Medicina natural, actualidad y economía

Riesgos de la política de ampliación de las salas cunas sobre el empleo femenino. Financiemos en forma diferentes estos y otros servicios sociales

Varias iniciativas han ido propiciando tratamientos más favorables a la mujer en torno a su maternidad. Muy bien está que se legisle en ese sentido, pero lo importante es que eso no contribuya a reducir las posibilidades de trabajo de la mujer en su edad fértil. No parece aconsejable que estos beneficios sean a costa de la empresa que puede ofrecer y otorgar el empleo.

El financiamiento de la sala cuna, de los jardines infantiles, de las enseñanzas básica, media y superior debe ser de responsabilidad de la sociedad en su conjunto y no de los sectores que lo necesitan. Eso no debiera ser excluyente de que si alguien desea un tratamiento especial pueda financiar sus requerimientos mayores.

En el caso de la educación superior, sus vacantes y su gratuidad deben estar relacionadas con la necesidad de profesionales  y técnicos y con las aptitudes y vocaciones de los estudiantes. Es una barbaridad que el lucro universitario esté creando por una parte una formación exagerada de profesionales en muchos campos y por otra, una concentración de riqueza, unida a una distribución regresiva de ingresos.

Esto debería ser considerado como uno de los temas importantes en una reforma tributaria que contribuya a una más justa distribución del ingreso y a la ampliación de las oportunidades de formación y posterior trabajo de nuestra juventud.

Más adelante se amplia este análisis y se hace referencia a un artículo de El Mercurio de hoy, como segundo editorial, el cual se presenta in extenso

Uno de los temas de actualidad es el de las salas cunas. Las empresas con más de veinte mujeres deben tener una a costa de su financiamiento. Eso sin duda que es una condición adversa al trabajo femenino.

No se puede seguir castigando a las empresas que contratan mujeres y motivando a que esas contrataciones no lleguen al límite de las 20 que obligan a tener la sala cuna. Lograr eso, probablemente contribuirá a una mayor contratación femenina y a una menor diferencia en las remuneraciones entre la fuerza de trabajo masculina y la femenina.

Hay labores que las puede desarrollar mejor la mujer y en parte esas contrataciones pueden verse reemplazadas por las de hombres, que tendrían costos comparativos menores. Con esa situación la sociedad en su conjunto está perdiendo productividad.

Las estadísticas muestran que en países más desarrollados el porcentaje de mujeres que trabaja es mayor. Además hay conciencia sobre la importancia del trabajo femenino en el mejoramiento del ingreso familiar y desde luego en la reducción de la pobreza.

También el trabajo hace superar a la mujer su autovaloración y puede dignificarle más su vida.

A mi juicio debiera haber un principio, “el mayor costo que le signifique a la empresa darle a la mujer estos beneficios, no debe ser a costa de la firma empleadora; incluso debiera haber hacia ella un premio u otro tipo de estímulo”.

Un interesante artículo aparece como segundo editorial de El Mercurio de hoy titulado “Salas cuna: ¿efectos contraproducentes?

Éste contiene ideas y antecedentes dignos de destacar:

– Es evidente la urgencia de incorporar más mujeres a nuestro mercado laboral. Menos del 50 por ciento de las mujeres chilenas trabaja en la actualidad, mientras el promedio OCDE sobrepasa el 65 por ciento

– El empleo es la principal herramienta para superar la pobreza. Estudios recientes muestran que casi el 80 por ciento de las personas que salieron de ésta en las dos décadas pasadas lo hicieron por vía del trabajo, y no por políticas asistenciales.

– Sería cuestionable una reforma a la Ley de Salas Cuna, que más hace recaer sobre las empresas un costo que es de las familias mismas y, en última instancia, de la sociedad.

– Peor aún, si prevaleciera el criterio de que toda empresa deba financiar una sala cuna, se estará imponiendo una barrera al crecimiento de las pymes -precisamente las empresas más frágiles.

 

A continuación presente el artículo inextenso.

Martes 07 de Febrero de 2012
Salas cuna: ¿efectos contraproducentes?

El Gobierno ha anunciado que trabaja en “la elaboración de una reforma que permita emparejar la cancha de este impuesto que actualmente se carga al trabajo femenino”. La ministra del Sernam aclaró que este anteproyecto “se encuentra en una etapa de estudio entre los distintos ministerios involucrados” y no se ha llegado aún a “una fórmula específica”.

Tal precisión ministerial es oportuna, pues en cierto momento pudo entenderse que la actual exigencia de pagar sala cuna para todas las empresas con más de 20 trabajadoras se extendería a todas las empresas, tengan o no mujeres contratadas, y eventualmente manteniendo el umbral de 20 trabajadores, para “emparejar la cancha” entre ambos géneros en el mercado laboral.

Por cierto, es evidente la urgencia de incorporar más mujeres a nuestro mercado laboral. Menos del 50 por ciento de las mujeres chilenas trabaja en la actualidad, mientras el promedio OCDE sobrepasa el 65 por ciento. Además, las que sí están dispuestas a trabajar sufren niveles de desocupación superiores a los de los hombres: en 2011 el desempleo femenino fue superior en más de un punto al promedio nacional, acentuándose en los segmentos etáreos asociados a la maternidad. Este tema es clave, ya que el empleo es la principal herramienta para superar la pobreza. Estudios recientes muestran que casi el 80 por ciento de las personas que salieron de ésta en las dos décadas pasadas lo hicieron por vía del trabajo, y no por políticas asistenciales.

De allí la justificación de promover más oportunidades laborales para las mujeres. Al respecto, incorporar incentivos directos al empleo femenino en el ingreso ético familiar es acertado. Sería cuestionable, en cambio, una reforma a la Ley de Salas Cuna, porque hace recaer sobre las empresas un costo que es de las familias mismas y, en última instancia, de la sociedad. El cuidado de los niños debe ser proveído por sus padres en primera instancia, y si la sociedad -por inobjetables razones- quiere entregar un premio a la maternidad, él debe ser financiado por el Estado, no por las empresas, para no imponer a éstas un costo contraproducente a la actividad productiva y al emprendimiento.

Buscar un beneficio para las mujeres sin considerar que el mercado laboral global es afectado por el alza del costo de mano de obra -que en la última década ha aumentado para las compañías chilenas en torno al 20 por ciento- va en contrario de nuevas contrataciones e incentiva la alternativa tecnológica por sobre la humana. Las mujeres ya cuentan con un estatuto jurídico que resguarda la maternidad con beneficios legales mucho más amplios que la sala cuna (un posnatal recientemente extendido, que en la práctica supone más de siete meses fuera del cargo; un largo fuero maternal; horas para lactancia; licencias por enfermedad del hijo menor de un año, entre otros). Sin mayor análisis, igualar la exigencia relativa a salas cuna suena atractivo y popular, pero en la realidad no parece anticipable que eso vaya a aumentar la empleabilidad de las mujeres, porque los restantes factores seguirán influyendo en la decisión del empleador.

Peor aún, si prevaleciera el criterio de que toda empresa deba financiar una sala cuna, se estará imponiendo una barrera al crecimiento de las pymes -precisamente las empresas más frágiles-, pues eso sentará un incentivo para que no expandan su personal más allá de 19 personas, evitando así un costo adicional probablemente insostenible para muchas de ellas. Y en fin, empresas que sólo tengan personal masculino -como no pocos clubes de fútbol, por ejemplo- tendrían también que financiar una sala cuna enteramente ajena a la naturaleza de su actividad.

Más que buscar repartir los costos de contratar mujeres para los empleadores, sería conducente al mayor empleo (de hombres y mujeres) el reducir los costos generales de mano de obra, enfrentando de una vez temas como la indemnización por años de servicio; introducir enérgicos factores de flexibilidad en el mercado laboral para compatibilizar mejor familia y trabajo (que en las encuestas se reitera como un gran anhelo y una dificultad para las mujeres); ampliar la red de salas cuna y jardines estatales (que apuntan a cubrir al 60 por ciento de la población), y explorar opciones como el sistema de cuidadoras, que fomenta el empleo femenino formal, entre otros.

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