Nuevamente toma actualidad las inestabilidades del valor del dólar y sus repercusiones en la economía nacional

El neoliberalismo monetarista impuesto por el Gobierno Militar y garantizado por una espuria constitución que la nueva democracia no ha sido capaz o no ha querido modificar, nos mantiene en perversas inestabilidades que perjudican el desarrollo del país, facilitan las especulaciones y agudizan la desigual distribución del ingreso. Comprometen además a los empleos dignos.

Al Banco Central no se le ha dado obligaciones en cuanto al valor de la divisa, tema de enorme importancia para una economía como la chilena tan relacionada con los mercados externos y tan dependiente del cobre.

La representación de los fruticultores ha solicitado al Banco Central una rebaja de los intereses para aumentar el valor de la divisa, a lo que autoridades del banco emisor han rechazado. Posiblemente el pedido se basa en la influencia de la tasa de interés sobre el movimiento de los llamados “capitales golondrinas”, que van a los países o se retiran de ellos en función de los niveles de las tasas de interés existentes en ellos. En otros momentos logramos en parte reducir el fenómeno a base del encaje establecido por el país a través del Banco Central para la entrada capitales de corto plazo, mecanismo que habría sido eliminado, si no estoy equivocado, por presiones internacionales aperturista y globalizantes.

En Chile se necesita un mayor ahorro personal, pero quien ahorra en el sistema financiero actual recibe intereses muy bajos, e incluso por largo períodos este ahorro ha llegado a tener intereses reales negativos. Bajar más los intereses podría ser perjudicial al ahorro personal.

Durante el Gobierno del Presidente Lagos, el Banco del Estado estableció una comisión por el manejo de las cuentas de ahorro, que ha significado prácticamente el debilitamiento del sistema de libretas de ahorro histórico en Chile, existente desde la antigua Caja Nacional de Ahorros; con esas comisiones ha hecho desaparecer ese tan positivo sistema. Con ellas se les ha quitado patrimonio en alto grado a los que tenían depósitos bajos; terminaron agotando sus saldos con cobros superiores a los intereses y reajustes. Se destruyó en plena nueva democracia, un patrimonio social que venía formándose desde las primeras décadas del siglo XX, con campañas nacionales, que nos llevó a tener más de diez millones de cuentas en libretas de ahorro.

Puede llamar la atención que muy poca queja se dio a lo sucedido. Sistema que aún en el neoliberalismo del Gobierno Militar fue respetado.

A los ahorrantes en las libretas de ahorro se les permitía créditos en condiciones muy especiales, para fines específicos y premiando antigüedad. Personalmente recibí muy importantes ayudas, gracias a que a muy corta edad nuestros padres nos abrieron las tradicionales libretas de ahorro de la entonces Caja Nacional de Ahorros, que el Gobierno del General Carlos Ibáñez del Campo al crear el Banco del Estado la integró y un par de otras instituciones de fomento financiero, conservando sus responsabilidades.

Referente a la fuerte caída reciente del valor de la divisa, hasta el momento se ha visto una pronta reacción de los exportadores, especialmente frutícolas y los agricultores preferentemente fruticultores.

Impresiona la relación entre el precio del cobre, actual y el de los esperados a futuro sobre el valor del dólar. Parece increíble que la política monetaria y cambiaria de Chile permita que decisiones de China de cerrar una empresa productora de cobre porque contamina, origine no sólo una reducción de su actividad productiva cuprera, si no también una alza del precio del cobre en los mercados mundiales que repercute en una brusca caída del valor del dólar en Chile, la que pone en jaque a la economía nacional y que genere grandes trastornos en las economía regionales.

La fruticultura está de inmediato afectada ya que está en periodos de mayores exportaciones; ven así seriamente castigados sus retornos.

El desarrollo frutícola chileno ha sido extraordinario. Se han ampliado considerable-mente las superficies plantadas y se ha logrado significativos mejoramientos tecnológicos y el uso de mejores variedades.

Preocupan declaraciones como las del Ministro de Agricultura, que plantea que no debe ser problema la caída del dólar para los fruticultores porque tuvieron este último tiempo valores del dólar alto. En parte puede tener razón para algunos, pero para otros no. Para nuevos productores no aparecen las inciertas compensaciones. Además las incertidumbres sobre el valor futuro del dólar sin duda que afectan las decisiones de invertir.

También se da como recomendación operar con seguros sobre el valor de la divisa, pero es algo que no todos los productores, por diferentes razones, lo pueden utilizar. Los seguros por otra parte encarecen los costos y mientras más inestabilidad se tenga de las perspectivas del valor de la moneda extranjera, más alto serán sus tasas.

El 10 de enero de este año aparece la noticia sobre el valor del dólar en El Mercurio de Santiago: “expertos lo proyectan para este año entre $550 y $630”. Parecen increíbles niveles u oscilaciones de esas magnitudes. Además a menudo las realidades pasan a ser muy diferentes a los pronósticos.

Debe tenerse presente que la baja del dólar no sólo afecta a la agricultura de exportación, sino que también a la de producción para consumo interno, como son los casos de la leche y las carnes, que llegan importados a costos más bajos. Lo mismo será para los cereales-trigo, maíz y otros.

Las actividades manufactureras se ven también afectadas, tanto por la baja de los retornos de exportaciones como por la competencia de los productos importados.

Se suma al efecto de la baja del valor de la divisa, los bajos aranceles, incluso nulos para el comercio con varios países con los que tenemos tratados de libre comercio.

Impacta en los últimos años cómo se ha cerrado una moderna planta de producción de cerámicas, para la empresa pasar a dedicarse a importar ese material de alto peso específico, que debería aumentar sus costos por los gastos de transporte. Por otra parte a no pocos nos preocupa que hasta se haya suspendido la producción de manufacturas de cobre, para traerlas del extranjero. Frente a cuanto se habla de darle más valor agregado a nuestras materias primas para la exportación y hemos terminado retrocediendo hasta llegar a que nuestro cobre se manufacture en el extranjero para abastecernos internamente.

Es triste recordar cómo la CORFO fomentó la industrialización nacional del cobre con la creación de MADECO, la que posteriormente se privatizó e incluso se creo otra empresa privada de manufactura de cobre, denominada Cobre Cerrillos. Empresa esta última que desapareció.

Muchos señalan la importancia de darle mayor valor agregado a nuestras exportaciones de materias primas; parecen lógicos deseos, pero para ello requerimos de la existencia de una política cambiaria que contribuya a ese proceso. También podría considerarse una política arancelaria.

La historia lo demuestra; cuando a principios de los años 80 establecimos una estabilidad del dólar en $39 por tres años; los economistas de Gobierno aseguraron que ese valor se mantendría por lo menos por 10 años. Al acercarnos a los tres años de su vigencia se agudizó una crisis económica que no la teníamos en intensidad desde la de 1930. La desocupación llegó a niveles alarmante. Muy afectada fue la agricultura y desde luego la industria manufacturera. La economía pudo funcionar a base de los créditos externos que nos llegaban de la banca privada internacional, colocando así los llamados petrodólares abundantes. Con esos recursos el sistema bancario que se endeudaba, conseguía divisas a bajos intereses que los convertía en moneda nacional y se prestaba a altos intereses. La deuda externa chilena llegó a niveles extremos; el Gobierno señalaba que no tenía responsabilidad en ello porque el sector privado era el deudor y ellos procedían racionalmente. Hasta que la situación hizo crisis y el país tuvo la obligación de dar garantía a la deuda internacional privada para poder renegociar la deuda externa internacional. Recordar parte importante de la banca privada quebró. Se tuvo que llegar a tratamientos especiales para salir de la crisis, con importantes exenciones tributarias. Se tuvo que hacer una fuerte devaluación y elevar aranceles.

Se produce así un cambio profundo en el modelo económico que origina un fuerte crecimiento económico, que permite al Gobierno Militar terminar su periodo a ingresos per cápita similares a los que recibió el país.

Con la crisis de comienzos de lo 80, destruimos gran parte de los sectores industriales manufactureros más importantes, que poco se recuperaron posteriormente, incluso con algunos ciclos.

Prácticamente hemos destruidos con la baja del valor de la divisas y los bajos o nulos aranceles industrias como las textiles, las metalmecánicas, las de cuero y calzado y las de la confección de ropa, que tanto empleo estable generaban con sólidas organizaciones sindicales.

Por otra parte el libertinaje en importaciones ha llegado a extremos, como lo observado en Iquique con las internaciones de ropa usada a granel en container o fardos que contienen desechos que terminan en vertederos clandestinos, en que incluso se queman y por lo tanto contaminan aún más. Tuve la oportunidad de ver un reportaje en televisión sobre el tema, que me impactó.

Esta destrucción de la industria manufacturera nacional sin dudas que ha generado descontentos y nostalgias; triste recordar la importancia que tuvieron en el pasado en Chile estas actividades que tanto empleo creaban, pertenecientes a sólidas organizaciones sindicales. Muchas de esas industrias promovían actividades deportivas.

Conviene mencionar lo que ha sucedido en EE. UU. con industrias que emigraron de su territorio a países con salarios más bajos. Eso habría generado gran descontento en los sectores laborales afectados, que sería una explicación de las varias otras de la extraña alta votación del nacionalista Donald Trump y de su inesperado triunfo.

No hace mucho preparé un breve documento sobre recomendaciones de políticas cambiarias; en parte la justificaba a base de la conveniencia de darle valor agregado a nuestras exportaciones de productos primarios, especialmente mineros y en particular del cobre. Señalaba la conveniencia de pensar en un precio de la divisa que fuera el más conveniente para el desarrollo del país y que en torno a ese valor se estableciese una banda de manera que no pudiese alejarse demasiado de los niveles óptimos. Hay herramientas económicas para actuar y evitar que se llegue a los límites de la banda y de alcanzar a ellos, deber actuar el Banco Central ya sea vendiendo o comprando divisas.

El senador Guillier al parecer como candidato acogió esa idea, pero hubo un inmediato rechazo que lo motivó a abandonar la iniciativa.

Es interesante analizar la política cambiaria de China. Le ha dado un alto valor a la divisa, medida cuestionada internacionalmente, lo que le ha permitido lograr una balanza de pagos altamente positiva, con ello generar una importante acumulación de divisas, utilizada inicialmente en créditos externos y posteriormente en grado importante en inversiones externas directas.

Su política cambiaria le ha dado un importante apoyo a las exportaciones de bienes y además protección a su economía de importaciones que puedan perjudicarla. También ha usado su política arancelaria.

Por otra parte esta política cambiaria le ha permitido generar un importante ahorro nacional para hacer inversiones financieras y productivas en el extranjero. Estas últimas un rubros estratégicos importantes para su propio desarrollo.

Se ha informado que China tiene un solo tratado de libre comercio y ello ha sido con Chile. Qué temor puede tener este país asiático de las exportaciones chilenas que le puedan dañar su economía. Chile le exporta principalmente cobre, celulosas y productos alimentarios de alta elasticidad de demanda ingreso. Se observan crecientes exportaciones en frutas y vinos; el potencial productor de nuestro país en estos rubros es aún inmenso, con los mejoramientos tecnológicos que hemos ido desarrollando.

Conviene tener presente las poblaciones de ambos países. China con cerca de 1.400 millones de habitantes y Chile no llega a los 18 millones. La población chilena es del orden de un 1,3% de la china, país en fuerte crecimiento de sus ingresos per cápita, gran demandante de alimentos, por ahora cubiertos preferentemente por importaciones. Sin dudas que China no tiene riesgos de recibir grandes exportaciones chilenas que dañen su economía.

Por otra parte llama la atención el inicio de inversiones chinas en Chile; ya se han incorporados a la industria vitivinícola y aparece con interesantes ideas en el transporte ferroviario, como es el caso del tren rápido de pasajeros y carga a la costa de Santiago. También capitales chinos aparecen interesados en el litio, actividades de grandes expectativas relacionadas con el aprovechamiento de la energía solar.

Recuerdo hace muchos, muchos años atrás leer un Editorial de El Mercurio en que se comentaba el daño que generaba en la economía nacional el aumento del precio del cobre en los mercados internacionales, por la caída del valor de la divisa. Al parecer esa inquietud para muchos sigue existiendo. No hemos sido capaces de desarrollar una política económica adecuada para nuestra realidad y especialmente para nuestra dependencia de la minería y especialmente del cobre.

Increíble que un país como Chile no sea capaz de aprovechar plenamente los beneficios de mayores ingresos por exportaciones.

Necesitamos hacer un profundo diagnóstico de la economía chilena y quizás hacerlo de la sociedad chilena. Tomar seria conciencia de nuestros grandes problemas económicos y sociales que enfrentamos y de sus prognosis, hacia donde ellos evolucionan en su futuro si no cambiamos nuestras políticas.

 Necesitamos a mi parecer restablecer un fuerte sistema planificador como lo tuvimos en el pasado. Descansar en muy buenos diagnósticos y en sus prognosis y crearnos una imagen objetivo a la que deseamos llegar y buscar caminos para alcanzar esa situación deseada. El sistema debería considerar una Oficina Nacional y oficinas sectoriales. También considerar planificaciones regionales. Este sistema debería ser esencialmente orientador, asesor del Ejecutivo y del Legislativo y estimular en lo posible en el establecimiento de una estrategia de desarrollo como política de Estado.

 El país no pude estar dependiendo principalmente del Ministerio de Hacienda y muy en particular de la Dirección de Presupuesto, de visiones naturalmente cortoplacistas.

 En mi opinión todo esto sea especialmente considerado en una nueva constitución que nazca de la autentica voluntad de la sociedad chilena. Para mí el mejor camino para ello es una Asamblea Constituyente y un plebiscito final.

 Estoy seguro que una constitución nacida así, puede contar con grandes consensos.

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