Medicina natural, actualidad y economía

El precio del dólar, algunos efectos en la economía, en la agricultura y en la actividad ganadera. El valor de la divisa debiera ser abordado como Política de Estado

El tema del valor de la divisa vuelve a estar de actualidad. Se está llegando a los menores niveles de los últimos tiempos como consecuencia principalmente del alto precio del cobre. Sigue observándose la alta correlación inversa entre precio del cobre y valor del dólar. Hay algo de preocupación como consecuencia del relativamente alto déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, a pesar del alto ingreso de divisas de las exportaciones mineras. Se enciende una débil luz de alarma.

Uno de los sectores más afectados es la agricultura nacional en varios rubros importantes. Hay malestar en muchos sectores empresariales agrícolas, especialmente en momentos en que se inician cosechas para mercados externos; una agricultura que enfrenta dos serios problemas, el alto costo de la energía eléctrica junto a la escasez de mano de obra disponible, asociada naturalmente a la elevación de los salarios.

La interesante revista de publicación mensual DLECHE me ha pedido una nueva colaboración que se suma a varias otras que les he entregado relacionadas especialmente con temas lecheros. Les ofrecí referirme al del valor de la divisa, lo que les interesó de inmediato.

Me ha parecido conveniente publicar en mi página web el material de base que les preparé para su próximo número, relacionado con el tema cambiario.

Esto lo presento a continuación.

Chile es uno de los países del mundo que está más ligado a los mercados externos, una alta proporción de su producto geográfico va a los mercados externos y una alta proporción de los componentes de nuestro consumo y de los bienes de capital que se utilizan en el país, provienen del exterior.

Ha sido tradicional nuestra fuerte dependencia de nuestra economía de las exportaciones mineras, de recursos no renovables. Sus precios internacionales son fuertemente fluctuantes. En el pasado, en la Colonia, fue la plata; después el salitre, que posteriormente se derrumbó y nos generó la famosa crisis salitrera. Dejó de ser el nitrato chileno la gran fuentes de la fertilización mundial de los nitrogenados y, posteriormente se tiene al cobre, que se ha caracterizado por sus fuertes oscilaciones en sus precios internacionales, sin grandes temores por ahora del ataque de sustitutos como lo sucedido con el salitre..

Otra parte importante de nuestras ventas al exterior están en torno a las exportaciones basadas en la agricultura y en recursos naturales renovables. Chile tiene, para rubros muy importantes, ventajas comparativas importantes. Poseemos potencialidades productivas muy superiores a nuestro consumo y su expansión productiva va fundamentalmente a las exportaciones. En el campo agrícola tenemos a la fruticultura, la viticultura, la producción de semillas y la producción láctea; también podría destacarse la producción ovina especialmente la austral; sin duda que se destacan los productos forestales, especialmente la celulosa. La cercanía a buenos puertos sin duda es un factor importante para nuestras exportaciones; también lo son para importaciones.

En periodos más recientes han pasado a ser importantes los cultivos marinos, donde se destaca la discutida intensiva producción salmonera, hoy afectada por la caída de los precios internacionales.

En las últimas década ha pasado a tener gran importancia la producción vinera y desde luego sus exportaciones. La variedad de terroirs (terruños, espacios reducidos de terrenos agrícolas con características especiales para generar determinados vinos) y de cepas, nos permite dar a nuestras producciones características especiales en los mercados internacionales, teniendo como ventaja la posibilidad de exportar a precios competitivos, relativamente bajos; esto especialmente importante para las etapas de expansión de colocaciones internacionales. Es impresionante observar cómo cada vez una mayor proporción de nuestra producción va a los mercados externos, con vinos de alta calidad. Esta próspera actividad se ve fuertemente afectada por la caída del valor de la divisa y sus inestabilidades.

La amplia relación de nuestra economía con los mercados externos se caracteriza también por aranceles bajos y uniformes, junto a una cantidad importante de tratados de libre comercio especialmente bilaterales que rebajan aún más los aranceles y que para muchos productos se lleva a niveles cero, sin limitaciones cuantitativas a las importaciones.

Lo anteriormente expuesto motiva que gran parte de nuestra producción es transable internacionalmente, como también de nuestro consumo y componentes importantes de nuestras inversiones. Eso motiva que sus precios están estrechamente relacionados con los precios internacionales y con el valor de la divisa.

El valor de la divisa es fundamental para el desarrollo de las exportaciones; un dólar firme y estable es básico para ello. Desgraciadamente ésa no ha sido la política chilena. El Presidente Piñera anunció en su programa de gobierno como candidato un dólar firme y estable. Su primer ministro de Agricultura en los inicios en su cargo anunció lo mismo; lamentablemente fueron promesas que no se pudieron cumplir y sobre lo cual se mantuvo un posterior silencio.

Cabe destacar el tratado de libre comercio con China, que por lo menos hasta hace poco era el único acuerdo de esa naturaleza que tenía esa gran nación asiática. China tiene una política de aranceles y de otras restricciones a las importaciones; seguramente la apertura con Chile no le va a perjudicar a sus producciones internas y sí, le más asegura los abastecimientos de cobre para su extraordinario alto y permanente crecimiento económico que requiere de esta importante materia prima, tanto para generar sus exportaciones manufacturadas como para sus inversiones internas, para su fuerte crecimiento urbano con poblaciones de más altos niveles de ingresos.

Los altos precios de varios importantes rubros de exportación, especialmente del cobre, ha significado una abundancia de divisas y una preocupante participación del cobre en el total de nuestras exportaciones.

Se ha impuesto en las últimas décadas como política cambiaria, la libertad del mercado de divisas. En casos muy excepcionales el gobierno ha hecho adquisiciones de divisas o lo ha realizado el autónomo Banco Central, señalando que no lo hace para sostener la divisa sino más bien para mantener niveles convenientes de reservas para enfrentar compromisos futuros. Es preocupante esta política, ya que se presta para que se generen informaciones a sectores privilegiados.

Chile ha tenido interesantes experiencias en las políticas cambiarias. Esto da para un amplio análisis; pero es conviene recordar especialmente la crisis de la economía chilena de comienzos de los años 80, derivada fundamentalmente de un cambio fijo de 39 pesos por dólar que se mantuvo por tres años, desde junio de junio de 1979 hasta junio de 1982 que afectó muy seriamente a la economía. Esa tasa cambiaria se sostenía gracias a la presencia activa del Banco Central. Todo exceso de divisas lo absorbía el banco emisor para mantener el valor de la divisa y si la demanda motiva presión al alza, el Banco Central abastecía al mercado cambiario.

En los mercados internacionales financieros existía gran liquidez proveniente de los llamados petrodólares. Ello motivó un gran endeudamiento chileno externo e interno. El mercado bancario operaba a altas tasas de interés en sus créditos y el dinero externo llegaba a tasas muy inferiores. El libertinaje bancario permitía contratar créditos externos en divisas a bajo interés para venderlas en el mercado nacional, y así tener recursos en moneda nacional para prestar a altos intereses.

Economistas de gobierno de la época consideraban muy positivo aprovechar el ahorro externo para el desarrollo del país; no se daban cuenta o no lo querían apreciar, que muchos de esos recursos no iban a inversión sino que a alentar un consumismo basado en un irresponsable endeudamiento. Los bienes, especialmente importados, no se ofrecían a un determinado precio sino que a cuotas mensuales bajas, con créditos a largo plazo.

Antes de la fijación del dólar a 39 se llevó una política basada en un valor del dólar establecido por el Banco Central que se reajustaba automáticamente siguiendo la evolución de la inflación interna. El sistema productivo funcionaba relativamente bien, pero dañaba la estabilidad de precios; estábamos en presencia de una inflación que se mantenía a niveles considerados relativamente altos. No olvidemos que el último año del gobierno de la Unidad Popular, se llegó a una inflación cercana al 1000%.

El Gobierno Militar hizo importantes esfuerzos por reducirla a base de una contracción de la demanda, pero demoró varios años en llegar a tasas estables a un nivel relativamente alto.

Cuando llegan los civiles al manejo de la economía, con el Ministro de Hacienda Jorge Cauas, se parte con una ligera devaluación para dejar el dólar fijo a los 39 pesos. Los costos productivos crecen paulatinamente y con el dólar de valor nominal estable se da un proceso en que cada vez más las importaciones sustituían a la producción nacional y a su vez desalentaba o impedía realizar exportaciones. La agricultura y la industria manufacturera, muy en particular la textil y la metalmecánica, fueron seriamente afectadas por la competencia de los productos importados con tan bajo valor de la divisa, frente a un auge bancario y del comercio de productos importados, alentados por un irracional endeudamiento. Se empieza así a hacerse presente un desempleo creciente.

Debemos recordar que se anunciaba que el dólar a $ 39 se mantendría por lo menos 10 años. El Gobierno Militar se da cuenta de la gravedad de la situación y cambia los equipos de Gobierno, frente a una crítica situación de endeudamiento externo e interno y a una quiebra masiva del sistema bancario, principalmente por su incapacidad para lograr que los deudores bancarios, personas naturales y empresas, respondieran a sus obligaciones.

Parece increíble que el año anterior al estallido de la crisis, a pesar de que el país presentaba una balanza comercial altamente negativa, la balanza de pagos mostraba un saldo positivo; el Banco Central vio incrementadas sus reservas, a base de ese enorme endeudamiento especialmente de la banca privada con el exterior cuyas divisas recibidas se transformaban en moneda nacional.

Se tuvo que devaluar y elevar aranceles; muchos estaban endeudados en equivalente moneda extranjera vieron incrementadas notablemente sus deudas y cayeron en la insolvencia. Esa crisis fue la más grande que el país tuvo en su historia después de la de finales de los años veint y comienzo de los treinta, que fue una crisis mundial. Esta nueva crisis afectó sólo a algunos países que se abrieron irresponsablemente al endeudamiento externo. El inicio de la crisis parte en México; entre otros países más afectados estuvieron, si mal no lo recuerdo Argentina, y Costa Rica.

Recordemos las fuertes caídas en la producción de trigo, de remolacha y la desaparición casi total de la producción de oleaginosas. La vitivinicultura cayó en una grave crisis. Las pérdidas de la agricultura fueron cuantiosas; el endeudamiento llegó a niveles preocupantes.

Debe recordarse en especial al ministro de Agricultura, Jorge Prado, que encabezó en 1982 una política de recuperación agrícola extraordinaria, descansando en la devaluación y alza de aranceles, en una activa política de precios agrícolas y de créditos especialmente del Banco del Estado. Promovió una fuerte transferencia tecnológica. En esos años, en contra de la política de privatizaciones llevada por el Gobierno Militar,  se creó una nueva empresa del Estado, COTRISA, para garantizar el cumplimiento de justos precios para el trigo. Prado fue ministro por más de ocho años.

En pocos años se lograron mejoramientos extraordinarios en producción y productividad y llegamos hasta ser nuevamente exportadores de trigo, situación que sólo había durado hasta los años cuarenta.

En las últimas décadas hemos tenido una gran inestabilidad del valor de la divisa y una clara tendencia a deteriorarse. Hoy estamos en una situación bastante crítica. Hay malestar en amplios sectores de la producción y especialmente en la agricultura.

El precio de la leche al productor se ha visto afectada por esta realidad.

El país parece estar en un auge de crecimiento pero con grandes desigualdades. El auge minero proveniente de los altos precios del cobre y de otros minerales ha dado un impulso a las regiones mineras, atrayendo a mucha fuerza de trabajo. Por otra parte la reconstrucción pos terremoto ha generado una importante demanda por trabajadores a lo que se suma una etapa de expansión cíclica preocupante de la construcción. El retail a su vez se ha expandido en grado importante a base del endeudamiento y a los bajos precios de muchos productos importados, consecuencia especialmente del bajo valor de la divisa.

Estamos llegando a un preocupante déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, a pesar del alto valor de nuestras exportaciones mineras y el alto nivel del precio del cobre. Ya hay preocupación en el Banco Central por esta situación.

Por otra parte el bajo del valor de la divisa ha generado un nivel de precios internos relativamente bajos. Debe tenerse presente que este bajo valor de la divisa no podrá mantenerse indiferente. Al recuperar valores que puedan considerarse normales, del orden posiblemente de los $ 600 por dólar, el aumento de los precios puede impactar seriamente a la economía nacional.

La situación puede aún ser más grave por el efecto péndulo. Puede esperarse que el cambio llegues primero a niveles muy superiores a los normales. No olvidemos que tuvimos no hace mucho tiempo un dólar superior a los $ 700.

Qué solución se puede plantear. En mi opinión Chile comete un grave error dejando totalmente libre el valor de la divisa a las fuerzas del mercado, muy afectadas por especulaciones y por otros factores que pueden originar cambios fuertes y violentos.

Países exportadores de materias primas basadas en recursos naturales no renovables no dejan libre el valor de sus divisas. Si fuera así podría darse que se destruya gran parte de la producción nacional, para depender totalmente de productos importados. Un interesante caso de analizar es el de Dubai, que los grandes estadistas que lo han gobernado fijaron una gran política de desarrollo basada en inversiones que servirían para la economía nacional una vez que sus recursos petroleros se agotaran. Hoy este país ya no tiene petróleo pero es un centro mundial de turismo y de muchas otras actividades que atraen a inversionistas del mundo entero. Es un país donde no existe pobreza.en

China ha tenido un modelo cambiario distinto. Ha mantenido un valor alto de la divisa que le ha permitido expandir sus exportaciones, generar grandes excedentes en divisas asociado ello a un importante ahorro nacional; ha pasado a ser un gran prestamista internacional y además avanza como uno de los inversionistas directos más importante del mundo. Ha conquistado un gran poder político internacional y como también un poder militar.

Si todos los excedentes de sus exportaciones hubiesen ido a un mercado cambiario chino, el país no tendría el desarrollo que ha logrados, en un proceso que se proyecta con un alto crecimiento futuro. Ha llegado a ser la segunda potencia económica del mundo, después de haber desplazado recientemente a Alemania y Japón. Se menciona que en el 2016 alcanzaría a EE UU. Personalmente creo que demoraría algo más, pero de todas maneras como se ven las cosas al alcanzar al país del norte, sería a una tasa de crecimiento superior a la del país americano.

Proposición de una Política de Estado para el valor de la divisa

 Esta a mi juicio debiera descansar en un precio del dólar que correspondiese al deseado para el país con una visión no sólo de la realidad actual, sino que también de su futuro. A ese valor de referencia modificable moderada y justificadamente en el tiempo considerando los cambios en las realidades aplicarle un margen de variación prudente para establecer un máximo y un mínimo.  Dentro de esa banda dejar que el mercado opere libremente y sólo hacerse presente el Gobierno y/o el Banco Central cuando se llega a los límites de la franja. Al llegar al mínimo el Estado, vía Gobierno y Banco Central comprar lo que se ofrezca a ese mínimo y a la inversa, al llegar a un máximo entregar dólares del Estado al mercado en las cantidades necesarias para evitar sobre pasar el máximo. Cuando se acerque a los extremos pueden establecerse otras medidas como por ejemplo fomentar el ahorro en divisas si la oferta es excesiva o favorecer inversiones en moneda extranjera ya sea estatal como privada.  Debe haber además una política de encajes a las inversiones financieras externas, si los interese del mercado son altos y aparecen los llamados capitales golondrinas

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