Medicina natural, actualidad y economía

La colusión en la producción de carnes de aves. ¿Habrá un sistema mejor que la estructura productiva nacional hoy existente dentro del modelo de desarrollo chileno existente?

Hace algún tiempo apareció en la prensa las sanciones por delito de colusión propuestas a tres importantes empresas o empresarios relacionados con la producción nacional de carmes de aves. Aparecen con la responsabilidad legal de haber cometidos delitos según nuestra legislación especialmente en contra de la libre competencia.

Tengo mis dudas de que exista para el modelo de desarrollo chileno una estructura nacional mejor que la existente hasta hoy en nuestro país en la producción de carne de pollo.

Analizo más adelante el desarrollo histórico de esta actividad frente a diferentes estilos de desarrollo que hemos tenido en Chile y en la que nos encontramos hoy.

Cabe destacar el desarrollo impresionante que ha tenido esta actividad que muestra un importante efecto en el aumento del consumo nacional de carnes por habitante y sus relaciones con el mercado externo, tanto en exportaciones como en importaciones que evitan la elevación excesiva de los precios.

Destaco aspectos positivos de este desarrollo empresarial. También menciono opinión sobre el tema entregada por el ministro de Agricultura y una carta enviada al diario El Mercurio por un destacado empresario agrícola, el Ingeniero Agrónomo Ramón Achurra.

Quiero referirme a este tema, porque me surgen dudas sobre la posibilidad de que en casos como éste se den las condiciones para que se presente la libre competencia. La base de que ella opere es que exista el llamado mercado perfecto, que como característica importante está la que participen muchos compradores y muchos productores u oferentes y que ningún participante tenga una presencia importante, de manera que con sus decisiones de comprar o de vender pueda afectar el precio del mercado.

No es fácil que nos encontremos con mercados perfectos. En materia agrícola es común que se tengan muchos oferentes, muchos productores, ninguno gran oferente o productor de mucho peso, pero se enfrenta a un solo comprador o a unos pocos, en otras palabras que exista un monopsonio o un oligopsonio. Esa es una de las justificaciones de las cooperativas agrícolas y que éstas sean apoyadas por la sociedad y/o por el Estado.

Actualmente se da esa cosa combinada en el caso de la producción láctea chilena. A menudo se manifiestan críticas a los poderes compradores de la leche en manos de capitales privados, incluso de capital extranjero, y para otra zona geográfica se tiene una gran cooperativa lechera, que es COLÛN, cooperativa que estaría ampliando su capacidad de recepción localizándose en otras zonas de recepción.

 

Algo de historia sobre la producción avícola chilena y especialmente la de carne de aves.

Profesionalmente me ha tocado estar ligado a estas actividades, principalmente desde el sector estatal. También fui un pequeño productor de huevos, asociado a la producción marginal de carne de ave proveniente de cuando uno partía de la compra de pollitos de un día sin sexar. La tendencia era a que la mitad fueran machos los que se criaban hasta poder ser vendidos para carne. Eso era a mediados del siglo pasado.

A comienzo de los años 60 prácticamente no se producía en Chile el llamado broiler. CORFO en el Gobierno de Jorge Alessandri inició un fomento avícola y dentro de esta iniciativa estuvo la construcción del primer matadero moderno de aves, ubicado en La Cisterna. El Gobierno de Frei Montalva impulsó posteriormente un gran proyecto de promoción de las producciones de carne de ave y de cerdos.

Eran tiempos en que la carne de aves era más cara que la de vacuno. Época en que era casi un lujo comer el pollo como también el pavo. Recuerdo de los llamados meses de los pavos, eran los de junio y julio, período en que se presentan en el calendario un alto porcentaje de los santos de nombres más comunes. No era extraña la venta de los pollos y gallinas de campo, como también la presencia de las pavadas en junio y julio que recorrían las calles de Santiago y comunas aledañas, manadas que llegaban del Sur con un par de arrieros vendedores.

La cazuela de pava con chuchoca ha sido históricamente un plato típico chileno. También lo ha sido la cazuela de gallina acompañada de la desaparecida papa Coraíla a consecuencia de la aparición del tizón de este cultivo, en 1952.

En el gobierno de Frei Montalva se asoció el fomento de las producciones de carnes de aves y cerdo a estimular su consumo, que era relativamente bajo y que debía expandirse a futuro. Las carnes de ave y de cerdo debían a futuro tener un costo más bajo debido a que son especies con mejor conversión de alimento concentrado a carne que las tradicionales carnes rojas de vacuno y ovino. El menor precio de las carnes rojas se debía a los menores costos de estas producciones que se basaban principalmente en el aprovechamiento de las praderas naturales y artificiales.

Una de las preocupaciones del gobierno de Frei Montalva desde su inicio fue el tema de la inflación, la que se vio muy afectada por el alza del precio de la carne de vacuno. Ello llevó a restringir la venta de esta carne algunos días de la semana en carnicerías, como también se prohibió su uso en los restaurantes y si mal no lo recuerdo, en los consumos institucionales públicos.

El precio de la carne de vacuno estuvo fijado en la llamada “en vara”, que es la que compraba habitualmente el carnicero, precio que en la práctica sólo se cumplía en las facturas y no en el valor efectivo de transacción. Se acostumbraba detrás de la factura dejar registrado lo que tenía que pagar el carnicero comprador. Era una época en que muchos productos, especialmente alimentos, tenían fijados precios máximos.

El fomento estatal avícola descansó en varias medidas, desde créditos para la producción otorgados al agricultor avícola, como también para la construcción de mataderos y a la instalación de incubadoras. Igualmente se establecieron precios mínimos garantizados para el broiler y reajustables semestralmente en sus valores reales y modificables con un año de anticipación para posiblemente bajarlos con la reducción de costos derivados de una mayor productividad. También se establecieron concursos para identificar las calidades de los pollitos de un día e incluso se dio financiamiento para campañas motivadoras de un mayor consumo de carnes de aves y cerdos; esto se hizo en esfuerzos compartidos con aportes de organizaciones de sectores productores.

Incluso para fomentar el consumo se recurrió a importaciones, de manera que no faltara el abastecimiento a precios adecuados. En esa forma la mayor producción nacional iba sustituyendo importaciones, sin afectar el mercado para la colocación de la expansión productiva. Cuando aumentó la producción nacional más allá que la demanda de mercado y se llegó así a una sobre oferta, la Empresa de Comercio Agrícola (ECA)) compró pollos en el mercado interno. Recuerdo que se ese stock almacenado, Chile regaló varios cientos de toneladas a Perú como colaboración para los damnificados de un fuerte sismo que afectó una región peruana.

El apoyo financiero se orientó principalmente a los pequeños productores agrícolas y no a agricultores de mayor tamaño ni a los asentamientos que se formaron en los predios expropiados. Para la pequeña agricultura era muy importante la producción avícola no sólo porque mejoraba ingresos y generaba más empleo, sino que también la actividad aportaba fertilidad a los suelos, a través del uso del estiércol de aves de importante contenido no sólo de materia orgánica sino que también de los tres nutrientes básicos, N, P y K.

Recuerdo las palabras del entonces ministro de Economía Edmundo Pérez Zújovic en una reunión con productores de cerdos, a quienes les garantizó la compra de sus excedentes de producción, en que llegó a decirles que hasta estaba dispuesto a hacer en pleno centro de Santiago una pila de carnes de excedente y quemarla públicamente. El Gobierno les aseguraba así el mercado a los niveles de precios garantizados.

Los productores de cerdos en esa época eran los que podría denominarse hoy medianos productores. Otra parte importante de los abastecimientos venía del cerdo de campo, especialmente de la zona de Cautín.

El modelo de desarrollo avícola de Frei Montalva se basó especialmente en apoyar a los pequeños productores y a las cooperativas. Una organización cooperativa se hizo cargo del matadero de aves de La Cisterna. Una zona especialmente favorecida fue la de Marchihue, donde existía una importante organización cooperativa campesina. Se le aportó con financiamiento y asistencia técnica al productor y además se apoyo también a infraestructuras para la fabricación de alimentos.

El Gobierno de Allende pretendió el desarrollo avícola y porcino en grandes estructuras estatales. Recuerdo que se negoció una compra en Bulgaria de una amplia maquinaria para crear en Melipilla un gran centro estatal de producción avícola. Fue un modelo totalmente distinto, como lo pretendió establecer en los predios expropiados en grandes integraciones comunales. Recuerdo que a pocos días después del Golpe Militar de 1973 debía embarcarse a Chiles desde Bulgaria todo ese equipo; el capitán del barco se negó a aceptar el embarque en represalia contra el gobierno militar instalado en Chile. Esta situación sirvió a la CORFO para deshacer la operación, que sin duda llevaba a un sistema productivo distinto al que pretendía el nuevo gobierno.

El modelo neoliberal que se impone en Chile principalmente a partir de 1975, genera un desarrollo avícola y porcino con tendencia a la gran concentración, estimulada por la economía a escala y a la presencia de grandes iniciativas empresariales de gran capacidad de gestión. Se asocia a esa situación el debilitamiento del sector cooperativo, que incluso afectó a otras actividades agroindustriales en las cuales había una gran tradición y experiencia. Es claro que la democracia que se hace presente después del régimen cívico-militar tan neoliberal, mantiene el modelo de este proceso productivo de carnes de aves y cerdos.

En mi opinión allí se destacan dos grandes empresarios, Manuel Ariztía y Gonzalo Vial. Ellos han dado un valioso apoyo al desarrollo de estas actividades que se han desarrollo con avanzadas tecnología, que han dado una importante contribución a la entrega a los mercados de productos de buena calidad y a precios relativamente bajos comparados con los históricos. Han sido grandes contribuyentes al aumento de la producción y del consumo nacional. Chile ha llegado a ser exportador importante de carnes de ave y cerdos, gracias a esta importante ampliación productiva de material alimenticio de alta calidad y a la capacidad gerencial de estas importantes empresas.

Mi impresión es que son empresarios que no sólo persiguen el lucro, son grandes realizadores e innovadores siguiendo atentamente a los mayores avances tecnológicos mundiales.

Sin duda que la posible colusión en que habrían caído, es muy diferente a la de las farmacias, de una inmoralidad impresionante; asociada a otras como la famosa “canela” a la que se motivaba a sus vendedores consistente en premios por la venta de productos de más precio y de mayor margen de utilidad para las cadenas.

A Manuel Aristía lo conocí en el segundo quinquenio de los años 50. Tuve la oportunidad de visitarlo el Melipilla, en su casa en el predio agrícola mismo donde tenía su actividad avícola. La visita fue con motivo de que estábamos haciendo una encuesta a productores avícolas llevada adelante por el Departamento de Economía Agraria del Ministerio de Agricultura. Lo visité en compañía de el médico veterinario y economista José Luis Troncoso de la Cerda.

Tuve contactos posteriores con él cuando me desempeñé en CORFO y me tocó impulsar el programa de desarrollo avícola en el gobierno del Presidente Frei Montalva, siendo yo Gerente Agrícola de CORFO. Siempre tuve con él agradables encuentros y mantuve una muy buena impresión de este gran empresario, siempre altruista aportante de ideas, conocimientos y experiencias.

No hace muchos años me encontré con él en un viaje en movilización colectiva en el Barrio Alto. Inmediatamente nos reconocimos; me contó que ya estaba un poco alejado de su empresa, que había dejado a sus hijos a cargo de esas responsabilidades. Él ahora estaba más dedicado a los contactos internacionales. Fue una grata conversación de unos pocos minutos.

Con representante a Agrosuper tuve la oportunidad de participar en unas conversaciones de grupo que se desarrollaron hace algunos años atrás en lo que se llamó el Foro Agrícola que se organizó como una actividad continua en la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile. En ese foro analizábamos diferentes temas y se invitaba además de a académicos a representantes del sector privado tanto empresarios como a campesinos. Yo abordé temas relacionados con la política cambiaria, que ha sido una de mis grandes preocupaciones y que a mi juicio ha dañado a la economía chilena en general y en particular mayormente a la agricultura y a la industria manufacturera, gran generadora de empleo. Lamentablemente ese foro fue discontinuado. Entre los que asistían a nuestras reuniones estaba ese empresario y dirigente empresarial agrícola Ramón Achurra, que ha escrito una interesante carta al Director de El Mercurio que presento más adelante.
Pretender que exista una sana competencia cuando hay concentraciones o agrupaciones de participantes que impiden una competencia perfecta es algo difícil o quizás imposible. Recuerdo que durante el gobierno de Jorge Alessandri se observaron anormalidades en el comercio de harina entre la molinería y los panaderos. La molinería tenía una organización legal la que se obligó a disolver. Los panaderos tenían una organización informal que los reunía y que siguió operando. Esta situación terminó en que la industria panadera quedó en mejores condiciones en las negociaciones y fue logrando crecientes endeudamientos con la molinería en competencia, créditos que no tenían mayor justificación ya que la harina rápidamente se transforma en pan que es vendido mayoritariamente al contado. Así la industria panadera fue asfixiando a la molinería, cayendo varias empresas molineras en crisis.

Cuando la oferta está concentrada en pocos oferentes, los cuales se pueden expandir en sus actividades suelen entrar en competencia entre ellos que se puede considerar hasta desleal tomando una o unas pocas gran parte del mercado. Eso lo vimos en las farmacias muy claramente. La lucha entre ellas llegó a ser tan intensa que se dieron cuenta que no podían seguir en esa guerra y llegaron a la famosa colusión de precios en una gama importantes de medicamentos importantes.

Hay experiencias mundiales interesantes en que la competencia entre unas pocas empresas ha llevado a situaciones muy críticas, con riesgo de que se destruya toda la industria. Eso se ha dado especialmente en el transporte tanto terrestre, como marítimo y aéreo. Para subsanar esas situaciones extremas se ha llegado a acuerdos de tarifas.

La fría competencia en el mercado de la carne de aves pudo haber llegado a una situación similar extrema de quiebra conjunta o terminar en un monopolio. Es fácil llegar a ese extremo, ya que la empresa que va siendo más fuerte puede ir mejor aprovechando los rendimientos a escala, hasta desplazar o absorber a la competencia.

Eso no alcanzó a darse en la actividad del broiler. Por lo que se puede observar se llegó a que dos empresas pasaron a tener un peso importante y una tercera también logró hacerse presente con una producción aunque menor. Pero de importante relativo peso.

La lucha entre ellas no se dio y se habría llegado a posiblemente un acuerdo tácito de respetarse mercados y no generar sobreproducciones que originasen caídas peligrosas de precios. Posiblemente debe haber habido en parte una distribución parcial geográfica de los mercados para un beneficio conjunto.

Estas estructuras productivas habrían favorecido la participación de producciones nacionales en los mercados externos. Sumado a que la libre importación de estas carnes impedía que esta estructura productiva exagerase los niveles de precios internos.

En mi opinión este sistema imperante ha permitido tener un abastecimiento interno adecuado, con una buena cobertura geográfica y con una relativa estabilidad de precios.

Es interesante tener presente que se han dado casos en que alguno de estos participantes ha enfrentado problemas por la presencia de enfermedades u otros tipos de accidentes, y al parecer se han ayudado entre ellos para superar estas dificultades. Hay que estar conscientes de que la agricultura y la actividad pecuaria se basa en el uso de seres vivos, siempre sujetos a la presencia de enfermedades, algunas de ellas no tradicionales y nuevas.

Es posible que los acuerdos o compromisos a que estos empresarios han llegado a establecer, sean de características no propiamente formales y que merezcan la calificación de colusión sancionable por la legislación existente. Cabe preguntarse hasta dónde el proceso productivo al cual han llegado y a los acuerdos o coordinaciones que han concretado no hayan contribuido a abastecimientos más estables, que en cierta manera favorecen a los consumidores.

Si se hubiese desarrollado una competencia verdadera, es muy probable que se llegase a estructuras productivas cercanas a un monopolio con perjuicio a los consumidores en sus abastecimientos físicos estables y a precios con bajas oscilaciones.

Se ha dado como argumento a favor de la existencia de una competencia en el mercado la libertad de importaciones de carne de aves, que han llegado a montos importantes.

Quisiera referirme brevemente a lo que responde el ministro de Agricultura Carlos Furche, gran conocedor de la agricultura chilena y del comercio mundial, a una entrevista que apareció ayer en la Revista del Campo de El Mercurio en que marginalmente se toca el tema de la colusión en el mercado de la carne de pollo.

Presento a continuación textualmente lo que sale en el artículo en referencia sobre el tema.
CASO POLLOS “MI PARTICIPACIÓN NO TUVO QUE VER CON LA COLUSIÓN”

Recientemente la justicia decretó que había habido colusión de la industria avícola. Usted, como consultor privado, había hecho un informe encargado por la industria, en que había indicado que esa era una de las más transparentes que conocía. ¿Sigue pensando lo mismo después del fallo judicial?

– Responde: Mi participación no tuvo que ver con la colusión, sino con un análisis de la apertura comercial en el funcionamiento del comercio exterior de nuestra industria avícola. Los datos están ahí: el 25% de la producción chilena de aves se exporta. Esto existe gracias a la apertura. Y 15% y 20% de lo que consumismo en Chile se importa. El tema de si hay o no colusión es independiente del funcionamiento internacional.

Es decir, sigue sosteniendo que es una industria transparente..

– Sigo sosteniendo que es mejor una apertura que sin apertura. Que el hecho de que haya posibilidades de importación debiera contribuir a que el mercado funcione mejor. Ahora si las empresas chilenas hicieron colusión es algo que está más allá del análisis del comercio exterior y de sus posibilidades.
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Agrego a continuación la carta enviada por Manuel Achurra al Director de El Mercurio y que este diario le dio publicidad

Jueves 02 de octubre de 2014

Colusión avícola

Señor Director:

Durante los últimos días hemos sido informados sobre una multa sin precedentes aplicada por el Tribunal de Libre Competencia en contra del sector avícola de nuestro país, por la supuesta programación en la producción de pollos con el objeto de controlar sus precios en el mercado.

Por cierto que las acusaciones son graves, y será la Corte Suprema la encargada de definir la comisión del delito.

Mientras tanto, uno lee, ve y escucha todo tipo de comentarios injuriosos y calumniosos en contra de la gente que con mucho tesón, trabajo y vocación logró levantar una compañía que es, en muchísimos aspectos, francamente ejemplar.

Quiero dar testimonio de la otra cara de la medalla de este lamentable episodio: conozco a los forjadores de Agrosuper por más de cincuenta años, cuando comer carne de pollo y pavo era un lujo que solo se disfrutaba para las grandes ocasiones. Agrosuper, entonces Súper Pollo, tuvo la perspectiva de masificar el consumo de estas carnes que hoy son de aproximadamente 30 kilos por habitante, representando el 40% del total de carne que se consume en Chile.

Me consta que en su rubro, Agrosuper paga los mejores sueldos de la región y que en la diversificación de sus recursos productivos -como frutas, vinos, cerdos y pescados-, ofrece una fuerza laboral de 25 mil empleos en las distintas regiones del país. Preocupándose no solo del bienestar laboral de sus empleados, sino que también de su desarrollo integral, formando escuelas de excelencia académica para las familias de sus funcionarios y también para los niños más vulnerables de la comunidad.

En Chile hay libertad de competencia, lo que garantiza que se pueden traer pollos importados. Y lo puede hacer cualquiera, incluyendo a los supermercados. Por lo tanto, se puede competir en precio y calidad.

Creo que esta resumida visión de lo que ha significado Agrosuper no puede ser afectada por la virtual sanción que la afecte. Por el contrario, debe seguir siendo un ejemplo para muchas actividades empresariales: por su visión, desarrollo, por la cantidad y la calidad del empleo que ofrece y por su tremendo aporte a la patria durante más de cinco décadas.

Ramón Achurra L.

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