Medicina natural, actualidad y economía

Los parásitos humanos, su importancia en la salud humana y remedios naturales

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ecientemente revisé un interesante artículo bastante completo que se refiere al tema escrito por especialistas de Capilla del Monte (Córdoba-Argentina) y otros basado principalmente en estudios de fitoterapia, medicina china y homeopatía.

Al final de esta presentación inicial se incluye el artículo completo.

Presento a continuación contenidos a mi juicio importantes de este artículo con algunos agregados personales.

Me parece conveniente desde ya destacar la potencialidad de desparasitar del propóleo, como también la existencia de un producto homeopático; ambos tiene acción contra los distintos tipos de parásitos.

El artículo se inicia señalando los serios efectos que los parásitos generan y que se han abandonado las prácticas preventivas del pasado, y además, los hábitos alimentarios actuales favorecen el desarrollo de las parasitosis. Destaca especialmente alimentos como los lácteos, los azúcares y las harinas refinadas que facilitan la absorción de parásitos al generar una mucosa intestinal permeable que favorece sus difusiones por todo el organismo.

Entre los parásitos se encuentran los unicelulares como las amebas, la giardia y los tripanosomas entre ellos el cruzi (Mal de Chagas) y los metazoos como los gusanos o helmintos entre estos oxiuros, áscaris y tenias. La fasceola hepática es un platelminto (gusano plano) que afecta especialmente a los rumiantes, también al humano; en rumiantes llega a ser mortal. Es impresionante la mejoría de rumiantes cuando se les desparasita de ella.

Las infestaciones parasitarias comprometen la capacidad inmunológica corporal. Hacen más susceptible al organismo humano a muchas otras enfermedades, dentro de éstas a cánceres.

Los parásitos no solo roban nutrientes para su alimentación sino que también generan “ensuciadores o ensuciantes” con sus excrementos y desechos metabólicos y con ello toxinas dentro de las cuales se destaca la histamina; estas toxinas provocan patologías modernas que se atribuyen habitualmente a otras causas, genes, virus o estrés.

La histamina entre otras características es vasodilatadora, acción que genera la caída de la tensión arterial.

La alimentación moderna, con antibióticos y químicos presentes en alimentos ingeridos, comprometen la flora bacteriana positiva, lo que se asocia al debilitamiento del sistema inmunológico. Un párrafo textual del artículo: “Además de irritar, inflamar y ulcerar tejidos, estos parásitos (huésped fuera de control) generan reacciones alérgicas, depresión inmunológica, incremento de la toxemia corporal y aumento del desorden en la misma flora”.

Los parásitos no solo se hacen presentes en los intestinos sino que invaden todo el cuerpo, incluso en lugares considerados seguros, como el cerebro. Las toxinas que generan provocan un bloqueo de la absorción de los alimentos a nivel de la mucosa intestinal.

Para que una persona recupere su peso son necesarias dos cosas: que ingiera alimentos y que los absorba.

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Manifestaciones de la presencia de parásitos

Estas pueden ser locales, generadas por los parásitos en su lugar de permanencia o a distancia, que se desarrollan lejos de donde están localizados los parásitos y son generadas por sus toxinas.

  • Manifestaciones locales
    Problemas digestivos: mal aliento; apetito inestable; constipación; diarreas; gases; eructos; acidez; cólicos; distensión o flatulencia; hemorroide; vómitos; cuadros apendiculares, vesiculares, diverticulares o litiásicos; sintomatologías ulcerosas; pancreatitis; gastroenteritis; náuseas; somnolencia; pesadez; reflujos, colon irritable, etc.
  • Manifestaciones a distancia
    Altibajos emotivos, desmemoria, pérdida de capacidad de concentración, crisis de pánico, miembros inferiores cansados, hormigueos, adormecimientos; pies y manos frías; convulsiones, calambres especialmente nocturnos; problemas de piel, cuero cabelludo y uñas; vista irritada; irritación de nariz; crisis de estornudos matinales; resfríos periódicos; alergias variadas; síntomas de asma; intolerancia a algunos alimentos; dolores delante del corazón (precardialgias); taquicardias; sensación de falta de aire; anginas; disnea cardíacas, etc. Cefaleas y jaquecas. Anemias. Leucocitosis que erróneamente se puede diagnosticar como leucemia. Trastornos menstruales y habitual agravamiento premenstrual. Menstruaciones dolorosas. Frigidez y esterilidad. Prostatitis, cistitis repetidas, infecciones renales, sangre en la orina. Impotencia sexual. Afecciones a la vista y a la audición, otitis.
  • A veces presenta manifestaciones respiratorias y neurológicas. En general se despierta cansado, porque no tiene un reposo reparador: sufre de pesadillas, da vueltas en la cama, patalea, grita, castañea los dientes, se orina en la cama, etc.

El artículo da muchos más antecedentes al respecto.

Importante es saber que la mayoría de los parásitos se trasmiten por el útero materno, por ello es importante que la pareja se desparasite antes de la concepción.

Los parásitos se deben prevenir y eliminarse.

Los parásitos buscan ir a lugares donde el sistema inmunológico no los ataque, intentan alejarse del intestino y lo logran pasando al hígado, y por circulación sanguínea alcanzan al pulmón, corazón, ojos, cerebro, sistema nervioso y glándulas (páncreas, próstata, ovarios, etc.) donde tienen asegurado el alimento.

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Síntomas que aseguran tener parasitosis

  • Fiebres periódicas a repetición, generalmente bajas (entre 37,2º y 39º)
  • Alteraciones del apetito, como bulimia y anorexia
  • Geofagia (tendencia a comer tierra en los niños)
  • Astenia, cansancio y agotamiento súbito (más común antes del almuerzo y por la tarde)
  • Necesidad imperiosa de dulces
  • Digestión lenta
  • Dolores tipo cólico (intestinal, hepático, menstrual, estomacal)
  • Diarreas y estreñimientos alternados (irritabilidad del colon)
  • Meteorismo (gases)
  • Distensión abdominal
  • Halitosis (mal aliento)
  • Cefaleas
  • Insomnio, sueño entrecortado, mal descanso, rechinar los dientes y bruxismo.
  • Fobias sociales
  • Tics nerviosos
  • Convulsiones
  • Pérdidas abruptas de la visión y la memoria
  • Prurito anal, nasal, vulvar y ocular
  • Urticarias
  • Bronquitis y bronquiolitis (tos seca)

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Desparasitado

  • Necesidad de seguir un plan anual y familiar.
  • Saber que al desparasitar con hierbas medicinales se presentan inicialmente reacciones anormales, leves y de corta duración que no deben tratarse (febricula; mucosidad en narices, garganta, oídos, bronquios, eccemas en la piel, urticarias, diarreas y flujos vaginales). Pueden reemplazarse las hierbas antiparasitarias durante 7 días por un liquen llamado barba de piedra (Usnea barbata (L.) o eucaliptos.
  • Conveniencia que un profesional recomiende el tratamiento, quien puede conocer la naturaleza de los parásitos actuantes.
  • Se sugiere el uso de extractos hidroalcohólicos de las hierbas para asegurar las dosis más precisas. La razón de la sugerencia es que resulta difícil conocer las dosis adecuadas de las plantas a usar.
  • Se aconseja combinar una hierba de sabor amargo con otra picante. El amargo limpia al organismo a través de intestinos y vías urinarias, equilibra el pH y destruye algunos tipos de parásitos; en tanto el sabor picante mata otros tipos de parásitos y depura a través de la piel, acelerando el proceso.
  • Existen hierbas amargas y picantes, frías y calientes, que se deben elegir en función de los síntomas. Si se sufre de calor, se tiene acidez estomacal, llagas en la boca, necesidad de bebidas frías, se tiene cara roja, se sufre de irritabilidad, ojos rojos, hipertensión se necesitará tomar hierbas frías, por ejemplo altamisa (Altamisa tenuifolia) o nencia (Gentianella achalensis) que son amargas, junto con eucaliptus (Eucaliptus globulus) o suico (Tagetes minuta) que son picantes. Así se combina una amarga y una picante. Por el contrario, si se sufre más el frío, se tiene cara y labios pálidos, se siente necesidad de alimentos y bebidas calientes, se experimenta contracturas que se alivian con el calor entonces hierbas calientes, por ejemplo artemisa (Artemisia vulgaris u otras especies, ya que todas las artemisas son amargas y calientes), junto con eucaliptus (es fría y caliente al mismo tiempo) o clavo de olor (Eugenya caryophylus) que son picantes. Si se siente síntomas confusos, fríos y calientes al mismo tiempo, se puede usar una amarga caliente, junto a una picante fría. Por ejemplo, artemisa (Artemisia vulgaris) que es amarga caliente y suico (Tagetes minuta) que es picante fría.
  • La forma de tomarlas es tantas gotas diarias como kilogramos de peso tiene la persona, dividido en dos ingestas. Al combinar dos extractos, tomar quince (15) gotas de cada uno, dos veces por día. Es conveniente hacer las tomas por la mañana en ayunas y por la tarde o antes de cenar, diluidas en medio vaso de agua.
  • Estas hierbas se tomarán todos los días durante dos meses. Lo más recomendable es hacer el proceso en primavera, verano y otoño, o sea tres veces por año, sobre todo para quien tenga mucha sintomatología, factores de riesgo, previo a un embarazo, consumo de aguas parasitadas, convivencia con mascotas, etc. En casos más leves, basta con hacer el proceso dos veces por año, en primavera y otoño, pero siempre durante dos meses.
  • Una vez por año, por ejemplo en primavera, al terminar la desparasitación, es conveniente realizar una purga, excepto en niños, que puede ser con aloe vera o cualquier otra especie del género aloe. Se corta una hoja fresca y se licua con cáscara y espinas, luego se cuela y se toma una taza de ese jugo, sin endulzar, en ayunas por la mañana. Si no da resultado (si no produce una diarrea), repetir la toma a la mañana siguiente. Allí se verá salir restos de parásitos muertos y huevos. Otra hierba que se puede usar es el ruibarbo (Rheum palmatum); 10 gramos de raíces en decocción de 4 minutos en medio litro de agua (hervir 10 gramos en medio litro de agua durante 4 minutos), dejar en reposo 15 minutos, colar y tomar por la noche antes de acostarse, no debiendo repetirse la toma.
  • Las embarazadas no deben desparasitarse y tampoco los niños menores de dos años, salvo expresa indicación de un especialista.
  • Si comienzan los síntomas curativos anormales antes nombrados, se suspenden los extractos iniciales y se pasa a barba de piedra o eucaliptus (uno de los dos), siempre en dosis diarias de una gota por kilo de peso, durante siete días. Luego se retorna a los extractos que se venían tomando antes.
  • Este simple plan mantendrá al organismo desparasitado y seguramente muchos síntomas “raros”, preocupantes pero desatendidos muchas veces por la ortodoxia médica, se aliviarán o desaparecerán. De todos modos, en esta era de información es importante leer más al respecto o consultar dudas con algún profesional en la materia.
  • Las hierbas antes recomendadas no son las únicas antiparasitarias, existen muchas más, simplemente se nombran éstas por ser aceptadas por las normas vigentes y fáciles de encontrar; además por ser muy efectivas y desprovistas de riesgos.
  • Para quienes deseen hacer un tratamiento más completo e integrado, se sugiere combinar las plantas medicinales con alimentos cotidianos como el ajo, la cebolla o las semillas de zapallo (calabaza).
  • Finalmente es recomendable en invierno, período en que los parásitos están en letargo en el medio ambiente y por tanto es más difícil parasitarnos, fortalecer y limpiar el hígado y riñón(filtros). Es decir, limpiar los dos filtros antes mencionados. Esto hará que los órganos vitales encargados de la limpieza, filtren restos de parásitos muertos y demás tóxicos. Algunas buenas hierbas para esto son: ortiga (Urtica dioica), zarzaparrilla (Smilax campestris) y cola de caballo (Equisetum giganteum). Usar una o dos de estas hierbas y tomarlas en extractos, como se indicó anteriormente (en total una gota diaria por kilo de peso, repartidas en dos tomas), durante dos meses.

 

Parásitos y propóleo

La propiedad antiparasitaria es uno de los efectos más notables del propóleo; ya que éste llega a todo el organismo, a diferencia de los antiparasitarios de línea, que sólo transitan por el tubo digestivo.

En las experiencias realizadas se ha mostrado igual o más efectivo que los antiparasitarios de línea; potenciándose ambos cuando se los usa juntos. El hecho de tener la presencia del antiparasitario en todo el organismo, lo hace imprescindible en aquellas parasitosis que no se limitan al tubo digestivo, como pueden ser las amebiasis, hidatidosis y giardiasis, por ejemplo.

En el caso de amebas, con ubicación preferencial en el hígado, o la hidatidosis en pulmones, es una excelente alternativa (cuando no, la única), ya que, se reitera, los antiparasitarios de línea no se difunden a estos órganos.

Especial interés merece la giardiasis, tan frecuente y tan pocas veces diagnosticada. Ya sea por su localización alta, lo que hace que no se manifieste en los análisis; o por no estar presente en la memoria del médico al realizar los exámenes y la anamnesis. Muchísimas veces, pacientes portadores de esta parasitosis reciben tratamientos sintomáticos por otras patologías sin llegar al fondo de la cuestión ni hallar una solución para un crónico mal estado de salud.

Los cuadros más frecuentes provocados por giardias son las dermatitis, síndromes asmáticos, infecciones urinarias y cuadros respiratorios. Todos ellos en forma frecuente, con recaídas y resistentes a los tratamientos convencionales. También, por su localización en vesícula, las giardias suelen provocar manifestaciones de hipofunción hepática, con dolores en la zona derecha, inflamación del hígado y sobre todo, mala digestión.

Si las giardias son identificadas, se procede a realizar un tratamiento con antiparasitarios de línea. Al estar éstas acantonadas en vesícula, es lógico pensar que el antiparasitario matará las que estén en el tubo digestivo y ninguna fuera de él. Las giardias sobrevivientes en vesícula, en poco tiempo harán una reinfección, volviendo los síntomas anteriores. En el caso del tratamiento con propóleo, al eliminar éste todas las giardias del organismo, se obtiene una curación total; quedando como posibilidad de reinfección solamente el ingreso de huevos de giardias desde el exterior.

El propóleo, con su casi ausencia de contraindicaciones y la total ausencia de efectos colaterales, se impone como un aliado ante los síntomas mencionados precedentemente (sobre todo si son refractarios a tratamientos convencionales), permitiendo realizar a posteriori un diagnóstico por eliminación.

Las dosis para el tratamiento de giardiasis deberán ser ajustadas por el médico, de acuerdo al peso del paciente. Las mismas se darán en series de siete días, con intermedios de descanso, que permiten la eclosión de los huevos (no afectados por el propóleos) para que la siguiente serie encuentre a los últimos adultos.

La mayoría de los parásitos se asientan en el tubo digestivo y ello facilita el tratamiento. Otros suelen ubicarse en vesícula, hígado u otros órganos donde no llegan los antiparasitarios de línea. Lo común con los parásitos intestinales es realizar dos series de tratamiento con propóleo, de siete días cada una, con un intermedio de cinco días.

Ante la sospecha de parasitosis no intestinales, se deberá ampliar a una serie más, o todas las que sean necesarias, incluso aumentando las dosis.

La dosis, hablando de solución hidroalcohólica de propóleo al 10%, es de una gota diaria por kilo de peso, repartida en tres tomas diarias, lejos de las comidas (ejemplo: una hora antes de desayuno, almuerzo y cena). Siempre realizar series de siete días, con descanso de cinco días.
En todas las parasitosis, tanto internas como externas, se indican las series con los descansos intermedios por la razón de que ningún antiparasitario elimina los huevos de los parásitos. Todos eliminan las formas adultas, quedando los huevos, que eclosionan a los 8 días y allí los encuentra la nueva serie, eliminándolos antes de una nueva postura. Por ello es que se debe respetar la segunda (o tercera) serie.

También se puede hacer el tratamiento sin el descanso de los cinco días, ya que el mantenerlo permanentemente puede obedecer a otros fines como levantar las defensas, combatir un resfriado, etc.

 

Nutrición y parasitosis

Importancia tanto en lo preventivo como en lo curativo.

No se debe ingerir aquellos alimentos que estimulan el desarrollo de los parásitos. Los productos lácteos en general, los azúcares refinados (sacarosa, jarabe de maíz de alta fructosa), las harinas (sobre todo las refinadas), los alimentos excesivamente dulces en general.

Se debe intensificar el consumo de alimentos con reconocido efecto antiparasitario: las semillas de zapallo(calabaza) para tenias, áscaris, oxiuros; el ajo (áscaris, oxiuros); la cebolla (áscaris, oxiuros); la zanahoria (oxiuros, áscaris, tenia); la granada (tenias); el arándano (oxiuros); las aceitunas y el aceite de oliva, la papaya (tenias, áscaris, oxiuros); el apio; el hinojo, etc.

En general todos los alimentos amargos, las hojas verdes y sobre todo los miembros de la familia de las crucíferas, son interesantes aliados para combatir parásitos: achicoria, alcaucil(alcachofa), apio, raíz de bardana, berenjena, berro, brócoli, cardo blanco, coliflor, diente de león, endibia, escarola, espárrago, hakuzai, hinojo, lechuga, nabo, ortiga, perejil, pimiento, puerro, rabanito, repollo, repollito de bruselas, rúcula, salsifí, etc.

El diente de león(Taraxacum officinale), planta muy importante como antiparasitaria. Es uno de los mejores estimulantes de la función biliar; una bilis abundante y bien equilibrada en sus componentes, impide el desarrollo de larvas y huevos. Se le recomienda en todas sus formas: raíces, hojas y flores en comidas, extractos y tinturas, etc.

Dado que las verduras de hoja son responsables de contagios, a causa de la ocasional presencia de huevos, larvas, quistes y parásitos unicelulares, es recomendable un buen lavado de las mismas. De allí el hábito de remojar las hojas en agua con vinagre o limón, lavándolas bien a continuación.

El repollo es una hortaliza de elevado efecto antiparasitario. Es muy recomendable el jugo de repollo, tomando al menos 100cc diarios en ayunas, durante una semana; para mejorar su sabor puede adicionarse jugo de limón y/o zanahorias. También es útil el chucrut (repollo fermentado en sal) y el llamado yogurt de repollo. Justamente el uso de fermentados no pasteurizados (kéfir de agua, salsa de soja, miso, etc) es muy recomendable por su estimulación de la benéfica flora bacteriana, encargada de general el control sobre los huéspedes parasitarios. En este sentido son aconsejables las algas, los germinados y el agua enzimática que se obtiene remojando los brotes durante 48 horas (rejuvelac). También es recomendable el consumo del gel de la hoja del aloe.

Dado que algunos de estos elementos suelen ser rechazados por las personas parasitadas (adictas a los sabores dulces), es bueno incluirlos en batidos y licuados, mezclados con frutas y leches de semillas. En general todas las semillas poseen principios activos útiles en estos casos, sobre todo consumidas con su piel.

Es interesante el uso del zapallo(calabaza) como antiparasitario intestinal, dada su amplia disponibilidad y su probada inocuidad, sobre todo en niños, quienes a partir de los 5 meses de vida pueden ingerir su pulpa.

También es recomendable la preparación de leche de semilla de zapallo. Se realiza con 50 gramos de semillas peladas, remojadas durante 12 horas en 500cc de agua. Luego se licua bien, agregando algo de miel. Esto se toma por la noche al acostarse. La cucurbitacina, principio activo presente en las semillas y en menor medida también en la pulpa, es efectiva en casos de lombrices (tenias, áscaris, oxiuros) y su uso está exento de riesgos.

El desparasitado con semillas de zapallo, se inicia con 12 horas de ayuno previo (comenzar la abstinencia de alimentos por la tarde, tomando luego solo agua). El día del tratamiento, se consumirá solamente una combinación de semillas de zapallo peladas (100g en niños y 200g en adultos), trituradas y mezcladas con miel. Para facilitar el licuado y la ingesta, puede adicionarse agua. Esta mezcla se dividirá en 3 porciones (desayuno, almuerzo y cena). Una hora después de la última ingesta, debe tomarse un purgante (batido de aloe, como se indicó en el tratamiento genérico) y observar luego la deposición. En caso de no advertir presencia de parásitos, repetir el tratamiento 2 o 3 días después.

La familia de las liliáceas también aporta un significativo efecto antiparasitario, dado la respuesta repelente de estos compuestos azufrados. Son conocidas las recetas a base de cebolla y ajo para combatir parasitosis intestinales. Es el caso de la tintura de ajo, que se toma diluida en agua o jugos, antes de las comidas.

El ajo es probadamente eficaz contra tenias, oxiuros, giardias, trichomonas y amebas, siendo de amplio espectro y muy bien tolerado por el organismo. Además el ajo aporta otros beneficios importantes, al ser fluidificante de la sangre, antihipertensivo, antioxidante, desintoxicante hepático, antitumoral, hipoglucemiante, inmunoestimulante, antiulceroso; se le atribuyen propiedades anticancerígenas.

Otros grandes aliados antiparasitarios bien aceptados son los condimentos. Si bien casi todos tienen efectos interesantes, merecen ser destacados la cúrcuma, la pimienta, el estragón, el tomillo, la canela, el pimentón y los chiles(ajis) en general (pimiento de cayena).

En materia de hierbas con efectos antiparasitarios, se pueden citar entre otras: altamisa, artemisa, acedera, ajenjo, bardana, carqueja, paico, suico, uña de gato, yerba carnicera, cuasia amarga, helecho macho, cáscara de granada, genciana, ruda, diente de león, poleo, etc.

Tener presente que el uso de las hierbas es recomendable en la medida que se respeten dosificaciones y continuidad del tratamiento. Esto último es esencial para cortar los ciclos reproductivos (los parásitos mueren, pero quedan los huevos que inician el proceso vital); se debe evitar que se generen adaptación de los parásitos a la acción de estos agentes antiparasitarios.

Se insiste en usar hierbas purgantes posteriormente a cada serie de tratamientos desparasitantes. Se puede usar el aloe vera (todas especies del género aloe son útiles a esta finalidad). Se corta una hoja fresca y se licua completa, con la cáscara. Luego se cuela y se toma una taza de ese jugo, sin endulzar, por la noche al acostarse y otra por la mañana en ayunas. Si no se produce la diarrea, repetir la toma al día siguiente.

También puede usarse una efectiva mezcla purgante, combinación equilibrada de cuatro hierbas depurativas (yerba del pollo, retamilla, sen y zaragatona), cuyo sinergismo potencia el efecto laxante, tan necesario luego de un trabajo desparasitante. Actúa sobre los principales órganos internos, eliminando sustancias tóxicas y parásitos.

La mezcla de estas hierbas se hierven brevemente y se toma ½ litro de la decocción por la noche al acostarse y ½ litro por la mañana al levantarse. Esa noche conviene cenar abundantes frutas y verduras. Luego por la mañana conviene ingerir jugos de clorofila y/o kéfir de agua, a fin de estimular la regeneración de flora intestinal. Si no se advierte efecto laxante (diarrea), repetir al día siguiente. El momento ideal para purgar es próximo a luna llena y a fines del verano.

Como tratamiento homeopático se recomienda la Cina 3X, como antiparasitario de amplio espectro. Se deben ingerir 10 gotas antes de almuerzo y cena durante una semana, descansar una semana y repetir en la siguiente.

El uso de la arcilla como antiparasitario, es algo que los animales y las personas en estado “salvaje”, hacen en forma intuitiva. La arcilla estimula la eliminación de parásitos, tanto los unicelulares (amebas), como los gusanos, y sus toxinas, mineralizando el organismo debilitado. Se ingiere apenas una cucharadita (tamaño café) de arcilla en polvo disuelta en medio vaso de agua mineral, durante 14 días corridos en ayunas. Posteriormente descansar 7 días y luego continuar 7 días si y 7 días no. En el caso de las mujeres que tienen la menstruación deben dejar de ingerirla durante esos días. Luego continuar normalmente.

Otro recurso antiparasitario es el café, sobre todo utilizado en forma de enema, mediante una pera para ducha rectal.

Uno de los efectos de la infusión de café es destruir los áscaris y sobre todo estimular el flujo biliar hacia los intestinos. Se ha visto que la bilis crea condiciones que impiden el desarrollo de parásitos y larvas.

 

Sugerencia final

Se recomienda abordar el tema desde distintos ámbitos contemporáneamente: secuencia desparasitante, alimentos (despensa antiparasitaria), etc. El abordaje múltiple incrementa la eficiencia del proceso y al mismo tiempo la magnitud de las reacciones (saludables) que se experimentarán.

Por ello cada uno deberá ir regulando el arsenal de prácticas, según su tolerancia individual y sus necesidades.

Como base se sugiere una secuencia de herramientas no tóxicas, que puede comenzar con una serie de propóleo, luego una serie de tinturas vegetales (el caso de altamisa y suico, combinadas), después una serie de arcilla (ingesta), a continuación una secuencia del homeopático Cina 3X y en forma intercalada, un mes de plata coloidal (tal vez el desparasitante más fisiológico). Luego se sigue con otra serie de propóleo, otra de tinturas (como genciana y eucaliptus), otra de arcilla… y así sucesivamente con la plata coloidal intercalada. Conviene un purgado depurativo al final de cada serie de tomas, con hojas de aloe o con la mezcla purgante.

Es un proceso de mediano y largo plazo, que requiere paciencia y constancia.

En cualquier caso, es siempre importante evitar la represión de eventuales síntomas: fiebre, congestión de vías respiratorias, estado gripal, migrañas, nauseas, sensaciones depresivas…; en parte anterior de este artículo se presenta una recomendación para ello.

Cada uno puede ir manifestando alguno de estos síntomas, en relación a la intensidad de su parasitosis y al abordaje elegido. Los síntomas pueden darse aislados o combinados y generalmente en crisis que no exceden el ciclo de 7 días. En cualquier caso, serán siempre señal de un acertado efecto sobre los parásitos y de la correspondiente mortandad generada.

Me parece conveniente comentar que muchas de las recomendaciones para enfrentar a los parásitos se aconsejan tanto para prevenir como para combatir los cánceres.

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PRESENTACIÓN DEL ARTÍCULO ANUNCIADO AL INICIO DEL ARTÍCULO ANTERIOR

Fte: http://solmonasterio.blogspot.cl/2013/08/completisimo-informe-sobre-parasitos-y.html

Sábado, 17 de agosto de 2013

INFORME DE ESPECIALISTAS DE CAPILLA DEL MONTE OTROS DE TRASLASIERRA Y BASADOS EN ESTUDIOS DE LA FITOTERAPIA, LA MEDICINA CHINA Y LA HOMEOPATIA ENTRE OTROS

Parásitos y ensuciamiento

Todo tejido viviente puede ser ocupado por un parásito; por ende, todo ser vivo está sujeto a su presencia. Estas afirmaciones bastan para comprender la importancia de la parasitosis y el hecho de dedicarle atención en el ámbito de la depuración corporal.

Es imposible concebir un organismo sin parásitos. Estamos biológicamente destinados a compartir la vida con ellos, dado que es imposible sustraerse a sus eficientes cadenas reproductivas y a su permanente incorporación a través de alimentos, agua y aire. Son nuestros depredadores naturales. Esto es algo que el hombre siempre supo y por ello en todas las tradiciones se preservaron hábitos preventivos, basados en el desparasitado regular. Dado que la convivencia es inevitable y genera daños evidentes, el objetivo razonable es mantenerlos bajo control.

Pero hoy día vivimos una situación grave en este sentido. Por un lado hemos abandonado las prácticas preventivas. Por otro lado, nuestra violenta modificación de los hábitos nutricionales ha generado tres cuestiones claves para la expansión de la invasión parasitaria: les damos casa, comida y “zona liberada”, o sea los tres requisitos para su completo desarrollo. Los nutrimos al consumir abundantes alimentos que los desarrollan (lácteos, azúcares, harinas), les facilitamos el alojamiento al generar una mucosa intestinal permeable que facilita su difusión en todo el organismo por medio de los fluidos (mucosa permeable) y finalmente la inacción de nuestra “policía corporal” (tilde inmunológico), les brinda “zona liberada” para que se desarrollen sin problemas.

EL FACTOR PARASITOSIS

Algo que el Dr. Seignalet intuyó genialmente durante su investigación, fue la relación entre la mucosa intestinal permeable y la invasión de macromoléculas alimentarias y bacterianas hacia el hígado y los fluidos corporales. Esta visión permite a su vez comprender la estrecha relación entre esta “puerta abierta” y nuestros huéspedes naturales: los parásitos.

Si bien el tema se desarrolla en un capítulo específico, no podemos dejar de mencionarlo en este contexto, que explica este nuevo fenómeno del ensuciamiento corporal. Además de bacterias y partículas alimentarias, nuestros fluidos se ven invadidos por huevos, larvas, quistes y organismos unicelulares que parasitan la estructura corporal y aportan una cuota importante de ensuciamiento. La magnitud de la intrusión desborda la capacidad de nuestro sistema inmunológico (reacción antigénica) y en muchos casos elude su acción, al localizarse en áreas donde las defensas corporales están inhibidas de actuar (ejemplo: el cerebro).

Generalmente el concepto de parásitos, tanto de profanos como de terapeutas, se limita, en el mejor de los casos, a considerar el aspecto etimológico del término. Se supone que el daño generado por estos huéspedes indeseables, es el robo de nutrientes, que utilizan para su desarrollo. Si esto fuese así, bastaría con comer de más. Sin embargo, lo más grave de las parasitosis, es su significativo aporte ensuciante.
Consideremos por un momento lo que significan los excrementos y desechos metabólicos de esta multitud de seres que nos habitan. Diariamente cientos de sustancias actúan y se acumulan en nuestro interior, generando no solo toxemia, sino también innumerables consecuencias sobre nuestra salud.

Si bien hay poca investigación al respecto, se conocen bien los efectos de algunas sustancias individualizadas. Es el caso de la histamina que secretan ciertos parásitos, o el acetaldehído, uno de los 79 desechos generados por la cándida en estado micótico. Indudablemente la cuestión de la parasitosis debería ser considerada como hipótesis básica en el abordaje de las habituales patologías modernas, malamente achacadas a genes, virus o estrés.

Una flora en equilibrio impide el anormal desarrollo de microorganismos indeseables, pero cuando ese equilibrio se rompe, sobreviene la llamada invasión parasitaria.

Algunos parásitos ingresan al intestino con los alimentos y no pertenecen a las especies normales de nuestra flora. Otras veces la exuberante multiplicación de bacterias parásitas es un intento de supervivencia de ejemplares de la flora “autóctona”, frente a la agresión de antibióticos y químicos presentes en alimentos de consumo cotidiano.

En la mayoría de los casos, el mismo desequilibrio interno dispara estas reproducciones descontroladas y anula la regulación endógena que debería realizar la propia flora. En todos los casos es el contexto de desorden, la causa profunda del problema.

Además de irritar, inflamar y ulcerar tejidos, estos parásitos (huéspedes fuera de control) generan reacciones alérgicas, depresión inmunológica, incremento de la toxemia corporal y aumento del desorden en la misma flora. Las imágenes ilustran algunos parásitos despedidos luego de una terapia desparasitante.
Inevitables compañeros de ruta

Si bien los mayores estudios se centran en los parásitos intestinales, se sabe que los parásitos invaden todo el cuerpo, incluso zonas consideradas “seguras” como el cerebro. Precisamente los parásitos allí se encuentran “seguros” por ser ámbitos donde no puede actuar la inmunología. Tampoco los parásitos discriminan edades o clases sociales; muchos siguen suponiendo erróneamente que los parásitos son cosas de chicos y que luego desaparecen solos, o que se los “pesca” la gente de bajos recursos o de zonas marginales. Todos los tenemos y los tendremos; la diferencia está dada por cantidades, especies y antigüedad de infestación.

 

MANIFESTACIONES DEL DAÑO

Las manifestaciones locales son aquellas que generan los parásitos en su lugar de permanencia. En este sentido podemos citar los problemas digestivos, tales como: mal aliento, apetito inestable, constipación, diarreas, gases, eructos, acidez, cólicos, distención o flatulencia, hemorroides, vómitos, cuadros apendiculares, vesiculares, diverticulares o litiásicos, sintomatologías ulcerosas, pancreatitis, gastroenteritis, náuseas, somnolencia, pesadez, reflujos, etc.

Es preciso comentar que las toxinas parasitarias provocan un bloqueo de la absorción de los alimentos a nivel de la mucosa intestinal. Esto provoca en muchos casos la delgadez de los parasitados y no porque el alimento sea ingerido por los bichos, como reza el mito popular. Esto explica también lo innecesario e ilógico de suplementarles vitaminas, minerales y estimulantes del apetito; de poco servirán si persiste el origen del problema. Para que una persona recupere peso, son necesarias dos cosas: que ingiera alimentos y que los absorba.

Las sintomatologías alternas y las reacciones digestivas cambiantes, responden siempre al estado de los parásitos. Tratando eficazmente la parasitosis, la persona vuelve a tolerar perfectamente todo tipo de alimento. Otro error es etiquetar al parasitado como una persona delgada; el flaco parasitado es el flaco “descompensado”, pero si no lo está, puede tener cualquier peso e incluso ser un obeso.

Las manifestaciones a distancia son aquellas que se desarrollan lejos del lugar donde están alojados los parásitos y ocurren por acción de sus toxinas; es decir que no es necesaria la presencia del parásito, para que se desencadene la sintomatología. Con respecto a su magnitud, es fácil imaginar que dependerá del grado de parasitado y su antigüedad. Más añeja la parasitosis, más significativos serán los síntomas y más tiempo llevará su resolución.

A nivel diagnóstico, generalmente los análisis convencionales se centran en detectar parasitosis intestinal; pero muchas veces un resultado negativo (escobillado anal, materia fecal) genera una peligrosa tranquilidad en médico y paciente. Sucede que el contenido de la luz intestinal es muy cambiante, hecho que perjudica a ciertas parasitosis para realizar debidamente su ciclo biológico. Entonces perforan la mucosa intestinal por medio de enzimas y se colocan en la pared del intestino. Por tanto lo que se recoge en los análisis es lo que se halla en la luz intestinal; y ellos ya no se encuentran allí. Las parasitosis antiguas (8 a 10 años de instalación) son las que generan estas acciones atípicas y no aparecen en los análisis por hallarse enquistadas en la pared de la mucosa intestinal.

 

SIGNOS Y SÍNTOMAS DE PARASITOSIS

En general, una persona con parasitosis intestinal de antigua data, es una persona tensa, temperamental, con altibajos emotivos (a veces triste y otras, explosivo), que no se relaja (está siempre “enchufado”) y es desmemoriado. Tiene el tubo digestivo inflamado, desde la boca hasta el ano. Después de comer se siente hinchado, distendido, con somnolencia, pesadez, modorra, gases, eructos, acidez, dolores de cabeza, etc. Suele tener los miembros inferiores cansados, hormigueos, adormecimientos, pies y manos frías, calambres (sobre todo nocturnos) y problemas de piel. En general es constipado o alterna con alguna diarrea explosiva. Exhibe intolerancias “discontinuas” a algunos alimentos, que lo desconciertan. Evidencia problemas de cuero cabelludo y uñas, vista irritada y en algunos casos problemas de agudeza visual, irritación de nariz, crisis de estornudos matinales, resfríos periódicos y alergias variadas. A veces presenta manifestaciones respiratorias y neurológicas. En general se despierta cansado, porque no tienen un reposo reparador: sufre pesadillas, da vueltas en la cama, patalea, grita, castañea los dientes, se orina en la cama, etc. Veamos estos aspectos en detalle, teniendo en cuenta que las personas en general presentan varios síntomas pero no necesariamente la totalidad.

Piel y cabello

El rostro es “desprolijo”, con manchas, granos, acné, irritaciones oculares y otras lesiones. El color y el olor de la piel es característico, pues por allí se eliminan la mayor parte de las toxinas parasitarias.

Podemos hallar asperezas, erupciones, máculas, pápulas, pústulas, manifestaciones psoriásicas, eccemas, acné, irritaciones, úlceras, uñas quebradizas, panadizos, dishidrosis (enquistamiento del sudor), caída del cabello, seborrea, caspa, cabellos con falta de vitalidad, cortajeados, quebradizos y desprolijos, irritaciones en torno a los orificios corporales.

Aparato respiratorio

Gran cantidad de pacientes con problemas de vías respiratorias, deambulan durante años por distintos consultorios, probando infinidad de tratamientos y técnicas sin ningún resultado. El caso de niños y adolescentes con anginas a repetición, sin tener una mejoría duradera pese a los tratamientos. La parasitosis intestinal desarrolla un cuadro de tipo alérgico que puede provocar la inflamación e infección posterior de las amígdalas. Es el mismo caso de las sinusitis crónicas que son tratadas específicamente y no evolucionan favorablemente; en muchos casos desparasitando al paciente, toda la sintomatología se revierte.

Cuando una parasitosis intestinal tiene una gran antigüedad y magnitud (dos hechos de relevancia) pueden dar sintomatología “de tipo asmático”. En general estos casos son tratados durante años con todo el arsenal terapéutico (corticoides, vacunas, nebulizaciones, jarabes, etc) sin mejorar; y esto no sucede porque no son “asmáticos”. El origen del problema está dado por su parasitosis intestinal; esto se confirma desparasitando, tras lo cual sobreviene la curación. Las bronquitis alérgicas suelen tener el mismo origen y tratamiento. La crisis de estornudos es otro síntoma por demás frecuente en el parasitado y en general no se le da importancia; es muy molesta y en muchos casos va asociada a picazón, secreción nasal y ocular.

Aparato circulatorio

En el sistema circulatorio central se manifiestan precordialgias (dolores delante del corazón), taquicardias, sensación de falta de aire, anginas, disneas cardiacas, etc. Estas manifestaciones pueden presentarse a causa de una elevación diafragmática, consecuencia de una parasitosis intestinal importante. En estos casos, los procesos de putrefacción y fermentación están muy incrementados, el volumen de los intestinos aumenta y esto genera presión hacia arriba, elevando el diafragma. Esto implica una reducción del área pulmonar; esto trae aparejado una disminución de la oxigenación de todo el organismo y sobre todo del sistema nervioso central, provocando somnolencia, fatiga, etc.

También se genera un desplazamiento del corazón hacia adelante, acarreando una sintomatología que rememora una patología cardíaca.

En estos casos, la desparasitación permite que el diafragma vuelva a su lugar, disolviendo este cuadro engañoso.

A nivel del sistema circulatorio periférico se pueden detectar calambres y caídas de presión, rebeldes a los tratamientos clásicos.

Esto se debe a la histamina, sustancia secretada por los parásitos intestinales. La histamina es vasodilatadora, mecanismo que genera la caída de la tensión arterial. Esta baja de presión hace que los pacientes se sientan cansados, decaídos, con mareos y cefaleas. Los dolores de cabeza del parasitado se deben también a la acción histamínica. Cuando se dilatan los vasos craneanos, se comprimen estructuras vecinas y es entonces cuando aparecen las cefaleas y jaquecas. En general los pacientes toman fármacos vasoconstrictores, lo cual alivia inicialmente el dolor, pero el problema persiste y solo remite tras el desparasitado.

También pueden hallarse úlceras varicosas de antigua data, rebeldes a los tratamientos clásicos. Esto se debe a las toxinas parasitarias, que provocan esclerosis del “vaso nervorum”, irrigación deficiente y por tanto carencias que impiden regenerar la zona ulcerada; tratada la parasitosis, la situación se revierte y cicatriza rápidamente. Las várices se hacen más notables; se nota más la vascularización por disminución de la oxigenación. Pueden aparecer sabañones y también aumento de las manchas ocres, purpúreas y pigmentarias.

Otra consecuencia de la parasitosis son las anemias, en general severas y de difícil tratamiento, ya que se producen por agotamiento medular.

Cuando la pérdida de sangre es grande pero de poca duración, la médula ósea se activa y resuelve el problema. Pero si la pérdida es pequeña pero continua, como sucede en el organismo parasitado, se puede provocar un agotamiento del mecanismo y su reactivación suele ser dificultosa. También puede manifestarse leucocitosis (incremento de leucocitos en la sangre), con valores elevados que generan diagnóstico erróneo de leucemia.

Aparato ginecológico

Suelen encontrarse trastornos menstruales de todo tipo, siendo característico el agravamiento en el período premenstrual. Puede haber atrasos en la menarca (primera menstruación), algomenorreas (menstruaciones dolorosas), flujos crónicos (molestos y rebeldes a los tratamientos locales, pues la parasitosis intestinal genera una especie de “apuntalamiento microbiano”, frigidez y esterilidad relativa. En muchos casos, la flora vaginal está totalmente alterada, al igual que su PH, debido a la contaminación parasitaria intestinal; entonces, cuando los espermatozoides ingresan al medio vaginal, se encuentran con un campo hostil que produce la muerte o atenuación de su capacidad de reproducción. Son innumerables los casos donde, tras el tratamiento de la parasitosis intestinal, se produce el embarazo. Muchas mujeres sufren reiterados tratamientos e intervenciones por Bartholinitis (frecuente proceso inflamatorio-infeccioso de glándulas vaginales que producen lubricación para favorecer el acto sexual, lo cual genera además dolor y molestias), infructuosos a causa de la contaminación con la flora patógena intestinal.

Sistema nervioso central

Se puede observar angustia, irritabilidad, insomnio, inestabilidad emotiva, desgano, depresión con intento de suicidio (algo común y recurrente en pacientes con parasitaciones de larga data). También es común la pérdida de memoria y capacidad de concentración; esto se debe a la aceleración del sistema nervioso central, por eso los olvidos y la dificultad para concentrarse. Al desparasitar, la persona se calma, empieza a recordar mejor y tiene un mejor rendimiento intelectual.
Son frecuentes los trastornos de conducta que pueden llegar a ser graves (el típico “Jaimito”). Asimismo se suelen advertir convulsiones “tipo epilépticas”; muchos niños, adolescentes y adultos son rotulados y tratados como epilépticos (electroencefalogramas, fármacos), deambulando por distintos consultorios sin resolver su problema, dado que no son epilépticos. Al tratar su parasitosis, dejan de manifestar esta sintomatología.

Aparato urinario

En este campo podemos encontrar enuresis (chicos que se orinan en la cama), prostatitis, cistitis a repetición, infecciones renales, poluciones nocturnas, hematurias (sangre en la orina), úlceras o lesiones en el glande, impotencia sexual e incontinencia urinaria.

Órganos de los sentidos

En este campo se suelen manifestar: alteración de la agudeza visual (pudiendo llegar a visión bulto e incluso a la ceguera), vicios de refracción, conjuntivitis, orzuelos a repetición, eccemas de oídos, otitis crónicas (supurantes o no), disminución de la audición, etc.

 

TESTIMONIOS SIGNIFICATIVOS

Si bien el sitio web www.fundacionrau.org.ar brinda muchas historias clínicas y casos significativos, reproducimos aquí un par de breves historias publicadas recientemente en medios masivos y que seguramente identificarán a mucha gente.

Una de ellas pertenece a María Isabel Lang (54 años): “Me sentía hinchada, tenía pensamientos sombríos y pesadez en la cabeza. Los médicos no encontraban la causa del problema. Cuando por fin me recetaron pastillas desparasitantes, despedí algunos parásitos, pero el malestar continuó. Luego hice un tratamiento con hierbas amargas y ahí la cantidad que expulsé fue mayor.

Despedía como semillitas, nidillos encapsulados y gran cantidad de larvas. Me empecé a sentir mejor anímicamente, con pensamientos más claros, a notar cambios en mi piel y en mi estado de salud en general”.

 

Otro testimonio interesante es el de Raquel Fernández (40 años), oriunda de Misiones. “Además de problemas de tiroides y osteoporosis, sentía las piernas hinchadas, altibajos anímicos, me brotaba por todo el cuerpo, estaba nerviosa y me sentía muy agotada. Finalmente realicé un tratamiento desparasitario. Sentí un dolor muy fuerte en el abdomen, hasta que empecé a expulsar. Pensaba que estaba largando pedazos de carne, pero no, eran parásitos redondos ya muertos.

Después sentí mucho alivio en el cerebro, ya no me brotaba y dejé de tener esa pesadez en las piernas que no me permitía estar parada”.

Dr. Carlos Alberto Rau, presidente de la Fundación Parasitológica Argentina (www.fundacionrau.org.ar) y autor del libro “El inverosímil mundo de los parásitos”.

 

La “nueva” epidemia olvidada

Si tenemos una mascota, la llevaremos al veterinario y seguro nos aconsejará desparasitarlo cada tres, cuatro o seis meses, dependiendo el hábitat. En las sierras de Córdoba, y otras partes del mundo, dos veces en el año las liebres y otros mamíferos comen hierbas amargas, como el ajenjo, la altamisa u otras, para desparasitarse. Un perro, en el pueblo o el campo, come pastos amargos para purgarse y desparasitarse al mismo tiempo.

Cuarenta años atrás si usted iba al médico le aconsejaba desparasitarse en cualquier visita anual. ¿Qué pasó en los últimos tiempos? ¿Desaparecieron los parásitos y sólo existen virus y bacterias? ¿O será que las infecciones parasitarias no convienen de tratar? ¿O que simplemente se pasan por alto por falta de diagnóstico?

También hay que aclarar que en Argentina existen pocos especialistas en parásitos y en otros países están en extinción (no los parásitos sino los especialistas en esta pandemia, que cada año limita la vida de millones de personas y aún mata a millones más). Intereses creados y mucho dinero de por medio serán los que expliquen semejante dejadez por parte de las autoridades competentes…

Mientras tanto se sabe que una persona desparasitada es menos propensa a todo tipo de enfermedades, que en los lugares donde se han realizado desparasitaciones planificadas, se obtuvieron mejorías enormes en rendimiento laboral e intelectual, menor índice de trastornos nerviosos y emocionales, etc.

Pareciera que desparasitarse lo hace sentir mejor a cualquiera y se enferma menos la población (¿explicará esto la tendencia mundial en el ámbito de la salud pública y privada a desatender las parasitosis?). O tal vez ese horrendo mito de que sólo los pobres y los países del tercer mundo tienen parásitos. Horrendo y desacertado: todos estamos expuestos a nuestros depredadores, los parásitos.

Sin pretender extendernos demasiado, aclararemos algunos conceptos básicos referidos al tema en cuestión. Los parásitos son los organismos vivos más antiguos del planeta, viven de otros organismos (hospedador) del cual obtienen todos sus nutrientes, sin aportarle beneficio alguno. Este último intentará destruirlo a través de su sistema inmunológico, dando como resultado una verdadera batalla entre antígenos y anticuerpos que se puede extender desde pocos días hasta toda una vida. El parásito no mata al huésped, pues él también moriría, pero lo enferma quitándole el suministro energético (glucosa) y otros nutrientes importantes como aminoácidos, minerales, vitaminas, hormonas, etc.

Pero el sistema inmunológico del ser humano no siempre triunfa en esta batalla, ya que los parásitos lo pueden confundir cambiando la producción de antígenos permanentemente o mimetizándose con células del hospedador. O pegando las células defensivas de éste a la capa externa del cuerpo del parasito, mientras “cambia” su piel y aprovecha para seguir su camino rumbo a estratos más profundos del hospedero, allí donde pueda sobrevivir y reproducirse con más tranquilidad. Todo esto dependerá si se trata de protozoos (parásitos unicelulares, como las amebas) o metazoos (helmintos o gusanos, como oxiuros o áscaris). Tanto tiempo llevamos en esta lucha que ya tenemos genes enfermos por parásitos, los cuales se trasmiten de generación en generación, por ejemplo el gen de la anemia falciforme en zonas de malaria.

Y si ya todo esto le parece serio y se pregunta porque no existen planes de prevención y tratamiento de las parasitosis, agreguemos que la mayor parte de los parásitos se transmiten en el útero materno (y no solamente la toxoplasmosis o el chagas). Por eso es menester que la mujer y el hombre se desparasiten antes de la concepción. Veamos entonces cómo podemos prevenir y curar esta infección crónica desatendida por legos y profanos en materia de salud.

 

Antes de pasar a los tratamientos, analizaremos algunos mitos y conceptos acerca de los parásitos:

Las parasitosis no son una enfermedad de la pobreza. El hacinamiento en las grandes ciudades es hoy, junto al calentamiento global, al abuso de medicación química, al consumo de alimentos industrializados, etc, los factores que incrementan día a día las infecciones por parásitos en los países desarrollados. Obviamente también los países pobres sufren la situación, potenciada por malos hábitos higiénicos.

El análisis de materia fecal no siempre da positivo. El coproparasitológico puede dar negativo y sin embargo podemos estar parasitados.

Los parásitos no son sólo esos gusanitos que viven únicamente en el intestino y se curan de palabra o tomando dosis únicas de ajo o pastillas. Son los seres vivos más antiguos e inteligentes del planeta. Los parásitos buscan ir a lugares donde nuestro sistema inmunológico no los ataque; intentan alejarse del intestino y lo logran, pasando al hígado, y por circulación sanguínea alcanzan el pulmón, el corazón, los ojos, el cerebro, el sistema nervioso y las glándulas (páncreas, próstata, ovarios, etc), donde tienen asegurado el alimento.

Desparasitarse aisladamente no sirve. Se debe seguir un programa regular y familiar, dos o tres veces al año.

Los parásitos unicelulares se dividen cada seis horas. Imagínese la proliferación que podemos tener tras años de no desparasitarnos. Un dato: los helmintos (gusanos) ponen entre 180 y 250.000 huevos por día!!! Sí, leyó bien, no es un error de impresión.

 

CÓMO SABER SI ESTOY PARASITADO

Como dijimos, si no nos desparasitamos regularmente, todos sufrimos esta lucha inmune, y la perdemos muchas veces. Si vivimos en contacto con los factores de riesgo antes mencionados, desparasitarnos será imprescindible. Si ha tenido diagnóstico de estrés, síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, candidiasis, colon irritable, crisis de pánico, alergias y tantos otros, pruebe a desparasitarse y seguro encontrará alivio a estas manifestaciones. Si tenemos algunos de los siguientes síntomas, es seguro que tenemos que desparasitarnos:

• Fiebres periódicas a repetición, generalmente bajas (entre 37,2º y 39º)
• Alteraciones del apetito, como bulimia y anorexia
• Geofagia (tendencia a comer tierra en los niños)
• Astenia, cansancio y agotamiento súbito (más común antes del almuerzo y por la tarde)
• Necesidad imperiosa de dulces
• Digestión lenta
• Dolores tipo cólico (intestinal, hepático, menstrual, estomacal)
• Diarreas y estreñimientos alternados (irritabilidad del colon)
• Meteorismo (gases)
• Distensión abdominal
• Halitosis (mal aliento)
• Cefaleas
• Insomnio, sueño entrecortado, mal descanso, rechinar los dientes y bruxismo.
• Fobias sociales
• Tics nerviosos
• Convulsiones
• Pérdidas abruptas de la visión y la memoria
• Prurito anal, nasal, vulvar y ocular
• Urticarias
• Bronquitis y bronquiolitis (tos seca)

 

DESPARASITADO GENÉRICO

Desde el punto de vista de muchas culturas antiguas y por experiencia personal, más que una desparasitación aislada, es necesario seguir un plan anual y familiar para lograr óptimos resultados.

Antes de iniciar una desparasitación, es necesario que la persona sepa acerca de reacciones que son normales, leves y transitorias, al iniciar la toma de hierbas. Puede haber febrícula (desaparece en doce horas), mucosidad en nariz, garganta, oídos, bronquios (se debe a la muerte de parásitos en las vías respiratorias), eccemas en la piel, urticarias pasajeras, diarreas o flujos vaginales. Todo se debe al genuino proceso de curación interna. Nunca hay que reprimir el síntoma. En cambio se pueden reemplazar las hierbas antiparasitarias durante siete días, tomando en su lugar barba de piedra o eucaliptus. Cuando pasen totalmente los síntomas, se retoman las hierbas antiparasitarias.

La mejor recomendación de las hierbas, será siempre la que brinde un profesional en la materia, para su caso en particular. Sin embargo sabemos que es poca la formación e información en parasitología, por lo cual recomendaremos algunas hierbas que no poseen efectos colaterales, son inocuas y están avaladas por la legislación vigente.

Sugerimos el uso de extractos hidroalcohólicos, ya que las hierbas para infusión requieren dosis precisas. Estos extractos deberán ser de buena calidad, hechos a partir de plantas recolectadas en su justo momento y forma; de lo contrario estaremos perdiendo el tiempo.

Para mayor efecto desparasitante, se aconseja combinar una hierba de sabor amargo con otra picante. El amargo limpia al organismo a través de intestinos y vías urinarias, equilibra el pH y destruye algunos tipos de parásitos; en tanto el sabor picante mata otros tipos de parásitos y depura a través de la piel, acelerando el proceso. Existen hierbas amargas y picantes, frías y calientes, que elegiremos en función de nuestros síntomas.

Si usted sufre el calor, tiene acidez estomacal, llagas en la boca, necesidad de bebidas frías, cara roja, irritabilidad, ojos rojos, hipertensión… entonces necesitará tomar hierbas frías, por ejemplo altamisa (Altamisa tenuifolia) o nencia (Gentianella achalensis) que son amargas, junto con eucaliptus (Eucaliptus globulus) o suico (Tagetes minuta) que son picantes. Como dijimos se combina una amarga y una picante.

Por el contrario, si sufre más el frío, tiene cara y labios pálidos, necesidad de alimentos y bebidas calientes, contracturas que se alivian con el calor… entonces necesitará tomar hierbas calientes, por ejemplo artemisa (Artemisia vulgaris u otras especies, ya que todas las artemisas son amargas y calientes), junto con eucaliptus (es fría y caliente al mismo tiempo) o clavo de olor (Eugenya caryophylus) que son picantes.

Si siente síntomas confusos, fríos y calientes al mismo tiempo, puede usar una amarga caliente, junto a una picante fría. Por ejemplo, artemisa (Artemisia vulgaris) que es amarga caliente y suico (Tagetes minuta) que es picante fría.

La forma de tomarlas es tantas gotas diarias como kilogramos de peso tiene la persona, dividido en dos ingestas. Es decir, si alguien pesa sesenta kilos (60kg) deberá tomar en total sesenta (60) gotas al día. Al combinar dos extractos, tomaría quince (15) gotas de cada uno, dos veces por día. Es conveniente hacer las tomas por la mañana en ayunas y por la tarde o antes de cenar, diluidas en medio vaso de agua.

Estas hierbas se tomarán todos los días durante dos meses. Lo más recomendable es hacer el proceso en primavera, verano y otoño, o sea tres veces por año, sobre todo para quien tenga mucha sintomatología, factores de riesgo, previo a un embarazo, consumo de aguas parasitadas, convivencia con mascotas, etc. En casos más leves, basta con hacer el proceso dos veces por año, en primavera y otoño, pero siempre durante dos meses.

Una vez por año, por ejemplo en primavera, al terminar la desparasitación, es conveniente realizar una purga, excepto niños, que puede ser con aloe vera o cualquier especie de aloes. Se corta una hoja fresca y se licua con cáscara y espinas, luego se cuela y se toma una taza de ese jugo, sin endulzar, en ayunas por la mañana. Si no da resultado (si no produce una diarrea), repetir la toma a la mañana siguiente. Allí verá salir restos de parásitos muertos y huevos. Otra hierba que se puede usar es el ruibarbo (Rheum palmatum); 10 gramos de raíces en decocción de 4 minutos en medio litro de agua (hervir 10 gramos en medio litro de agua durante 4 minutos), dejar en reposo 15 minutos, colar y tomar por la noche antes de acostarse, no debiendo repetirse la toma.

Las embarazadas no deben desparasitarse y tampoco los niños menores de dos años, salvo expresa indicación de un especialista. Como dijimos antes, si comienzan los síntomas curativos antes nombrados, se suspenden los extractos iniciales y se pasa a barba de piedra o eucaliptus (uno de los dos), siempre en dosis diarias de una gota por kilo de peso, durante siete días. Luego se retorna a los extractos que se venían tomando antes.

Este simple plan lo mantendrá desparasitado y seguramente muchos síntomas “raros”, preocupantes para usted pero desatendidos muchas veces por la ortodoxia médica, se aliviarán o desaparecerán. De todos modos, en esta era de información es importante leer más al respecto o consultar dudas con algún profesional en la materia.

Las hierbas antes recomendadas no son las únicas antiparasitarias, existen muchas más, simplemente se nombran estas por ser aceptadas por las normas vigentes y fáciles de encontrar; además por ser muy efectivas y desprovistas de riesgos. Aunque no está demás reiterar que las hierbas son seres vivos; si están en mal estado o mal preparadas, no lograremos el efecto esperado.

Para quienes deseen hacer un tratamiento más completo e integrado, se sugiere combinar las plantas medicinales con alimentos cotidianos como el ajo, la cebolla o las semillas de zapallo (ver apartado Arsenal Antiparasitario, más adelante).

También existen aparatos eléctricos que emiten una onda cuadrada (zapper), que usados todos los días ayudan a las hierbas en su función antiparasitaria. Estos aparatos funcionan básicamente con frecuencias bajas de onda cuadrada, que alteran el sistema nervioso del parásito, sin ningún riesgo para el ser humano. Igualmente, el aparato por sí sólo no funciona; son las hierbas quienes además de matar parásitos, nos brindarán un incremento de inmunidad para luchar cada vez con más efectividad contra los mismos.

Para finalizar, diremos que es recomendable en invierno, período en que los parásitos están en letargo en el medio ambiente y por tanto es más difícil parasitarnos, fortalecer y limpiar nuestro hígado y riñón. Es decir, limpiar los filtros, como hacemos con cualquier máquina. Esto hará que los órganos vitales encargados de la limpieza, filtren restos de parásitos muertos y demás tóxicos. Algunas buenas hierbas para esto son: ortiga (Urtica dioica), zarzaparrilla (Smilax campestris) y cola de caballo (Equisetum giganteum). Usar una o dos de estas hierbas y tomarlas en extractos, como se indicó anteriormente (en total una gota diaria por kilo de peso, repartidas en dos tomas), durante dos meses.

*Omar Riachi, conocedor de la medicina herbal aborigen de los comechingones y de los kallawayas, especialista en Medicina Tradicional China por la Asociación de Acupuntura China en Argentina y posgraduado en Holguín (Cuba), docente de la Escuela Argentina de Medicina Tradicional China, ex docente del curso de Medicina Tradicional y Fitoterapia de la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén, Argentina) y director de la escuela de Fitoterapia y Medicina Tradicional Aborigen Kallawaya.

 

Parásitos y propóleo

La propiedad antiparasitaria es uno de los efectos más notables del propóleos; ya que éste llega a todo el organismo, a diferencia de los antiparasitarios de línea, que sólo transitan por el tubo digestivo.

Estos efectos estarían mediados por los flavonoles, en especial el acetoxibetunol, y los ácidos fenolcarbónicos. También por la formación de compuestos de radicales bencílicos que surgen a partir de la presencia de los ácidos oxi y metoxibenzoicos. Influye mucho el propóleos en el metabolismo de muchas formas de parásitos por inducir la fosforilación de oxidación.

En las experiencias realizadas se ha mostrado igual o más efectivo que los antiparasitarios de línea; potenciándose ambos cuando se los usa juntos. El hecho de tener la presencia del antiparasitario en todo el organismo, lo hace imprescindible en aquellas parasitosis que no se limitan al tubo digestivo, como pueden ser las amebiasis, hidatidosis y giardiasis, por ejemplo. En el caso de amebas, con ubicación preferencial en el hígado, o la hidatidosis en pulmones, es una excelente alternativa (cuando no, la única), ya que, reitero, los antiparasitarios de línea no se difunden a estos órganos.

Especial interés merece la giardiasis, tan frecuente y tan pocas veces diagnosticada. Ya sea por su localización alta, lo que hace que no se manifieste en los análisis; o por no estar presente en la memoria del médico al realizar los exámenes y la anamnesis. Muchísimas veces, pacientes portadores de esta parasitosis reciben tratamientos sintomáticos por otras patologías sin llegar al fondo de la cuestión ni hallar una solución para un crónico mal estado de salud.

Los cuadros más frecuentes provocados por giardias son las dermatitis, síndromes asmáticos, infecciones urinarias y cuadros respiratorios.

Todos ellos en forma frecuente, con recaídas y resistentes a los tratamientos convencionales. También, por su localización en vesícula, las giardias suelen provocar manifestaciones de hipofunción hepática, con dolores en la zona derecha, inflamación del hígado y sobre todo, mala digestión.

Si las giardias son identificadas, se procede a realizar un tratamiento con antiparasitarios de línea. Al estar éstas acantonadas en vesícula, es lógico pensar que el antiparasitario matará las que estén en el tubo digestivo y ninguna fuera de él. Las giardias sobrevivientes en vesícula, en poco tiempo harán una reinfección, volviendo los síntomas anteriores. En el caso del tratamiento con propóleos, al eliminar éste todas las giardias del organismo, se obtiene una curación total; quedando como posibilidad de reinfección solamente el ingreso de huevos de giardias desde el exterior. Uno de los inconvenientes para el diagnóstico de certeza de las giardias, es que solamente se puede hacer (si no aparecen en materia fecal) por sondeo y aspiración duodenal; procedimiento por demás engorroso y traumático, sobre todo en niños.

El propóleo, con su casi ausencia de contraindicaciones y la total ausencia de efectos colaterales, se impone como un aliado ante los síntomas mencionados precedentemente (sobre todo si son refractarios a tratamientos convencionales), permitiendo realizar a posteriori un diagnóstico por eliminación. Las dosis para el tratamiento de giardiasis deberán ser ajustadas por el médico, de acuerdo al peso del paciente. Las mismas se darán en series de siete días, con intermedios de descanso, que permiten la eclosión de los huevos (que non afectados por el propóleos) para que la siguiente serie encuentre a los últimos adultos.

 

AMPLIO ESPECTRO

Si bien ya se vio gran parte del uso del propóleos en el ámbito de la giardiasis, es necesario aclarar que la experiencia hasta el presente lo indica como altamente efectivo en todo tipo de parasitosis. En nuestro país, las más comunes son oxiuros (el pequeño gusanito blanco), áscaris lumbricoides (gusano más grande, frecuentemente chato, al hallarlo, con una línea media) y giardias. Esto cubre el espectro “conocido”, ya que hay extensas zonas marginales con población que vive en precarias condiciones, en donde es frecuente que se conviva con otras parasitosis, por ejemplo amebas (que no siempre dan sintomatología precoz), hidatidosis (la temible tenia del perro que se la encuentra de casualidad, por algún otro estudio, en el ser humano, con pronóstico sombrío o al menos invalidante para el portador) y el sinnúmero de parasitosis tropicales del norte.

Es cierto que el parásito no ocupa cualquier huésped, tanto los internos como los externos; pero cuando las condiciones de vida son muy precarias y se convive con los parásitos, todo ser vivo es huésped obligado. En estos casos el propóleos llevará un gran alivio antes de la próxima reinfección. De no mediar un cambio en las condiciones ambientales, nada se cambiará a largo plazo. Como no se puede desde aquí cambiar políticas ni sensibilidades, se indicará el uso del propóleos como en cualquier otra patología, a partir del diagnóstico de certeza del laboratorio o de la sospecha de la parasitosis.

Normalmente las parasitosis tienen una altísima frecuencia en zonas rurales o poco pobladas. Ello hace que el médico de las ciudades no lo tenga en mente como práctica diaria; como no tiene presente una mordedura de víbora. Generalmente, es la madre del niño afectado la que diagnostica y sugiere el tratamiento al médico; y esta opinión debe ser tenida en cuenta.

La mayoría de las parasitosis cursan con síntomas indirectos y difusos.

Se vio en giardias que podía haber dermatitis, síndromes alérgicos, náuseas, mala digestión, afectación de la función hepática. A ello se debe agregar la inquietud, mal dormir, rechinar de dientes (cosa que lleva a desgastarlos en forma irregular), picazón de nariz y ano, etc. En la práctica diaria, se observa que muchas personas que comienzan a consumir propóleos, manifiestan picazón en el ano los primeros días, para luego desaparecer. Es obvio que había parásitos que no estaban reconocidos y el propóleos los llevó más lejos hasta eliminarlos.

La mayoría de los parásitos se asientan en el tubo digestivo y ello facilita el tratamiento. Otros suelen ubicarse en vesícula, hígado u otros órganos donde no llegan los antiparasitarios de línea. Lo común con los parásitos intestinales es realizar dos series de tratamiento con propóleos, de siete días cada una, con un intermedio de cinco días.

Ante la sospecha de parasitosis no intestinales, se deberá ampliar a una serie más, o todas las que sean necesarias, incluso aumentando las dosis.

La dosis, hablando de solución hidroalcohólica de propóleo al 10%, es de una gota diaria por kilo de peso, repartida en tres tomas diarias, lejos de las comidas (ejemplo: una hora antes de desayuno, almuerzo y cena). Siempre realizar series de siete días, con descanso de cinco días.

En todas las parasitosis, tanto internas como externas, se indican las series con los descansos intermedios por la razón de que ningún antiparasitario elimina los huevos de los parásitos. Todos eliminan las formas adultas, quedando los huevos, que eclosionan a los 8 días y allí los encuentra la nueva serie, eliminándolos antes de una nueva postura.

Por ello es que se debe respetar la segunda (o tercera) serie. También se puede hacer el tratamiento sin el descanso de los cinco días, ya que el mantenerlo permanentemente puede obedecer a otros fines como levantar las defensas, combatir un resfriado, etc.

Dr. Julio César Díaz, presidente de la Asociación Argentina de Apiterapia www.aadapiterapia.org.ar y autor del libro “Apiterapia hoy”.

 

Arsenal antiparasitario

Si bien el tema nutricional está desarrollado en el libro “Nutrición Depurativa”, conviene aquí puntualizar algunas recomendaciones que tienen que ver con el manejo de aliados claves en el control y prevención de la parasitosis.

Por sentido común, no debemos ingerir aquellos alimentos que estimulan el desarrollo de los parásitos. Nos referimos a los productos lácteos en general, los azúcares refinados (sacarosa, jarabe de maíz de alta fructosa), las harinas (sobre todo las refinadas), los alimentos excesivamente dulces en general…

También por lógica debemos intensificar el consumo de alimentos con reconocido efecto antiparasitario: las semillas de zapallo (tenias, áscaris, oxiuros), el ajo (áscaris, oxiuros), la cebolla (áscaris, oxiuros), la zanahoria (oxiuros, áscaris, tenia), la granada (tenias), el arándano (oxiuros), las aceitunas y el aceite de oliva, la papaya (tenias, áscaris, oxiuros), el apio, el hinojo, etc.

En general todos los alimentos amargos, las hojas verdes y sobre todo los miembros de la familia de las crucíferas, son interesantes aliados para combatir parásitos: achicoria, alcaucil, apio, raíz de bardana, berenjena, berro, brócoli, cardo blanco, coliflor, diente de león, endibia, escarola, espárrago, hakuzai, hinojo, lechuga, nabo, ortiga, perejil, pimiento, puerro, rabanito, repollo, repollito de bruselas, rúcula, salsifí, etc.

Respecto al diente de león, es bueno puntualizar su importancia como planta clave en la cuestión parasitaria. Como bien dice Raymond Dextreit, conocido naturista francés, más allá de combatir los parásitos, es importante crear un medio que no les permita sobrevivir. Una bilis abundante y bien equilibrada en sus componentes, impide el desarrollo de larvas y huevos. Siendo uno de los mejores estimulantes de la función biliar, la ingesta de diente de león es sumamente aconsejable en todas sus formas: raíces, hojas y flores en comidas, extractos y tinturas, etc.

Dado que las verduras de hoja son responsables de contagios, a causa de la ocasional presencia de huevos, larvas, quistes y parásitos unicelulares, es recomendable un buen lavado de las mismas. De allí el hábito de remojar las hojas en agua con vinagre o limón, lavándolas bien a continuación. En este sentido, es importante un buen filtrado del agua de consumo.

El repollo es una hortaliza de elevado efecto antiparasitario. Es muy recomendable el jugo de repollo, tomando al menos 100cc diarios en ayunas, durante una semana; para mejorar su sabor puede adicionarse jugo de limón y/o zanahorias. También es útil el chucrut (repollo fermentado en sal) y el llamado yogurt de repollo (ver Apéndice).

Justamente el uso de fermentados no pasteurizados (kéfir de agua, salsa de soja, miso, etc) es muy recomendable por su estimulación de la benéfica flora bacteriana, encargada de general el control sobre los huéspedes parasitarios. En este sentido son aconsejables las algas, los germinados y el agua enzimática que se obtiene remojando los brotes durante 48 horas (rejuvelac). También es recomendable el consumo del gel de la hoja del aloe.

Dado que algunos de estos elementos suelen ser rechazados por las personas parasitadas (adictas a los sabores dulces), es bueno incluirlos en batidos y licuados, mezclados con frutas y leches de semillas. En general todas las semillas poseen principios activos útiles en estos casos, sobre todo consumidas con su piel.

Es interesante el uso del zapallo como antiparasitario intestinal, dada su amplia disponibilidad y su probada inocuidad, sobre todo en niños, quienes a partir de los 5 meses de vida pueden ingerir su pulpa.

También es recomendable la preparación de leche de semilla de zapallo.

Se realiza con 50 gramos de semillas peladas, remojadas durante 12 horas en 500cc de agua. Luego se licua bien, agregando algo de miel. Esto se toma por la noche al acostarse. La cucurbitacina, principio activo presente en las semillas y en menor medida también en la pulpa, es efectiva en casos de lombrices (tenias, áscaris, oxiuros) y su uso está exento de riesgos.

El desparasitado con semillas de zapallo, inicia con 12 horas de ayuno previo (comenzar la abstinencia de alimentos por la tarde, tomando luego solo agua). El día del tratamiento, se consumirá solamente una combinación de semillas de zapallo peladas (100g en niños y 200g en adultos), trituradas y mezcladas con miel. Para facilitar el licuado y la ingesta, puede adicionarse agua. Esta mezcla se dividirá en 3 porciones (desayuno, almuerzo y cena). Una hora después de la última ingesta, debe tomarse un purgante (batido de aloe, como se indicó en el tratamiento genérico) y observar luego la deposición. En caso de no advertir presencia de parásitos, repetir el tratamiento 2 o 3 días después.

La familia de las liliáceas también aporta un significativo efecto antiparasitario, dado la respuesta repelente de estos compuestos azufrados. Son conocidas las recetas en base a cebolla y ajo para combatir parasitosis intestinales. Es el caso de la tintura de ajo, que se toma diluida en agua o jugos, antes de las comidas. El ajo es probadamente eficaz contra tenias, oxiuros, giardias, trichomonas y amebas, siendo de amplio espectro y muy bien tolerado por el organismo. Además el ajo aporta otros beneficios importantes, al ser fluidificante de la sangre, antihipertensivo, antioxidante, desintoxicante hepático, antitumoral, hipoglucemiante, inmunoestimulante, antiulceroso…

Otros grandes aliados antiparasitarios bien aceptados son los condimentos, que desde tiempos inmemoriales la humanidad utilizó para controlar las parasitosis. Si bien casi todos tienen efectos interesantes, merecen ser destacados la cúrcuma, la pimienta, el estragón, el tomillo, la canela, el pimentón y los chiles en general (pimiento de cayena).

En materia de hierbas con efectos antiparasitarios, podemos citar entre otras: altamisa, artemisa, acedera, ajenjo, bardana, carqueja, paico, suico, uña de gato, yerba carnicera, cuasia amarga, helecho macho, cáscara de granada, genciana, ruda, diente de león, poleo, etc. Como ya hemos visto, el uso de las hierbas es recomendable en la medida que se respeten dosificaciones y continuidad del tratamiento. Esto último es esencial para cortar los ciclos reproductivos (los parásitos mueren, pero quedan los huevos que inician el proceso vital) y evitar generar reacciones de adaptación por parte de los bichos.

No olvidar el uso de hierbas para las prácticas purgantes, recomendadas luego de cada serie desparasitante. Se puede usar el aloe vera (todas las variedades son útiles a este fin). Se corta una hoja fresca y se licua completa, con la cáscara. Luego se cuela y se toma una taza de ese jugo, sin endulzar, por la noche al acostarse y otra por la mañana en ayunas. Si no da resultado (si no produce diarrea), repetir la toma al día siguiente.

También puede usarse una efectiva mezcla purgante, combinación equilibrada de cuatro hierbas depurativas (yerba del pollo, retamilla, sen y zaragatona), cuyo sinergismo potencia el efecto laxante, tan necesario luego de un trabajo desparasitante. Actúa sobre los principales órganos internos, eliminando sustancias tóxicas y parásitos. Las hierbas se cocinan brevemente y se toma ½ litro de la decocción por la noche al acostarse y ½ litro por la mañana al levantarse. Esa noche conviene cenar abundantes frutas y verduras.

Luego por la mañana conviene ingerir jugos de clorofila y/o kéfir de agua, a fin de estimular la regeneración de flora intestinal. Si no se advierte efecto laxante (diarrea), repetir al día siguiente. El momento ideal para purgar es próximo a luna llena y a fines del verano.

A nivel homeopático se puede citar la Cina 3X, como antiparasitario de amplio espectro. Se recomienda un tratamiento de 10 gotas antes de almuerzo y cena durante una semana, descansando una semana y repitiendo en la siguiente. Sobre el propóleo ya nos hemos ocupado previamente.

El uso de la arcilla como antiparasitario, es algo que los animales y las personas en estado “salvaje”, hacen en forma intuitiva. La arcilla estimula la eliminación de parásitos, tanto los unicelulares (amebas), como los gusanos, y sus toxinas, mineralizando el organismo debilitado. Se ingiere apenas una cucharadita (tamaño café) de arcilla en polvo disuelta en medio vaso de agua mineral, durante 14 días corridos en ayunas. Posteriormente descansar 7 días y luego continuar 7 días si y 7 días no. En el caso de las mujeres que tienen la menstruación deben dejar de ingerirla durante esos días. Luego continuar normalmente.

Otro recurso antiparasitario es el café, sobre todo utilizado en forma de enema, mediante una pera para ducha rectal. Uno de los efectos de la infusión de café es destruir los áscaris y sobre todo estimular el flujo biliar hacia los intestinos. Hemos visto que la bilis crea condiciones que impiden el desarrollo de parásitos y larvas.

 

EL NECESARIO DESPARASITADO

El desparasitado es un trabajo periódico y permanente, ya que estamos en continuo contacto con nuestros depredadores naturales. La periodicidad de estas prácticas y la calidad de nuestra nutrición, determinarán el grado de invasión parasitaria con el cual convivimos y las consecuencias que experimentamos.

Como en el caso de las limpiezas del organismo, lo más común es que el lector se enfrente por primera vez con esta temática, de la cual podrá tener vagos recuerdos infantiles si es algo mayor. Lo que era habitual hasta promediar el siglo pasado, hoy es “cosa de viejos”. Así que deberemos aprender y practicar las principales técnicas naturales.

Dado que la temática de los parásitos es vasta, poco investigada y sobre todo, no relacionada con nuestros modernos desequilibrios (mucosa permeable, debilidad inmunológica, agotamiento hepático, desorden alimentario, etc), el lector deberá ir aprendiendo, experimentando y alternando distintas opciones.

En general, recomendamos abordar el tema desde distintos ámbitos contemporáneamente: secuencia desparasitante, alimentos (despensa antiparasitaria), biofrecuencias (zapper), etc. Obviamente el abordaje múltiple incrementa la eficiencia del proceso y al mismo tiempo la magnitud de las reacciones (saludables) que se experimentarán.

Por ello cada uno deberá ir regulando el arsenal de prácticas, según su tolerancia individual y sus necesidades. Como en el caso de las compras, hay quienes prefieren pagar en cómodas cuotas con intereses y otros que optan por abonar al contado y con descuento!!! Pero lo que no debemos hacer es pasar por alto el abordaje antiparasitario.

Como base se sugiere una secuencia de herramientas no tóxicas, que puede comenzar con una serie de propóleo (excelente anti giardias), luego una serie de tinturas vegetales (el caso de altamisa y suico, combinadas), después una serie de arcilla (ingesta), a continuación una secuencia del homeopático Cina 3X y en forma intercalada, un mes de plata coloidal (tal vez el desparasitante más fisiológico, ver monografía). Luego se sigue con otra serie de propóleo, otra de tinturas (como genciana y eucaliptus), otra de arcilla… y así sucesivamente con la plata coloidal intercalada. Conviene un purgado depurativo al final de cada serie de tomas, con hojas de aloe o con la mezcla purgante; esto no es necesario cuando estamos transitando los andariveles del Proceso Depurativo (siempre recomendamos el desparasitado en este marco depurativo).

Es importante comprender que se trata de un proceso de mediano y largo plazo, que requiere paciencia y constancia, si pretendemos resultados liberadores. En cualquier caso, es siempre importante evitar la represión de eventuales síntomas: fiebre, congestión de vías respiratorias, estado gripal, migrañas, nauseas, sensaciones depresivas… Cada uno puede ir manifestando alguno de estos síntomas, en relación a la intensidad de su parasitosis y al abordaje elegido. Los síntomas pueden darse aislados o combinados y generalmente en crisis que no exceden el ciclo de 7 días. En cualquier caso, serán siempre señal de un acertado efecto sobre los parásitos y de la correspondiente mortandad generada.
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