Medicina natural, actualidad y economía

El dólar en Chile llega a niveles críticos. Enero de 2008.

El valor del dólar llega en Chile a niveles críticos. Hoy desciende por debajo de los $ 470 pesos. Pocos esperaban niveles de ese orden. Se dan varias razones. La crisis del sistema inmobiliario de EE UU, el aumento de los intereses en Chile y la baja de intereses en el país del Norte, los grandes excedentes de las balanzas comercial y de pagos. Se sigue observando la alta correlación inversa entre el valor del cobre que crece y crece y el del dólar que desciende; la celulosa, por otra parte, llega a precios internacionales recores. Todo ello contribuye a una abundancia de divisas.

Frente a lo anterior, se han disparado los precios internacionales de los cereales y los de la leche, no sólo por factores climáticos ocasionales sino también por causas más persistentes como son las reducciones programadas de producciones en países ayer excedentarios y por las expansiones de la demanda de naciones de fuertes crecimientos económicos como lo son China, otras naciones asiáticas, dentro de ellos India. El precio alto de los cereales afecta los costos y precios de las carnes de aves y cerdos y de otras carnes rojas; también sube el precios del huevo. Por otra parte se aprecia fuerte reacción a aumentar las siembras de cereales.

Hoy oí al Presidente de los Exportadores Ronald Bown, señalar la gravedad que significa la caída del valor de la divisa para la fruticultura chilena, para sus productores y sus trabajadores. Uno de los aspectos que destaca este importante dirigente es que el Gobierno parece indiferente a esta realidad. Se presume que muchos productores caerán en crisis financieras y se verán más afectados los pequeños y medianos empresarios. Hay otra gama de empresarios menos organizados y con menor capacidad para hacer sentir sus problemas, los que son afectados cada día más, su grave situación va pasando al olvido. Son muchas las empresas que ya han desaparecido. Por otra parte el Banco Central decide subir los intereses lo que agudiza la cobertura de sus déficit financiero y el peso de sus pasivos. La alta inflación eleva los costos y la caída del dólar castiga sus ingresos.

Ya poco se menciona el caso de la textil Paños de Tomé que afecta seriamente a una ciudad que ya sufría altas tasas de desempleo. El problema parece que pasó al olvido. Se tuvo esperanzas de una salida con inversiones adicionales de sus dueños por unos 15 millones de dólares y préstamos del Estado chileno por cifras similares. Todas esas iniciativas quedaron en nada y la quiebra siguió su camino; sus propietarios se desistieron de esa solución. Cabría preguntarse hasta dónde el desistimiento pudo haber sido consecuencia de la inseguridad cambiaria que ha caracterizado al actual Gobierno. Frente a la continuación de la caída del valor del dólar, parece que la lamentable decisión empresarial de paralizar, a lo menos para ellos, fue juiciosa.

El tema inflacionario “gran preocupación de los nuevos estadistas chilenos”, es mucho más importante que: la generación de empleos y de inversiones, una mejor distribución del ingreso y el aminorar la concentración de la riqueza.

Frente a la presión inflacionaria de los últimos años, que tienen causas muy precisas: aumento del costo de la energía, el crecimiento inimaginable de los precios internacionales de los cereales y de la leche, el efecto de heladas extraordinarias que se presentaron en el último invierno, a lo que se sumó la probablemente irracional exportaciones poco reguladas de la cebolla, motivaron alzas o tendencias inflacionarias como consecuencia de aumentos de costos y de reducciones de ofertas. Pero para ello, como bien señala el distinguido economista de la Universidad de Chile, Patricio Mujica, se usa un remedio equivocado. Se pretende frenar la inflación con el aumento de los intereses, como si ésta fuese motivada por la expansión de la demanda. Se debe estar consciente de que las alzas de precios han afectado con mayor intensidad, debido a la estructura del consumo, a los hogares de menores ingresos, agudizando las desigualdades que caracterizan a nuestro país.

Sólo en los últimos días el Ministro de Hacienda ha señalado estar dispuesto a recibir o acoger ideas para reducir los impuestos a los combustibles derivados del petróleo, que impactan en alto grado el precio de venta de estos combustibles. Debe recordarse que una justificación de estos impuestas estaba en que el bajo precios del pasado del petróleo y sus derivados, lo contribuía a un mayor consumo, por lo cual el alto impuesto pretendía entre otros fines reducir su demanda. Pero las cosas han cambiado y desde hace años ya se justificaba una política distinta; al entonces ministro de Hacienda Foxley le hice llegar las ideas de impuestos flexible para estas fuentes de energía, posteriormente capté que los partidos de la oposición sugerían una política similar. Pero los gobiernos anteriores no dieron acogida a estas ideas; el predominio de Hacienda siempre ha logrado evitar que impuestos establecidos se rebajen. Hoy al parecer están dispuestos a actuar, cuando las alzas ya han llegado a niveles críticos. Parece absurdo que mientras más suba el petróleo, más aumenten los ingresos fiscales, sin que seamos productores del combustible; no son ingresos obtenidos de impuestos a utilidades sino que del más alto precio que deben pagar las masas de consumidores y de los productores que requieren de este básico insumo.

Por Dios que hace falta un gran ente del Estado que se preocupe de proponer alternativas de políticas de desarrollo con visión de largo plazo, como era en el pasado la acción de CORFO y su Dirección de Planificación y posteriormente de ese antiguo Mideplan de preocupación más holística. Pero hoy este Ministerio está más preocupado de diagnosticar la pobreza, de atender los problemas de los sectores más pobres y de las poblaciones indígenas. Mientras Hacienda y el Banco Central autónomo parecen sólo preocuparse de algunos grandes equilibrios macroeconómicos y de la estabilidad de los precios.

Frente al tema del valor de la divisa ya se tienen dos antecedentes claros. El nuevo Presidente del Banco Central públicamente ha declarado ser partidario de la libre flotación de la moneda, a diferencia del anterior, quien en más de alguna oportunidad había declarado que el banco emisor podría intervenir en el mercado de la divisa en situaciones extremas. Hoy ya no se tiene ni siquiera esa esperanza.

Por otra parte las autoridades del Ejecutivo se han centrado especialmente en las políticas
sociales, dentro de las que se destacan las de educación, salud, laborales y previsión, donde se aprecian iniciativas y avances interesantes; pero débil se ve el enfoque económico de lo que podríamos decir un desarrollo socioeconómico estructural basado en mayores inversiones, más altos niveles de empleo y de una más justa distribución de los ingresos y de la riqueza.

Ronald Bown señalaba como uno de los primeros pasos que se echa de menos, es el de que el Gobierno manifieste preocupación por el tema. Pero eso no lo siente la sociedad chilena.

El tema de la inflación es preocupante. Si se piensa que el dólar debiera estar en el orden de los $ 600, ¿en cuánto subirían los precios de los llamados bienes transables que dominan nuestro consumo?. Muchos productos debieran subir 10, 15 o 20 %. Eso lleva a pensar desgraciadamente dos cosas: una que difícilmente el Gobierno apoyará una política adecuada de valores para la divisa y la otra, que menos lo hará el Banco Central, que se preocupa principalmente del tema inflacionario. Chile aparece hoy como uno de los países que más ha visto apreciar su moneda; el peso cada vez vale más internacionalmente, pero a qué costo económico y social.

Esto debiera corregirse, pero para ello hay que tomar conciencia primero de la gravedad de esto, para después buscar una política que dé confianza y que lentamente corrija la situación. La sola decisión de que el Gobierno lo haga, generaría con toda seguridad resultados positivos. Mientras más tarde se busque una solución, más grave serán los problemas y más difícil será superarlos.

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