Medicina natural, actualidad y economía

Planteamientos de políticas para el bosque nativo. Proposición del Ingeniero Forestal Fernando Garrido González, presentada en 2011

En un artículo anterior, que recomiendo leer previamente a este, me refiero a Fernando Garrido González, destacado ingeniero forestal de la primera generación de los egresados de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Chile.

Presento ahora un interesante capítulo que preparó Fernando y que aparece en el libro titulado “Política y Economía del Sector Forestal. Chile”, publicado por la Editorial OCHOLIBROS, de los autores Rolando Chateauneuf, Alejandro Fuentes y Fernando Garrido.

 

Presento los títulos principales del capítulo, para entregar como anexo, el texto completo.


PLANTEAMIENTOS DE POLÍTICAS
PARA EL BOSQUE NATIVO

Fernando Garrido González. 2011


PLANTEAMIENTOS DE POLÍTICAS
PARA EL BOSQUE NATIVO

Fernando Garrido González. 2011

Política para el bosque nativo

 

Introducción

El bosque nativo chileno constituye un recurso valioso por los valores económicos, sociales y ambientales que posee y, por ello, puede llegar a ser una herramienta valiosa, junto con otras, para sostener el desarrollo que el país necesita imperiosamente, para situarse entre las naciones más adelantadas del planeta.

No obstante, la importancia de este recurso no ha sido bien entendida, por años, por las autoridades y por la mayoría de la opinión pública del país, siendo considerado primeramente como un obstáculo para la expansión de los cultivos agrícolas y para la crianza de ganado, y recientemente, como un elemento para ser utilizado como atractivo turístico, desdeñando los demás valores que realmente tiene, especialmente los económicos y sociales.

En efecto, el bosque nativo puede generar importantes ingresos a sus propietarios, procurar fuentes de trabajo a numerosas personas, activar el comercio de diversas regiones, disminuir las importaciones de productos madereros de otros países y, al mismo tiempo, representar un atractivo turístico y recreacional a visitantes chilenos y extranjeros.

Si las masas forestales nativas van a ser consideradas como un elemento más del desarrollo del país, deben decidirse, antes que nada, los objetivos que tendrá la acción de la autoridad en este respecto: ser parte de un programa de utilización turística con un fuerte acento ambiental o bien, ser manejadas para proporcionar ingresos económicos, respetando, al mismo tiempo, porque no son incompatibles, los equilibrios ambientales.

Dada la magnitud de la superficie actual  ocupada por los bosques y la que tenía antes de la transformación de los terrenos de vocación forestal en cultivos agrícolas, iniciada por la ocupación incásica,100 años antes de la llegada de los españoles, es indiscutible que Chile es un país forestal (los ingresos por el concepto de divisas sobrepasan los 5 mil millones anuales, ocupando el segundo lugar después de los ingresos de la minería) y por lo tanto, es imperativo darle la importancia que merece.

Los problemas que aquejan al bosque nativo son conocidos de los entendidos aunque existen discrepancias entre las distintas soluciones que se señalan y sobre las prioridades que deben establecerse. Este documento postula que las acciones que hay que tomar se centran en los siguientes puntos: repoblar los terrenos de vocación forestal, defender los bosques de las causas de la destrucción de su calidad y cantidad, poner bajo manejo forestal algunos de los tipos por su importancia económica y resolver la institucionalidad del sector.

Situación actual

Sin tomar en cuenta los terrenos ocupados por las plantaciones, las masas forestales nativas cubren 13,4 millones de hectáreas, según el catastro del año 1999 y, aunque esta superficie supera largamente las cifras oficiales existentes hasta ese año, es necesario hacer notar que la calidad de los bosques es deficiente y por lo tanto, no cumple con los valores económicos, sociales y ambientales que debería tener de acuerdo con el potencial que poseen. La repartición de los tipos forestales, según CONAF (1999), es la que se indica en el cuadro siguiente:

 

Cuadro 1.  Superficie en miles de hectáreas, ocupada por los distintos tipos forestales.

TIPOS FORESTALES SUPERFICIE (milesha)
Ciprés de la Cordillera 44,9
Palma chilena 5,0 *
Roble-hualo 188.3
Esclerófilo 345,1
Coigüe-raulí-tepa 563,6
Roble-raulí-coigüe 1.460,5
Araucaria 261,0
Alerce 263,1
Ciprés de Guaitecas 970,3
Coigüe de Magallanes 1.793,1
Siempreverde 4. 148,9
Lenga 3.391,5
TOTAL 13.435,3

*La superficie atribuida al tipo forestal Palma chilena resulta de una estimación del autor.

Las cifras anteriores al Catastro eran muy inferiores a las indicadas en el Cuadro y muchos señalaban que la destrucción del bosque nativo conduciría, a corto plazo, a su completa desaparición. Un estudio auspiciado por el Banco Central en el año 1994, mal informado por cierto, daba un plazo de 25 años para que el bosque nativo dejara de existir. El Catastro efectuado con gran acuciosidad, dio por tierra con los pronósticos catastróficos de algunos agoreros.

Sin embargo, el bosque nativo enfrenta un proceso de deterioro que se expresa por una deficiente repartición de las clases de edad, por la desaparición, parcial o total, de especies valiosas, por la disminución de la vida silvestre, por la pérdida de los valores escénicos, por la presencia de individuos enfermos y/o muertos, por la extracción descontrolada de leña y de otros productos madereros y no madereros.

La explotación selectiva del bosque, dirigida hacia las especies valiosas y de mayores dimensiones, la despreocupación de los propietarios por asegurar la regeneración, pronta  y completa de sus bosques y la ausencia, tal vez por ignorancia, de un manejo forestal adecuado, desequilibró las estructuras coetánea y multietánea de las masas forestales y afectó sus valores económicos, sociales y ambientales.

Las razones de este deterioro se deben, además de la extracción de leña antes mencionada, a la utilización de los terrenos para fines ganaderos y agrícolas, a los incendios reiterados y al avance de las construcciones urbanas, resultantes del aumento de la población del  país.

De acuerdo con lo establecido por CONAF, existen doce tipos forestales en las diversas regiones del territorio chileno, pero no todos pueden ser objeto de la aplicación de planes de manejo, con fines económicos. En efecto, algunos tipos están ubicados en zonas de muy difícil acceso, otros no se pueden intervenir por razones legales y algunos están demasiado alterados para representar interés y es mejor que la naturaleza se encargue, por ahora, de su recuperación.

El tipo Coigüe de Magallanes se ubica en lugares de acceso muy difícil, lo que hace poco rentable su aprovechamiento. Los tipos Esclerófilo, Ciprés de la Cordillera y Roble-hualo están muy alterados y su explotación no haría sino agravar su estado de deterioro. Los tipos Araucaria, Alerce, Ciprés de las Guaitecas y Palma chilena están impedidos por ley de ser intervenidos.

Por lo tanto, solamente los tipos Siempreverde, Roble-raulí-coigüe, Coigüe-raulí- tepa y Lenga podrían ser puestos bajo los dictados de un Régimen Forestal.

Los bosques templados de Nothofagus (robles, coigües, raulíes y lenga) ubicados generalmente en terrenos planos del Llano Central, aptos para cultivos agrícolas, han desaparecido prácticamente de las zonas que hoy ocupan los cultivos y están relegados a situaciones potencialmente menos productivas. En cierta forma, el tipo Lenga de la región de Magallanes ha sufrido un deterioro menor, aunque en la región de Aysén fue casi exterminado para instalar crianzas de ganado vacuno.

Los tipos Roble-raulí-coigüe y Coigüe-raulí-tepa constituyen prácticamente un mismo tipo dado que las explotaciones efectuadas a fines del siglo XIX y principios del XX se dirigieron mayoritariamente hacia las especies roble y raulí, desdeñando el coigüe y la tepa, el primero por las dificultades del secado y la segunda por el hedor que despedían las trozas que se dejaban en el bosque durante el invierno.

Estos tipos cubren una superficie de poco más de 2 millones de hectáreas de las cuales solamente 1,2 millones pueden ser objeto de manejo forestal. La estructura de estos bosques es esencialmente coetánea por lo que el método silvicultural que se les debe aplicar es el de la “Corta Única”, bajo la modalidad de la corta en fajas, cuando corresponda. Se desaconseja la utilización del método del “Árbol Semillero”, dado que no difiere grandemente de la “Corta Única” y además, implica dejar en pie individuos valiosos cuya extracción posterior es difícil y económicamente desfavorable. Las “Cortas Progresivas” se deben utilizar solamente en aquellos lugares donde existan graves amenazas  a la regeneración, dado que es un método difícil y oneroso de aplicar.

Si esta masa forestal tiene un “incremento medio anual” (IMA) de 5 metros cúbicos, el crecimiento total anual es de 10 millones de metros cúbicos. Si los bosques de este tipo forestal, susceptibles de manejarse con fines económicos, es de sólo 1 millón de hectáreas, la “Corta Anual Permisible” (Posibilidad) es de 5 millones de metros cúbicos.

El tipo forestal Siempreverde, –compuesto principalmente por una mezcla de especies donde predominan el ulmo, la tepa, los mañíos–, ha sido fuertemente desprovisto de las especies más valiosas, afectando la composición y la distribución de la frecuencia de los tamaños, hasta perder la estructura multietánea característica. Este tipo cubre una superficie algo superior a los 4 millones de hectáreas, en diversas situaciones, principalmente en la X Región.

El IMA por hectárea de los bosques de este tipo es de 2 metros cúbicos, por lo que el área cubierta por esta masa es capaz de generar 4 millones de metros cúbicos de madera anualmente, si se considera solamente la mitad de la superficie ocupada.

Para este tipo corresponde aplicar solamente las “Cortas Selectivas” por bosquetes, ya que cualquier otro tratamiento significa que estos bosques pierdan su condición de multietaneidad, con las implicaciones que van a afectar su regeneración, la composición característica y probablemente los valores económicos, sociales y ambientales involucrados.

Habría, por lo tanto todos los años, un volumen bruto disponible de 9 millones de metros cúbicos de madera que pueden ser destinados a fines industriales y energéticos.

Los tipos Araucaria y Alerce fueron objeto de una intensa explotación dadas la calidad y el elevado precio de sus maderas en el mercado. Afortunadamente actualmente su corta ha sido restringida y/o prohibida, aunque la extracción ilegal de madera de ambas especies amenaza la perennidad del recurso, lo que es especialmente grave en el caso del alerce, cuya regeneración, natural y artificial, es muy difícil.

Los tipos Ciprés de las Guaitecas y Ciprés de la Cordillera, al igual que los otros tipos mencionados se han visto enormemente afectados por la corta excesiva y hoy día la corta de sus ejemplares está prohibida. Del Ciprés de la Cordillera quedan sólo algunos bosquetes concentrados principalmente en los faldeos cordilleranos de la VII Región, siendo su madera aprovechada ilegalmente, en la producción de leña.

La Palma chilena de la cual existen dos áreas más o menos importantes (Ocoa y Cocalán), y algunos grupos esparcidos entre las regiones V y VII, está protegida por disposiciones legales, sin embargo, sus frutos son cosechados furtivamente por comerciantes inescrupulosos, por lo que la recuperación de su área de dispersión original  es muy difícil.

El tipo Esclerófilo se ubica en las zonas más densamente pobladas del país y sobre terrenos aptos para los cultivos agrícolas, lo que, desde los tiempos de la colonización incásica y, luego, por la de los españoles, hizo desaparecer grandes extensiones de bosques de este tipo. Durante la Colonia y hasta bien entrado el siglo XX, este tipo fue el recurso energético más utilizado por los habitantes de las ciudades y campos del país. Actualmente, restos de esta formación forestal se conservan en algunos lugares poco accesibles, gracias a la utilización de combustibles fósiles en la calefacción y en otros usos domésticos.

El tipo Lenga se concentra principalmente en las regiones XI y XII, aunque su presencia es más notable en esta última. Cubre una superficie de poco más de 3 millones de hectáreas y, sin duda, constituye un recurso importante en la economía de la región XII, que se basa, casi exclusivamente, en la crianza de ganado lanar. En la región de Magallanes, se ha practicado en algunas empresas forestales locales, el método de la “Corta Única” en fajas, para el aprovechamiento de la madera de los bosques, dado que el fuerte viento reinante en la región impide seriamente la regeneración de las masas intervenidas. Por otra parte, la insistente actividad de los movimientos ambientalistas ha descorazonado a empresas importantes en sus proyectos de utilización de los bosques de lenga.

En los bosques de este tipo sólo es posible practicar el método de las “Cortas Sucesivas” con el fin de asegurar la regeneración natural de las masas, recurriendo, en casos determinados, a la plantación de individuos de la misma especie, en lo posible mejorados genéticamente para una mayor resistencia al viento.

Si los bosques del tipo tuvieran un IMA por hectárea de 2 metros cúbicos y el área bajo régimen forestal solamente de 1 millón de hectáreas, la Posibilidad del bosque sería de 2 millones de metros cúbicos al año.

Cuadro 2.  La “posibilidad anual”, en metros cúbicos, de los bosques nativos bajo régimen forestal.

TIPO FORESTAL ÁREA BAJO RÉGIMEN FORESTAL
(millones ha)
POSIBILIDAD ANUAL
(millones metros cúbicos)
Coigüe-roble-raulí – tepa 1 5
Siempreverde 2 4
Lenga 1 2
TOTALES 4 11

Nota. Los tipos Roble-raulí-coigüe y Coigüe-raulí-tepa han sido agrupados en uno.

Los problemas del sector bosque nativo

Los problemas más urgentes que enfrenta el sector forestal, que impiden que alcance la importancia y significación que debería tener en el desarrollo del país, son:

  1. El régimen de propiedad de la mayoría de los bosques nativos.
  2. El manejo de los bosques nativos
  3. El control de los incendios forestales.
  4. La recuperación de los bosques nativos
  5. La institucionalidad del sector.
1. El régimen de propiedad

Los bosques artificiales (de pino insigne, eucaliptos y otras especies) son en su mayoría de propiedad privada y en gran parte, en manos de grandes compañías forestales, razón por la cual, es posible aplicar métodos silviculturales que aseguran una producción sustentable, la perennidad de las masas, la conservación de los valores escénicos y ambientales, el bienestar social de las comunidades y beneficios económicos importantes para los propietarios y para el país.

En contraste con lo anterior, los bosques nativos son de propiedad de pequeños propietarios con la excepción de aquellos integrados a las Áreas Protegidas del Estado y de los que pertenecen a algunos grandes propietarios (Parque Pumalín, Tantauco y otros) que destinan sus propiedades a objetivos puramente ambientales, por lo que en sus objetivos no está la producción de los bienes y servicios propios de los bosques sometidos a manejo sustentable

Si la comunidad quiere que los bosques chilenos recuperen la importancia económica y social que tenían en el pasado, dentro de plazos razonablemente breves, es necesario someterlos a los dictámenes del régimen forestal, que tiene como norma la producción continua, permanente y máxima de bienes y servicios.

Para cumplir con los objetivos del régimen forestal es preciso someter a los bosques nativos privados a las reglas de “Planes de Manejo” estructurados de acuerdo con las características propias de cada bosque y ceñidos a las disposiciones dictadas por ingenieros forestales especializados en los aspectos silvícolas, sociales, económicos y ambientales de las distintas masas forestales.

El gran obstáculo para implementar “Planes de Manejo” aplicables a las propiedades públicas y privadas, con bosques nativos, son el pequeño tamaño (en términos forestales) de los predios. El propietario de una pequeña propiedad se abstiene de manejar sus bosques porque estima que es muy oneroso, que tiene que esperar mucho tiempo para que la rentabilidad sea aceptable económicamente y por una resistencia al cambio, ya que hasta hoy puede hacer y deshacer en sus bosques, sin que, prácticamente, tenga que responder ante nadie.

El régimen de propiedad de los bosques nativos es un gran obstáculo para la puesta en marcha de Planes de Manejo que tengan como objetivo la producción continua permanente y máxima de bienes y servicios, necesaria para contribuir al desarrollo económico del país.

2. El manejo de los bosques nativos

El manejo de cualquier bosque implica la observancia de las habilidades y de las artes propias de la silvicultura, integradas y aplicadas bajo los principios de un exitoso negocio forestal. Se puede definir como el arte de ordenar la producción de los bosques sobre la base de procedimientos administrativos y de los conocimientos silvícolas, con el fin de satisfacer las necesidades de la comunidad.

Desde este punto de vista, el manejo de un bosque tiene como objetivo principal  la producción de bienes y como objetivo secundario, aunque de igual importancia, la producción de servicios que de manera similar, van a beneficiar, al mismo tiempo, al propietario del bosque y a toda la comunidad.

Para conseguir estos objetivos es necesario tener, por lo menos, conocimientos de diversas disciplinas tales como: economía, gestión y administración, finanzas, contabilidad, estadística, comercialización, legislación, relaciones laborales, construcciones y ciencias sociales y políticas. Además, ecología y silvicultura, mensura, madereo y aserrío, tecnología de la madera, patología, entomología, control de incendios, vida silvestre y pastoreo, recreación, hidrología e ingeniería rural. Con estas disciplinas el ingeniero forestal está en condiciones de elaborar los “Planes de Manejo” apropiados para cada bosque en particular.

El manejo de un bosque, basado en los conocimientos mencionados, cumple con la obligación de cautelar los intereses sociales, económicos y ambientales que la comunidad demanda del recurso forestal.

Lo que se desea lograr en el manejo es el bosque llamado “normal”, en que la distribución de las clases de edad sea tal que permita la extracción anual de una misma cantidad de madera o de otro bien, equivalente al crecimiento anual del bosque. Este objetivo es difícil de lograr a lo largo de una o varias rotaciones, por lo que el ingeniero forestal debe planificar objetivos intermedios, tendientes a obtener la “normalidad” del bosque mediante las acciones que se señalan:

i) Mantener aproximadamente una cuota aproximadamente igual de madera, de crecimiento o de ingresos

ii) Extraer una determinada cantidad de madera de acuerdo con las características silvícolas de cada rodal

iii) Extraer madera de forma de alcanzar, en el plazo más corto posible, un equilibrio entre la extracción y el crecimiento

Además, el manejo del bosque se dirige a obtener los logros siguientes:

i) Regular las cortas de modo de obtener el máximo de beneficio para el propietario

ii) Determinar las prácticas silviculturales necesarias para mantener el bosque en buen estado de conservación

iii) Mantener la productividad de la masa forestal

iv) Asegurar el rendimiento sostenido de la masa

v) Proteger los otros recursos forestales

Para lograr estos propósitos es fundamental que cada bosque de producción conste con un “Plan de Manejo”.

El “Plan de Manejo” es un documento elaborado por un ingeniero forestal en el cual se consignan las características del bosque, las tareas que se deben desarrollar durante un período determinado, el monto de las inversiones que hay que hacer, las estimaciones de la rentabilidad del negocio, las obligaciones para con el personal y la comunidad, las precauciones  que se tomarán para preservar y/o mejorar las condiciones ambientales del bosque, las del ecosistema en que está inserto y las de las comunidades aledañas, los trabajos de protección, el cálculo de la corta permisible y la coordinación con otros usos (recreación, vida silvestre, agua, pastoreo, yacimientos mineros)

Un “Plan de Manejo” para un bosque cuyo objetivo sea primordialmente el comercial, debe contener, por lo menos, los capítulos siguientes:

A. Título y Aprobación
A.1. Aprobación del Servicio Forestal y/o de otra autoridad competente
A.2. Mapas de la Propiedad con los Tipos Forestales involucrados

B. Resumen del Plan.
B.1. Área  del bosque comercial
B.2. Área del bosque de protección
B.3. Área del bosque de preservación
B.4. Volumen total del área del bosque comercial
B.5. Posibilidad (Corta Anual Permisible)
B.6. Fecha de la próxima revisión

C. Descripción general del predio
C.1. Descripción del área
C.2. Descripción del bosque
C.3. Objetivos del manejo (efectos sobre la comunidad, silviculturales)

D. Coordinación con otros usos.
D.1. Recreación
D.2. Vida silvestre
D.3. Agua
D.4. Explotaciones mineras
D.5. Bosques experimentales

E. Regulación del bosque
E.1. Rotación
E.2. Ciclos de corta
E.3. Crecimiento y mortalidad
E.4. Método de corta (corta de cosecha y cortas intermedias)
E.5. Cálculo de la Posibilidad
E.6. Método de madereo

F. Desarrollo forestal del predio
F.1. Transporte
F.2. Forestación y reforestación
F.3. Mejoramiento de los rodales
F.4. Control de insectos y de plagas
F.5. Control de incendios (prevención, presupresión y combate)

G. Cooperación
G.1.Con otros servicios estatales
G.2. Con empresas privadas
G.3. Con la comunidad del sector
G.4. Con comunidades indígenas

H. Información básica
H.1. Suelos
H.2. Topografía
H.3. Clima
H.4. Fisiografía
H.5. Vegetación
H.6. Vida silvestre

I. Información del bosque
I.1. Rodales
I.2. Crecimiento, mortalidad, rendimiento
I.3. Cálculos para la regulación del bosque

J. Cartografía
J.1. Divisiones de manejo
J.2. Volumen de madera por rodales
J.3. Transporte y red caminera
J.4. Programa de plantación

Este “Plan de Manejo” asegura la sostenibilidad del recurso, la sanidad de la actividad económica y la estabilidad ambiental del ecosistema en que el bosque nativo está inserto Contribuye asimismo al bienestar de las comunidades vecinas y a la economía del país.

El plan mencionado está diseñado para los bosques cuyo objetivo principal es la producción de madera o de otros bienes, pero no se desliga de la responsabilidad de proteger y conservar los valores sociales y ambientales involucrados.

En aras de la simplicidad, la legislación vigente exige solamente a los propietarios la presentación  de un llamado “Plan de Manejo” que es en suma, no más que un plan de cortas, el que les permite obtener la autorización para extraer del bosque una cierta cantidad de madera. Estrictamente, esto no es un verdadero “Plan de Manejo”.

Si el objetivo de un bosque nativo es distinto del señalado, el “Plan de Manejo” deberá ser estructurado por especialistas integrales en los aspectos diferentes de la producción de madera y de otros bienes, tales como el cuidado de la fauna, de la flora y de los valores escénicos.

3. Los incendios forestales

Cada año, durante todo el verano, los incendios de bosques, de  matorrales y pastizales, destruyen grandes superficies, causando pérdidas cuantiosas en materiales, dinero e incluso en vidas humanas, a los propietarios y al Estado. Cada año consecuentemente, el Estado pone en marcha un operativo con todas las medidas necesarias, para combatir y mitigar los daños, utilizando todos los elementos de combate disponibles. Estas medidas consultan la utilización de personal de diversa instituciones, helicópteros, aviones cisternas, equipos de combate de incendios y una infraestructura adaptada a la tarea de combatir los siniestros que se producen en varias regiones del país.

Los recursos económicos que el Estado y las empresas privadas invierten son considerables, por lo que este problema representa un asunto de capital importancia para el país, por las implicaciones económicas, sociales y ambientales que surgen al no decidirse a tomar medidas inteligentes para solucionarlo en forma integral este flagelo.

Los incendios de bosques, matorrales y pastizales se producen por negligencia, ignorancia y, particularmente por la acción vandálica de algunos individuos que tal vez, experimentan un cierto placer en ver las acciones de los elementos de combate en cada ocasión o simplemente descargan sus resentimientos sociales y razones políticas sobre los bosques. En nuestro país, los incendios provocados por causas naturales (rayos, erupciones volcánicas) son raros y prácticamente, inexistentes.

El control cabal de los incendios forestales tiene forzosamente que pasar por tres fases: la prevención, la presupresión y el combate.

La prevención comprende todas las acciones dirigidas a convencer a la comunidad del daño que causan los incendios y de qué manera pueden afectar la calidad de vida de la población de todo el país.

En esta fase es necesario emprender campañas, a nivel nacional, señalando los peligros de provocar  incendios, voluntaria o involuntariamente, en los sectores rurales del país dados los daños al patrimonio de todos los chilenos. Esta campaña debe dirigirse a los estudiantes, a los trabajadores, a los turistas y a todo el público, de cualquier sexo y condición social y extenderse a lo largo de cada año, sin preocuparse de los costos, ya que las pérdidas causadas en bienes materiales y humanos suelen ser mayores que aquéllos.

La presupresión consiste en poner en alerta a todos los factores, humanos y materiales, para estar preparados para eliminar, atacar y extinguir, lo más pronto posible, los focos de incendios que puedan producirse.

Entre estas acciones puede mencionarse, entre otras, las señalizaciones alusivas, especialmente en las zonas de mayor ocurrencia de incendios, labores de inteligencia para detectar y controlar a grupos de incendiarios organizados, construcción de torres de detección, patrullajes reiterados en las zonas de mayor peligro, alistamiento temprano de los equipos y del personal destinado al combate, creación y organización de una institución especialmente encargada de luchar de forma integral contra este flagelo.

La etapa final del control es el combate mismo, que consiste en volcar hacia la zona del incendio los elementos más avanzados disponibles para sofocar el fuego prontamente, antes que adquiera dimensiones inmanejables… En esta etapa es fundamental disponer de una organización eficiente y de una coordinación lo más capacitada posible. En este momento, deben ponerse en estado de alerta a las organizaciones encargadas del combate e involucrar a toda la comunidad afectada.

Es necesario recordar que los incendios forestales, en no pocos casos, son causados por personas probablemente muy organizadas, por lo que es necesario preparar una contra ofensiva que sea inteligente y eficaz, en todos los niveles, para detectarlas, perseguirlas, detenerlas y llevarlas a los tribunales con el fin de castigarlas como corresponde.

4. La recuperación de los bosques nativos.

En Chile deben solucionarse tres urgentes problemas relacionados con el estado de las masas forestales naturales.

a) La reforestación de las tierras que han perdido su cubierta vegetal.

b) La introducción de especies naturales, de mayor valor, en el interior de los bosques degradados, con el objeto de ir acercándolos a la “normalidad”

c) El enriquecimiento con especies de crecimiento rápido, de los bosques que actualmente han perdido completamente sus valores económicos, sociales y ambiente.

a) La reforestación

El país necesita recuperar los terrenos de vocación forestal que han sido dañados o perdidos, ya sea por la conversión inadecuada en terrenos agrícolas o por los incendios reiterados que, año tras año, consumen grandes superficies boscosas.

De los 4 millones de hectáreas que están desprovistos de vegetación, alrededor de 2 millones de terrenos forestales, no aptos para la agricultura, están severamente sometidos a procesos de degradación, para los cuales es necesario elaborar y poner en ejecución un programa de reforestación con especies preferentemente nativas.

Si se plantara anualmente 100 mil hectáreas, la tarea de repoblar estos terrenos desnudos demoraría 20 años, meta que no es descabellada, si se recuerda que en los años 70 del siglo pasado, la cifra de plantación anual sobrepasó esa cifra, gracias al esfuerzo de los empresarios, ingenieros forestales, trabajadores y al apoyo del Gobierno, que estableció incentivos inteligentes para lograr el objetivo.

Para reforestar la superficie indicada es preciso producir al menos, unos 100 millones de plantas al año, para lo cual se puede instalar alrededor de 25 viveros con una producción de  4 millones de plantas cada uno, lo que es perfectamente posible dada la experiencia desarrollada por el país desde los años 60 y 70 del siglo pasado.

La plantación de 100 mil hectáreas anuales necesita del esfuerzo coordinado de empresarios, del Estado, de profesionales y de trabajadores para lograr este objetivo tan necesario para Chile.

Sin duda, se necesita disponer de un presupuesto determinado para cumplir esta tarea. Aproximadamente, el costo por hectárea es de unos $ 300.000, por lo que el costo total anual sería de $ 30.000 millones (unos 50 millones de US$ aproximadamente). A esto debería agregarse el costo de los cuidados referentes a la plantación durante la etapa del establecimiento para impedir la acción de agentes que puedan dañar a las plantas recién instaladas.

Se puede plantar una hectárea utilizando 2,5 jornadas hombre, de modo que hacerlo para 100 mil hectáreas se necesitarán 250 mil jornadas días, más las de capataces, transportistas e ingenieros. Las 250 mil, que se contratarían dentro de los 3 meses de cada año en que se hacen las plantaciones, equivalen a un empleo de aproximadamente 3.200 plantadores durante todo el trimestre.

Una atención especial debe darse a la repoblación de los terrenos ubicados en las zonas comparativamente más áridas, que se extienden desde la III Región hasta la VI, territorio donde se concentra una gran parte de los habitantes del país y donde la presión de los cultivos agrícolas y el de la expansión de  las poblaciones urbanas, ha hecho prácticamente desaparecer la cubierta vegetal autóctona en extensas áreas. Es necesario recuperar los suelos, particularmente, aquellos situados a lo largo de los cursos de agua y en las laderas más abruptas, utilizando quillayes, peumos, boldos, maitenes, palmas chilenas, algarrobos, espinos, bellotos y otras. En el Norte Grande sería interesante repoblar con tamarugos, guayacanes, chañares, pimientos, molles, etc., en aquellos lugares donde es posible hacerlo, y con la mejor tecnología existente.

Si el presupuesto para las plantaciones es muy elevado, se puede considerar la posibilidad de emplear la técnica de la “siembra directa”, en determinadas circunstancias y regiones.

b) El mejoramiento de la composición del bosque

Se ha mencionado que el bosque nativo, debido a prácticas equivocadas de aprovechamiento y al desconocimiento de normas silviculturales, exhibe un desequilibrio en la repartición de los árboles por clases de edad, de modo que en el mejor de los casos, predominan los individuos de las clases diamétricas inferiores; hay un bajo número de individuos en las clases intermedias y subsisten algunos árboles sobremaduros  en las clases extremas.

La razón de este desequilibrio se explica porque los antiguos madereros seleccionaron aquellos individuos de las mayores dimensiones, factibles de extraer con los medios tecnológicos disponibles y de aquellas especies que podían producir mayores  ganancias y que a la vez tuvieran una mayor demanda en el mercado. A esto hay que agregar que, después que los madereros abandonaron los lugares que ya no fueron rentables, se establecieron “colonos” (obreros cesantes de las mismas faenas madereras), quienes se dedicaron a sacar del bosque la madera que necesitaban para construir sus casas, para vender algunos productos y realizar otras mejoras en sus predios.

Un ejemplo de la estructura de un bosque del tipo Coigüe-raulí-tepa ilustra la afirmación anterior.

Cuadro 3. Tabla de rodal para un bosque del tipo Coigüe-raulí-tepa indicando el número de árboles por hectárea, en  cada clase diamétrica.

DAP
cm
Coigüe  
Raulí
 
Tepa
 
Olivillo
 
Tíneo
 
Avellano
 
Total
10 20 30 50 120 80 300
20 10 25 120 80 25 260
30 150 30 25 57 262
40 15 25 30 50 120
50 9 9
60
70 15 15
80 4
90
100
110 1 2 2 5
120 2 3 4 9
130 4 4
140 7 7
150 1  1
Total 41 84 335  257 63 216 996

En el Gráfico se aprecia mejor la repartición del número de árboles por clase de diámetro y l  presencia de individuos de gran diámetro y de avanzada edad, probablemente víctimas de ataque de insectos y hongos que están produciendo pudriciones en diversas partes del fuste, restándoles valor comercial y aumentando la emisión de Carbono a la atmósfera.

Gráfico 1. Distribución del número de árboles por clase de DAP en un bosque del tipo Coigüe-raulí-tepa

Como en un bosque manejado no deben existir individuos enfermos ni sobremaduros, es necesario eliminar estos individuos, lo que significa cortar todos los árboles por sobre el DAP 70 cm, y aprovechar las partes no dañadas de ellos, en la producción de leña y/o de astillas para la industria de la celulosa. Además, habría que retirar todavía unos 151 individuos de las clases inferiores, con el fin de dejar 800 árboles por hectárea.

Con esto la distancia media sería de 3.53 m lo que permitiría introducir unas 700 plantas de las especies nativas más valiosas, bien adaptadas al entorno, con el fin de tener 1.500 árboles por hectárea.

Es difícil calcular la cantidad de trabajadores necesarios para acometer esta tarea a lo largo de las regiones, sin conocer exactamente el área en esta situación, pero suponiendo sólo una vigésima parte de la superficie total del bosque nativo, habrían disponibles alrededor de 670 mil hectáreas, las que se tendría que enriquecer en un plazo de 20 años, para lo cual anualmente se debería plantar un poco más de 33 mil hectáreas.

c) El enriquecimiento

Una opción para mejorar en el corto plazo la calidad del bosque, es la del enriquecimiento, el que consiste en introducir en una masa boscosa especies nativas o exóticas de crecimiento rápido y de gran valor comercial, sin intervenir el estado original del rodal, hasta que se recupere naturalmente. De esta manera, el bosque puede entregar productos a lo largo de dos o más rotaciones, permitiendo en ese lapso, la recuperación  de la masa deteriorada.

Se puede introducir unos 300 eucaliptos al interior del rodal, en el cual se  eliminan los árboles enfermos y sobremaduros, sin tocar los individuos jóvenes del rodal. De esta manera, es posible obtener unas cuatro cosechas, con rotaciones de 15 años y un rendimiento por hectárea de 150 m3 por cosecha. En el plazo de 60 años entonces, el bosque nativo recupera su estructura, puede ser manejado y entregar productos comerciales y los servicios correspondientes.

5. La institucionalidad del sector

Se debe recordar que el organismo encargado de llevar a cabo las políticas del Gobierno en materias forestales es la CONAF, institución que depende administrativamente del Ministerio de Agricultura. Esta corporación es una entidad de derecho privado que, sin embargo, cumple algunas funciones que son propias de organismos públicos.

Los objetivos de su quehacer se centran en los siguientes aspectos:

i) Fortalecer el funcionamiento del Sistema Nacional de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE).
ii) Crear y manejar los recursos forestales, en especial aquellos que están en manos de pequeños propietarios.
iii) Proteger los ecosistemas forestales de los diversos agentes de destrucción.
iv) Hacer partícipe a la ciudadanía de la importancia del Sistema de las Áreas Silvestres Protegidas del Estado.

La investigación forestal es realizada por el INFOR que depende  del Ministerio de Agricultura, el que contribuye con gran parte del financiamiento de sus funciones.

Dada la importancia que tiene el recurso forestal del país, por su significación económica, por el aporte a la estabilidad social, por su influencia en el equilibrio ambiental de los ecosistemas propios y asociados, por la superficie que cubre, por la magnitud de las exportaciones y por su contribución al control del calentamiento global, a través de la captura del carbono, el sector forestal necesita una organización acorde con lo mencionado.

La significación económica se desprende del volumen de la actividad que generan las plantaciones, la cual se puede trasladar al bosque nativo, si el país tiene la voluntad de hacerlo.

Los bosques juegan un importante papel en los aspectos económicos, sociales y ambientales, por las razones siguientes:

i) Regulan el régimen hídrico
ii) Mejoran la calidad del agua.
iii) Purifican el aire.
iv) Controlan la erosión.
v) Conservan la belleza escénica.
vi) Generan empleo.
vii) Aportan divisas a la economía.
viii) Detienen el avance de las dunas y de los desiertos.
ix) Conservan la diversidad biológica.
x) Utilizan sus productos en la industria.
xi) Contribuyen a proteger  terrenos agrícolas
xii) Cubren un importante porcentaje del territorio nacional.

Debido a la influencia que ejercen los bosques sobre diversos aspectos relacionados con del bienestar de los habitantes del país, es que se necesita darle al sector una organización acorde con esa importancia, creando un Servicio Forestal, con la suficiente autoridad y jerarquía, dotado de profesionales de alto nivel y de las herramientas físicas, científicas y presupuestarias para llevar a cabo con autoridad e inteligencia  las tareas que el sector y el país necesitan para rescatar del olvido y la indiferencia, un recurso capaz de contribuir a la riqueza espiritual y material de la nación.

El Servicio Forestal debiera comprender, además de los objetivos actualmente enunciados en la razón de ser de CONAF, aquellos relacionados con el manejo integral de los bosques nativos, tanto los productivos, los que son protectores y aquellos que deben ser preservados.

Acciones que se deben emprender.
La política sobre el Bosque  Nativo debe centrarse en los aspectos siguientes: el régimen de propiedad, el manejo de los bosques, la recuperación de las masas forestales y en la institucionalidad del sector.

a) El régimen de propiedad
Para emprender la tarea de someter todo el bosque nativo a las reglas del régimen forestal es necesario ejecutar las acciones siguientes:

Fomentar la creación de conglomerados forestales de mayor tamaño
Expropiación de terrenos forestales, arbolados o no
Manejar todas las Reservas Forestales del Estado
Procurar que los bosques nativos de empresas grandes se integren al régimen forestal
Dado que la propiedad es, en su mayoría, de un tamaño que no permite aplicar un manejo integral, es necesario promover la integración de varias pequeños predios hasta obtener propiedades de varios miles de hectáreas (más de 2 mil ha) que permita establecer las rotaciones largas que precisa el manejo forestal de los bosques coetáneos y multietáneos,  predominantes en la floresta chilena.

En algunos casos, el Estado debería expropiar predios para constituir unidades de manejo que hagan posible la producción económica, la estabilidad social y el equilibrio ambiental que la comunidad necesita para sustentar el desarrollo del país.

A las Reservas Forestales del Estado, que están bajo la administración de CONAF, se les debe aplicar las normas del régimen forestal, con el fin de servir de modelo a las propiedades privadas y para contribuir de manera significativa a la producción de bienes y servicios del bosque.

Existen propiedades privadas con bosque nativo que habría que integrarlas al sistema del régimen forestal, mediante mecanismos atractivos para estos empresarios, los que habría que implementar.

b) El manejo de los bosques
El “Plan de Manejo” debería ser obligatorio para todos los predios forestales, sin importar que estén o vayan a estar bajo explotación por el propietario, dependiendo su complejidad del tamaño de la propiedad o de la magnitud de la producción.

Este plan debe ser hecho por el profesional definido en la ley, pero en el caso de aquel propietario que no tenga la solvencia económica para pagar los servicios de un profesional o que no está efectuando ningún aprovechamiento de los productos del bosque, el Servicio Forestal debería encargarse de confeccionarlo, en una modalidad similar a la utilizada en los casos judiciales, por el Servicio de Asistencia Judicial.

En cualquier caso, el “Plan de Manejo” debe ser lo más sencillo posible, sin que ello signifique disminuir los contenidos necesarios para el cabal y correcto manejo del bosque, que garantice la producción continua, permanente y máxima de sus bienes y servicios.

c) La protección contra los incendios forestales
De todos los agentes que contribuyen a destruir los bosques, los incendios son sin duda los más importantes. Por tanto, la atención preferente de la autoridad debe dirigirse a solucionar, aminorar o a mitigar los daños causados por este fenómeno, teniendo en cuenta que son provocados mayoritariamente, intencionada o no, por la acción humana.

Para la solución de este problema se pueden tomar dos caminos:

  1. Que CONAF o el Servicio Forestal sea el responsable en esta materia
  2. Crear un organismo especializado

Las acciones destinadas a controlar los incendios forestales son lideradas por CONAF, pero hasta hoy hay una insuficiencia de personal, equipos y elementos técnicos necesarios para combatir este flagelo de manera eficaz. Es necesario por ello que el Servicio Forestal cuente con una  organización con el poder capaz de llevar a cabo cabalmente esta tarea.

Si CONAF o el Servicio Forestal, no puede hacerse cargo del problema, de todas maneras, debería crearse un organismo con la capacidad necesaria para solucionarlo en forma tal que cese el daño que se repite año tras año sin que se vislumbre su término.

d) La recuperación de la cubierta forestal del país
Chile es considerado un país forestal, dadas las características climáticas, edafológicas  fisiográficas y vegetacionales que posee gran parte del territorio. Por diversas razones extensas zonas del país han perdido su cubierta vegetal, por lo que es urgente recuperarla, mediante un programa de repoblaciones con especies forestales y arbustivas, nativas y/o exóticas. Un especial énfasis debe darse a la repoblación del alerce y de la araucaria, que son especies emblemáticas del bosque nativo chileno.

Para realizar este programa es necesario crear incentivos inteligentes, sin restricciones, para que todos los estamentos del país se involucren en esta tarea.

Bajo la supervisión del Servicio Forestal habrá que crear una red de viveros forestales fiscales o privados a lo largo del país para abastecer la demanda, para lo cual existe la experiencia necesaria, adquirida en los años 60 y 70.

El Servicio Forestal deberá controlar la ejecución de la marcha de la repoblación, determinar las especies mejor adaptadas para cada una de las regiones del territorio, establecer las prioridades del programa, proporcionar la asistencia técnica cuando sea el caso y decidir cuando corresponde otorgar los incentivos establecidos.

e) La institucionalidad

Para situar al sector forestal del país en el lugar que le pertenece, dada la importancia económica, social y ambiental que posee, es necesario cambiar la actual situación institucional que tiene.

Hay que deshacer la ambigüedad existente, convirtiendo CONAF en un servicio público llamado Servicio Forestal, dependiente de una Subsecretaría Forestal, al igual que el sector agrícola que tiene un Servicio Agrícola Ganadero dependiente de la Subsecretaría de Agricultura. El Consejo Consultivo, creado por la ley, debe asesorar a la autoridad y al Servicio Forestal.

Este Servicio Forestal debe abarcar todos los aspectos que caracterizan a su sector y tener  la importancia y las dimensiones que lo hagan respetable tanto para el propio sector como para la ciudadanía; para ello debe estructurar, al menos, los departamentos siguientes, además de los legales, administrativos y de extensión que corresponden:

1.  Departamento de Régimen y Control
Su labor se centra en la revisión de  los Planes de Manejo y en la fiscalización de su correcta aplicación

2. Departamento de Defensa contra los incendios forestales y otros agentes dañinos
Encargado de planificar y llevar a cabo las campañas de prevención, presupresión y combate de los incendios forestales y, asimismo, de coordinar estas acciones con todos los organismos, privados y públicos, involucrados en el problema. De la misma manera, se ocupará de controlar las demás agencias que afectan las condiciones sanitarias en los ecosistemas forestales.

3. Departamento de Parques Nacionales y Reservas Forestales
Este departamento se dedique a la administración del Patrimonio Forestal del Estado.

4. Departamento de Control de Torrentes y cursos de agua que estén en los bosques
El Servicio Forestal debe llevar a cabo un programa de control de ríos, esteros y vertientes que escurran en las zonas boscosas, con el objetivo de favorecer la infiltración, la calidad del agua y proteger las cuencas.

5. Departamento de Fauna Silvestre y control de fauna introducida
Dada la importancia de la vida silvestre y la conveniencia de mantener o aumentar la diversidad biológica en las regiones forestales, este departamento concentre los estudios y ejecute las acciones destinadas al logro de esos objetivos.

6. Departamento de Investigación Forestal (actual INFOR)
Este departamento tenga a su cargo toda la investigación forestal necesaria para comprender el funcionamiento de los ecosistemas forestales, para defender los bosques de los enemigos de todo tipo que pueden afectar su existencia y/o desarrollo y para incrementar el rendimiento de la producción de sus bienes y servicios. Viene a reemplazar al actual INFOR con la misma independencia para efectuar investigación, pero sujeto a las orientaciones y gestión del Servicio Forestal

7. Departamento de Mensura y Catastro Forestal
Se encarga de los “Inventarios de los Bosques”, dicta las normas de medición de los distintos aspectos dasométricos de los bosques nativos y privados y mantiene al día el Catastro Nacional Forestal.

8. Departamento de Estudio de Impactos Ambientales
Este departamento se ocupa de establecer las características de los estudios de impacto ambiental que deben tener los proyectos de producción de los bosques y de revisar los planes al respecto, presentados por los organismos públicos y privados que los emprendan.

Epílogo

Estas recomendaciones seguramente pueden ser perfeccionadas por los expertos del Ministerio de Agricultura con el aporte de las Universidades, del Colegio de Ingenieros Forestales, de la Corporación de la madera (CORMA) y por otras entidades que las autoridades del sector estimen conveniente consultar.

Lo cierto es que el bosque nativo particularmente no puede mantenerse al margen del desarrollo que el país está empeñado en alcanzar y además, los chilenos tenemos la obligación de remediar los errores que en materia forestal, se han cometido desde la llegada de los incas, seguida por la colonización española, hasta nuestros días. El empeño por privilegiar los cultivos agrícolas por sobre la existencia de vastas extensiones de terrenos de clara vocación forestal, han llevado a una situación de desequilibrio ambiental a lo largo del territorio, que no se puede soportar por más tiempo.

Chile es un país forestal por sus características fisiográficas, diversidad de climas, flora y fauna, calidad de los suelos y por la superficie que ocupan las masas boscosas. El hecho que grandes extensiones de terreno de clara vocación forestal hayan sido ocupadas por cultivos agrícolas, no exime a las actuales generaciones de remediar esta situación, especialmente porque los bosques, bien manejados, pueden ser más rentables que muchos cultivos.

La creación de un Servicio Forestal que se encargue cabalmente de la gestión de los bosques nativos y se preocupe de colaborar al buen manejo de los bosques artificiales, es una necesidad imperiosa. Es cierto que un organismo de este tamaño e importancia requiere de una fuerte voluntad política y de un importante presupuesto; el país debe hacer el esfuerzo, si en realidad pretende llegar a ser, realmente, un “País Forestal”

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