Medicina natural, actualidad y economía

Crisis en la Educación Chilena. ¿Hay pérdida de valores en el Gobierno?

Podría pensarse que nuestro país carece de estadistas. Algo nos ha pasado en nuestra sociedad. Parece que avanzáramos a una profunda crisis en muchos terrenos, pero posiblemente uno de los fundamentales es el de la educación, por sus efectos en generaciones futuras, que repercutirá en toda la sociedad chilena.

¿Por qué ahora no se quiere reconocer una deuda histórica a los profesores que los gobiernos anteriores la reconocían? ¿Por qué no paga el Gobierno deudas a sus proveedores, especialmente a los del sector salud?. Se ampara en que los hospitales están mal administrados. ¿De quién es esa responsabilidad?. Tienen los proveedores que pagar por ello la pena del no pago oportuno de sus facturas.

Hay un conformismo que extraña. La Presidenta de República termina su período con una aprobación extraordinaria, seguida muy de cerca por su Ministro de Hacienda.

El desempleo golpea a nuestra sociedad, especialmente a la juventud, y parece que a ello no se le da mayor importancia.

“Chile potencia alimentaria” aparece como un slogan, mientras la agricultura chilena está fuertemente afectada por la carencia de una política cambiaria. Política que además compromete seriamente a la actividad industrial y, en especial, a la pequeña y mediana empresa, gran empleadora de mano de obra.

Tenemos bases fundamentales de nuestra sociedad dañadas profundamente. Nos rige una constitución espuria y sólo un candidato a la Presidencia de la República, posiblemente el que tiene más visión de estadista, le da importancia al tema; es posible que éste sea quien obtenga la menor votación.

Tenemos un sistema educacional no sólo profundamente dañado, sino que en un proceso de alarmante deterioro, contribuyendo a acentuar las desigualdades irritantes presentes en la sociedad chilena. La educación para los pobres se debilita cada vez más, lo que no sólo contribuirá a mantener las grandes desigualdades sino que las está agudizando. La escuela pública chilena y su liceo fiscal, que fueron ejemplos internacionales, hoy están dañados seriamente y en un proceso de retroceso preocupante.

La base fundamental de la educación, el profesor fiscal, ha sido maltratado; primero con una municipalización establecida por la Dictadura Militar y mantenida por 20 años más por la neodemocracia y posteriormente, por el trato recibido. No sólo se les ha cortado la carrera que en el pasado tuvieron, sino que se les ha tratado con discriminación e incluso con falsas promesas. Lo de la deuda histórica es una vergüenza; primero fue la dictadura que la ofreció y no la cumplió o fue cumplida parcialmente por sólo algunas Municipalidades con más recursos.

El tema ha tenido que llegar a la Justicia, la que también ha fallado diferencialmente. Algunos así han conseguido su reconocimiento y sus pagos negociados. Las Municipalidades han heredado deudas históricas e incluso algunos alcaldes han debido responder con prisión por causas de las que ellos no son responsables.

Los frecuentes paros de profesores, en mi opinión en parte justificados, han contribuido a dañar aún más a la educación pública y a su imagen; genera migraciones de alumnos a establecimientos pagados o parcialmente pagados por la familia, dejando a los hogares con menores recursos con sus hijos en un sistema de continuado deterioro. Los hogares de las comunas más pobre, hogares de menores recursos, han sido los más perjudicados.

Es increíble que el financiamiento de las escuelas esté en relación con el número de alumnos y de sus asistencias. No hay conciencia que el mayor ausentismo debería darse en las escuelas donde las familias son más pobres, donde hay más dificultades de acceso, donde los niños deben contribuir con ingresos a la familia y donde se hacen más presentes las enfermedades

Los sueldos de los profesores han sido muy bajos. Recuerdo que siendo decano de la Universidad de Chile y exalumno del Instituto Nacional, en los comienzos del los 90, fui invitado a un desayuno por su Rector junto a otros decanos exalumnos. En uno de esos encuentros una profesora planteaba que recibía un sueldo inferior a lo que ganaba una empleada doméstica; eso se daba en el llamado “centro de luz de la Nación”, donde fueron alumnos varios de los Presidentes de Chile. Sin duda que esa situación ha tenido importantes mejoramientos relativos posteriores.

Fue ampliamente conocida la crisis que hace poco llegó este gran liceo fiscal, hoy municipalizado; sabemos lo que ha pasado con el antiguo Internado Barros Arana o con el Liceo de Aplicación.

Cómo deben correr los profesores de un centro educacional a otros para poder lograr recursos para sobrevivir. Recuerdo que unas profesoras de una comuna de una región me contaban de los abusos que se tenía con ellas de parte de un alcalde, incluso con acoso sexual. Por otra parte sus carreras quedan circunscritas a la comuna y con claras inestabilidades e inseguridades.

Impacta que el Gobierno no quiera reconocer la deuda histórica tan desigualmente pagada o simplemente no pagada; el Parlamento respalda al gremio de profesores, que es fuertemente criticado por su larga paralización, que conduce hoy al extremo de huelgas de hambre.

Días atrás oí a ese extraordinario Alcalde de La Granja, Claudio Arriagada, Presidente de la Asociación Chilena de Municipalidades. Señalaba nada menos que comprendía la posición del profesorado y que planteaba que a lo menos debiera reconocerse esa deuda y buscar procedimientos para financiarla a futuro a base de la obtención de nuevos recursos que debieran provenir de una reforma tributaria.

Que atinadas palabras; los gastos en moneda nacional deben ser financiados con recursos en esta moneda. No debe el Gobierno vender en el mercado las reservas de divisas originando mayor caída del valor de la divisa, que daña a gran parte de la actividad económica dedicada a la generación de bienes transables, especialmente los que contienen mayor valor agregado, los que generan más empleo. Bien podría el Banco Central comprar divisas en el mercado interno para sostener su valor. O bien el Gobierno endeudarse internamente para cumplir esos compromisos históricos. Si hubiera voluntad, habría varios caminos para lograrlo.

Es triste que los problemas sólo se solucionen a base de paros, manifestaciones y huelgas de hambre. Ojalá no lleguemos a suicidios.

Si no dignificamos al profesorado, especialmente al maestro del sector público, hoy municipalizado, la educación no tendrá solución. Solución importante a lo menos es reconocer la deuda histórica; el no concretizarlo ha sido recientemente denominado como “hacer perro muerto”; no puede el Estado chileno cometer ese grave delito, el de apropiarse de un patrimonio que no le pertenece, que le pertenece a esos maestros engañados.

Es lamentable lo sucedido. Se está haciendo un daño a la sociedad, nos estamos dividiendo y dañándonos, estamos desprestigiando a los que gobiernan y a los profesores mismos, estamos contribuyendo a debilitar sus necesarias organizaciones gremiales.

Aparentemente el movimiento del profesorado se ha ido debilitando, cada vez reciben menos apoyo de la opinión pública y más daño se les está ocasionando a los alumnos hijos de familias de menos recursos.

Reconozcamos la deuda histórica y tratemos de pagarlas como sea, eliminemos la municipalización, respetemos al maestro y estoy cierto que muchos de ellos responderán positivamente. Volvamos al viejo sistema que un maestro o maestra pudiera iniciar su carrera en una escuelita pública rural, para irse perfeccionando y haciendo carrera, para que por méritos y esfuerzos pueda ascender y escalar hasta los más altos cargos docentes o administrativo en el que debiera volver a ser ese gran ministerio, el de Educación. Sin duda que sería positivo tener en los altos mandos ministeriales personas que han hecho carrera en la institución, que la conocen, conocen de problemas y de soluciones, como sucede en las Fuerzas Armadas y en Carabineros.

Recordemos a nuestra Gabriela. Volvamos a las añoradas escuelas normales que no sólo formaban a los maestros chilenos en conocimientos, sino también en valores; fomentaban la mística docente.

Volvamos a que cada liceo, cada escuela, pase a ser un proyecto independiente. Cada uno programe su desarrollo y el Estado le dé a cada uno de ellos los recursos necesarios. Si no se dispone de los suficientes, por lo menos se avance lentamente a una meta conocida y anhelada. Que vuelvan a ser los directores de estos establecimientos especies de líderes de una comunidad que los rodea. Que ellos puedan entregar objetivos diagnósticos de las realidades existentes y sean aportantes de proposiciones de mejoramientos basados en la honestidad y la experiencia. Seguramente un director, un maestro más respetado por la sociedad, será también paulatinamente más respetado por el alumnado.

El maestro puede dar una valiosa contribución en la lucha contra el flagelo de la droga, en la base misma de la sociedad.

Queda mucho por decir sobre la educación superior, especialmente la universitaria.

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