Medicina natural, actualidad y economía

Chile país propenso a grandes catástrofes debiera llevar especiales políticas de Estado para aminorar sus efectos y para paliar equitativamente los perjuicios

En este artículo abordo varios temas: primero hago referencia a las catástrofes características que se presentan en Chile y cómo se han enfrentado o pueden reforzarse sus prevenciones. Más adelante me refiero a medidas preventivas para aminorar el daño que pueden generar las catástrofes. Posteriormente me refiero a cómo enfrentar consecuencia de catástrofes, especialmente en cuanto a compensaciones y financiamientos. Finalmente me refiero al tema de enfermedades catastróficas que destruyen patrimonios familiares.

1. Catástrofes características que se presentan en Chile. Uno de los generadores más importantes de catástrofes en Chile sin duda que son los terremotos y maremotos. Se afirma que Chile es el país que más sufre de estos eventos en frecuencia y en donde se generan los fenómenos de mayor intensidad. Otro de los agentes generadores de catástrofes han sido los incendios, especialmente los de origen forestal que pasan a afectar sectores urbanos con diferentes amplitudes. Sin duda uno de los más intensos ha sido el del año pasado en Valparaíso. Es realmente una vergüenza nacional el saber que ese trágico incendio urbano pudo haberse evitado. El riesgo estaba advertido por varias fuentes y los recursos para prevenirlo eran insignificantes comparados con los daños ocasionados y también con los recursos que maneja ese municipio.

Se hace fundada mención a que si se hubieran destinado por la Municipalidad 200 millones de pesos, el trágico acontecimiento se hubiera evitado. Paralelamente se mencionan desfalcos en esa Municipalidad superior a los 400 millones. Además muchas instituciones del Estado y municipalidades hacen gastos importantes, sin tener disponibilidades de caja, recurriendo a endeudamiento; en el caso en análisis perfectamente las medidas pudieron llevarse adelante sin tener las disponibilidades financieras liquidas. Pienso que no se analizó adecuadamente lo que se había propuesto como prevención y la magnitud de los efectos que podrían generarse. Tengo artículos sobre este tema en mi página web.

El terremoto y los maremotos asociados a él de febrero del 2010 mostraron una debilidad institucional impresionante; incluso más que debilidad, acusaron un debilitamiento. A cargo de ONEMI ya no estaba ese que fue su gran director, el Dr. Alberto Maturana, experimentado profesional que supo mantener una estrecha relación con las Fuerzas Armadas y especialmente con la Marina. El sistema de información funcionó muy mal; fue patético lo que sucedió en la isla principal del archipiélago de Juan Fernández con la inesperada llegada del maremoto. Se perdieron vidas por culpa del mal funcionamiento institucional. Se recibieron advertencias externas las que no se entendieron o simplemente no fueron consideradas.

Incluso para un novato con algo de criterio le era posible presumir la existencia de un elevado riesgo debido a la cercanía de esta isla al continente y por su bahía, donde se concentra gran parte de la población, que tiene exposición al oriente.

Otra fuente de catástrofe son las lluvias de magnitudes superiores a las esperadas y que corresponden a fenómenos climáticos que se presentan sólo ocasionalmente a temperaturas relativamente elevadas. En esos casos poco de la precipitación es nieve y ello motiva los llamados aluviones, bastante conocidos en Chile, especialmente en el Norte, provenientes del llamado invierno boliviano. En Santiago, años atrás sufrimos los daños muy graves de un fenómeno ocasional de esa naturaleza. Ello llevó a hacer inversiones en lagunas de decantación, las que también se construyeron para Taltal, que evitaron daños mayores en esa ciudad nortina en el último evento.

2. Algo más sobre medidas preventivas, como también inversiones que pueden aminorar los daños. En el valle del río Copiapó se dispuso del embalse (tranque) Lautaro que no sólo sirve para acumular aguas de regadío sino que también para controlar o aliviar la intensidad de los aluviones. En el valle del río Huasco algo similar se tuvo con la presencia del embalse de Santa Juana. Sin la existencia de estos dos embalses, la catástrofe pudo ser peor.

En la Cuarta Región, en torno al río Limarí, se tiene el importante complejo de embalses en que hace cabeza La Paloma (Cogotí y Recoleta son los otros dos); su capacidad de prevenir daños de avalanchas es enorme, ya que puede recibir volúmenes de aguas para regar el valle durante varios años. Por otra parte el río Elqui dispone como regulador y acumulador de aguas al embalse de Puclaro.

Parece increíble que en el día de hoy no esté disponible en Internet la información del estado de acumulación de aguas en que se encuentran estos embalses. Se presume que los de Lautaro y Santa Juana están a plenitud.

El anuncio de las precipitaciones que llegarían en magnitudes considerables para las regiones II y III, da la impresión que no fueron consideradas por la gravedad que podían tener y tuvieron. Un anuncio oportuno, es posible que pudiese haber aminorado algunas pérdidas e incluso humanas.

En todo el sistema preventivo hay la sensación de limitaciones de recursos humanos tanto en número como en su capacitación.

Extraña saber que para el terremoto y maremotos del 2010 no se consultó al Dr. Alberto Maturana, quien tampoco ha sido invitado al Parlamento para ser consultado en la legislación que se está discutiendo sobre estas materias. La experiencia de los mayores es fundamental, los años aportan antecedentes valiosísimos tanto para prevenir catástrofes como para remediar sus consecuencias.

3. Cómo enfrentar consecuencia de catástrofes. Compensaciones y financiamientos.– Deseo referirme a otros dos temas con relación a estas catástrofes. Uno es sobre la conveniencia de dar a los afectados una compensación por sus pérdidas de patrimonio y el otro, es insistir en cómo el Gobierno puede facilitar su atención financiera, especialmente la inmediata. Me refiero a los dos temas últimos por separado.

1. Compensación de patrimonios perdidos. Es lamentable e impresionante oír a personas que han perdido todo; todo su esfuerzo realizado en muchos años o por vida. Esos seres humanos están afectados profundamente, lo que puede tener gravísimas consecuencias en ellos y en su familia. Estimo que sería perfectamente posible compensarle gran parte de sus pérdidas materiales con la entrega de un aporte que le reponga su patrimonio perdido o gran parte de él. Ello podría hacerse en forma expedita y rápida. Cada caso podría ser estudiado por comisiones muy simples de tres profesionales; un asistente social, un ingeniero comercial o civil y un arquitecto o un constructor civil, todos colegiados, que estudien cada caso y dictaminen sobre montos en que deben ser indemnizados y establezcan alternativas de entrega de ese patrimonio; podría ser de inmediato para bienes muebles. Al monto de lo calculado debiera descontarse las recuperaciones que los afectados puedan tener por seguros contratados. Un dictamen de esta naturaleza podría generar prontamente una rápida tranquilidad a la familia y además facilitar las entregas de recursos.

2. Financiamiento. Debería considerar una especie de seguro nacional que constituya un fondo contra el cual se hagan las entregas. Los montos globales de los siniestros son en cierto modo insignificantes frente a los patrimonios nacionales, ya que los afectados en general son un porcentaje bajo de la población nacional. Bastaría crear un impuesto especial para generar este fondo.

Ya en artículo anterior, propuse la posibilidad de modificar la Constitución, de manera que frente a una catástrofe nacional, considerada como tal por el Poder Ejecutivo y los dos tercios del Senado, el Banco Central le pueda prestar al Gobierno; conviene recordar que la Constitución vigente sólo permite que el Banco Central le preste al Gobierno en casos de guerra o temor de guerra. Este tipo de financiamiento permitiría al Gobierno disponer de inmediatos de recursos para la reconstrucción, mientras por vía de impuestos se puedan reponer esos fondos. Una solución de ese tipo evitaría lo que ha sucedido en el pasado, en que se han reducido inversiones en el territorio nacional no afectado por la catástrofe para trasladarlos a la zona dañada por ella; así no se perjudicaría al resto del país, que de alguna manera dañaría el avance de producto nacional geográfico. Debo señalar que esta proposición tuvo amplio respaldo en el Colegio de Ingenieros de Chile.

3..Grandes gastos en salud que destruyen patrimonios familiares. Algo parecido, de indemnización de grandes gastos de salud, podría considerarse para las enfermedades llamadas catastróficas. Cuando los gastos superan a determinadas magnitudes calculadas a base de los ingresos familiares, los excesos podrían ser cubiertos por un financiamiento de esta naturaleza; muchas familias no están cubiertas por los seguros existentes en relación a enfermedades catastróficas y además existen muchas enfermedades que aún no están incorporadas al AUGE. Hay casos realmente patéticos sobre este tema; esas situaciones sin dudas afectan seriamente al paciente; es muy probable que los deprima contribuyendo a dificultar su sanación o incluso a conducirlo a la muerte o al deseo de no vivir por el daño que está ocasionando. Los porcentajes de familias afectadas son bajos, lo que facilita su financiamiento.
Varias de las propuestas que he presentado, están relacionadas con el apoyo a sistemas de solidaridad, que favorecen por diferentes razones a una sociedad. Contribuye a una mayor extensión y motivación de actitudes solidarias; el que recibe un apoyo solidario es probable que actúe a futuro más solidariamente, algo que bastante se necesita en nuestro país.

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