Medicina natural, actualidad y economía

Chile necesita de un profundo diagnóstico de su realidad. Debiera volver a montar un sistema de planificación de su desarrollo partiendo de profundos diagnosticos de sus problemas y de sus proyecciones

La sociedad chilena requiere de un profundo diagnóstico económico social que sea lo más objetivo posible, lo que sin duda no es nada fácil. Nuestra sociedad enfrenta muy serios problemas que desgraciadamente varios de ellos y quizás muchos, tiendan a agudizarse. Importante es conocer sus causas y sus consecuencias. Tomar conciencia de la gravedad de aquellos.

Si a cada uno de nosotros se nos preguntara cuales son los problemas más graves que Ud. siente que enfrenta Chile y el medio en qué Ud. convive y juntamos esa información y la analizamos en profundidad, es probable que obtuviéramos interesantes conclusiones.

El tomar conciencia de ellos puede ser relevante, como también después analizar cuales serían las causas que nos ha llevado a ellos. Conociendo causas, es posible que ésas nos ayuden a buscar soluciones. Pero debemos analizarlas en su conjunto.

Muy necesario es restablecer en Chile una Oficina Nacional de Planificación con equipos permanentes, estables e independientes de los cambios políticos, equipos que estén haciendo acabados y continuos diagnósticos de la realidad nacional, de sus problemas y de la prognosis, es decir, estimar como estos problemas evolucionan a futuro si no se actúa.

Buenos diagnósticos deben considerar la identificación de problemas graves, analizar sus posibles causas y sus consecuencias. Sumar a ello las prognosis de esos problemas.

Una Oficina de esta naturaleza debiera ser la asesora de los gobiernos de turno para llevar adelante las políticas, programas, proyectos y medidas de políticas más importantes que debieran impulsarse en el país.

Es preocupante que los gobiernos de la Concertación hayan debilitado y en qué forma a la planificación del desarrollo chileno. Ya el Ministerio que llevaba ese nombre desapareció, para pasar a abordar sólo aspectos parciales de los temas sociales.

Poco sirven las comisiones que se establecen y cambian sus constituciones frente a cada cambio de Gobierno. Se necesitas equipos estables, donde se acumulen antecedentes y experiencias, nacionales e internacionales.

Parecería conveniente que a su vez existiesen oficinas de planificación por sectores, tanto considerando los económicos como los sociales. Gran parte de ellas seguramente ubicadas en los ministerios respectivos; posiblemente ministerios como los de Educación, Salud, Justicia, Energía, Agricultura, Minería, y otros más debieran tener estas oficinas en permanentes contactos con la Oficina Nacional.

Varios temas me parecen por ahora importantes de considerar en el análisis de sus realidades: la delincuencia y los sectores sociales de la educación y de la salud. Muy en especial debieran tratarse los temas de la energía y del transporte y dentro de éste especialmente el ferroviario, que fuera tan importante en el pasado.

Hoy sólo abordaré superficialmente un par de temas en este análisis. Quedan muchos pendientes de considerar.

Muchos nos vanagloriamos de nuestros aparentes éxitos económicos; nuestro PIB por habitante ha crecido impresionadamente pero ese crecimiento en muchos aspectos nos conduce a grandes conflictos sociales. Las desigualdades en la distribución del ingreso muestran récordes internacionales para Chile en estudios comparados. No será esa realidad una causa importante de la delincuencia en algunos aspectos tan brutal que estamos apreciando en Chile, en parte importante constituida por juventud e incluso niñez. Uno puede preguntarse qué se puede esperar de esos delincuentes infantiles y juveniles de hoy en los próximos años, a medida que avancen en años y en experiencias.

Muchos de los delincuentes detenidos muestran prontuarios asombrosos y cuando uno oye esas noticias sin duda que se pregunta, por qué ellos están libres y no en prisión o en centros de rehabilitación.

No hace mucho conversaba sobre el tema de las cárceles con un distinguido profesional ingeniero; me contaba que visitó a una de ellas, mi impresión era para apreciar si se podía hacer algunos trabajos con los reclusos. Me dijo que le impactó ver cómo estaban hacinados, algunos debían hasta dormir en los baños. Cómo ellos se paseaban en grupos sin hacer nada constructivo. Los talleres de trabajo ya no estaban operante en ella, estaba todo abandonado.

Las cárceles han pasado a ser verdaderas universidades para especializar y hacer más “productivos y eficientes” en su accionar a los que delinquen; hay allí muy buenos maestros con gran experiencia, no pocos de ellos siguen ejerciendo sus profesiones desde el interior. El sistema de comunicaciones y con los contactos externos les permiten seguir actuando con redes externas, incluso con altas tecnologías. La ociosidad contribuye al desarrollo de nuevas ideas de cómo delinquir.

No serían pocos los condenados que cuando salen de la prisión no pueden conseguir actividades honestas y caen nuevamente en el delito.

Hasta dónde se sabe esa relación de la delincuencia con la droga. Cómo pasa ser la distribución de la droga una fuente de empleo y de ingresos en los sectores marginales; cómo todo aquello enriquece a otros poderosos, los que constituyen verdaderos poderes fácticos.

Es triste observar cómo aparecen las bandas ligadas al negocio de las drogas, las que incluso luchan entre ellas por cuidar sus territorios; cuántos asesinatos se producen entre ellos. Se desarrollan verdaderas guerras entre familias, las que perduran; las venganzas mutuas llevan a asesinatos recíprocos.

Qué es lo que hace difícil el accionar de la policía. Una realidad es el desánimo que se da en ellos cuando detienen a delincuentes a veces arriesgando sus vidas, detenidos que rápidamente salen en libertad. Bastante se ha hablado de las puertas giratorias; habiendo la voluntad política contra su funcionar, pero nada se puede lograr.

Salen a la luz pública los problemas no solo de espacios en las cárceles sino también las limitaciones de vigilantes.

Chile es un país record en torno a los detenidos como porcentaje de la población. La escasez de espacio carcelario al parecer ha forzado a establecer sistemas muy poco controlables de detenidos en sus propios domicilios y de reclusos solo nocturnos; no pocos de estos últimos terminan delinquiendo nuevamente en el día.

Uno puede preguntarse cómo se corrige todo esto. Es con más policías, con más cárceles y más gendarmes. Quizás esa no sea la solución.

Habría que actuar más sobre las causas de la generación de gran parte de esa delincuencia. Pero uno se pregunta cuáles son sus causas. ¿Tenemos estudios sociológicos que nos permitan conocerlas?.

Por otra parte un tema sin duda preocupante es la reacción violenta en sectores poblacionales contra sistemas existentes que sirven a la sociedad. El tema de los encapuchados es muy grave; cómo destruyen tantas cosas como patrimonios de pequeñas empresas familiares, señaletas, paraderos de locomoción colectiva y otras instalaciones públicas y lo que tal vez sea más grave como destruyen y queman significativo números de vehículos del transporte colectivo. Es incomprensible cómo en actos de protesta en días especiales se destruyen salas cunas y algunos servicios de salud. También lo es cómo se les ataca a veces al sacrificado voluntariado bomberil cuando van a socorrer a poblaciones de ingresos bajos.

Seguramente a muchos nos cuesta comprender el por qué la fuerza pública no es capaz de evitar estas destrucciones.

Dos grandes sectores acusan serios problemas. Los de la educación y los de la salud. No puede dejar de mencionarse hoy también al sector de la energía.

Cómo se nos debilitó la educación pública chilena, que fuera en el pasado un orgullo nacional. La escuelita pública rural, la escuela pública urbana, el liceo fiscal, las universidades del Estado se han visto seriamente debilitadas. Debiéramos preguntarnos por qué se produjo esa decadencia. Seguramente encontraremos muchas causas.

Para algunos la causa principal podrá estar en los profesores y por qué en ellos. Para unos será la mala calidad de parte importante del profesorado, para otros los ambientes adversos al desempeño de sus funciones. No será también el trato indignante que a veces han recibido que los afecta seriamente en sus funciones; se le puede exigir eficiencia a una persona que sufre junto a su familia tantas angustias y estrecheces, inseguridad e inestabilidad en su empleo, carencia de expectativas de ascenso y sin carrera funcionaria, etc., etc. No puede dejar de mencionarse la deuda histórica que se tiene con muchos de ellos.

La municipalización de la educación para la opinión de muchos ha sido una de las causas principales para el debilitamiento de la educación pública chilena. Yo no tengo dudas de que esta sea una de las causas relevantes. Sería largo buscar argumentos para reforzar esta hipótesis, entre éstos debe estar el daño que ha ocasionado a la carrera del maestro, los desfinanciamientos del sistema de educación municipal, especialmente en las comunas más pobres. Ha sido nefasto el sistema de asignación de recursos por el fisco a las municipalidades basado en el número de alumno y de la asistencia a clases; el sistema daña más a los sectores y comunas más pobres.

El sistema sin dudas es perverso. Poco se ha planteado y defendido el que cada establecimiento educacional debiera ser tratado como un proyecto especial que se financie y oriente a su permanente mejoramiento y posiblemente a su expansión, con recursos para su funcionamiento y para sus inversiones. En zonas o sectores más difíciles es donde debiera llevarse a los mejores maestros, a los más experimentados.

Se dice que la capacitación posterior del profesorado se ha debilitado notablemente o prácticamente no existe. Fue famoso el Centro de Perfeccionamiento del Magisterio que existió en el pasado.

Que buenos recuerdos se tienen de las escuelas normales, todas desaparecidas en el gobierno militar.

Sería largo extenderse sobre el triste debilitamiento del liceo fiscal. Qué tanto se podría decir del sistema universitario estatal que fue de gran prestigio y gratuito, el que hoy en cada vez mayor proporción debe financiarse con los crecientes aranceles cobrados a sus alumnos; cómo se ha debilitado las otras funciones académicas como la investigación y la extensión. Contrasta esta realidad con el impactante crecimiento de las universidades privadas, varias de ellas con claros ocultos fines de lucro, que incluso han llegado a ser vendidas al capital extranjero.

Así se pueden ir viendo tantos otros problemas que nos debieran obligar más a pensar en Chile. Por ahora llegaré hasta aquí

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