Medicina natural, actualidad y economía

Delicado tema para la economía chilena es el bajo valor de la divisa. Afecta especialmente a la industria y a la agricultura. Genera grandes desigualdades regionales

Se me ha pedido un nuevo artículo para una interesante revista mensual –Dleche-a la cual le he estado colaborando altruistamente. De común acuerdo consideramos este tema del valor del dólar especialmente con relación a la agricultura y a la actividad lechera. Para su publicación deberá hacerse algunas reducciones importantes, como algunos cambios de redacción. Pero me ha parecido conveniente publicar este material más extenso, en una versión preliminar, en mi página web.

El valor del dólar sigue dañando a la economía nacional, especialmente a determinados sectores económicos y regiones. El sector y las regiones lecheras son actividades especialmente afectadas. Es imperioso para Chile tener una política cambiaria que nos lleve a un adecuado precio de la divisa y a una baja variabilidad

El tema del valor de la divisa, más bien el bajo nivel del dólar, ha dañado seriamente a la economía nacional; el proceso de deterioro continúa. El tan bajo nivel de la divisa junto a su inestabilidad y a las incertidumbres futuras, sin duda que comprometen el desarrollo venidero del país; se tienen antecedentes del descarte de inversiones importantes. Se agudizan las diferencias por sectores de la actividad económica y por regiones. Especial mención debe hacerse del daño ocasionado a las actividades lecheras.

Desgraciadamente no hay claras esperanzas que la situación mejore.

Un aumento del valor de la divisa ha de tener un impacto inflacionario importante.

Además, los economistas de Hacienda y del Banco Central, muchos de ellos que han recibido distinciones y halagos de los neoliberales y monetaristas especialmente internacionales, estiman que las tasas cambiarias son todavía las adecuadas. Ellos no consideran mayormente los efectos sectoriales y regionales; no parece que valoran la importancia de las economías estables. Tampoco le dan importancia a aspectos geopolíticos.

A continuación se dan muchos más antecedentes; se hace referencia a experiencias históricas chilenas y de otros países. Especialmente se hace referencia a China.  Finalmente se hacen algunas sugerencias de medidas de pollìticas.

Más adelante presento una información sobre la gestión de dos diputados UDI de la Comisión de Agricultura, ante el Presidente del Banco Central sobre la necesidad de mejorar el valor de la divisa y la respuesta poco precisa de la autoridad, la que señala que si es necesario más adelante el instituto emisor podría intervenir. Ello demuestra que la autoridad monetaria considera el valor actual de la divisa como conveniente.

El principal causante de esta situación es el elevado precio del cobre y la importancia de la producción cuprera para la obtención de divisas y para los ingresos fiscales, especialmente los en dólares. China aparece como la gran demandante del cobre chileno y sus perspectivas de crecimiento afectan su valor. Recordemos que sectores socialista de posiciones más extremas durante el gobierno de la Unidad Popular se identificaban más con China, paìs que apoyó al Gobierno del Presidente Allende con préstamos y aportes de alimentos; pero una vez que se produce el Golpe Militar de inmediato no sólo reconocen al gobierno que se establece, sino que además dan un trato poco deferente al personal chileno de la Embajada. Se estima que este comportamiento habría estado asociado al interés del país asiático por el cobre chileno. Cabe destacar la visión tan de futuro que ha tenido esta gran potencia oriental.

Chile está tremendamente ligado al comercio exterior. Parte importante de sus consumos e inversiones son abastecidos del exterior al igual que considerable parte de su producción nacional va a mercados externos. Su economía está por ello muy dependiente del valor de la divisa.

Al no haber una política cambiaria, la abundancia de divisas presentes en una economía como la nuestra tanto en los mercados cambiarios como en las disponibilidades fiscales, motiva que estos excesos causen caída del valor de la divisa. Incluso, el fisco que tiene gastos especialmente en moneda nacional, debe entrar a vender dólares en el mercado para cubrir sus déficits de moneda local, lo que agudiza la pérdida de valor de la divisa. Debe recordarse que la Constitución y la ley prohíben al Banco Central prestarle dinero al gobierno salvo en caso de guerra o temor de guerra.

El tema del precio del dólar no es problema que se presente sólo en este Gobierno. La política cambiaria ha sido la misma durante los últimos gobiernos de la Concertación.

En la campaña presidencial Sebastián Piñera prometió una divisa firme y estable, y su primer ministro de Agricultura, recién asumido, aseguró lo mismo. Se esperaba que se diese un cambio positivo, pero desgraciadamente nada de eso sucedió. Impresiona el poder que al respecto tiene el ministerio de Hacienda y el autónomo Banco Central. El teorisismo económico y la visión cortoplacista de las dos instituciones, parece no querer considerar las experiencias históricas nacionales e internacionales.

 Existe una rica experiencia mundial en materias de política cambiaria. Famoso fue el daño por los años sesenta que le hizo a la economía holandesa su fuerte aumento en las disponibilidades de divisas a raíz del descubrimiento de yacimientos de gas en el mar del Norte; lo que motivó una caída del valor de la divisa que perjudicó a gran parte de los sectores productivos de bienes. Eso se llamó el “Mal Holandés” o la “Enfermedad Holandesa”que ha quedado registrada en la historia de las políticas económicas. Cuando cae la divisa se reducen las exportaciones de otros bienes tradicionales y se alientan las importaciones a bajos costos que compiten con la producción nacional, dañándola considerablemente. El mal chileno se asemeja mucho al mal holandés.

Recordemos la experiencia chilena cuando tuvimos por tres años el dólar congelado en $39 a fines del los años 70 y comienzos de los 80 y el daño que eso ocasionó a la economía nacional. La abundancia de dólares venía en esa oportunidad del endeudamiento externo, por el mecanismo bancario internacional que ofrecía créditos en moneda extranjera a baja tasa de interés, teniendo internamente el préstamo en moneda nacional altos intereses. Era la época de la abundancia de los petrodólares en los mercados financieros internacionales. La industria y la agricultura fueron así fuertemente dañadas en un proceso continuo, que fue generando un creciente desempleo, hasta que el proceso hizo crisis. El endeudamiento interno llegó a ser muy alto; con la crisis muchas deudas pasaron a no pagarse y con ello el sector bancario que estaba en auge y al igual que el de la construcción, de repente ambos se derrumbaron. Paralelamente el país no fue capaz de pagar su deuda externa, la que debió renegociarse.

Argentina, para detener su fuerte inflación que llegó a cuatro dígitos, optó por una paridad fija dólar peso argentino que duró  10 años. Su economía terminó en una gravísima crisis que sólo logró superarse cuando rompió la paridad y devaluó su moneda. La industria argentina quedó fuertemente deteriorada. No pocas empresas se fueron a instalar a Brasil, país que tuvo una política cambiaria más flexible, hizo fuertes devaluaciones. Fue patética la crisis en la gran ciudad de Tucumán, que era un gran centro industrial. El hambre se hizo presente en varios sectores de la población, en este país de un potencial alimentario extraordinario. El hambre no sólo depende de la disponibilidad de alimentos en los mercados sino fundamentalmente en la disponibilidad de ingresos para adquirirlos.

El gran desarrollo de China se debe en alto grado a que mantiene un elevado valor de la divisa. Eso le ha permitido un desarrollo industrial impresionante que ha invadido con sus productos a gran parte del mundo, dañando las industrias de una parte muy importante de países. Muchas empresas transnacionales se trasladaron a China por el bajo costo de la mano de obras y los estímulos cambiarios a las exportaciones. Esa política no sólo hace crecer la economía china sino que también fomenta el ahorro nacional y al país le genera una alta disponibilidad de divisas, con las que ha apoyado financieramente a muchos países, especialmente a EE UU. Posteriormente el país asiático ha pasado a hacer inversiones en actividades productivas en el exterior.

China ha llegado a ser la segunda potencia económica del mundo, sobrepasando en lo últimos años a Japón y Alemania. Se estima que en pocos años más llegaría a alcanzar a EEUU, creciendo a altas tasas frente al país americano que lo hace a bajo ritmo. Su poder económico se ha transformando en poder político y en poder militar.

Recuerdo que años atrás analicé el tema de la manzana en los mercados internacionales y así obtuve la información que ese país en un año había plantado una superficie con manzanos equivalente a todo lo plantado que tenía Chile.

Hace poco menos de una año atrás se publicó la noticia titulada “China busca dominar el mercado lácteo global importando vacas” (El Mercurio del 25 de abril de 2012). Más adelante se señalaba “Desde 2009, el gigante asiático es el mayor comprador de vacas lecheras del mundo. Con esto, buscan satisfacer la demanda interna de leche y reformar esta industria”

He estudiado la política de desarrollo de Dubai. Era un país muy pobre, hasta que apareció el petróleo y el gas. Ese país, con gran criterio de sus gobernantes, fue ahorrador de parte importante de las divisas que le generaban los productos petroleros y se lanzó a hacer grandes inversiones, preparándose para cuando las reservas se agotaran. Daría mucho para analizar este interesante caso; hoy tiene de las inversiones más emblemáticas del mundo pasando a ser un gran país turístico y centro financiero internacional importante. Fabricó islas con los fondos marinos, profundizó sus puertos y muchos de sus terrenos creados han sido vendidos a importantes magnates extranjeros. Gran parte de las inversiones en obras físicas se han hecho ocupando mano de obra extranjera. Este país protege a sus industrias. Pudo tener una divisa bajísima por su abundancia y traer todo del exterior, pero no lo hizo. Sus gobernantes últimos han sido estadistas extraordinarios.

Recientemente leí sobre la impresionante recuperación de Islandia, ese pequeño país nórdico que no hace muchos años quebró económicamente. Hoy ha superado totalmente su crisis gracias a una fuerte devaluación que le permitió que su industria pesquera se recuperara totalmente. Su crisis fue especialmente económica y financiera. La quiebra bancaria se generalizó después de un sobre calentamiento de su economía, especialmente de su sector inmobiliario.

Chile, con su política cambiaría y su apertura irrestricta a los mercados externos, ha conducido a que parte importante de la industria manufacturera haya desaparecido. Destacable ha sido el daño a las industrias metalmecánica, textil y de cuero y calzado. Hace poco leí que el 80% de los zapatos comprados por los chilenos eran de origen chino. Tuvimos en el pasado una gran industria del cuero y calzado, con miles de trabajadores capacitados y con sólidas organizaciones sindicales; todo eso se ha reducido a un mínimo.

No pocas empresas industriales dejaron la actividad manufacturera nacional para mandar a hacer sus productos en el exterior. Incluso tenemos el caso de Cerámicas Cordillera, que trae su abastecimiento desde fuera a pesar de los relativamente altos costos de transporten que tienen sus productos; debió paralizar la planta que tenía en Chile de alta tecnología por no serle rentable. Algo parecido ha sucedidos en otros rubros más importantes, como ha sido el del calzado, de los textiles y sus manufacturas.

La agricultura también ha sido bastante afectada. Si hubiésemos tenido una divisa a un valor razonable, quizás a qué niveles hubiera llegado nuestro sector agrario. Industria manufacturera y agricultura son sectores pilares para un desarrollos sostenido, cronológicamente más estable y que beneficie a parte importante a extensos territorios de la geografía nacional.

En cambio la minería origina actividades geográficamente muy concentradas; conocemos la historia, pan y abundancia para hoy y hambre y decadencia para el futuro. Los precios de los minerales son muy variantes y además las minas se agotan.

 Me ha impresionado noticias que han salido a la luz pública sobre la actividad lechera.

Me alarmó la noticia; “En los últimos cinco años, según Fedeleche, entre 30% y 40% de los productores lecheros salió del rubro por baja rentabilidad”. Otra noticia: Recepción industrial de leche en 2012 aumentó 0,7%, el segundo crecimiento más bajo en ocho años”. Tengamos presente que estos negativos resultados se dan en un rubro para el cual el país tiene aptitudes extraordinarias.

La baja rentabilidad, nula o negativa de esta actividad, que motiva estas reducciones de empresas productoras. es consecuencia principalmente del bajo valor de la divisa. El precio de la leche está dependiendo directamente de ese valor; pensemos qué pasaría con la actividad lechera si en lugar de los $ 470 pesos del dólar, éste fuese de $ 600.

Bastante se ha escrito este último tiempo de los serios problemas que enfrenta la dinámica actividad vitivinícola. En estos días se anuncia que las viñas elaboradoras están comprando a los viticultores la uva a valores del orden de los $ 35 el kilo.

Las difíciles situaciones que están presentando las grandes economías del mundo, están desarrollando lo que se llama “la guerra de monedas”. Para defenderse devalúan sus monedas, lo que va originando esta guerra de monedas, tan criticada por los organismos financieros internacionales. China fue la que primero exitosamente usó la política cambiaria, una de las causantes principales de su fuerte desarrollo económico.

Interesante lo que señala  ese prestigiado economista chileno Sebastián Edwards en La Tercera del 2 de marzo bajo el título “Chile y la guerra de monedas”

La caída en el tipo de cambio está provocando efectos negativos sobre nuestras

exportaciones, en especial las “no tradicionales”. Los ingresos han disminuido y los costos han aumentado, lo que requiere de manera urgente una estrategia general y consistente.

 Hace más de dos años, Guido Mantega, el ministro de Hacienda de Brasil, habló de la “guerra de monedas.”

 Se trata, dijo, de una lucha entre Estados Unidos, China y otros países avanzados por ganar competitividad internacional. El arma principal en este conflicto es la depreciación de las monedas. El país que logra debilitar su moneda en un mayor porcentaje obtiene una ventaja en los mercados internacionales, ya que puede vender sus productos a precios más convenientes.

 El problema, puntualizó Mantega, es que esta guerra tiene efectos colaterales que afectan a las naciones exportadoras de commodities, como Brasil, Australia y Chile. En

estos países, las monedas tienden a fortalecerse (o apreciarse) y como consecuencia de ello, sus exportaciones pierden competitividad. Peor aún, en estos países suelen

generarse “burbujas” en el mercado inmobiliario, las que eventualmente pueden estallar en una crisis financiera de proporciones.

 Edwards en su artículo no hace mención al daño que hacen las importaciones baratas sobre las producciones nacionales, especialmente agrícolas e industriales.

Interesante estudio es el solicitado por “El Mercurio” al economista y experto en cuentas nacionales Hernán Frigolett; en él se estima a qué nivel de dólar es competitiva cada región de Chile, desde la I a la XV. Es decir, cuánto debería ser el precio de la divisa para que la región sea capaz de vender sus productos al mundo, ganar dinero, volver a invertir y hacer crecer el sector.

El 23 de diciembre se comentó este artículo en El Mercurio. Considero que párrafos interesantes de la publicación son los siguientes:

Hay zonas que requieren hasta $130 más alto que los actuales $475.

Regiones como la VII y la VIII necesitan un tipo de cambio que bordee los $600. Por el contrario, a las zonas mineras les basta una divisa en $400.

Los productores no mineros ya no se creen el cuento de que Chile tenga vocación de país exportador. Es que dicen que con el valor del dólar actual -$ 475- competir en los mercados internacionales se ha hecho cada vez más difícil. Las asociaciones gremiales de fruteros y agricultores demandan la intervención del Banco Central, los economistas apuntan a que se debe ser más eficiente en la producción y hasta figuras internacionales como Miguel Torres ironizan diciendo: “con este tipo de cambio, yo me maravillo que las viñas consigan exportar una caja”.

Aunque suele ser Santiago el lugar donde se transan miles de millones de dólares mensualmente, es en todas las regiones de Chile donde uno u otro valor del tipo de cambio tiene impacto en la actividad productiva y exportadora.

…..la conclusión más importante es que 9 de las 15 regiones del país necesitan un dólar más alto y siete de ellas requieren un tipo de cambio $100 más alto para ser competitivas.

Las regiones mineras pueden vivir con un tipo de cambio cercano a los $400, mientras que las agrícolas bordean los $600.

En el Maule y Concepción viven la misma realidad del agro en otras regiones del país para sus productos de exportación, explica Frigolett. “En general, cuando no hay productos mineros, se requieren tipos de cambios mayores”, estima el economista. El Maule requiere de un tipo de cambio $115 mayor al actual y Biobío del orden de $128

Sobre el tema anterior, debe quedar en claro que es prácticamente imposible establecer valores distintos por regiones o dólares de valores diferentes por rubros de exportación, los llamados dólares diferenciales que existieron en algunos momentos del pasado en Chile.

Con los antecedentes antes señalados, no cabe duda que tenemos regiones como las mineras en un auge extraordinario, en cambio en muchas otras donde no se tienen actividades mineras, la situación es adversa al desarrollo e incluso conducente probablemente a fuertes descapitalizaciones. Esto merecería un análisis geopolítico.

Un gobierno con buenos estadistas seguramente tendría una política económica, especialmente cambiaria, muy distinta. Extraña que hombres de empresa como el Presidente Piñera y su primer ministro de Agricultura hayan sido neutralizados en sus iniciativas anunciadas; cabe preguntarse por qué el ministro de Agricultura actual no se pronuncie públicamente sobre este serio problema.

Algunos parlamentarios, que más al tanto están de las realidades regionales, aparecen preocupados por el tema. Transcribo la noticia que entregara hace poco el decano de la prensa:

El Mercurio, 5 de marzo de 2013

Reunión en B. Central:
Dólar bajo preocupa a diputados UDI

Comunicar los problemas e inquietudes que enfrenta el sector agroexportador por el bajo precio del dólar fue el objetivo de la reunión solicitada al presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, por los diputados UDI, Ignacio Urrutia y José Ramón Barros, quienes integran la Comisión de Agricultura de la Cámara Baja.

Los parlamentarios ven necesaria una intervención del Banco Central, consigna un cable de Emol. La respuesta de la autoridad, dijo el diputado Urrutia, es que “el Banco Central está evaluando día a día lo que está ocurriendo con el tipo de cambio y no descarta por ningún motivo intervenir”. El parlamentario agregó que si hay algún momento en que sea necesaria la intervención, lo van a hacer.

El aparente auge del país con su fuerte crecimiento económico, con la baja del desempleo, con el posible sobrecalentamiento del sector de la construcción, parecen ocultar graves situaciones sectoriales y regionales.

Los productores lecheros tal vez se “están comiendo las vacas”, pero los fruticultores “no se pueden comer los árboles”; siguen produciendo muchos de ellos a pérdida y endeudándose. Otras empresas agrícolas pertenecen a inversionistas que tienen actividades en otros rubros donde obtienen utilidades; las pérdidas agrícolas les permiten reducir tributos por las utilidades en otros rubros. Además tener inversiones diversificadas les permite a futuro mayores seguridades económicas; las inversiones en tierra agrícolas tienen un aspecto a la larga beneficioso por la plusvalía de esos suelos derivado de sus posibilidades de pasar a ser terrenos urbanos. Debe tenerse presente que en Chile no existe el impuesto a la plusvalía.

Pesimismo futuro sobre el valor del dólar

Varias razones lo pueden llevar a uno a un pesimismo en cuanto a que esta situación se corrija:

– Poca voluntad política de establecer una política cambiaria.

– Dudosa posibilidad de que el Banco Central intervenga en el sistema cambiario. De hacerlo sería para una estabilidad de su valor a muy bajo nivel

– Muy difícil que Hacienda decida comprar divisas para estabilizar la moneda. Debe tener la voluntad de hacerlo y tener los recursos en moneda nacional para ello.

– La subida del valor de la divisa originaría presiones inflacionarias

– Bajas perspectivas que baje el precio del cobre. Incluso se anuncia que su precio subiría superando este año un promedio ligeramente mayor a los 4 dólares la libra.

Sería recomendable que el valor de la divisa subiera apreciablemente. Algunos economistas ya están preocupados por desequilibrios en la balanza de pagos. Estaríamos con una cuenta corriente de saldo negativo, con posibilidades de agudizarse como consecuencia de que las exportaciones estarían creciendo menos que las importaciones.

La economía chilena estaría presentando riesgos de excesivo crecimiento y de posible existencia de una burbuja inmobiliaria. Se dan síntomas de reducción de la actividad en la construcción; estarían en descenso las cifras de permisos solicitados para nuevas obras. Se informa que la oferta de oficinas sería mayor a la demanda.

En mi opinión el país debiera tener una política cambiaria que descansase en un precio del dólar considera más conveniente para el país, y a partir de ese valor establecer una banda. A medida que el mercado determina un valor distinto al deseado tomar medidas tendientes a llevarlo a éste. Hay muchas herramientas para hacerlo. Al llegar a los niveles extremos, el Banco Central debería entrar al mercado cambiario comprando o vendiendo divisas.

Si la causa es el elevado precio internacional del cobre, se pudiese establecer por ejemplo un fondo estabilizador que permita crear una reserva en el Banco Central para cada productor que le sea devuelta cuando el precio del metal rojo descienda. Ello debiera ir acompañado de una reforma tributaria que permita que el uso del mecanismo del fondo no altere en el mediano plazo las utilidades netas de las empresas. Ese fondo serviría para reducir las presiones de oferta de divisas en el mercado cambiario y daría mayor estabilidad en el tiempo a las actividades mineras y a la economía de las regiones donde se genera este metal.

Colombia tuvo resultados muy positivos con un fondo estabilizador del café.

Muchas ideas pueden plantearse para dar un valor a la divisa a los niveles convenientes y con bajas oscilaciones, dentro de un margen que permitan actuar al mercado libremente.

 

 

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