Medicina natural, actualidad y economía

Dos inquietudes recientes, una inicial sobre el proyecto de reforma tributaria, especialmente en torno a bajar impuestos personales y la otra sobre proposiciones de nuevos diputados jóvenes de bajar rentas a parlamentarios

No es fácil y quizás aún no conveniente opinar sobre el proyecto de reforma tributaria. En general las medidas propuestas parecen las adecuadas salvo bajar la tasa marginal máxima de impuestos a los ingresos personales del 40 al 35%.

No se ha dado una información más precisa, ya que cualquiera puede creer que los altos ingresos tienen tasa del 40%. Este porcentaje se aplica sólo al ingreso marginal, sobre el que supera un determinado nivel. Un primer tramo de los ingresos tiene tasa del 0%, después de ciertos montos se va pasando de tramos con tasas creciente. De 0%, lo superior a un primer nivel aparecer con una tasa del del 5% y así sucesivamente a niveles superiores ascienden en porcentajes a 10, 15, 20, 25, 32, 37  hasta llegar al 40%.

El que llega al 40%, en su límite de inicio tiene una tasa promedio de algo más del 21%, bastante menor del 40% que se puede creer. A medida que el ingreso sube, este porcentaje promedio va aumentando.

Ahora el Gobierno ha propuesto bajar la tasa más alta a 35%, lo que significará que para los que más ganan sus impuestos van a disminuir.

Me parece que eso va en contra del espíritu que parecía contener la reforma en su conjunto.

Al parecer muchos de los tributantes que deberían pagar sobre tasas altas, usan el resquicio transformando sus actividades en empresas, con lo cual sólo tributaban un 20% sobre las utilidades. Para corregir este resquicio al parecer se pretende por una parte alentar a no usar el resquicio al bajar la tasa máxima a 35% y por otra, subir la tributación a las utilidades de la empresa a un 25%.

Esta noticia la he recibido coincidiendo con la lectura de una investigación de CIPER en la que se analiza los altísimos ingresos que reciben los designados por las AFP como directores de empresas. Esos privilegiados se verán ahora más favorecidos ya que deberán tributar menos, lo que parece un absurdo. Pienso que el proceso debió ser distinto, incluso aumentando las tasas máximas para los tramos de ingresos más altos.

No me gustó que la Presidenta planteara que este beneficio no favorezca ni a ella ni a los ministros ni a los parlamentarios que serán los responsables de aprobar la reforma; son sólo una minoría.

En varias oportunidades se han mencionado los altos ingresos que reciben algunos notarios y en especial los conservadores de bienes raíces, estos últimos que tienen una clientela cautiva, no tienen competencia, ahora tributarán menos.

Insisto en que mi opinión las tasas máximas debieran aumentarse, ampliando los tramos de ingresos. Con lo propuesto se rebajan impuestos a los dos estratos ingresos superiores.

Va a ser interesante conocer mejor las razones de rebajar tributos a los que reciben más ingresos.

Otro tema que me ha sorprendido es el planteado por dos nuevos diputados provenientes de la dirigencia estudiantil, el de reducir considerablemente la renta de los parlamentarios. Es sin duda una proposición que gusta a la mayoría de la opinión pública, no sólo por los altos valores de sus remuneraciones comparado con el salario mínimo y con el desprestigio del Parlamento y de los políticos ante la opinión pública.

Me vino a la memoria las remuneraciones que recibían en el pasado los ministros. Un ex ministro del Presidente Ibáñez nos contaba a un grupo de amigos, que afortunadamente duraban poco, pues el en seis meses que fue ministro, perdió su automóvil. Era una época en que los autos eran caros y un bajo porcentaje de la población disponía de ellos. Otro ministro del Gobierno de Frei Montalva se le redujeron sus ingresos al asumir un ministerio; debió su esposa dedicarse a la venta de productos para poder enfrentar los gastos familiares de una familia numerosa.

Recuerdo que el tema fue bastante debatido en sectores minoritarios; incluso el diario El Mercurio escribió un editorial en que se hacía referencia a mejorar las remuneraciones de los ministros.

En mi opinión las remuneraciones del Presidente de la República, de los ministros de Estado deben ser relativamente altas, como también de los parlamentarios. Ello junto con motivar a que personas muy capaces acepten postular a estas actividades, una vez que ellos asuman puedan tener la tranquilidad de atender plenamente sus responsabilidades. Se sabe que en algunos países, las bajas remuneraciones a sus altos representantes superiores favorecerían actividades oscuras y fuentes criticables de obtención de patrimonio.

Parlamentarios que están muchos años en sus cargos, tienen un justo derecho de no sólo sacrificar sus formas de vida sino que también incrementar sus patrimonios.

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