Medicina natural, actualidad y economía

Nueva Constitución, Asamblea Constituyente, El Mercurio y opiniones en contra de ellas. Algo sobre la Universidad de Chile

En este diario, entre sus muchas publicaciones y comentarios al respecto, dos de ellas me han llamado en especial mi atención; las que están relacionadas con destacados personeros que han pertenecido a la Democracia Cristiana. Ellos son Ignacio Walker, presidente actual del partido y Edgardo Boeniger destacado profesional y hombre público, ex Rector de la Universidad de Chile.

Ignacio Walker considera que una nueva constitución sólo consiste en tres cosas: fin del sistema binominal, fin de las leyes orgánicas constitucionales y de sus quórum de aprobación y fin del control preventivo de dichas leyes por parte del Tribunal Constitucional. Por su parte Edgardo Boeninger se pronunció antes de morir totalmente en contra de una Asamblea Constituyente y entre otras cosas, a favor de que se mantenga el planteamiento constitucional de la subsidiaridad del Estado.

Lo que me extraña en todo esto es que no se menciona para nada la opinión tan definida de ese gran estadista, para mí quizás el último grande que hemos tenido, Eduardo Frei Montalva, quien tenía una visión muy clara de lo que debe significar una Constitución para una nación auténticamente democrática. Él manifestaba que ésta debe gestarse a través de una Asamblea Constituyente.

Qué importante que un partido de relevancia tenga siempre grandes ideales, persiga incluso una utopía. Recuerdo lo que luchó ese gran falangista, Jorge Rogers Sotomayor, por el cambio en el sistema de elección que evitara el cohecho a través de la Cedula Única. Mucho demoró en alcanzarse; este  proyecto de ley estuvo dormido y el Presidente Ibáñez al final de su período presidencial lo lanzó al Parlamento y finalmente se puso en vigencia. Esta reforma generó lo que podría decirse una revolución política a favor de una más auténtica democracia, que cada ciudadano pudiese votar libremente y su voto fuese secreto. El cohecho era alto en el sector rural, el que además estaba sobre representado.

Que importante es que un partido tenga grandes ideales. Posiblemente esa carencia de la Democracia Cristiana de hoy, contribuya a su bajo apoyo de la juventud, donde habitualmente más priman los idealismos y los grandes valores alejados de intereses personales y de grupos.

Si la Asamblea Constituyente es una utopía, por qué no luchamos por ella. Estoy cierto que mientras más se conozca de ella y se precisen sus características más apoyo ciudadano habrá y más se influirá para que los políticos de turno y, en especial, los parlamentarios terminen apoyándola.

Recuerdo la chilenización del cobre, cómo terminó apoyándose por unanimidad en el Parlamento. Me viene a la memoria que uno de sus más discutibles contenidos, fue el de considerar las anteriores utilidades excesivas de las empresas extranjeras del cobre como recurso para pagar parte de las expropiaciones, utilidades que eran legales, que tributaron sobre ellas y que incluso generaron su reparto de parte de ellas como dividendos a sus accionistas. Además se dejó en libertad al Presidente de la República, a un marxista como se le ha considerado a Allende, la libertad de  la forma de cálculo de los montos de las utilidades excesivas. Finalmente el Ejecutivo señaló como exceso lo que fuera utilidad más allá del 10% del capital propio. Es increíble que ningún parlamentario se atrevió a votar en contra.

Creo que si la opinión ciudadana mayoritariamente hace sentir su posición favorable a la Asamblea Constituyente, ésta será propuesta por el Ejecutivo y llegará a tener un amplio apoyo parlamentario.

El ciudadano chileno está despertando en pro de buscar una mejor democracia; se le ha mantenido dormido. Uno cabe preguntarse por qué no se enseña educación cívica a los estudiantes chilenos. Por qué todavía existen las llamadas leyes secretas, lo que es una aberración y no sabemos por qué eso no se ha corregido. Por qué tan poco se dice de lo que debe ser una Constitución de un estado democrático. Por qué se pretende que se definan previamente grandes posiciones como por ejemplo la subsidiaridad del Estado, o la forma cómo debe modificarse la Constitución, o las responsabilidades del Banco Central; o qué debe contener una constitución y qué materias deben omitirse de ella. Estas posiciones debieran surgir del gran debate que se dé en el seno de la Asamblea Constituyente integrada por los hombres más capaces que representen las distintas corrientes del pensamiento de la ciudadanía.

Es importante que los integrantes de la Asamblea no estén ligados a intereses personales o de grupos, sino que sean seres que actúen claramente en conciencia, que estén dispuestos a cambiar posiciones iniciales a base del debate y del enriquecimiento de conocimientos y de alternativas que nazcan en el seno mismo de la Asamblea.

Estoy cierto que pueden lograrse grandes consensos; en lo que se logre, aquello puede quedar a firme y en los temas de resultados estrechos, ellos ir a plebiscito.

Por qué por ejemplo, el Banco Central no le puede prestar al fisco chileno, salvo en caso de peligro de guerra o de guerra. Por qué no le puede prestar para la reconstrucción de una catástrofe nacional como el terremoto del 2010, de manera de tener los recursos financieros mientras se obtiene los ingresos de los nuevos impuestos o de medidas que estimulen el ahorro hacia estos fines de reconstruir.

Hoy vemos con profunda preocupación, que la cúspide fundamental de un sistema de salud en un país, es el hospital universitario; hoy el desfinanciado J.J. Aguirre corre riesgos de desaparecer por problemas financieros y de alto endeudamiento.

No olvidemos cómo se le ha privado de recursos financieros autónomos a la Universidad de Chile, basados en el pasado en leyes especiales que le aseguraban un financiamiento en expansión. Hoy la Constitución impide que existan esas leyes especiales que aporten recursos financieros a determinados fines. Todo debe provenir de las anuales leyes del Presupuesto Nacional, salvo los recursos para las fuerzas armadas que provienen constitucionalmente del diez por ciento de las ventas de cobre de CODELCO, sin que necesariamente esos fondos tengan el respaldo de utilidades.

La privación de recursos financieros en expansión respaldados por la ley para la Universidad de Chile, la obligaron a establecer aranceles a sus estudiantes, los que han sido crecientes en valores reales y a tener que investigar asociados a privados y no orientar sus recursos humanos y materiales a la investigación sobre las grandes prioridades nacionales o hacia lo que necesitan los sectores de más bajos ingresos o los más desprotegidos; qué decir del debilitamiento de la extensión universitaria.. Ese financiamiento por leyes específicas está prohibido por la Constitución que hoy nos rige.

Chile en mi opinión debe prontamente establecer una Asamblea Constituyente, que pueda ser respaldada por una paz social. De demorarnos, quizás lleguemos por vías más violentas a lograrlo, dentro de un país en crisis. No olvidemos la Revolución Francesa.

A continuación analizo los planteamientos de Ignacio Walker y de Edgardo Boeninger:
El 21 de diciembre de este año apareció en Tribuna de El Mercurio un extraño artículo nada menos que del Presidente de la Democracia Cristiana titulado “Nueva Constitución” y en negrita se lee de inmediato lo siguiente: Ignacio Walker: “…¿En qué consiste una nueva Constitución? En tres cosas: fin del sistema binominal, fin de las leyes orgánicas constitucionales y de sus quórum de aprobación (…) y fin del control preventivo de dichas leyes por parte del Tribunal Constitucional…”

Me pareció no creíble lo que leía, cómo esos tres cambios para un presidente de tan importante partido político, eran suficientes para que la constitución modificada en esos tres contenidos generase la nueva carta magna anhelada por la aparentemente gran mayoría nacional. Al final él habla en plural, no sé realmente por qué lo hace. ¿Trata de dar a entender que ésa es la posición de la Democracia Cristiana? Ojalá que eso se aclare.

Lo bueno de estas publicaciones del Decano de la prensa es que se pueden comentar. Cuando revisé los comentarios, que a ese momento eran 21, me agradó captar que se presentaban serias críticas a este artículo. Además se fue generando un interesante debate. Más adelante incluyo el artículo y los comentarios.

___________________

En la página  Editorial de El Mercurio del 22 diciembre  aparece y se comenta planteamientos sobre la Asamblea Constituyente de Edgardo Boeninger. Destaco desde ya su clara posición contraria a la Asamblea Constituyente, pero lo que más me extraña es su posición a favor del Estado Subsidiario.

Más adelante presento textualmente lo que El Mercurio publica.

Reitero lo que me extraña en todo esto es que no se menciona la opinión tan definida de ese gran estadista, para mí quizás el último grande que hemos tenido Eduardo Frei Montalva, quien tenía una visión muy clara de lo que debe significar una Constitución para una nación auténticamente democrática.
A continuación presento el artículo referente a Ignacio Walker

Tribuna El Mercurio
Sábado 21 de diciembre de 2013

Nueva Constitución

Ignacio Walker: “…¿En qué consiste una nueva Constitución? En tres cosas: fin del sistema binominal, fin de las leyes orgánicas constitucionales y de sus quórum de aprobación (…) y fin del control preventivo de dichas leyes por parte del Tribunal Constitucional…”

El surgimiento del sistema de partidos en la década de 1850 y una buena parte de las tensiones políticas que tuvieron lugar entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX giraron alrededor de la “cuestión clerical”, la que fue zanjada y resuelta satisfactoriamente en la Constitución de 1925, que consagró la separación entre la Iglesia y el Estado.

El otro conflicto que definió la política chilena desde comienzos del siglo XX y que reconfiguró el sistema de partidos desde los años 30 fue la llamada “cuestión social”, de difícil y accidentada resolución, con avances y retrocesos, y un desenlace trágico.

El verdadero desafío que enfrentamos en la actualidad es de una naturaleza muy distinta, pero igualmente relevante; se trata de la “cuestión constitucional”. De su adecuada resolución depende la estabilidad política y la gobernabilidad democrática que seamos capaces de alcanzar en las próximas décadas.

Las 30 leyes de reforma constitucional que han tenido lugar desde 1989 en adelante no han logrado dotar a la Constitución de 1980 (reformada) de una legitimidad suficiente. Esto significa que no hemos alcanzado a considerar a la norma fundamental que nos rige como “nuestra Constitución”; así, en primera persona plural.

¿En qué consiste una nueva Constitución? En tres cosas: fin del sistema electoral binominal, fin de las leyes orgánicas constitucionales y de sus quórum de aprobación (cuatro séptimos de los votos de los senadores y diputados en ejercicio), y fin del control preventivo de dichas leyes por parte del Tribunal Constitucional.

Diversos y prestigiados constitucionalistas como Fernando Atria, Jorge Correa Sutil, Patricio Zapata o Mario Fernández, en el ámbito de la Nueva Mayoría, han escrito sobre lo anterior. No puedo estar más de acuerdo.

El fin del binominal, de las leyes orgánicas constitucionales y del control preventivo por parte del Tribunal Constitucional constituye una Nueva Constitución.

En estos tres mecanismos radica el “poder de veto” de la minoría acorde con las características de la democracia “protegida” que sirvió de base a la Constitución de 1980 y que, a pesar de las muchas reformas que se han introducido desde 1989 en adelante, permanece como tal (al menos en estos tres aspectos).

Para los efectos de asegurar la estabilidad político-constitucional, estimo que debe mantenerse la norma general que exige tres quintas partes de los senadores y diputados en ejercicio para una reforma constitucional, eliminándose las dos terceras partes exigidas actualmente para ciertos capítulos de la norma fundamental. La Constitución tiene a mi juicio que recoger un acuerdo más amplio que una simple mayoría y no depender en su formulación o reformulación de mayorías ocasionales.

Alemania exige dos tercios de los miembros del Bundestag y dos tercios del Bundesrat para reformar la Constitución (artículo 79); Estados Unidos exige dos terceras partes de ambas Cámaras, ratificadas por las legislaturas de tres cuartas partes de los diversos estados (artículo 5); Francia requiere de una mayoría de tres quintos (artículo 89); México requiere de dos terceras partes (artículo 135); España, de tres quintos de cada una de las Cámaras, mientras que Argentina requiere de dos terceras partes (artículo 30).

Resolver la llamada “cuestión constitucional” de manera inteligente es una exigencia patriótica que recae sobre los hombros de la élite política chilena. Esa Nueva Constitución, producto de los tres cambios que hemos señalado, debe surgir de un mecanismo democrático, participativo e institucional, como dice el programa de la Presidenta electa, Michelle Bachelet. Estimo deseable y aconsejable que una reforma de esa envergadura sea ratificada por un plebiscito (los constitucionalistas nos dirán cómo hacemos esto último posible).

Ignacio Walker
Senador

A continuación vienen los 21 comentarios iniciales, es posible que existan más.

Rogelio Blanco Traverso:

Muy confusa la columna del senador. Veamos: La nueva constitución consiste en tres puntos, uno es la eliminación del binominal. El sistema electoral está y debe seguir estando fuera de la constitución y ya hay acuerdo y avances en su reemplazo. No se requiere entonces una nueva constitución para esto. Después habla de los quórums, pero dice que éstos deben impedir que minorías circunstanciales cambien la constitución como se les ocurra, y da como ejemplo que en cuatro países se requiere de 2/3 (66,6%) de parlamentarios en ejercicio para modificar, y dos países que requieren 3/5 (60%).
Chile requiere de 4/7 (56%) y en otros casos, 2/3. O sea necesitamos una nueva constitución para subir de 4/7 a 3/5 o a 2/3, siguiendo la lógica del senador.                                                                                             El punto central está en el Tribunal Constitucional. La Nueva Mayoría va a dejar de lado todo con tal de lograr la eliminación de este organismo. ¿Porqué?                                                                                          Como es de suponer dirán que es por mayor democracia, pero eso es mentira. Es por mayor poder. No quiere el poder político compartir el poder con ningún organismo. Si pudieran eliminar la Contraloría, también lo harían.                                                                                                                                          Sumémosle a la eliminación del TC, la acusación política que propone el programa de Bachelet para los consejeros del Banco Central. ¿Para qué? Para amedrentarlos en sus decisiones autónomas y dejarlos en la práctica bajo la dirección del Ministerio de Hacienda. Con eso se pueden tomar decisiones políticas que harán crecer la inflación con el sentido de conseguir el control de áreas de la economía. ¿O ustedes creen que las políticas inflacionarias de Allende en los 70´s, de Nicaragua en los 80´s, de Venezuela y Argentina hoy son el resultado exclusivo de malas políticas socialistas?                                                      No. Tienen por objetivo tomar el control político vía la destrucción de la economía.                                     A eso súmenle la campaña para meter la poruña en los fondos de pensiones y el cuadro está listo.
El senador Walker no logra salirse de la misma lógica de sus correligionarios que firmaron el Estatuto de Garantías Constitucionales. Creían que tenían algún grado de control sobre los acontecimientos futuros.

Pobre Ignacio.
Rodrigo Aguayo Rogelio Blanco Traverso

Pareciera que el binominal está afuera de la Constitución, pero si se analiza la disposición decimotercera transitoria, se lee que para reformarlo se requiere 3/5 de los diputados y senadores en ejercicio. Vale decir el mismo quórum que si estuviera en la Constitución, no obstante estar contenido en una Ley Orgánica Constitucional, que por regla general exigen 4/7 para su modificación. Me huele a tongo.
Cristián A. Correa M. Rogelio Blanco Traverso

Señor Blanco;

Y por qué cuando Ud. escucha Nueva Constitución, lo relaciona con solo tres puntos?
Es que Ud. es de los que tiene la verdad y los demás no entienden nada?

 

Rogelio Blanco Traverso Cristián A. Correa M.

Son los que plantea el senador Walker en su columna. No yo.

 

Tomas Blanco Pulo

¿ Porqué cuando mencionó lo de “Elite” política me vino a la mente el papel higiénico ?

 

Claudio Guzman Merino

¡Cuidado! Basta con los cambios que mencionó Walker, incluso sin el término del binominal para que puedan hacer cualquier cosa con la constitución. La proposición es sumamente tramposa. Se presta a cualquier contubernio.
Tomas Alonso Reyes Arancibia

Es una buena fórmula la que propone. Adhiero más a una asamblea constituyente, por el espacio de participación y legitimidad que tendría. Aunque de lograrse esos cambios en el Congreso sería más que suficiente…
Pilar Del Opazo Lutjen

•Sr. Walker:
Hace tiempo ya que nuestro país no cuenta con una élite política...

 

Rafael Cárdenas

La nueva Constitución ya es un hecho para todos los sectores y ahora resta darle forma y contenido. En ello, la presidenta Michelle Bachelet deberá ejercer el liderazgo desde el primer día de su mandato.        En mi opinión, la prioridad en el contenido de la nueva Constitución, debe estar en el régimen político y abogo por la adopción de un sistema de gobierno parlamentario o semipresidencial en su defecto, pero terminando con el presidencialismo actual, tan propio y exclusivo de nuestro continente y que ha probado ser un camino al populismo, el autoritarismo y la frustración de nuestros pueblos.

Si optamos por un sistema de gobierno parlamentario, con un Parlamento unicameral, de cuya mayoría surja el gabinete gobernante presidido por un primer ministro, en su calidad de jefe de gobierno, en tanto la presidencia de la republica retiene sólo la jefatura del Estado, nada más oportuno que el actual liderazgo de Michelle Bachelet para conducir este proceso de cambio constitucional.
Sergio Ruz

Como le ponga van a ser los mismos conocidos de siempre

 

Sergio Ruz

Mas de lo mismo, es como la canción ” la misma plaza, el mismo banco, la misma …”

 

Pilar Del Opazo Lutjen

La propuesta de nueva Constitución del nuevo gobierno, es, por decir lo menos, un cheque en blanco para introducir cambios en nuestra sociedad que, lejos de mejorarla, la lesionarán, aborto, matrimonio homosexual, etc.
Pero lo más grave, a mi juicio, es el fin de las leyes orgánicas y del control preventivo del Tribunal Constitucional, que le han dado estabilidad política a nuestro país y con lo cual nos hemos librado de caudillismos al estilo Chávez, que como sabemos ha sido la ruina de Venezuela.
Chile no tiene la cultura cívica de los europeos y estadounidenses. Nuestro país adolece de una grave incultura y falta de educación por lo que someter el cambio constitucional en un plebiscito es una irresponsabilidad.
¿Cuántos de nuestros legisladores son profesionales y específicamente, son abogados?
Vamos a entregarle a Camila Vallejos, a Guillermo Tellier, a Giorgio Jackson la facultad de introducir leyes sin el ojo atento del Tribunal Constitucional?
Walker pone como ejemplo a Argentina en cuanto a los quórum que tiene para introducir cambios constitucionales. A mi eso no me tranquiliza precisamente, baste ver que por un cálculo político aprobaron rebajar la edad para votar a 16 años!!
Para eliminar el binominal no se necesita una nueva constitución, basta con que el Congreso en pleno vote. Curiosamente cada vez que se somete una votación relacionada con el binominal, hay falta de quórum y no de la derecha curiosamente…
En síntesis, no necesitamos una nueva constitución, ya el expresidente Lagos cuando la firmó le dio la “legitimidad” que según ellos le faltaba…
raul inostroza correa
Por lo demás lindo ejemplo el de poner a Atria como personaje destacado. Le recomiendo que se lea su librito sobre educación. En él nos explica que la forma de lograr Calidad en educación de colegios más pobres, es mandando a ellos, por la fuerza, a los hijos de los padres ricos, de modo que esos padres ejerzan influencia sobre esos colegios para ayudar a sus hijos y con ello por vía indirecta a los pobres. Lindo aliado suyo Sr. Walker.
Tomas Alonso Reyes Arancibia raul inostroza correa
Guillermo E. Mundt
En esta semana han dado su opinión tres personeros destacados de la democracia cristiana: el ex presidente de la DC Gutemberg Martínez, el ex ministro de hacienda Eduardo Aninat (DC) y el actual presidente de la DC, Ignacio Walker.
Por supuesto, estos dirigentes tienen todo el derecho de expresar sus opiniones. No obstante, a mí como ciudadano independiente, me sorprende el detalle de sus consejos y orientaciones. Aunque pueda haber diversas personas que se sientan interpeladas (futuro equipo económico, partido comunista, ciudadanos que votaron AC) es obvio que la destinataria principal es la presidenta electa.
Ojalá la DC no intente jugar el mismo rol hegemónico de la UDI.
raul inostroza correa
Walker ya no sabe como justificar su inconsistencia y contradicciones vitales. Por lo visto el mejor argumento para cambiar la constitución es parecerse a USA y Alemania y no a España y Francia. ¿Por qué? ¿Es la constitución francesa un escándalo? Para eso hace alianzas con comunistas, para los que obviamente los cambios son de tipo fundamentalistas: esta todo malo. Obviamente que no, sus alianzas son para tener pega o algo que decir, como el alacrán que pica la rana mientras cruza el río el río sobre su lomo. La rana le dice, ¿como me picas? ¡Ahora nos ahogaremos los dos! Y el alacrán responde: es que es lo único que sé hacer.

Cristián A. Correa M.
Nueva Constitución
Señor Walker,
Nueva Constitución significa que una gran comisión conjunta de la Cámara de Diputados y el Senado, tome el tiempo que sea necesario, para ir tomando punto por punto nuestra actual Constitución Política de la República de Chile, eliminando lo que haya que eliminar, actualizando lo que haya que actualizar, cambiando lo que haya que cambiar, para finalmente votarlo en el Congreso y presentarlo a la Ciudadanía.
A diferencia suya, a mí no me interesa que es lo que hagan en Checoslovaquia o en el Congo Belga, porque nuestro país se llama Chile y somos independientes.
Sergio Quesney Walker Cristián A. Correa M.
En esos lugares que Ud. nombra ya no se hace nada porque no existen; concuerdo con una comisión amplia de ambas cámaras pero conformada por ex y actuales miembros de la comisión de legislación y justicia y no de parlamentarios ignorantes en temas jurídicos pero que se asumen grandes representantes por sus cantidades de votos en reelecciones indefinidas, trabajando en y para ello con recursos públicos como son sus dietas y asignaciones, descuidando obviamente su labor principal que es legislar..

Cristián A. Correa M. Sergio Quesney Walker
Don Sergio,
Por eso nombro esos ex países, porque ya no existen, me alegra concuerde con una comisión parlamentaria amplia, aunque respecto de la ignorancia no me atrevo a opinar, porque son legalmente elegidos por sus electores.
Algo que no señalé, específicamente para no abrir los fuegos, es que soy enemigo acérrimo de la Asamblea Constituyente-AC, que solo nos llevaría a la anarquía y el descontrol.

Claudio Guzman Merino
Señor Walker:
Proponer cambios formales a la constitución y ninguno de fondo es una tomadura de pelo. Usted no quiere discutir sobre regionalización y descentralización del país con elección popular de autoridades locales, término del presidencialismo absurdo imperante, la participación ciudadana a través de consultas o plebiscitos, el estado impulsor de desarrollo en lugar de un estado subsidiario pasivo atónito e impotente, la indispensable componente social en la economía, justicia tributaria, la transparencia a todo nivel, y fundamentalmente la consagración de derechos y deberes y reformas en los sistemas de educación y salud, las pensiones, el medioambiente, protección de riquezas básicas, y otros temas que nos preocupan. Usted empieza por el final, lo que debería reglamentarse para posteriores modificaciones a una constitución que sea democrática en su origen y aprobada por las mayorías.
Claro, a menos que quiera abrirse el camino para modificarla a su antojo, por representantes de sí mismos, y de nuevo de espaldas a la ciudadanía.
Por una nueva constitución de grandes consensos ciudadanos, y no por un nuevo contubernio de cúpulas, voté AC.
Cordialmente

Sergio Quesney Walker Claudio Guzman Merino
Se refirió a los 3 grandes cambios se subentiende que todo lo por Ud. señalado también se estudiara y planteará, lo contrario seria un chiste. Agregaría iniciativa popular de ley y revocación de mandato anticipado y e igualdad de participación política para los independientes.

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A continuación presento textualmente lo que publica El Mercurio el 22 de diciembre de 2013 en su editorial, sobre las expresiones de Boeninger
La advertencia póstuma de Boeninger

Esa sensata mesura evoca las aprensiones de Edgardo Boeninger —ingeniero, economista, académico, ex rector de la U. de Chile, ministro clave del Presidente Aylwin y senador, arquitecto operativo de la transición— respecto de una nueva Constitución y una asamblea constituyente. En su libro póstumo (falleció en 2009) “Chile rumbo al futuro. Propuestas para reflexionar” se refiere precisamente a las reformas políticas, área en que tuvo amplia experiencia teórica y práctica, manifestándose “¡totalmente contrario a sustituir la actual Constitución por una nueva! No creo que la actual tenga una ilegitimidad de origen. Las reformas de 1989 y 2005 corrigieron ese defecto. (…) Tampoco creo que debamos introducir normas que orienten al país hacia un Estado Social de Derechos. Pienso que el umbral de las políticas sociales no pueden ser los derechos. Eso haría muy rígidas las políticas públicas. En tercer lugar, se dice que hay que corregir el sesgo económico liberal de la Constitución. A mí, en cambio, me parece que es correcto que en el campo productivo el Estado desempeñe un rol subsidiario. (…) No veo motivos para ese cambio radical. Y en cualquier caso, el peso de la prueba a favor del cambio recae sobre quienes abogan por él. Y esa prueba —salvo el entusiasmo por las reformas— no se ha dado”.

Y respecto del argumento de que una asamblea constituyente fortalecería la democracia, Boeninger afirmó: “No lo creo. Haría del próximo gobierno una arena de disputas constitucionales y jurídicas que distraería tiempo y talento de la agenda económico-social de la que depende el bienestar de las mayorías. Una asamblea constituyente o una democracia plebiscitaria (donde decisiones de política pública se voten cada cierto tiempo) son entretenidas para las élites, pero conducen a una relación manipulada de los mandatarios con el pueblo. Así lo muestran ejemplos cercanos que poseen precarias credenciales democráticas. En suma, ese tipo de propuestas suena bien, pero suelen realizarse mal”.

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Lo aquí publicado daría par un análisis bastante amplio. No es mi intención hacerlo hoy ni más adelante. Conocí bastante a Edgardo, fuimos compañeros de curso en Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile. Mantuvimos muchos contactos posteriores, especialmente en actividades de Gobierno durante la presidencia de Frei Montalva y en la Universidad de Chile, especialmente durante su gran reforma de fines de los años 60, en que llegamos a lograr un nuevo estatuto para la Casa de Bello, especialmente a través de lo que puede denominarse una Asamblea Constituyente triestamental y con representaciones regionales. Ese gran estatuto fue borrado por el Golpe Militar y nunca la Universidad de Chile ha podido recuperar lo que era, y mucho menos perseguir las grandes metas realistas que en ese momento llegamos a establecer.

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2 respuestas

  1. ¡Excelente artículo! Me lo envió César Talavera.
    Muchas gracias Rolando.
    Admiro tu tenacidad para siempre aportar.

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