Medicina natural, actualidad y economía

Algunos planteamientos e inquietudes sobre la Reforma Tributaria en gestación. Ésta debe tener una justificación más amplia a base de considerar problemas financieros de otros sectores

En este artículo me refiero a varios temas, algo diferentes, pero que están bastante interrelacionados.

Hago primero referencia a la necesidad de fortalecer al Estado, especialmente en materias básicas como la salud, la educación, la vivienda, la seguridad interna, la justicia. Para ello señalo la necesidad de una profunda Reforma Tributaria.

El tema municipal también lo abordo, especialmente en relación a la seriedad de sus problemas financieros. Destaco la necesidad de liberarlo de sus responsabilidades en la educación; menciono la crisis de la educación municipalizada, que contribuye a las desigualdades; las comunas más pobres pasan a ser las más perjudicadas.

Finalmente me refiero a tres temas específicos que me llaman la atención de lo sucedido este último tiempo en torno al proceso de aprobación de la Reforma Tributaria; Critico a la derecha chilena que muy mayoritariamente rechazó la idea de legislar sobre la materia y a que se considere que la Reforma perjudica a la clase media, cuando cuánto la favorece con una educación fiscal gratuita y el punto negro que ha sido a mi juicio la iniciativa del Ejecutivo de reducir la tributación a los de más altos ingresos y evitar su debate junto a la mesa de la Cámara de Diputados..


La situación de la economía chilena y, en general de su sociedad, nos debe hacer mucho que pensar. Los déficits reales fiscales y municipales aparecen como impresionantes e incluso llevan a procesos verdaderamente regresivos en lo económico y en lo social.

El reforzamiento del Estado chileno se hace imprescindible. De no hacerse nuestra sociedad puede terminar en una crisis política de graves consecuencias en lo social y en lo económico. Se capta un descontento creciente, pérdida de confianza en el Poder Legislativo y en los partidos políticos; también se plantean serias críticas a la Justicia. Muchos delitos no aparecen sancionados y otros con penas muy débiles.

El tema educacional aparece como muy serio, posiblemente puesto en escena principalmente por los movimientos estudiantiles dirigidos por grandes líderes que aún poseen los ideales y la sana moral de la juventud. El tema de la salud también presenta una seria crisis reflejada tanto en la atención misma como en la situación de financiamiento; la deuda hospitalaria con sus proveedores ha enfrentado situaciones críticas. Desconozco cuál es la situación actual.

Recuerdo la deuda que enfrentó FONASA durante el gobierno pasado con los laboratorios, con quienes se habría llegado a renegociar las deudas pidiendo castigos a ellos. Se proyectó una impresión no desmentida de una no muy clara negociación en que FONASA pagaba primero a quienes más estuvieran dispuestos a castigar sus deudas.

Se sabe que muchas otras deudas fiscales incluso con las pequeñas y medianas empresas son de consideración, lo que sin dudas genera problemas de financiamiento a estos sectores empresariales. Estas formas imperfectas de pagos deben posiblemente reflejarse en que los proveedores eleven sus precios en sus ofertas al sector público.

Recuerdo no hace mucho las enormes deudas que tenía el sector público con el Hospital de la Universidad de Chile, establecimiento que enfrenta serios problemas de financiamiento no sólo por esto sino que también por los bajos aportes del Gobierno a la Universidad de Chile, a quien se le forzó caer en el cobro de aranceles crecientes a sus estudiantes y a actuar a su hospital con algunas características de clínica privada. En una buena estructura de salud, el hospital universitario es la cúspide donde se atienden las mayores complejidades y donde se localiza gran parte de la educación superior y especialmente la formación de los especialistas; su atención tiende a ser gratuita.

Cabría preguntarse hasta dónde estos problemas financieros de los hospitales universitarios en Chile han contribuido a que se debilite la formación de especialistas, de quienes se tiene un notable déficit; sin dudas el tema es de causas más complejas.

Los déficits en el financiamiento de la educación municipal son también notorios y de efectos claramente regresivos. La municipalidad con más recursos aportan financiamiento a su educación con fondos propios, pero las más pobres no pueden fácilmente hacerlo. Parece increíble que todavía siga existiendo la municipalización de la educación y que los aportes del fisco a las municipalidades sean a base del número de alumnos y de sus asistencias. En las comunas más pobres es habitual que se tengan menos alumnos y sus inasistencias sean mayores. Bastantes molestias se hacen sentir con el cierre de establecimientos municipales especialmente por problemas de financiamiento y por la reducción de alumnos en las debilitadas escuelas fiscales gratuitas, debido en grado importante por los traslados a la educación privada subvencionada, traslados que debilitan también las disponibilidades de ingresos de los grupos familiares. Se ha caído así en todo un proceso de degradación.

Muchas municipalidades enfrentan profundos déficit financieros incluso crecientes. Informaciones recientes han mostrado los enormes déficits del municipio de Valparaíso; ello en cierto grado ha sido una de las causales de esa tremenda tragedia incendiaria. Se dice que con 200 a 400 millones de pesos se pudo haber evitado la catástrofe, cuya advertencia había sido informada por serios estudios técnicos.

Cuántos recursos le van a significar al Estado chileno esta reconstrucción. Comparar esos valores con los 200 a 400 millones que no se dispusieron oportunamente nos lleva a relaciones de una magnitud impresionante. El tema de la catástrofe de Valparaíso es bastante más amplio en sus causales que la falta de estos recursos, sin duda que una causa importante es la irresponsabilidad de autoridades; los montos de las malversaciones con pérdidas de recursos financieros han prácticamente cuadruplicado el costo de haber tomado las medidas preventivas tan seriamente advertidas por los especialistas, inclusos por expertos de la misma Municipalidad.

Hoy la atención hospitalaria pública no da abasto y se ha tenido que recurrir a las clínicas privadas que disponen de espacios y equipos de atención de las que carece el sector público. Los costos de estas contrataciones son inmensos, varias veces superiores a los recursos que el fisco entrega por servicios similares a los establecimientos hospitalarios. Para algunos esto ha sido un escándalo público, pero en la emergencia qué otra alternativa existe, que el paciente fallezca; no se podría pensar en que se requisen esas facilidades privadas y se cobren al fisco costos más bajos. Sin duda ese camino en democracia y en paz, sería muy difícil de hacerlo efectivo.

Algo profundamente serio se ha ido dando en la sociedad chilena con el llamado estado subsidiario en los temas de educación y salud. Comparar los establecimientos privados de educación y en expansión con los liceos fiscales que languidecen, realmente deprime. Algo parecido nos sucede con las universidades públicas y con las privadas, con los hospitales públicos y las clínicas privadas. Cada vez van perdiendo más los estudiantes sus calidades de tales para ser “clientes”, como los pacientes pasan a ser igualmente “clientes” de los establecimientos privados de salud.

La catástrofe de Valparaíso es una muestra más del serio problema de la vivienda en Chile. Muchas de esas familias consiguieron sus terrenos a base de ocupaciones ilegales que debieron irse paulatinamente normalizando a lo menos en sus disponibilidades de débiles servicios básicos. El tema de la vivienda requiere de muchos más recursos en manos del estado.

Por otra parte vemos las limitaciones de recursos en muchos otros sectores. El tema carcelario es un ejemplo patético. Las cárceles congestionadas son inhumanas y se trasforman en verdaderas universidades para la delincuencia detenida.

La insuficiencia de fuerzas policiales y la falta de recursos del sector judicial son claramente percibidas. Muchas disposiciones legales no se cumplen, no hay recursos estatales para hacerlas cumplir. Cuando en una sociedad empieza a no cumplirse la ley, es una sociedad en decadencia. No hace muchos días Carabineros señalaba que no estaba en condiciones para controlar a los camiones que en horas no permitidas circulaban por Américo Vespucio en la bajada de La Pirámide; como hoy prácticamente no se controla ni sanciona en general las velocidades excesivas, qué decir de los ruidos molestos. Cómo un grupo de encapuchados no pueden ser controlados, neutralizados y detenidos por la fuerza pública. Cómo se hace ver que en las comunas populares la fuerza pública es mínima.

Todo lo anteriormente planteado, sin duda son muestras de la pobreza y se podría decir de la decadencia del Estado chileno. Sus recursos financieros debieran ampliarse significativamente; la principal forma de lograrlo es a través de una profunda reforma tributaria, que debió hacerse mucho antes; pero también hay que reconocerlo que se requiere mayor control en el uso de los recursos fiscales y municipales,

La reforma actual va dirigida fundamentalmente al tema educacional, los otros frentes al parecer son pocos considerados. Hoy capté un interesante intercambio de ideas en torno a este tema en Radio Cooperativa en el generalmente interesante programa El Primer Café. En torno a este tema se ha tenido una débil información.
Algunos temas específicos que me llaman la atención de lo sucedido este último tiempo.

1. Que la casi totalidad de la derecha chilena se haya manifestado en contra de la Reforma Tributaria. Pienso que eso le va a penar por mucho tiempo.

2. Que tanto se trate de señalar que esta reforma daña a la clase media. En relación a esto poco se ha dicho lo que significa para una familia tener la garantía de una educación gratuita y de calidad. A mí no me cabe dudas que el incremento en sus impuestos quedan por demás compensados con la economía en los gastos de educación. Poco se ha valorado la tranquilidad, la seguridad de que los hijos tengan a futuro una educación gratuita. Ello va a favorecer especialmente a las familias numerosas, no me cabe dudas que eso va a favorecer la natalidad en Chile. Qué importante es que uno pague impuestos sobre los ingresos que reciba y no tenga que pagar por la educación. Qué importante es pensar que si uno se enferma o pierde su trabajo, puedan sus hijos o sus nietos seguir estudiando en buenos establecimientos. Poco se ha hecho ver que la educación gratuita universitaria y la técnico profesional favorezca a que el estudiante siga su propia vocación y no los estudios que les exigen seguir sus progenitores a base su financiamiento. Qué importante a mi juicio fueron los efectos en el pasado de la educación superior gratuita sobre el sentido de esos egresados de considerarse comprometidos con la sociedad.

3. Para mí un punto negro de la reforma propuesta por el Ejecutivo es el que se baje la tasa de tributación actual de un 40 a un 35 % para el tramo marginal superior de las altas rentas, ese tramo a niveles superiores de él, a mi juicio incluso debió subir su porcentaje, por lo menos a un 45 %. Esta proposición del Ejecutivo crea un grave precedente, el que personas de altos ingresos a futuro tributarán menos. Poco y mal se  ha justificado esta grave proposición ante la opinión pública. Este punto negro se refuerza además por el cómo se incluyó esta proposición junto a otra disposición mucho más importante, para forzar la votación favorable a esos privilegiados sin poder justificar la proposición. Para mí este procedimiento podría ser considerado como una falta de ética democrática, que hace a un parlamentario aprobar un mal menor para no dañar algo de más valor o votar en contra, para rechazar esta aberración, aunque uno dañe otra aprobación que sea de una materia importante. En mi opinión fue muy atinado que el diputado Boric pidiera que el primer artículo se votara por separado, lo que la mesa de la Cámara no lo aceptó; comparto su posición de votar en contra del artículo, ya que al votar a favor esta aprobando algo en contra de un principio fundamental de no bajar tributos a sectores de altas rentas.

Así se dio que la llamada “Bancada estudiantil”, constituida por cuatro ex dirigentes estudiantiles, se fraccionara y dos de ellos, ahora dos diputadas del partido Comunista aparecieran apoyando una rebaja tributaria a sectores de altos ingresos y los dos varones, uno votando en contra y el otro absteniéndose. Me parece grave que un partido como el Comunista haya votado a favor de esa posición, arrastrando a dos de sus diputadas emblemáticas a hacerlo y, positivo que los otros dos parlamentario de esa bancada juvenil se hayan sentido con la libertad de votar de acuerdo a sus conciencias.

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