Medicina natural, actualidad y economía

Vergüenza nacional lo sucedido en el peaje de Angostura. Desilusionante actitud del ministro de Obras Públicas de responsabilizar de ello al gobierno anterior.

Es una vergüenza para nuestro país lo sucedido en el peaje de Angostura. Muchas horas que tuvieron que estar miles de personas en la espera de poder pasar por un peaje entregado en concesión.

La situación la debió prever el Gobierno; estamos en un aparente calentamiento de la economía nacional y un parque automotor que crece y crece irresponsablemente. Estamos posiblemente en la demostración de una incapacidad del sistema empresarial privado de atender éticamente sus responsabilidades. Bien pudo la misma empresa tomar la decisión de levantar barreras y no permitir la generación de un daño social y económico inmenso. El Gobierno también pudo imponer esa medida y no lo hizo.

Para mi opinión es reprochable que el ministro de Obras Públicas no asuma su responsabilidad y le eche la culpa a gobiernos anteriores. Puede parecer que el actuar así persigue evitar seguir debilitándose su aparentemente pretendida ambición presidencial, como único candidato potencial del grupo político que apoya al actual gobierno, que muestra o mostraba alguna posibilidad de triunfar en las próximas elecciones presidenciales.

Es interesante hacer un pequeño análisis de las posibles causas de esta lamentable situación presentada. Unas de ellas podrían ser la explosiva expansión del parque automotor y el boom económico, tal vez transitorio de la economía chilena.

Más adelante se analizan ésas y otras causas, junto con hacer referencia a otros temas.

Me recuerda el boom económico de fines de los 70 y comienzos de los 80, cómo generaba tremenda congestiones en los peajes. Se sumaba a la ampliación de vehículos las disponibilidades financieras derivadas de ese boom. Recordemos que eran los años de la llamada plata dulce, de los efectos de ese irracional endeudamiento histórico, nacional; endeudamiento externo e interno. Todo reventó poco después cuando caímos en la recesión más grave que tuvo Chile después de la de los comienzos de los años 30.

Cuando nos aparece la crisis, las carreteras quedan vacías y en los controles de peaje penaban las ánimas..

No estaremos hoy en Chile en algo parecido a un boom previo a una nueva crisis. Cuánto de nuestra expansión económica es consecuencia de un auge minero sin precedentes proveniente principalmente de los altos precios de los minerales en los mercados externos, para nosotros especialmente del cobre. Cuánto de ello también no proviene de lo que podría ser un irracional ingreso de capital extranjero a la minería nacional atraído por la alta rentabilidad de la minería. No podrá ello cambiar con la posible recesión mundial, con una China con crecimiento menor y con un incremento asombroso que vendrá de la expansión de la producción minera mundial.

Cuánto de nuestro auge no es consecuencia de una expansión del endeudamiento interno para recursos destinados a comprar más y más productos prescindibles ofrecidos por un retail en proceso de una alta concentración. Auge del retail en que se integra al sistema financiero que pasa a ser una de sus fuentes mayores de utilidades; este retail con sus bancos propios ofrece créditos hasta en dinero efectivo.

Cuánto de este auge no proviene de las altas utilidades del sistema bancario que capta recursos a intereses muy bajos, nulos o negativos, para prestarlos a altos intereses. Ofrecen con sus tarjetas endeudamientos a bajos intereses o nulos y a largo plazo, lo que llevan a muchos de sus clientes a endeudarse más allá de sus capacidades racionales. Y cuando llegen a la imposibilidad de pagar, viene las repactaciones a altísimas tasas; ahí parece estar el gran negocio.

Llama la atención cómo el Banco del Estado, que tenía la obligación a lo menos moral de estimular el ahorro, ha caído en los mismos procesos. No sólo no estimula el ahorro sino que alienta el consumismo basado en el lucrativo endeudamiento. Hasta dónde esto no es causa de las erradas políticas de los gobiernos de la Concertación que consideraban que el éxito de las empresas del Estado estaba en sus rentabilidades y no en sus funciones sociales. Recordemos cómo el Banco del Estado destruyó el ahorro personal y familiar cobrando altas comisiones a los millones de cuentas de ahorro que venían desde los años treinta, de responsabilidad de la Caja Nacional de Ahorros, que posteriormente se integrara con otras antiguas entidades financieras estatales para formar el Banco del Estado, con la herencia moral de fomentar el ahorro y los desarrollos agrícolas e industriales. De eso los gobiernos de la Concertación se fueron olvidando, actitud que se ha mantenido con este gobierno.

Uno de los errores más graves a mi juicio fue que la Concertación consideró que en las empresas del Estado debía primar el fin de lucro y no loa función social que históricamente le había correspondido.

Recuerdo cómo CORFO destruyó durante un gobierno de la Concertación el Banco Ganadero a cargo de su filial SACOR a consecuencia de que al caer circunstancialmente el precio del ganado, la filial arrojó pérdidas, sólo por el cambio de valor de sus stocks. Incluso supe que incluso a la Caja de Crédito Prendario se le obligaba a entregar excedentes al erario nacional. Recuerdo que hasta Correos del Estado debía generar rentabilidades altas, en lugar de dar ese servicio nacional esencial al más bajo costo posible.

Parece increíble que el ministro de Obras Públicas no se haya preocupado del tema de la potencial crisis del peaje en Angostura con anterioridad y culpe de esta situación al los gobiernos de la Concertación. Seguramente esta grave situación lo podría perjudicar en sus aparentes pretensiones electorales presidenciales, lo más práctico era culpar al gobierno anterior; las encuestan le daban un importante apoyo pero éste empezó a descender. Seguramente y con razón seguirá retrocediendo después de este último triste espectáculo; quizás ello sea positivo, que contribuya a que en el futuro nos gobiernen estadistas.

Informaciones no confirmadas por la prensa, señalaron que usuarios indignados del peaje de Angostura agredieron al personal a cargo de él y motivaron la elevación de las barreras. Carabineros habrían detenido a responsables de tan “vandálico acto”; pero quizás racional.

Se ha desarrollado una fuerte presión política para que se establezca la obligación de que si se produce una congestión mayor a la de un nivel prudente, se levanten temporalmente las barreras. Es una decisión tan lógica; que si mal no recuerdo se aplicó tiempo atrás.

Socialmente sería una lógica decisión. Cualquier análisis de beneficio/costo demostraría con seguridad que sería de resultados muy favorables. Cuánto significa socialmente esas tantas horas de espera y de gasto de combustible; cuánta es la pérdida, ésta debería ser compartida por el sistema empresarial y el Gobierno. Si el sistema es incapaz de entregar el servicio que corresponda, eso es responsabilidad tanto del sistema empresarial como del Gobierno.

Sin duda que hay responsabilidad de los gobiernos anteriores, pero lo sucedido es fundamentalmente responsabilidad del Gobierno actual.

La expansión irresponsable del parque automotor del país y especialmente de la Región Metropolitana viene arrastrándose desde años. Sus causas deben mejor analizarse; posiblemente son muchas. La tan desigual distribución del ingreso debe ser una causa importante. Las restricciones estacionales también influyen posiblemente en que los que más tienen busquen no afectarse con ellas para lo cual sus familias pasan a poseer dos o más vehículos; los más perjudicados son los de menores ingresos que deben seguir usando los vehículos no catalíticos, no pocos de ellos para su trabajo, medios que enfrentan una restricción más estricta e intensiva.

Los tacos que se producen por el exceso del parque automotor, generan un verdadero círculo vicioso regresivo; la movilización colectiva se hace más lenta lo que motiva a más usar el vehículo propio, lo cual agudiza la congestión misma. Los que deben viajar tratan más de usar el metro, lo que origina también perjudiciales congestiones, que pasan incluso a comprometer la salud y hasta la vida de los viajantes.

Hay experiencias externas que debieran analizarse. Llama la atención por ejemplo que en la hermosa ciudad de Barcelona no exista esta congestión vehicular. Debiera estudiarse por qué. El caso de Shangai también merecería ser estudiado; años atrás al visitar esa ciudad nos contaba el guía que en esa metrópoli se tenía limitado el cupo de automóviles en función de la capacidad de las carreteras. Nada sacaba una persona con comprar un automóvil ya que si no tenía el cupo no lo podía utilizar. Los cupos eran aumentados a medida que se ampliaban las capacidades de carreteras y calles.

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