Medicina natural, actualidad y economía

El Transantiago, ¿fue una mala decisión? ¿Hubo errores en su implementación? ¿Era mejor el sistema de los buses amarillos? Necesidad de analizar el tema objetivamente y no incorporarlo a la crítica política partidista, especialmente de las altas autoridades.

Es una lástima que temas como los maremotos y el Transantiago se pretendan abordar desde una posición de política partidista. A mi juicio es criticable sacar provechos políticos de catástrofes o de otros problemas nacionales emanados de la toma de decisiones que debe suponerse de buena fe.

Es importante llegar a conocer objetivamente las causas de los problemas y las consecuencias tan graves que sucedieron, para principalmente evitar que esos errores se produzcan y se puedan corregir también sus efectos futuros; no es conveniente el fácil camino de hacer leña del árbol caído. Es fácil ser general después de la batalla. También sin dudas es conveniente que se sancione a los culpables; pero es bueno saber hasta dónde se extiende hacia atrás esa culpabilidad.

Mucho se le critica al Transantiago y poco se analiza los beneficios que ha aportado. Debiéramos imaginarnos cómo sería hoy Santiago con el sistema de “las micros amarillas”, con las congestiones de vehículos, especialmente de automóviles a los que ha llegado el Gran Santiago. Cómo afectaría todo eso a la contaminación ambiental.

Esos beneficios debieran valorarse socialmente, lo que puede mejor justificar las bonificaciones.

Más adelante se hace un planteamiento crítico de las nuevas medidas que se plantean y se aportan algunas ideas para mejorar el sistema. Se analiza la pérdida de valores que influye en todo esto como también posibles causas que han repercutido en esta realidad.

Las soluciones que se plantean parecen no ser las mejores, entre éstas:

–          Seguir subiendo las tarifas

–          Pretender que los que pagan se hagan responsables de los costos de la evasión.

–          Volver al sistema de pagos a los empresarios a base de los pasajeros transportados que paguen su tarifa.

Además el sistema se hace cada vez más difícil de operar con el exceso de vehículos particulares que circulen.

Algunas ideas para contribuir a la solución:

–          Hacer una revisión de las políticas de tarifas. Éstas deben ser subsidiadas en forma considerable; hay antecedentes internacionales interesantes al respecto; se ha ido enriqueciendo la información conocida y robusteciendo la posición favorable a bonificar. En gran parte no es responsable el que trabaja de vivir lejos de su fuente laboral. La distancia tiene para él además un costo social, el tiempo que destina a movilizarse. La existencia de tarifas para no pocos casi impagables, contribuye sin dudas a la evasión.

–          No deben ser los conductores quienes eviten la evasión más allá de lo prudente. Mayores esfuerzos pueden afectar su propia seguridad, lo que se agudiza en determinados recorridos. Además esa participación puede alterar su comportamiento como conductor, afectar su salud y contribuyendo con todo ello a la generación de accidentes

–          Dar especial atención al cumplimiento de los horarios; el incumplimiento de frecuencias y horarios deben ser sancionados; incluso su cumplimiento ser premiado. Una de las mayores molestias de los usuarios son los incumplimientos de frecuencias.

–          Otro tema importante es el cumplimiento de detención en los paraderos, aunque exista sólo un pasajero. Al no haberlo, de todos modos pasar por él en forma lenta.

–          Sancionar a los que evaden; buscar métodos prudentes y efectivos; castigar especialmente a los reincidentes, Usar sistema de advertencias previas, generales y específicas, estas últimas primero de advertencia para después iniciar las sanciones crecientes por reiteraciones. Estimular el sentido de responsabilidad desde la niñez misma.

–          En lugar de pagarle a la empresa por pasajeros transportados y que paguen, debiera hacerse por los viajes recorridos y por el cumplimiento de sus frecuencias, como también por otras calificaciones, como el respeto a los paraderos y la prudencia en la conducción. Debiera estimularse la calidad del conductor; sus evaluaciones debieran influir en los pagos a la empresa.

 

Pérdida de valores y posibles causas

 Hasta dónde todos lo sucedido tiene causas mucho más profundas como la pérdida de valores que se nos ha ido creando y acrecentando en esta sociedad desde hace décadas

Hasta dónde los cambios negativos han estado en torno a un cambio profundo del modelo de desarrollo que nos ha llevado a un grave individualismo, a una redistribución tan regresiva de los ingresos y de la riqueza. Hasta dónde se ha ido creando un ambiente favorable a la delincuencia que pasa a ser casi incontrolable.

Los escándalos de las privatizaciones durante el Gobierno Militar debieron dejarse en el olvido, para recuperar una tibia democracia; compromisos internacionales han obligado a sancionar especialmente a los hombres de las fuerzas armadas por el atropello a los derecho humanos, pero cuántos civiles han resultados impunes, muchos de los cuales  fueron aún más responsables de esos atropellos; cuánto de ello fue de responsabilidad de la justicia chilena.

Cuánto de esos delitos económicos no han contribuido a que se generen otros delitos masivos en la sociedad como son los robos hormiga que ya no tienen prácticamente sanción. Cómo estamos obligados a las tan criticadas puertas rotatorias que de no existir cuantos más chilenos debieran estar en cárceles que son escuelas o universidades de la delincuencia y que además no dan abasto en sus capacidades. Cuántos de los que están libres merecerían estás más en las cárceles que los que están detenidos.

Chile tiene una de las tasas de detenidos más altas de los países democráticos, las que han ido creciendo a tasas preocupantes.

Frente a estas realidades, no es fácil generalizar la ética en forma significativa de pagar el Transantiago; qué error es que los efectos de esos delitos lo paguen los que realmente respetan el sistema. Recuerdo cuando hace muchos años atrás a los profesionales se nos cobraban tasas tributarias el doble de las normales porque se suponía que había una evasión de un 50%. Es una aberración que los que honestamente pagan lo debido, deban también hacerlo por los que los evaden; así se estimula a que muchos más entren al camino de los delitos.

El robo de hormiga en los supermercados ya pasa a no ser delito, aunque más bien pueden seguir siéndolo, pero no tienen sanción. Frente a eso, el eludir el pago de la tarifa parece un daño menor, que se diluye en toda la sociedad.

Hay una pérdida de valores impresionantes. La droga ha entrado en nuestra sociedad y pasa a ser algo incontrolable; gran culpable de tantos delitos.

Hoy aprecio que nada menos que el ministro del Interior trata de culpar a la Presidenta Bachelet de lo acontecido entre el terremoto del 27 de febrero y los perversos maremotos. Hay que detener o destruir el respeto que esa presidenta se ha ganado en la opinión pública chilena; es grave que ello suceda. Eso en mi opinión perjudica a Chile y desprestigia más a la política.

Investiguemos seriamente las causas de lo sucedido y los responsables de ello; son muchos los errores, se puede y debe creer que fueron involuntarios.

Cuántos elementos capaces son desplazados por razones políticas, para dar cargos a militantes de los partidos que gobiernan los que desde sus cargos deben pagar los favores recibidos, postergando o evitando que se tomen las decisiones racionales. Desgraciadamente eso tiende a darse en todos los gobiernos. Al parecer algo de eso fue causa de los errores cometidos ante los maremotos.

 

Algo más sobre la movilización colectiva

Volviendo al tema de la movilización colectiva. Recuerdo cómo en el gobierno militar sus ideólogos del neoliberalismo detuvieron el programa de desarrollo del Metro de Santiago, incluso se planteó el levantamiento en aquel entonces de la línea 2 del Metro por ser “antieconómica”; cómo se eliminaron los trolleys buses de Santiago por pertenecer a una empresa del Estado. Cómo se debilitó por las misma razones a los Ferrocarriles del Estado, unas de las decisiones de un gobierno militar menos comprendidas desde una visión geopolítica.

Qué poco hicieron los gobiernos de la Concertación por la recuperación ferroviaria; el Presidente Lagos hizo un interesante esfuerzo que quedó esterilizado por el Gobierno siguiente. Fue lamentable lo sucedido con el ferrocarril a Puerto Montt. Afortunadamente durante el actual gobierno se aprecia una interesante aunque lenta recuperación ferroviaria y al parecer hay una real preocupación por mejorar su eficiencia operativa.

Recuerdo con nostalgia el proyecto inicial del Metro y del Plano Regulador del Gran Santiago. Qué importantes proyectos fueron los de ese destacado arquitecto Juan Parrochia, Premio Nacional de Urbanismo 1996. De haberse cumplido ese proyecto y los que venían después, qué distinto sería la realidad de la Región Metropolitana. Posiblemente estaríamos produciendo nuestros propios trenes urbanos e incluso exportando equipos y tecnologías. Quizás pocos se recuerdan que en Chile fabricábamos ferrocarriles y tranvías eléctricos; recuerdo esa agradable frase ·”Fabricado en Chile” que aparecía en carros y vagones; al parecer estábamos orgullosos de ello. Nuestras maestranzas fueron famosas, dentro de ellas se destacaba la de San Bernardo. Fuimos exportadores de ruedas de ferrocarriles generadas en empresas privadas. La producción y exportación de la industria metal mecánica pesada es muy importante para el desarrollo de un país.

Tema aparte es la congestión urbana, especialmente por la creciente presencia de automóviles privados y las discutibles características de los planes reguladores unido a la falta de sus cumplimientos. Mientras más falla tiene el Gran Santiago, más se usan los automóviles y más se congestiona. Es un círculo vicioso perverso, la solución individual inmediata daña a todo el sistema.

Mucho se teme del daño que generará esa gran torre, la más alta de América del Sur, próxima a terminarse en una crítica ubicación en la comuna de Providencia.

Recuerdo que no hace mucho un guía turístico en Shangai nos decía que en esa ciudad no había congestión ya que el número de vehículos que podían circular estaba determinado por la capacidad de las vías. Nada se sacaba con comprar un vehículo si no tenía esa autorización. A medida que se mejoraba la infraestructura, se ampliaban los cupos. Interesante la sabiduría china, debiéramos aprender de ella.

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