. Recordemos a ese gran demócrata, Bernardo Leighton Guzmán.

También debe recordarse el incumplimiento de las garantías constitucionales que permitieron el apoyo político del Parlamento a la designación de Presidente de la República Salvador Allende, que estuvo lejos de obtener más de la mitad de los votos emitidos. Cabe recordar además cuando este Presidente en una entrevista de conocimiento público, justifica sus incumplimientos a esas garantías, señalando que el fin justifica los medios.

En mi opinión, es fundamental que nuestro embajador en Uruguay renuncie por el bien de Chile y por ayudar a nuestra Presidenta de la República.

Ojalá nuestra democracia pueda llegar a tener embajadores todos de carrera, elegidos inicialmente por una adecuada selección.

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