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Terminará un nuevo periodo de gobierno democrático sin llegar a tener una auténtica Constitución. ¿Y la Asamblea Constituyente? ¿Qué es de ese camino?

Mucho se ha escrito y dicho que Chile necesita una auténtica constitución que sea orgullo nacional. Se tenía esperanza en este nuevo gobierno ya que bastante se había mencionado en la campaña de sacar adelante esta iniciativa, la de la nueva constitución. Se percibía que tenía fuerza la idea de que fuese a través de una Asamblea Constituyente(AC), defendida por destacadas personalidades; en torno a esto se captaba transversalidad.

Otro tema que preocupaba era reponer la asignatura o ramo de Educación Cívica que caracterizó a la educación secundaria de la vieja democracia y que fuera borrada por el Gobierno Militar. Parece extraño que algo tan lógico no se haya concretizado después de casi cinco lustros, casi veinticinco años, en que estamos en una llamada nueva democracia.

Es preocupante lo poco que se sabe en Chile de Educación Cívica, del conocimiento de su actual constitución, de lo que es la ley y lo que es y debe significar una constitución auténtica, que nazca de la voluntad de sus mayorías ciudadanas plenamente informadas.

Parece increíble que en nuestro país sigan existiendo leyes secretas, que no se analice más su existencia y su aplicación pasada; leyes que conocían los acusadores y no los acusados.

Esta realidad se debe observar con preocupación como parece asociarse con el desprestigio de los partidos políticos, tanto de Gobierno como de Oposición. No debe dejar de preocupar que sean muchos parlamentarios los que consideran que ellos deben constituir en sí el cuerpo diseñador y aprobante de una nueva constitución; muchos de ellos se muestran partidarios de ir perfeccionando la actual, a través de agregaciones o correcciones parciales.

Más adelante me extiendo sobre estos temas y otros relacionados con la opinión de ese gran colombiano Carlos Gaviria, quien responde a una interesante entrevista. Además recuerdo gobiernos de la vieja democracia previa al Golpe Militar y la reaparición de un posible nuevo líder, Jorge Lavanderos.

Continúo con el tema inicial siguiendo un análisis más amplio.

Con preocupación también he observado cómo militantes de la Democracia Cristiana son contrarios al mecanismo de una AC; parecen olvidados del pasado cuando en ese partido se tenían hombres emblemáticos de los valores democráticos y cuando se luchaba por los grandes principios del socialismo cristiano. En el mismo Partido Radical, que tan defensor lo era del mecanismo de la AC, esta posición parece debilitarse, asociadamente con sectores directivos de la Democracia Cristiana. Es triste sentir que las sociales democracias, cristiana y laica, se alejen del idealismo de sus principios básicos.

Se le ha olvidado a muchos cómo ese gran estadista, Eduardo Frei Montalva, planteaba la necesidad de a futuro llegar a una auténtica constitución a través de una AC. Esto era en la víspera de que materializara ese viciado y vergonzoso plebiscito de 1980 en que el Gobierno del General Pinochet impusiera una nueva carta magna. Lamentable ese líder muere prematuramente; se sospecha fundadamente que habría sido asesinado por la dictadura militar como lo fueran otras destacadas personalidades representativas de los auténticos valores democráticos del pasado chileno; otro como Bernardo Leighton salvó milagrosamente de haberlo sido.

Me ha llamado la atención el hecho que destacados demócratas cristianos señalen que antes de lanzarse a una AC se necesiten proyectos completos de constituciones. No sé hasta dónde esa posición es sincera o se le usa para dilatar el avance hacia una autentica constitución que debe estar basada en la voluntad soberana de los ciudadanos plenamente informados a través de una AC y probablemente acompañada sus proposiciones por un pronunciamiento plebiscitario.

Qué hermoso proceso de educación cívica sería para nuestro Chile un procedimiento de esta naturaleza.

La AC deberá tener primeramente un pronunciamiento sobre qué materias o temas debe tener una constitución, para después pronunciarse sobre posiciones alternativas, hasta llegar a decisiones mayoritarias, que quizás puedan quedar a firme cuando éstas cuenten con amplias mayorías; si éstas no se dan, deberían pasar a plebiscito.

Las organizaciones sociales y políticas del país debieran tener sus representaciones, en lo posible de personas de preparación especial para estos temas, que tengan altos valores morales y que cuenten con la confianza de a quienes representan.

No son los parlamentarios, elegidos principalmente para otras funciones, quienes constituyan la base del cuerpo que elabore una nueva constitución. Debieran en la AC estar los representantes de mayores valores de las diferentes ideologías, que mayoritariamente no lo son los parlamentarios elegidos. No dejemos de tener presente el bajo prestigio actual del parlamento nacional.

Estoy cierto que en gran parte de su contenido se lograrán amplias mayorías y hasta respaldos unánimes.
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Deseo referirme a un interesante artículo aparecido en el día de ayer 7 de diciembre de 2014 en El Mostrador, titulado: “Chile tiene derecho a tener una Constitución que no tenga nada que ver con la dictadura de Pinochet”, basado en interesantes opiniones dadas por Carlos Gaviria en una entrevista que se le hizo. La autora del artículo es Macarena Segovia.

A Gaviria se le presenta como: Carlos Gaviria fue candidato presidencial en las elecciones de Colombia en 2006 por el Polo Democrático Alternativo: obtuvo la segunda mayoría. Es doctor en derecho y ciencias políticas de la Universidad de Antioquia y tiene una maestría en Derecho de la Universidad de Harvard. Además entre 1993 y 2001 fue Magistrado de la Corte Constitucional, llegando a ser presidente de ésta en 1996.

Como antecedentes complementario y explicativo se señala en el artículo: “Hace tres semanas estuvo en Chile participando en diversos encuentros en torno a la Asamblea Constituyente y habló con El Mostrador”.

A continuación presento contenidos de este artículo que tienen relación más directa con el tema constitucional.

Usted se ha definido como de izquierda, pero que adhiere a la filosofía política liberal, ¿cómo combina ambas ideologías?
De izquierda en el sentido, según la definición de Jean-Paul Sartre, quien plantea que es el alineamiento con los débiles (…) pero liberal en la materia de pensar en la libertad de expresión, de conciencia, religiosa. Creo que el mejor escenario para una sociedad justa, es una sociedad libre y democrática.

Siguiendo la línea de las libertades, en América Latina se han visto avances hacia la apertura a dialogar respecto a la marihuana, está el caso de su legalización en Uruguay, pero en Chile recién se está dando el debate sobre su despenalización para uso terapéutico. ¿Cuál es su visión respecto al tema?
-El presidente Pepe Mujica ha dado un avance significativo. Yo pienso que la solución final para las drogas, específicamente para el narcotráfico es la legalización. Naturalmente se ha legalizado en Uruguay con muchas precauciones, y está bien que así sea, ya en Colombia se había despenalizado el porte y consumo de la dosis personal. En el problema de las drogas se ha revelado que las políticas de represión son completamente ineficaces y antidemocráticas.
Una decisión como la del presidente Mujica no sólo va en el sentido de reforzar la democracia, de darles más libertad a las personas, sino además en el sentido correcto de mostrar cuál va a ser el camino eficaz para acabar con el narcotráfico.
Termina su respuesta con este interesante párrafo:

“Yo soy muy respetuoso de la discusiones nacionales, cuando no se trata de mi país, pero si usted me pide una opinión con lo ocurre en Chile, estoy de acuerdo con los movimientos como Marca Tu Voto, que piden la reunión de una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución”.

 

–Su rol como Magistrado de la Corte Constitucional de Colombia lo ha posicionado como un experto en materias legislativas y de diversos procesos Constituyentes en Latinoamérica. Durante el año pasado, bajo el contexto de las elecciones presidenciales, se planteó la Asamblea Constituyente (AC), como una forma de llevar a cabo las bases para ésta, ¿cuál es su visión frente a la reticencia que hay en nuestro país?
-Yo soy muy respetuoso de la discusiones nacionales, cuando no se trata de mi país, pero si usted me pide una opinión con lo ocurre en Chile, estoy de acuerdo con los movimientos como Marca Tu Voto, que piden la reunión de una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución. Por muchas razones, el fenómeno del nuevo constitucionalismo latinoamericano es muy importante, es un fenómeno que se ha dado aproximadamente desde los años 70 del siglo pasado, mediante el cual se han generado Constituciones mucho más garantistas, más pródigas en derechos, con mecanismos participativos y muchos más instrumentos para hacer efectivos los derechos de las personas y la AC es un comienzo inevitable.

Porque en la AC los debates ciudadanos se dan en torno a la elección de la asamblea, o sea, los temas que van a ser incorporados a la Constitución contribuyen de una manera significativa a la creación de conciencia ciudadana democrática. En Chile hay una circunstancia adicional, me atrevo a decirlo, Chile tiene derecho a tener una Constitución que no tenga nada que ver con la dictadura de Pinochet, pienso que hay incluso un asunto de carácter simbólico, pero de una gran trascendencia. Yo pienso que la Constitución de Chile, que se ha reconstituido como una sociedad democrática, debe tener ese signo desde el principio, una Constitución democrática es pedida democráticamente y la vía que me parece más adecuada es la Constituyente.

-¿Y frente a los sectores que establecen como inconstitucional a la AC?
-Lo que sucede es que las constituyentes crean un nuevo ciclo de la base legal, el constituyente originario, que es el pueblo, no tiene ninguna vinculación con ninguna norma previa, no se trata de asambleas constitucionales que tengan que respetar mecanismos anteriores para reformar una Constitución, sino invocar al pueblo como un poder originario que dicte una nueva Constitución, que nada tenga que ver con la anterior, aun cuando sus contenidos coincidan en una buena parte. El hecho legitimante es la reunión del pueblo como constituyente originario, para definir cuáles son las normas originales que deben regir el destino de una nación.

-¿Qué pasa con la desacreditación de estos partidos políticos, que se han visto vinculados en diversos países con escándalos de corrupción política?
-Hay dos factores que han influido mucho, uno es la corrupción, como usted lo ha dicho, y otro es la desideologización. Un partido político es una organización portadora de una propuesta ideológica, cuando los partidos políticos pierden su orientación ideológica dejan de serlo, pasan a ser lo que se llama mera maquinaria, es decir, aparatos que contribuyen a que personas sin propósitos políticos ni sociales lleguen al poder. Es necesario que los partidos políticos destierren por una parte la corrupción y el clientelismo, entendido como intercambio de favores por los que detentan el poder, y que recuperen lo que les da sentido, que es ser portadores de una propuesta ideológica.
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En mi opinión hay valiosos contenidos en las respuestas de Gaviria.  Qué falta nos hacen en Chile líderes como éste.

Las recientes encuestas de captación de opinión pública señalan caídas impresionantes de la opinión que se tiene de los partidos políticos; mayor caída en los de oposición. Pasan a hacerse sentir nuevos líderes como MEO y Ossandón, ninguno de la Nueva Mayoría. El Parlamento también acusa pérdida de prestigio

Siento que puede estar surgiendo uno nuevo, Jorge Lavanderos. Quien fuera un destacado político chileno iniciado como Agrario Laborista en el último gobierno del presidente Carlos Ibáñez, para después incorporarse a la Democracia Cristiana. Ser político de incondicional apoyo a Eduardo Frei Montalva hasta llegar a proponer legislar para su inmediata reelección. Ser parlamentario, diputado y senador, por muchos períodos, gran luchador contra la dictadura militar. Se caracterizó y lo sigue siendo por la defensa del cobre chileno. Recibió una serie de reconocimientos, entre ellos el de mejor senador. En plena lucha por la defensa del cobre chileno, es denunciado como pedófilo y termina siendo encarcelado tras discutibles juicios. Hoy se lanza nuevamente a la política siendo un duro crítico de parte importante de los políticos actuales. Acaba de lanzar un libro más, titulado ahora “Cronología de una conspiración para un Asesinato de Imagen”. He acabado de leerlo después de haber asistido circunstancialmente a su lanzamiento.

El acto al que asistí y la lectura del libro me han impactado profundamente. Lavanderos está siendo invitado por bases sociales de todo el país. Sus presentaciones son en ambientes humildes. Regala su libro con el compromiso del que lo lea lo pase prestado a otro, lo recupere y siga prestándolo. Estuvo un par de años en la cárcel y por lo que uno deduce en su última obra, que hoy se le estaría considerando inocente.

Los cargos que él hace en su libro y los expresa en su presentación son de enorme gravedad; merecería una respuesta de a quienes alude.

Uno termina la lectura con la impresión que los grandes intereses de las transnacionales cupreras lo han perseguido como también políticos nacionales para apoderarse de su electorado regional.

Una realidad uno observa. Que la nacionalización y la chilenización del cobre pasaron al olvido no sólo durante la dictadura militar sino que también durante los gobiernos de la Concertación. Las cifras históricas han evolucionado elocuentemente.

Presiento que nace un nuevo líder que golpeará fuertemente a la política y a la institucionalidad chilena.

Tendríamos a futuro nuevos líderes, no sólo MEO y Ossandón; probablemente a Lavanderos. Esto me trae a la memoria la elección de Ibañez y la aparición de nuevos partidos políticos: Socialismo Popular y Agrario Laborismo, más otra serie de movimientos. Surgieron grandes políticos y se hicieron interesantes cambios en la institucionalidad chilena. Algo similar surge con ese gran movimiento Demócrata Cristiano, de militantes y simpatizantes que constituyeron las grandes mayorías y llevaron a tan importantes cambios en el Gobierno de Eduardo Frei Montalva. Qué distinta era la Democracia Cristiana de entonces de la de hoy.

No debe dejarse de mencionar ese gran Partido Radical que acompañó a sus dos primeros presidentes de la República. Hoy el radicalismo parece ser otro.

Cabe preguntarse: Será conveniente que una nueva democracia nazca a partir de nuevos caudillos. 

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