Medicina natural, actualidad y economía

Relaciones futuras con Bolivia y un posible gran programa de desarrollo trinacional

No me ha sido fácil tomar la decisión de escribir sobre relaciones de Chile con Bolivia.

Lo hago con el objeto de tratar de dar una contribución, aunque sea marginal, a favor de un proceso de integración de territorios limítrofes de las tres naciones y de lograr una aspiración boliviana de tener costas soberanas en el Pacífico

Tengo especial aprecio por esa nación y por su población. He tenido muy buenos amigos bolivianos; también tuve profesores de esa nacionalidad de quienes tengo gratos recuerdos. Por Naciones Unidas tuve la oportunidad de trabajar en Bolivia entre 1975 y 1980 en el apoyo a políticas nacionales de alimentación y nutrición como también con el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social de CEPAL (ILPES) en la preparación de un plan nacional de desarrollo.

Más adelante hago referencias a mis experiencias del pasado en actividades relacionadas con Bolivia y con varios ciudadanos bolivianos de quienes tengo muy gratos recuerdos.

 

Termino proponiendo el establecimiento de una región integrada por territorios de las tres naciones y la creación de una gran corporación de desarrollo trinacional.

Recorrí bastante del territorio boliviano. La Paz y sus alrededores, Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Potosí. Por tierra gran parte de estos trayectos; descendí desde Potosí hasta Tarija y Bermejo pasando por Camargo.

Tengo lindo recuerdos de esos trayectos y sus ciudades. Recuerdo haber llegado una noche a Potosí, a más de 4 mil metros de altura y no había donde alojar. El Hotel estaba lleno. Finalmente me llevan a un gran caserón, por no decir mansión, ya que era grande pero sencilla. Sin saberlo, pertenecía a un dentista que más tarde de llegar supe que su apellido era Mendieta, nada menos que hermano de un ingeniero agrónomo radicado en Chile, a quien mucho apreciaba, Agustín Mendieta, ya fallecido. Tuve una grata conversación con esa familia, que después trasmití en Chile a mi colega Agustín, a ese gran caballero.

En esos viajes nos acompañaba un tarijeño, que había estado en Chile y tenía muy buenos recuerdos, especialmente por el cariño y la amistad que había recibido en el país del sur. En varias oportunidades se refería a ello. Me invitó a su casa en Tarija, donde pasamos una agradable tarde.

Yendo hacia atrás en el tiempo, recuerdo que en mis estudios de Agronomía y de Economía tuve varios buenos compañeros bolivianos.

En mis actividades académicas también los tuve. Recuerdo a algunos famosos como Flavio Machicado Saravia, quien llegara a ser un prestigiado profesional, funcionarios de Naciones Unidas, un gran político de su país, Ministro de Hacienda y entiendo que incluso candidato a la Presidencia de la República. Conocí a su padre, don Flavio Machicado, hombre de gran prestigio en Bolivia; famosas eran las reuniones culturales en su casa, las llamadas Flaviadas; don Flavio recuerdo que se paseaba con su vestimenta negra por el Paseo del Prado en el centro de La Paz. Tuve la grata oportunidad de conocer su casa.

Uno de mis alumnos destacados fue José Loría, quien no sólo fue mi alumno, sino que después mi colaborador docente en la Cátedra de Economía Agraria de la Carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile. Fue contratado posteriormente por CORFO y trabajó también en la Empresa de Comercio Agrícola (ECA), donde se ganó el aprecio de José Suárez Faljul, Vicepresidente de la empresa, destacado ingeniero agrónomo, profesor universitario y decano de Agronomía de la Universidad de Concepción. Fue Ministro de Estado en el Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo.

Años después Loría lo llevó a Bolivia a asesorar a su país en el desarrollo de la industria aceitera.

Con José Loría hicimos en conjunto nuestra memoria de título para recibirnos de Ingeniero Comercial de la Universidad de Chile. Ambos obtuvimos el título con una buena calificación. La memoria fue dirigida por el profesor Jorge Alcazar, profesional de CEPAL, donde ocupó importantes cargos; él era de nacionalidad boliviana.

Loría fue varios años presidente de los profesionales bolivianos en Chile; me invitó un par de veces a sus reuniones anuales muy concurridas, las que se realizaban en el Centro Español. Pude captar el aprecio que a él le tenían ese gran grupo de compatriotas.

Supe posteriormente que se incorporó a la diplomacia de su país, desempeñando importantes cargos en el exterior. De vez en cuando tuvimos algunos contactos, que hemos reanudado recientemente.

Tengo muy gratos recuerdos de varios otros profesionales que siguieron cursos de posgrado en el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, de la Universidad de Chile (INTA).

Debo dejar constancia de que en mis años en que trabajé en Bolivia, nunca tuve problemas por la nacionalidad. Al contrario varias veces en que se supo que era chileno, capté reacciones muy positivas. Existen muchas familias en que los padres son de una y otra nacionalidad; muchos exiliados políticos bolivianos vivieron en Chile. Recuerdo que en una oportunidad un alto jefe de la Secretaría de Planificación de Bolivia pidió que yo fuera a visitarlos, había sido alumno mío en un curso de Instituto de Planificación Económica y Social de CEPAL (ILPES); tuvimos una muy grata conversación.

Supe que fue en Bolivia muy apreciado ese gran político chileno Alejandro Hales cuando desempeñó el cargo de embajador de Chile en el país altiplánico. Se me informó que a menudo era invitado incluso a los Consejos de Gabinete. Eso fue durante el segundo gobierno del Presidente Carlos Ibáñez del Campo.

Una académica de la Universidad de Chile hizo su tesis de doctorado sobre temas ecológicos, especialmente de aguas y de flora y fauna relacionada con la hoya hidrográfica de El Lauca. Leí bastante sobre ese tema y también información sobre el del Silala, conflicto este último que se veía de una fácil solución. Sin duda que el tema de El Lauca es mucho más complejo.

He tenido la oportunidad de estar varias veces en Arica y he recorrido su interior. Como también he estado en Tacna. He visto la estrecha relación humana y económica entre esas dos importantes ciudades. Uno capta que en parte importante de esas poblaciones hay un gran sentido de integración, especialmente entre las familias originarias de esas zonas, donde los une una raza común, con sus costumbres, su cultura y su idioma.

 El Acuerdo de Charaña

Estuve en La Paz en uno de los momentos más tensos de las negociaciones derivadas del Acuerdo de Charaña, fue en la segunda mitad de los años 70. Tuve la oportunidad entonces de conversar sobre estos temas con el Embajador de Chile, el abogado Pedro Daza Valenzuela, a quien conocía anteriormente. Era un profesional muy capacitado y con una gran visión integracionista; tuve la oportunidad de trabajar con él en negociaciones del Tratado de Montevideo.

Entonces se veía una posible salida. Habría habido acuerdos en principio que necesitaban la aprobación de sectores representativos de Bolivia. Recuerdo que una noche se llena La Paz de letreros que decían en forma separada temas como:

El ferrocarril de Arica a La Paz queda totalmente en territorio boliviano. Es justa la compensación territorial. En el mar que recibirá Bolivia de Chile se puede construir perfectamente un puerto. Posiblemente las redacciones no eran exactamente las que yo indico, pero lo que presento eran las ideas básicas de sus contenidos.

Supe posteriormente que esta salida fue rechazada en Bolivia, en forma contraria a lo que deseaba el Presidente Bánzer. Uno de los temas más cuestionados habría sido el de las compensaciones territoriales.

Las luchas políticas internas en Bolivia siempre han sido muy fuertes y quizás muchas de ellas poco constructivas.

Entendí que el tema con Perú podía subsanarse sobre la base de la entrega de los terrenos y del mar a base de un comodato por menos de 99 años.

Las fuentes de información últimas que he podido leer señalan que el fracaso tuvo dos causas. La primera la oposición mayoritaria en Bolivia a esta proposición y que ello estuvo a punto de hacer caer al Gobierno de entonces. La otra habría sido la que podría considerarse lógica posición contraria de Perú, que no recibía beneficio alguno y que dificultaba sus aspiraciones de recuperar territorios perdidos en la Guerra del Pacífico. No sé hasta dónde la fórmula del comodato podría haber superado en problema con Perú, pero ya el país altiplánico había desahuciado esta negociación, una de las más avanzadas en la historia para una salida al mar con territorios y aguas marítimas, soberanos.

También he sabido que la posición del Gobierno de Chile de apoyar esta proposición, no contó con la aprobación de la Marina, posición esta última que era minoritaria.

Es importante destacar que el ofrecimiento chileno era con soberanía boliviana. Ello sin duda crea un precedente para posibles futuras negociaciones cuando se den más adelante condiciones políticas favorables a la reanudación de negociaciones.

He podido captar la firmeza del actual gobierno de Chile en no aceptar por motivo alguno que se entregue soberanía terrestre y marítima.

 

 Una proposición de avance integrador de zonas limítrofes

Uno llega a pensar que no sería imposible llegar a una integración limítrofe mayor, incluso que alcanzase un carácter geopolítico, de zonas geográficas limítrofes de los tres países. Una integración de esa naturaleza podría conducir a un proceso de desarrollo integral, no sólo en los aspectos económicos. La integración del uso de los recursos naturales podría conducir a grandes proyectos de inversión y a constituirse en un gran centro turístico cultural. El pueblo aymara es de gran empuje y espíritu de trabajo.

Desgraciadamente uno se forma la impresión de que hay otros intereses no regionales que estimulan los nacionalismos, o más bien “patrioterismos” que hacen resaltar los defectos o errores del pasado de las distintas partes y no reconocer bondades y aciertos; es frecuente que los conflictos surjan o se reactiven especialmente cuando los gobiernos centrales se sienten interiormente debilitados.

Los sentimientos y las posiciones al nivel central de los países parecen ser muy diferentes a los que se aprecia al nivel regional. Cabe destacar que las relaciones humanas y comerciales entre Arica y Tacna son muy significativas, como también el comercio del norte de Chile con Bolivia. En sectores interiores la integración es aún más amplia e intensa; para los pueblos originarios prácticamente no existen las fronteras y menos se identifican cerradamente con nacionalidades.

Desgraciadamente los conflictos internacionales muchas veces fortalecen a los gobiernos que enfrentan dificultades; así consiguen apoyos temporales a costa de ahondar diferencias que perduran por mucho tiempo. Algo de eso creo que se produjo en ese absurdo conflicto de los tres niños soldados bolivianos que con un solo fusil habrían atravesado lo frontera en una operación de lucha contra el contrabando.

Fue a mi juicio positiva la iniciativa del pasado de esos dos generales gobernantes, Bánzer y Pinochet, en el acuerdo de Charaña; interesante la fórmula de las compensaciones territoriales con plenas soberanías. Lamentablemente esa oportunidad se perdió; reitero que ahora Chile declara que no entregará jamás territorios con soberanía. Esto creo que puede cambiar.

Desgraciadamente los acontecimientos de los últimos años alejan soluciones constructivas, en perjuicio sin duda de los territorios limítrofes, especialmente de sus poblaciones tan similares. El gobierno de Bolivia enfrenta serios problemas de política interna y el gobierno chileno busca conseguir reforzar su débil respaldo de la opinión pública. El reciente conflicto entre los dos gobiernos parecen haberlos reforzados a ambos mandatarios; por ello se siguen por ambas partes las declaraciones conflictivas.

Varios importantes políticos chilenos han planteado la conveniencia de impulsar iniciativas integradas de desarrollo. Cabe destacar entre éstos al que fuera senador del extremo norte de Chile, a quien aprecio, Sergio Bitar.

Será una utopía pensar en un gran proyecto de desarrollo integral de una región que cubra territorios de las tres naciones limítrofes apoyado por una gran corporación de desarrollo económico, social y cultural.

Esta corporación podría estar encabezada por un consejo directivo integrado por ejemplo por dos representantes de cada país y unos dos o tres representantes elegidos por el pueblo aymara.

Podría ser una corporación de desarrollo similar a la antigua Corporación de Fomento de Chile, CORFO, con patrimonio propio, capacidad de captar recursos externos, dar créditos, crear empresas y asociarse con sectores privados en iniciativas de distinta naturaleza, especialmente empresas. Ser multisectorial, cubrir todos los campos de las actividades económicas productoras de bienes y generadoras de servicios  como también incursar en temas netamente sociales y culturales.

En esa región podrían entrar las ciudades de Tacna y Arica, poblados satélites y terrenos aledaños y extenderse hasta territorios bolivianos.

Los residentes de cierta antigüedad en esa región, especialmente los de los pueblos originarios, podrían tener un tratamiento especial, sin perder su nacionalidad. Tener derecho a explotar, con tratamientos especiales, riquezas marinas y territoriales involucradas en esa región. Formar empresas con socios de los tres países. Podría pensarse en un gran sistema de educación técnico profesional y a lo mejor en una gran universidad que cubriese los tres o cuatro campos de la actividad académica: docencia, investigación, extensión y creación artística.

Temas apasionantes podrían ser los de las energías renovables y el uso racional de las aguas, incluyendo posiblemente las del Titicaca. Es posible que pudiese generarse energía eléctrica barata e incluso exportable a regionales limítrofes, generando ingresos regionales; podría pensarse en una gran empresa energética perteneciente a esa corporación de desarrollo, una empresa como la antigua empresa estatal de Chile, de su CORFO del pasado, la ENDESA.

Pienso que una estructura de esa naturaleza podría tener un importante apoyo internacional de instituciones financieras como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo y educacionales (UNESCO), como también apoyos en áreas de la salud (OPS/OMS) y la agricultura (FAO).

Podría con ello desarrollarse un importante nuevo polo de desarrollo en el Pacífico de América Latina.

En esta región podría nacer o terminar una gran vía interoceánica, asociada a la vía ferroviaria que generase en tornos a ella importantes sectores industriales y portuarios.

Ojala una idea como ésta u otras similares pudiesen llevarse adelante.

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