Medicina natural, actualidad y economía

Edgardo Boeninger, gran hombre público chileno. Carta de su hija a El Mercurio en recuerdo de su padre al cumplirse 50 años de su elección de Rector de la Universidad de Chile Y algo más sobre este gran ingeniero

El día 13 de junio de este años, en el Diario El Mercurio de Santiago se publica carta de Iris Boeninger dirigida al Director del diario y que se titula “Edgardo Boeninger y el liderazgo”.

Iris es hija de Edgardo Boeninger, quien fue padre de dos hijos, Iris y Rolando.

A mi juicio la carta tiene un valioso contenido que muy bien describe las grandes cualidades de este distinguido profesional. Iris manda la carta en que conmemora la fecha en que Edgardo fuera elegido por primera vez Rector de la Universidad de Chile. De eso hace 50 años.

Al final del este artículo mío, presento la versión textual de su carta.

Escribo este artículo por tres razones, una por contribuir a dar a conocer la carta de Iris, la otra por aportar antecedentes que pueden ser útiles para la historia y finalmente para motivar a compañeros de estudios a que den a conocer otros antecedentes meritorios de Edagardo.

Él obtuvo primero su título de Ingeniero Civil en la Pontificia Universidad Católica de Chile y posteriormente el título de Ingeniero Comercial en la entonces llamada Facultad de Economía y Comercio de la Universidad de Chile, hoy llamada Facultad de Ciencias Económicas y Negocios.

Fui compañero de curso de Edgardo entre los años 1955 de ingreso y 1959 de egreso. Ambos teníamos un título profesional anterior; entiendo que una par de otros compañeros ya tenían una profesión. Eran tiempos de más fácilmente entrar a la carrera; se requería el Bachillerato de Matemáticas, uno se podía matricular sin tenerlo, pero debía obtenerlo dentro del primer año de estudios.

Yo seguí la nueva carrera por dos razones, una porque tuve un ramo de economía en Agronomía con un muy buen profesor, nada menos que el abogado Jorge Rogers Sotomayor, quien fue un gran legislado; eso me motivó por esa materia. La otra razón, de mayor urgencia, fue que si no seguía siendo estudiante, tenía que hacer el Servicio Militar. Me faltaba un año para pasar a la reserva sin instrucción.

Cursé la nueva carrera con mucho esfuerzo; trabajaba a tiempo completo, primero en la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chile un par de años y posteriormente, en el Ministerio de Agricultura, en el Departamento de Economía Agraria. Por ello poco asistía a las clases. Me fue favorable que en la Escuela de Economía se me reconocieron varias asignaturas con contenidos algo similares a las cursadas en Agronomía, lo que me alivió bastante los estudios. En primer año tuve que seguir solo dos cursos, ambos eran vespertinos.

Tuvimos en la carrera de Economía muy buenos profesores, de gran experiencia, ello nos sirvió para tener una visión muy amplia de la economía y del desarrollo socio económico. Además tuvimos buena docencia en administración.

Como estudiante de mismo curso, tuvimos a Edgardo como un gran compañero, tranquilo, juicioso. Sin duda que demostraba una gran inteligencia y sus otros grandes valores. Una de sus características simpáticas era la de adivinar las preguntas que nos iban a hacer los profesores en sus pruebas.

Sin duda había una marcada diferencia de edades entre los compañeros de curso. Edgardo nació en 1925, yo en 1932 y la mayoría de los alumnos que por primera vez eran universitarios tenían unos 4 ó 5 años menos. A esas edades, se captaban bien las diferencias, no solo en lo físico.

En esa época Edgardo como ingeniero civil trabajaba en la Municipalidad de Santiago, en temas relacionados con el tránsito; recuerdo que nos contaba que tenía que estudiar dónde colocar los semáforos. Muchos años más tarde supe que fue él quien propuso que la Avenida Andrés Bello de Providencia tuviera sentidos contrarios a determinadas horas del día, siguiendo las distintas densidades de tráfico presentadas en ciertas horas del día. Eso se ha considerado un acierto.

Un hecho muy interesante que pienso que le fue muy útil en su carrera profesional y en su servicio público, fue su ingreso a la Dirección de Presupuesto en el Gobierno del Presidente Jorge Alessandri Rodríguez. Entonces era Director de Presupuesto el ingeniero comercial, de brillante carrera, Sergio Molina Silva. Él necesitaba un segundo que fuera egresado de ingeniería comercial de la Universidad de Chile y le pidió a su entonces Decano, Luis Escobar Cerda, que le diera el nombre del mejor egresado. Ese nombre fue Edgardo Boeninger.

Qué conveniente es dar puestos importantes a personas capaces. Eso caracterizó al Presidente Jorge Alessandri y desde luego a Sergio Molina. Ese presidente se caracterizó por un gran respeto a la carrera funcionaria; sin duda era un estadista de esos que hoy se echan mucho de menos.

Cabe recordar que Sergio Molina ingresó a la Dirección de Presupuesto como un simple profesional. Eso fue en el Gobierno de Alessandri Rodríguez; le tocó bastante trabajar con el Presidente y luego llegó a ser en su gobierno, Director del Servicio.

Alessandri, si mal no recuerdo, en su última cuenta, hizo un reconocimiento especial a Sergio Molina y a nadie más, y manifestó su pesar de que Molina no haya querido asumir la cartera de Hacienda.

Es interesante saber cómo llegó Edgardo a ser decano de la Facultad de entonces llamada de Economía y Comercio; pronto pasó a denominarse Facultad de Ciencias Económicas.

El decano anterior fue Sergio Molina elegido en 1964 y renunció al decanato en 1965 para asumir cargos de Gobierno. Postuló a Decano Edgardo, y un profesor le ofreció su voto siempre que se recibiera de Ingeniero Comercial antes de su elección. La elección la ganó por un voto.

Recordar que habíamos egresado en 1959 y esto sucedía en 1965. Entonces era común que los egresados no se recibiesen o postergasen mucho su titulación.

Después de ese voto condicionado y posiblemente otros condicionantes, se esforzó Edgardo en recibirse y para ello hizo su memoria con un muy buen exalumno de él; la memoria versó sobre planificación y se recibió un día antes de la elección, la que ganó por un voto. Es posible que varios otros profesores votaran por él al haber obtenido su nuevo título profesional.

Hasta ese momento Edgardo era solo ingeniero civil y de la P. Universidad Católica de Chile.

Conviene recordar que sectores de los ingenieros civiles y estudiantes de esa carrera de la Universidad de Chile, fueron contrarios a que esta casa de estudios formara ingenieros comerciales.

Sin duda que es conveniente que el Decano de una Facultad sea un profesional de una carrera de esa casa de estudios. En Economía, los primeros decanos fueron ingenieros civiles. El primer Decano Ingeniero Comercial fue Luis Escobar Cerda, quien mucho apoyó a que profesionales de esa carrera estuviesen en la actividad pública.

Hasta poco antes de su elección de Decano, Edgardo era solo ingeniero civil y de la P. Universidad Católica de Chile.

Conviene recordar que sectores de los ingenieros civiles fueron contrarios a que la Universidad de Chile formara ingenieros en otra de sus Facultades.

Edgardo después de ese voto condicionado, se esforzó en recibirse y para ello hizo su memoria con un muy buen exalumno de él; la memoria versó sobre planificación y se recibió un día antes de la elección, la que ganó por un voto. Es posible que varios otros profesores votaron por él al haber obtenido su nuevo título profesional; es probable que sin este nuevo título su elección la hubiera perdido; habría tenido un resultado inferior al empate.

Esa elección estimo que fue la gran entrada a su brillante carrera académica directiva, que lo llevó a Rector de la Universidad de Chile en más de una elección.

Conviene considerar que después del Golpe Militar de 1973, no aceptó continuar como decano.

Volviendo a su demora en recibirse, a mí me pasó algo parecido, egresé en 1959 y mi titulé en 1968; me motivó hacerlo ya que en caso contrario iba a tener que cursar algunas nuevas asignaturas para obtener mi este segundo título de ingeniero. También hice mi memoria con un muy buen exalumno mío, yo siendo entonces Gerente Agrícola de CORFO y además académico de la Universidad de Chile, teniendo en propiedad una cátedra en esa facultad obtenida por concurso. A menudo me tocó presidir los exámenes de grado, por una parte por antigüedad de profesor y por otra, trabajar cerca del Decanato y así asistir cuando el Decano de Economía no podía hacerlo por situación imprevista.

Mi asignatura era la de Economía Agrícola, que la desempeñé por 20 años; en 1980 me exoneraron dando una razón, ella fue que no se justificaban las economías sectoriales, ya que la economía era una sola ciencia. Para muchos, poco menos que una ciencia exacta basada en principios que siempre se cumplían.

Me tocaron muchos contactos profesionales con Edgardo Boeninger. Los primeros fueron en los comienzos de los años sesenta, presumo cuando él hacía poco que había entrado a la Dirección de Presupuesto, ya que egresamos el año 59.

Esos contactos fueron muy especiales. Fue a comienzos de los años sesentas y en el Gobierno de Alessandri Rodríguez. El país había sido afectado por dos grandes terremotos casi simultáneos con epicentros en Concepción y Valdivia. Este último es el de mayor intensidad de los registrados en el mundo, que además de los grandes destrozos tradicionales de un sismo intenso, generó hundimientos de terrenos en una muy amplia superficie del territorio nacional, parte de esos terrenos quedaron inundados permanentemente.

Fue muy importante la ayuda externa que se le ofreció a Chile. Parte importante ofrecida por EE.UU que puso como condición que el país estableciese un plan de desarrollo de largo plazo y además realizar varias reformas importantes. Además se exigió que gran parte de este trabajo quedara bajo la responsabilidad de Sergio Molina, entonces Director del Presupuesto. En el cumplimiento de Molina de su nueva tarea, tuvo el valioso apoyo de Edgardo Boeninger.

Se constituyó un grupo de trabajo, como una especie de consejo con representantes de distintos sectores, que debían asesorar a que las medidas económicas más convenientes se estableciesen y realizasen, especialmente con apoyo del Presupuesto Nacional. La tarea no solo era la de contribuir a que se aprobaran las medidas aceptadas, sino que también participar en que ellas se implementaran. Tres compañeros de curso de la carrera de ingenieros comerciales del mismo curso participamos en ese consejo asesor, desde luego Edgardo representando a Sergio Molina y siendo su brazo derecho, Héctor Assael y yo. Assael por la parte financiera y yo representando al sector agrícola.

La Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) que ya tenía en su Dirección de Planificación una proposición de Plan Nacional de Desarrollo que partía de 1958, debió preparar rápidamente una nueva versión que se iniciaba en 1960. Ese Plan Decenal fue aprobado por el Estado de Chile en una sesión del amplio Consejo que en la antigua democracia era la cabeza de la CORFO, que en varios aspectos era más bien una institución de Estado más que otras empresas que eran dirigidas principalmente por personeros del Gobierno de turno .

Posteriormente en el Gobierno de Eduardo Frei Montalva, tuvimos muchos contactos. Edgardo era Director de Presupuesto y yo me desempeñaba a cargo de la Oficina de Planificación Agrícola(ODEPA) que en la actualidad con la misma sigla tiene un nombre el de Oficina de Políticas Agrícolas.

En ese año se estableció un interesante sistema de planificación, basado en una Oficina Nacional de Planificación radicada transitoria mente en la CORFO, para después crearse ODEPLAN y oficinas sectoriales, una de ellas era la ODEPA.

Recuerdo que algunos consideraban que ODEPA debía depender de otra unidad existente, el CONSFA. Yo era partidario de que dependiera directamente del Ministro de Agricultura. Hubo una larga discusión hasta que el Ministro de Agricultura de entonces Hugo Trivelli F., decidió consultar a Edgardo Boeninger como árbitro y respetar su opinión. Yo tenía muy claro que la oficina sectorial debía ser directamente dependiente del Ministro respectivo. En caso contrario no iba aceptar el cargo. Boeninger se pronunció inmediatamente de la dependencia directa del Ministro.

Siempre se entendió que estas oficinas de planificación debían ser esencialmente asesoras, ejecutoras de estudios y de plantear proposiciones.

Así me desempeñé como Director de la ODEPA de esa época. Yo era funcionario de CORFO muy relacionado con la Dirección de Planificación y la Gerencia Agrícola ambas dependencia de esa corporación. Yo era funcionario de esa gerencia.

Se produjo la renuncia del que era entonces Gerente Agrícola, nombrado por el Gobierno de Alessandri. Este cargo lo desempeñaba el distinguido abogado Ismael Edwards Izquierdo; a él se le propuso para otro cargo importante y por ello renunció. A mí se me propuso para reemplazarlo por el apoyo del Vicepresidente de CORFO, el prestigiado Ingeniero Civil Raúl Sáez S. y el Ministro de Economía, Ingeniero Domingo Santa María S. Por otra parte el Ministro de Agricultura, Ingeniero Agrónomo Hugo Trivelli F. y el Director de Planificación de CORFO, Ingeniero Comercial Álvaro Marfán querían que yo quedara de director de ODEPA. Yo no quise decidir entre ambos cargos y fue el Presidente Frei Montalva quien determinó finalmente que yo fuera Gerente Agrícola de CORFO. La razón que habría dado el Presidente habría que era más fácil formar un planificador que un ejecutivo.

Eso me llevó a alejarme de la Planificación y del trabajo con más contacto con Boeniger.

Los nuevos contactos con Edgardo se establecieron en las actividades académicas. Ambos teníamos responsabilidades docentes. Yo era profesor en varias facultades y ello motivó a Edgardo a que yo postulara a ser elegido miembro del Congreso Transitorio que se formó para elaborar el nuevo Estatuto de la Universidad de Chile. Él quiso que yo fuera candidato por la Sede de Santiago.

Este Congreso fue una especie de Asamblea Constituyente, integrada por los tres estamentos, los de: profesores, alumnos y funcionarios. Los de profesores eran elegidos de facultades o institutos, de sedes y nacionales. En cambio los representantes de alumnos y funcionarios fueron de elección nacional.

Fui elegido congresal. En todo el proceso pude muy bien captar los grandes valores de Edgardo y el aprecio que se tenía de él. En las elecciones se elegía Presidente y Secretario General. Él ganaba como Presidente en cambio secretario general era elegido de Izquierda. Varios de los académicos que votaban por Edgardo eran de izquierda. Tenía un apoyo transversal. Incluso su apoyo aumentaba a través de los años. Formó un valioso equipo productivo con el entonces Secretario General, el joven Ricardo Lagos, quien llegara a ser Presidente de la República.

Muy interesante fue el nuevo estatuto de la Universidad de Chile que se terminó de aprobar mediante un plebiscito y se puso en vigencia. Con el nuevo estatuto Importantes fueron las sedes regionales con que en cada una de ellas su cabeza era denominada Vicerrector. En Santiago se establecieron las cuatro sedes cardinales, las Norte, Sur, Oriente y Occidentes. Sedes que se pretendía que llegaran a ser universidades completas y relacionadas en lo posible con un campus para cada una de ellas.

Las sedes estaban formadas por facultad y departamentos de facultad. Además se crearon los departamentos de sede para servir a varias facultades.

Fue lamentable los efectos del Gobierno Militar sobre la Universidad de Chile y la otra importante universidad fiscal, la Universidad Técnica de Chile, que era un orgullo nacional; ambas  tenían sedes en entonces varias provincias. La Universidad Técnica fue destruida para transformarse solo en una nueva universidad, la de Santiago, perdiendo su función principal la de dar formación de técnicos.

A la Universidad de Chile se le quitó todas la sedes regionales, las que pasaron a ser nuevas universidades del Estado ahora regionales, nacidas de la fusión de las sedes regionales de las Universidades de Chile y Técnica del Estado.

A la Universidad de Chile se le quitó una importante fuente de su financiamiento autónomo proveniente de un impuesto a las remuneraciones, lo que le permitía aumentar sus ingresos al ritmo del crecimiento económico del país. Ello obligó a la Casa de Bello a eliminar la educación gratuita que daba y entre otras cosas, a que su Hospital Universitario que era cumbre del sistema nacional de salud, fuera dejando de ser el un hospital cumbre de un sistema nacional de salud.

La desaparición de ese financiamiento proveniente de una tributación, quedó eliminada por la Constitución de 1980 que prohibió todo financiamiento a base de impuestos específicos, con la excepción de que continuaba CODELCO con la obligación de entregar a la Fuerzas Armadas el 10% del valor de sus ventas.

Con lo establecido por la Constitución de 1980, la Universidad se vio obligada a cobrar aranceles a sus alumnos, los que fueron aumentando año en año.

Su financiamiento en adelante debía provenir fundamentalmente de la Ley de Presupuesto Anual, aprobada precipitadamente y en que el Parlamento no puede hacer modificaciones que determinen gastos adicionales a los propuestos por el Ejecutivo.

Desgraciadamente la nueva democracia nacida después de la dictadura, gracias al plebiscito de 1988, poco ha hecho por una nueva política nacional de educación, especialmente en la educación superior y en lo relacionado con las universidades estatales. Este tema daría para un amplio análisis.

Una labor destacable tuvo Edgardo en las negociaciones políticas para lograr llegar al Plebiscito de 1988. Fue un gran negociador, pienso que era así, porque se captaba sus grandes valores éticos; se tenía confianza en él.

Como señala Iris, su hija en su carta publicada por El Mercurio, nunca se le oyó hablar mal de persona alguna.

Me parece conveniente agregar, que los compañeros de nuestro curso de la carrera de ingeniería comercial nos hemos reunidos anualmente a fines de año. A esas reuniones habitualmente nos acompañaba Edgardo a pesar de sus otras importantes responsabilidades. Él nunca cambió. Siempre fue como el compañero de los años de estudiante; un amigo, un hombre que siempre conservó sus grandes valores personales que nos hizo mucho admirar cuando era ese compañero de mayor edad de nuestro curso.

A continuación, como lo anuncié a los comienzos de este artículo, presento el texto de la carta de su hija Iris enviada al Director de El Mercurio y que ese director eligiese su publicación el 13 de junio-

 

Edgardo Boeninger y el liderazgo

Señor Director:

    Se conmemoraron 50 años de su elección como rector elegido en la Universidad de Chile, la que la definía como su casa.

     Independiente y fiel a sí mismo, de gran calidad humana, a pesar de las dificultades y abandono que tuvo que vivir cuando era solo un niño, salió adelante como un hombre íntegro, superando los escollos y doblándole la mano al destino. Fue ministro, senador, rector y uno de los principales ideólogos de la transición democrática.

     Independiente y transversal, creía en la democracia y en la importancia de los partidos políticos. Jamás se le oyó hablar con encono o contra alguien, y menos faltando el respeto, aunque fuese adversario político. “No reditúa, estén seguro de ello” decía. Nunca emplazó, siempre fue con el diálogo, la idea, dispuesto a escuchar, y “persuadir y ser persuadido”, ya que el mejor triunfo para él era el acuerdo legítimo, en el cual se cede, se escucha y se coopera para llegar a un consenso, siendo el mayor logro la ley que se legitima por el acuerdo.

     Decía que “liderar no significa imponer posturas intransigentes. Junto con la firmeza de sus convicciones, un líder debe tener la capacidad de transigir, de dejarse persuadir y de conducir a la gente a acuerdos negociados”. Agregaba “por sobre todas las cosas, un líder es aquel que tiene coraje, honestidad y capacidad de jugárselo aun en condiciones adversas, enfrentando las encuestas, las posiciones intransigentes, y el chantaje de quienes le echan en cara de alejarse – cuando lo estime necesario – de lo políticamente correcto o de la tradición de su propio grupo.

    “Una democracia eficaz necesita de liderazgo en cada uno de sus dirigentes políticos, sin espacio para la agresión o el odio, sino el de la cohesión para infundir esperanza. Cuando los líderes están ensimismados en sus propias ideas, dejan fuera al ciudadano, quien comienza a descreer de la política en desmedro de la democracia”.

    Su principal motivación, “el estar convencido de que Chile tiene una espléndida oportunidad. Y a veces, cuando las oportunidades se pierden, es para siempre, por eso invito a todos a levantar la vista y a ponernos de acuerdo en un horizonte común”.

IRIS BOENINGER

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