Medicina natural, actualidad y economía

Qué pasa en Chile que no se hace cumplir las leyes. Muy grave las del tránsito, especialmente las de excesos de velocidad y el no respeto a la distancia entre vehículos

El sábado pasado, 14 de octubre, hubo un grave accidente en el Camino a Lonquén, un poco más al sur del Km. 8 y del Paradero 1 de Calera de Tango. Eso debe haber sido como a las 14.00 horas.

Ese mismo día, en la mañana, hice mi viaje habitual a la propiedad que tengo a unos 500 m al sur del lugar del accidente. Como todas veces que transito por esos lugares me encuentro que no se respetan las velocidades máximas de 50 y 60 Km/h establecidas.

Si uno las respeta, lo que trato de hacerlo siempre, cuando pueden otros me adelantan o se acercan peligrosamente a mi vehículo, especialmente buses de la movilización colectiva y vehículos de transporte de diferentes tamaños; uno se siente que le hacen presión para que aumente la velocidad. No es fácil adelantar en gran parte del trayecto ya que hay una sola vía para cada dirección.

Hace mucho tiempo que no observo control policial de la velocidad. Desconozco el motivo de ello.

El accidente antes mencionado lo originó un gran camión transportador de combustible. Me llegó la información que transportaba petróleo y gasolina. La explosión después del choque fue tremenda, en su magnitud visual y en el sonido. Se produjo un volcamiento del camión y un choque con un vehículo menor, que originó una colisión en cadena. Uno de los vehículos se incendió y el conductor murió calcinado. El chofer del camión siniestrado pudo escapar del vehículo, entiendo que incendiándose y se habría revolcado en el suelo para controlar el fuego; habría sobrevivido. Otras personas quedaron lesionadas e incluso una guagua (un bebé) que iba en uno de los autos involucrados.

No fue fácil apagar al fuego; se hizo necesaria la presencia de varios carros de bomberos y el uso de espuma. Costó posteriormente apagar el petróleo, el que escurrió hacia el sur más de medio kilómetro. Incluso se trajo tierra para extinguir la combustión.

Pudo tener mayores malas consecuencias. El fuego intenso fue sobre un gaseoducto existente que pasa bajo tierra a no gran profundidad. A poca distancia se señala un número, el 127, como identificador de la ubicación en que se está.

Fue conveniente avisarle a bomberos y policías del riesgo que el gasoducto involucraba y que era conveniente informar a la empresa dueña de esa instalación conductora; un profesional municipal advirtió de este peligro. Al parecer Carabineros y Bomberos no se encontraban al tanto de aquella información.

Se culpa del origen de este accidente a un conductor que habría ido utilizando su celular; pero seguramente no puede ser el único responsable. Es muy probable que el camión que llevaba el combustible iba a una velocidad relativamente alta para el tipo de carga que llevaba, porque para evitar la colisión directa, al desviarse se volcó y en esa posición se habría arrastrado bastante.

Uno se pregunta, cómo un camión transportando gasolina y petróleo va a altas velocidades que no le permiten detenerse oportunamente, por la alta carga que seguramente llevaba.

El camino sólo quedó expedito avanzada la mañana del domingo 15 de octubre.

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Yo debí regresar a Santiago, dirigiéndome al sur, hasta el cruce de Calera de Tango, virando al este, para llegar a la carretera Norte Sur.

Entré a ella hacia Santiago. Como es natural me fui mirando las velocidades máximas anunciadas, las que iban variando. Parece increíble como los vehículos sobrepasaban los límites establecidos. Me sentía muy tenso al observar lo que pasaba y al conocer con bastante detalle el accidente antes mencionado.

Desde luego nadie se veía controlando velocidades; llegué a pensar que los límites establecidos eran obsoletos, como a veces quedan después que se terminan arreglos sin modificarlos.

Por otra parte, más tarde en mi departamento, me impactaron las declaraciones de un profesional del tránsito (si mal no lo recuerdo era del Automóvil Club) por la televisión informando que más del 50 por ciento de los vehículos no respeta las velocidades máximas, y un alto porcentaje las superan considerablemente.

Me viene al recuerdo EE.UU. Concretamente Miami, cuando una amiga me transportaba en su auto para hacer algunas gestiones familiares, conducía muy preocupada de no caer en ninguna infracción, porque cualquiera cometida quedaba automáticamente registrada. No hay policías que controlan, no son necesarios. Son sistemas de plenas características preventivas.

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También recientemente, el día anterior al accidentes, transité por la Autopista del Sol para ir a Rinconada de Maipú. Ahí pude observar que se establecen velocidades máximas más bajas para camiones.

Sin duda que deberían ser mucho más bajas para los transportadores de combustibles.

Pero de muy poco sirve poner límites, sin establecer los controles.

Anoche vi un programa de televisión (por Mega) sobre el tema de las velocidades máximas y otras infracciones, como las carreras clandestinas. Todo eso queda registrado en las carreteras, pero no se usa aparentemente para nada más que captar a aquellos que pasan sin tag, y así evadir el pago  del servicio. Extraña que en la sociedad chilena no se registren los delitos de excesos de velocidad, los que arriesgan vidas humanas, pero si se hace para los que significan defender ingresos o patrimonio de las empresas concesionarias.

A veces círculo por la calle Martín de Zamora, en Las Condes, y por allí se anuncia una cifra cuando uno pasa, que indica a la velocidad que uno conduce. Pienso que nada costaría instalar un sistema que registre velocidad superior a la límite y su magnitud, junto con la placa del vehículo que delinque. Un sistema de foto-radar.

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Ayer domingo tuve que ir a la Gran Avenida por Américo Vespucio Sur. Debía salir a esa arteria hacia el norte. Un bus de la locomoción colectiva prácticamente se pegó a mi auto, a una velocidad que no era baja.

No se respetan las distancias mínimas prudentes. Eso debiera ser también sancionado. Se sabe que la mayoría de los accidentes son por lo llamado “alcance”, que afectan habitualmente a varios vehículos, como en serie.

Recuerdo en un viaje a Corea del Sur, en una carretera de Seul, me impresionó la distancia que se conservaban entre los vehículos.

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Me trae a la memoria, que en pasado se tenían carabineros especiales para el tránsito, con una pequeña diferencia en sus uniformes. Quizá había más responsabilidades específicas. El diseño de las nuevas carreteras dificultan el control más directo por el carabinero, por eso debería establecerse controles automáticos que registren la infracción en su gravedad junto a la identificación del vehículo conducido por el infractor. Procedimientos de ese tipo contribuiría a que se establecieran sistemas masivos de registros y con ello contribuir el sistema a tener en poco tiempo un efecto especialmente preventivo.

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Recuerdo que ya hace muchos años, en una oportunidad un carabinero me sacó un parte, porque estando estacionado con el motor funcionando, tenía en escape un ruido algo superior al normal. Era a consecuencias de que el tubo de escape tenía una pequeña rotura antes del silenciador.

Hoy en día hay ruidos espantosos por los autos que parecen tener escapes libres y peor algunos motociclistas aceleran a grandes velocidades, generando ruidos casi infernales, especialmente en las noches. Al parecer sienten placer en ello. Nadie los controlan.

Existen disposiciones legales que deben cumplirse; antes eso lo hacía Carabineros de Chile, que muy bien sabía de Leyes. Ahora no sé por qué no lo hacen.

Parece increíble que existan carreras de autos clandestinas en conocidas carreteras y otras vías públicas y no pueden ser controladas y sancionadas.

Ahora parece que nadie controla eso; tenemos un Ministerio de Transporte y Comunicaciones, tenemos ingenieros en transportes. Antes no los teníamos y las cosas funcionaban mejor.

Tenemos nueva tecnologías de control y experiencias externas para aplicarlas; sería mucho más fácil hacerlo ahora Por qué no se hace. Cabe preguntarse, no será conveniente traer asesorías externas para que nos orienten cómo proceder.

Ha salido la información de que el Gobierno, al parecer el Ministerio de Trasporte y Comunicaciones, propondría rebajar las velocidades urbanas máximas, de 60 a 50 Km; no será preferible primero controlar los límites existentes. De qué sirve bajar los límites, para menos controlarlos.

Parece que las velocidades máximas se toman en cuenta cuando se producen accidentes, como agravantes o causantes; el sistema debiera ser esencialmente preventivo.

Debiera ser esto también materia de preocupación de la Salud Pública chilena.

 

En un artículo posterior deseo referirme al incumplimiento de leyes establecidas, que parecen quedar sólo en el papel.

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