Medicina natural, actualidad y economía

El Mercurio siempre pretende someter al Sector Agrícola al “Neoliberalismo”

El Editorial de El Mercurio del 25 de agosto de 2009 titulado “Competitividad de Agricultores”, con una leyenda interior “La evidencia chilena e internacional muestra que la única forma sostenible de llegar a ser una potencia agroalimentaria es mejorar la tecnología y la capacidad laboral y empresarial”, una vez más refuerza su posición contraria a políticas especiales para el sector, que han caracterizado al progreso agrícola de los países desarrollados.

La agricultura requiere de un tratamiento especial, no es a través de las quiebras de empresas, de cambios de la producción hacia donde hoy el sol más calienta temporalmente, es cómo se va a mejorar la productividad en forma sostenida y se puede llegar a ser una “potencia agroalimentaria”.

Se presenta el artículo y se hacen después comentarios de su contenido:

El artículo:

Competitividad de agricultores

La evidencia chilena e internacional muestra que la única forma sostenible de llegar a ser una potencia agroalimentaria es mejorar la tecnología y la capacidad laboral y empresarial.

Como culminación de una larga serie de reclamos, hace poco se reunieron en Linares varios miles de agricultores, miembros de asociaciones como Socobío, Sofo y el Consorcio Agrícola del Sur. En ese encuentro, el presidente de los agricultores de Linares expresó tener “la triste impresión de que nuestras autoridades no hacen nada para defender al productor nacional”. Y en la “Declaración de Linares” con que aquél concluyó, se pide al Estado dejar de “intervenir artificialmente el tipo de cambio”; establecer un precio mínimo de compra de granos, para evitar las distorsiones que hoy existirían en el mercado internacional, y que la agricultura tenga el mismo acceso al crédito que han tenido los sectores minero, bancario e inmobiliarios.

Estas peticiones no han sido respondidas, por lo que se mantiene la molestia en el agro. Sin embargo, muchos sectores productivos enfrentan una situación económica difícil este año de recesión, y la rama productiva que ha debido contraerse más es la industria. Importantes segmentos del agro se han desempeñado mejor, redirigiendo sus exportaciones hacia países menos afectados, o aprovechando la maduración de inversiones en años recientes.

Las autoridades enfrentan solicitudes de ayuda de todos los sectores, imposibles de satisfacer al mismo tiempo. Si ellas liquidaran parte de las reservas fiscales en el exterior para subsidiar a la agricultura, se apreciaría más el peso chileno en el corto plazo y habría represalias de los países con los que Chile comercia. Más grave aún, eso haría que la rentabilidad de las inversiones privadas en la agricultura dejará de estar regida por la eficiencia y la precisión de las proyecciones de ventas, y pasará a depender sobre todo de la presión gremial.

Además, podría llevar a presiones de otros sectores por “compensar” eventuales subsidios agrícolas con el término de la tributación por renta presunta y la aplicación de impuestos de exportación cuando los precios internacionales sean altos, como ocurre en Argentina.

Pero la evidencia chilena e internacional muestra que la única forma sostenible de llegar a ser una potencia agroalimentaria es mejorar la tecnología y la capacidad laboral y empresarial. El Estado puede colaborar en esa tarea, pero por medios indirectos, evitando la fijación de precios mínimos, que en la práctica son subsidios al productor e impuestos al consumidor. Tales medios indirectos incluyen la prestación al agro de servicios públicos de calidad por parte del SAG, Aduanas, Impuestos Internos, y otros, y la provisión de buena infraestructura en carreteras, puertos, aeropuertos y telecomunicaciones.

Otros aspectos de gran incidencia en la competitividad de la agricultura nacional son la flexibilidad laboral y el acceso al crédito. Coexisten algunas situaciones de fuerza – como las ocurridas el año pasado en algunas “tomas” lideradas por el dirigente Cristián Cuevas – con otras de flexibilidad excesiva. Y un caso aparte es la IX Región, donde una política indígena profundamente errada ha reducido la inversión privada hasta hacer que ella sea allí la menor de entre todas las regiones.

Respecto del crédito, éste fluye por canales variados, incluyendo las empresas distribuidoras de insumos y las exportadoras, además del crédito bancario directo, que es relativamente escaso. En estas materias, los últimos gobiernos no han mejorado la capacidad de diagnóstico y diseño de soluciones del Ministerio de Agricultura. Han optado más bien por potenciar organismos como INDAP, cuya trayectoria no ha probado una contribución decisiva al desarrollo agrícola.

Llama la atención en este artículo afirmaciones tan absolutas e incompletas como:

1. “La evidencia chilena e internacional muestra que la única forma sostenible de llegar a ser una potencia agroalimentaria es mejorar la tecnología y la capacidad laboral y empresarial”. Pero nada se dice de la importancia de las políticas de precios, ingresos y comercialización para mejorar productividades. Una lechería de alta eficiencia que seguramente la ha logrado por esfuerzos de décadas y que por ejemplo quiebra por la caída de precios internacionales y del dólar, destruye una alta productividad pecuaria, laboral y empresarial, formada por años. Ese empresario difícilmente volverá al rubro, es un líder destruido; de volver a productor, demorará años en recuperar las productividades antes alcanzadas.
2. La crítica a las presiones empresariales, especialmente en torno al dólar. Es nefasto que porque sube el precio del cobre a niveles impresionantes, se derrumbe el valor de la divisa y dañe a actividades productivas de procesos que generan alto valor agregado, especialmente empleo. Estamos en una realidad, como se dice “guagua que no llora no mama”. En buena hora se manifiesten las presiones empresariales. Los altos precios del pasado reciente de nuestras exportaciones primarias generaron abundancia de divisas que junto con presionar a la baja del valor de la divisa le dieron al fisco altos ingresos en moneda extranjera, que en parte se ahorraron para periodos futuros en que las cosas cambiasen. Cuando ya esto se produce, el fisco lanza divisas al mercado que contribuyen a la baja de su valor; de eso se quejan los agricultores y con razón.
3. La posición contraria a la garantía de precios mínimos, que tanto contribuyó al progreso agrícola de los países de alto nivel de desarrollo y de elevada productividad agrícola. No debe olvidarse cómo el Gobierno Militar frente a la crisis de comienzos de los años 80 debió establecer las bandas de precios para trigo, oleaginosas y azúcar, que representa un mecanismo de garantía de precios mínimos, pero que también pasa a garantizar que los precios no suban de ciertos niveles máximos. Qué sacamos con recibir productos agrícolas del extranjero provenientes de excedentes de países proteccionistas de sus agriculturas o de excedentes mundiales de producción que lanzan directamente subsidiados o indirectamente con subsidios crediticios, si con eso dañamos a nuestra economía y especialmente a las regiones productoras, creando niveles de precios internos distantes de los reales costos de producción. Con garantías de precios mínimos se contribuye a que las producciones nacionales se mantengan, y con ello los empleos y los abastecimientos internos a precios más estables.

En el artículo de El Mercurio aparece como argumento en contra de otorgar subsidios al sector agrícola un llamativo planteamiento: Además, podría llevar a presiones de otros sectores por “compensar” eventuales subsidios agrícolas con el término de la tributación por renta presunta y la aplicación de impuestos de exportación cuando los precios internacionales sean altos, como ocurre en Argentina. El tema de la renta presunta como beneficio para la agricultura se ha reducido; ya muchas empresas deben tributar a base de renta efectiva y frente a tan bajas rentabilidades o a pérdidas, bien podría ser conveniente que desapareciera el uso de la renta presunta. Debe recordarse que esa metodología estimulaba las inversiones, ya que se tributaba sobre la base de la potencialidad productiva de los suelos; si un suelo por ejemplo era de secano y el agricultor lo regaba con sus propias inversiones, seguía tributando como terreno de secano; hoy eso ha cambiado, pues se ha limitado el tiempo de disponer de ese privilegio, como también desaparece si esa propiedad se vende. La renta presunta se puede estimar que ya cumplió una parte importante de sus objetivos y se ha ido reduciendo su uso; era un estímulo al uso de los suelos, un terreno abandonado esperando una plusvalía debía igualmente tributar que uno trabajado intensamente.

Referente a la segunda amenaza que presenta el artículo en contra de los subsidios agrícolas está “la aplicación de impuestos de exportación cuando los precios internacionales sean altos, como ocurre en Argentina”. Es un tema que merece un poco de análisis; si se trabaja con una banda de precios que contemple precios máximos y precios mínimos, un alza considerable de precios debe neutralizarse con los mecanismo que la banda debería considerar, como por ejemplo baja de aranceles o incluso subsidios temporales a las importaciones si fuéramos deficitarios y aranceles a las exportaciones, si fuésemos excedentarios. No es un disparate que Argentina establezca aranceles a exportaciones cuando suben los precios internacionales, ya que con ello evita que los precios internos se disparen, con daño a los consumidores frente a utilidades excesivas de la agricultura. No es fácil que esta situación se diese en Chile, aunque hemos observado a veces grandes elevaciones de precios internos como ha sucedido con la cebolla o con el limón, por condiciones transitorias muy favorables de los mercados externos. En el futuro podría darse teóricamente con el trigo y la leche, que al subir anormalmente los precios internacionales, quedásemos con elevaciones exageradas de los precios internos y con desabastecimientos.

La agricultura tiene características muy propias frente a otros sectores de la actividad económica. Descansa en un proceso biológico cuyos tiempos de maduración no pueden forzarse más allá de ciertos límites y además están sujetos a enfermedades y plagas que pueden agudizarse como problema con la presencias de nuevos agentes que las producen. También está sujeto al clima, muy variante, que puede afectar a grandes extensiones con sus anormalidades comprometiendo las ofertas mundiales y con ellos los precios internacionales. Una empresa agrícola que tiene pérdidas no pueda fácilmente dejar de producir, el hacerlo le puede significar mayores pérdidas e incluso la destrucción de patrimonios. La agricultura no sólo está constituida por las grandes empresas comerciales con producciones para exportación, también existen miles de pequeños agricultores y de campesinos que su vida y la de sus familias dependen de estas actividades.

No debe olvidarse las consecuencias del neoliberalismo extremo que desarrolló el Gobierno militar desde 1975 hasta comienzos de los años 80, en que hizo crisis, y que terminó haciendo obligatorio un cambio profundo de la política económica. Se forzó a reestablecer las políticas sectoriales tan criticadas por ese modelo y además a establecer medidas de emergencia como fueron líneas de créditos especiales para la liquidación de stock de viviendas construidas y el masivo apoyo financiero al sistema bancario que cayó en una crisis jamás anteriormente observada en Chile. Todo ello se debió hacer con recursos humanos con otra mentalidad. El gran ideólogo Milton Friedman, estadounidense, entgonces desapareció de Chile, y sus últimas palabras fueron en torno a que la libertad económica había fracasado porque en Chile no existía la libertad política, ausencia que al parecer él no la había captado oportunamente; sin duda que en parte tenía razón: era muy probable que si el país hubiese tenido libertad política no se hubiese llegado a esos extremos del neoliberalismo.

La gran crisis de comienzos de los 80, sólo superada por la gran depresión mundial de los comienzos de los 30, tuvo como una de sus causas principales el endeudamiento irracional del país, principalmente del sector privado, proveniente de los petrodólares y de la congelación del dólar en 39 pesos por caso tres años. El país se vio en la vida fácil del consumismo a costa del endeudamiento externo e interno y del consiguiente debilitamiento de la actividad productiva real, la de bienes especialmente. Daños profundos en la industria y en la agricultura, con las consiguientes caídas de producción y del empleo.

No olvidemos que una de las causas más importantes para superar la crisis fue los cambios de equipos humanos, lo que podría considerarse un cambio de modelo económico, y medidas importantes como fue la devaluación junto a la elevación de aranceles, políticas económicas específicas para el sector de la construcción y para el de la agricultura y la contratación masiva de desempleados mediante los programas de Gobierno del PEM y del POJ. A lo que se sumó la intervención de la banca privada masivamente quebrada y la absorción por el Estado chileno de ese inmenso endeudamiento incapaz de ser servido por el sector privado, la llamada deuda subordinada, que aún mantiene parte de la banca, a pesar de sus grandes utilidades. Además tuvo que renegociarse la deuda externa.

Deben recordarse algunas medidas interesantes para el sector agrícola como fueron las políticas de precios y comercialización, junto con líneas de créditos especiales. Recordemos que ya la devaluación misma significó mejoramientos de precios, a lo que se sumo el establecimiento de las bandas de precios para el trigo, las oleaginosas y el azúcar. Para el mejor cumplimiento de los precios mínimos del trigo, se creo una nueva empresa del Estado, que aún perdura, la Comercializadora de Trigo S.A (COTRISA). Para apoyar la producción triguera, el Banco del Estado estableció una línea de crédito especial con garantía en el producto de la cosecha, ya que los endeudamientos de los agricultores y sus castigados patrimonios, no les permitía a muchos de ellos dar otras garantías tradicionales.

Cabe destacar en el establecimiento de estas políticas a ese gran Ministro de Agricultura que fuera Jorge Prado, dirigente empresarial y gran conocedor de la agricultura europea. El no sólo impulsó estas políticas ya señaladas sino que también estimuló el traslado de los conocimientos existentes en las estaciones experimentales al sector productor, mediante organizaciones denominadas grupos de transferencia tecnológica. Estas políticas recuperaron la agricultura nacional y motivaron mejoramientos poco imaginables de los rendimientos. Cabe destacar que Chile, después de unos cuarenta años, llegó a autoabastecerse de trigo.

Sin duda que la agricultura chilena tuvo la suerte de tener a un muy buen ministro de agricultura, que además de su formación profesional y de sus conocimientos, tenía una valiosa experiencia y una capacidad directiva gremial y empresarial.

Recientemente, después de haberse producido una impresionante alza de los precios internacionales de productos agrícolas como leche, trigo y otros cereales, derivados de problemas climáticos en importantes regiones productoras, por la reducción de políticas de subsidios a las producciones en países desarrollados y los fuertes incrementos de demanda proveniente de los países emergentes especialmente asiáticos y del asombroso crecimiento de la economía china, alzas que dejaron a nuestra agricultura del sur en condiciones privilegiadas, se produce de nuevo la caída de precios y empiezan nuevamente las protecciones en los países exportadores en ayuda a sus colocaciones externas. Se suma a ello la baja del valor del dólar. Todo ello motiva caídas de ingresos a nuestros productores, agudizadas además por las alzas de los precios de los insumos, especialmente de fertilizantes.

Hay justas inquietudes en la agricultura sureña; enfrentan además graves y reales problemas, en torno a conflictos con los sistemas industriales – molineros y lecheros. Lamentablemente ha sido que todo ese desarrollo lechero industrial cooperativo, que fuera tan apoyado por el Estado chileno durante la democracia previa al Gobierno militar, haya prácticamente desaparecido. Los productores lecheros vendieron sus acciones a buenos precios, valores que posiblemente los han perdido a costa de precios castigados por las plantas, que racionalmente persiguen obtener buenas rentabilidades.

Sin duda el tema del valor del dólar ha dañado no sólo a la agricultura nacional sino que en forma muy especial a nuestra industria. Es criticable, en mi opinión, que por los altos precios de nuestras exportaciones de productos primarios provenientes de recursos no renovables, especialmente cobre con niveles de precios jamás visto, dañen tan profundamente a la economía chilena y especialmente al empleo, en rubros en que tenemos ventajas comparativas y que descansan en recursos renovables.

Se junta a la caída del valor de la divisa, sus inestabilidades, que hacen más inciertos los resultados futuros, afectando con ello a las decisiones de inversión. Algunas de las cuales, como en las del sector forestal, se van en parte al extranjero.

Desgraciadamente las autoridades económicas y en especial el Ministro de Hacienda, tan favorablemente valorado por la opinión pública, no le dan importancia a este problema. Tampoco vemos preocupación en las autoridades sectoriales ligadas a las áreas industriales y agrícolas; además parece no haber consciencia de la gravedad del desempleo, que tan profundamente ha llegado a dañar a la sociedad chilena. No es la solución dar facilidades crediticias, si las empresas no pasan a ser viables; se termina trasladando gran parte de los frutos del esfuerzo productivo a beneficio del sector financiero, que muestras inmensas y crecientes utilidades.

En otros artículos sobre el valor de la divisa, he puesto ejemplos de países exportadores que sostienen el valor de sus divisas para alentar exportaciones y para proteger las producciones nacionales para consumo interno de la competencia externa., He dado el ejemplo de China, en que su política cambiaria muy criticada por el neoliberalismo internacional, le ha permitido alentar permanentemente las exportaciones, generar grandes excedentes de divisas asociado a un ahorro nacional y ha pasado a ser un gran prestamista internacional junto a un gran inversor en países extranjeros. Con sus mayores exportaciones su economía crece y crece, genera cada vez más empleos y robustece un importante mercado interno, que le ha ayudado a enfrentar en la reciente crisis internacional la contracción de la demanda externa. Dubai es otro caso, que con sus grandes exportaciones de petróleo que se sabía que se agotaba, protegió su economía en diferentes actividades y creó un patrimonio interno extraordinario que cambió totalmente su economía, pasando a ser un gran centro turístico y de actividades financieras y recreativas, con empleo pleno y reducida desigualdad en la distribución del ingreso. Todos sus ciudadanos tienen un alto estándar de vida.

En cambio en Chile vemos una alta correlación entre el precio internacional del cobre y el valor de la divisa.

Nunca hay que dejar de tener presente que los desequilibrios económicos agudizan las desigualdades, hacen más ricos a los que tienen mayores recursos y más información, en perjuicio de los más pobres. Es razonable pensar que hay intereses nacionales e internacionales en agudizar las crisis para beneficio de minorías.

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2 comentarios

  1. El agro Chileno se encuentra en una situación de inseguridad económica debido a la alta dependencia de los precios internacional y las variaciones de la tasa de cambio que en muchos casos es desfavorable para ellos. Respecto a esto, se han propuesto muchos tipos de soluciones. De hecho, en un encuentro ocurrido en linares, donde se reunieron agricultores, Socobio, Sofo y Consorcio agrícola del sur, se estipuló la Declaración de Linares por parte del presidente de agricultores de la zona, donde se postuló que las autoridades tienen en total abandono al agro Chileno.

    Como iniciativas tendientes a la solución de este problema, cabe mencionar el fomento a la investigación y la difusión de información de forma libre a los agricultores, ya que esto representa la vía más eficiente para que pequeños y medianos productores, que no tienen como prioridades realizar investigación, puedan incorporar nuevas técnicas y tecnologías a sus procesos productivos aumentando la rentabilidad de su negocio y la calidad de sus productos, teniendo un mayor control sobre los precios. No obstante la agricultura Chilena presenta una inercia bastante explícita en este punto, por lo que es importante que organismos como el INIA, incluyan a los agricultores en sus procesos, de manera que estos se familiaricen desde un principio con la investigación y sean participes de los resultados, de manera que las nuevas tecnologías sean más fácilmente aceptadas. Para que exista la tecnificación, es necesario tener el financiamiento que permita acceder a estas tecnologías, no obstante los créditos disponibles fijan una tasa de interés de acuerdo al monto y al plazo del inicio del pago, generando tasa de interés más altas en comparación con empresas cuyos retornos son más inmediatos. Por tanto se deberían generar créditos flexibles al agricultor, contando con pagos según el calendario de flujo de ingresos y que la tasa de interés no sea influenciada por el plazo de pago.

    Otro punto es el de determinar precios mínimos de importación de productos, para aumentar la competitividad y rentabilidad de la producción a nivel nacional, disminuyendo el impacto de las fluctuaciones del mercado internacional. Junto con esto, se generarían iniciativas que vallan en pro de las asociaciones agricultor – agroindustria, ya que sería conveniente, por ejemplo, para los grandes molinos, trabajar en conjunto con los agricultores que generan su materia prima, de manera que estos mejoren sus procesos y la calidad de sus productos mediante la implementación de tecnologías fomentadas por el privado y además ayudaría a que los agricultores se mantengan en el gremio estabilizando la oferta y los precios.

    El punto anterior señala la inconstancia en la inversión agrícola, ya que no existe una guía clara que ayude a los agricultores a tomar la mejor decisión que responda la pregunta de qué producir. Respecto a esto, los agricultores Chilenos cambian constantemente de rubro a los que en ese momento parecen ser mas rentables, lo que aumenta la incertidumbre del negocio y muchas veces la decisión termina en un rotundo fracaso, por tanto, sería necesario que el estado genere políticas que incentiven a los agricultores a la especialización, siempre y cuando esta responda a un nicho, y que se propongan mejorar constantemente en el tiempo.

    El manejo del estado del tipo de cambio, es muy errático, no teniendo una política de control de las fluctuaciones del dólar, siendo una practica de emergencia, que da respuesta inmediata al problema. Por lo tanto, sería importante que el estado tomara el control de este problema generando políticas de proteccionismo al sector con respecto a la rentabilidad de la empresa agrícola.

    Finalmente una mejora en la competitividad de los agricultores Chilenos implica una gran cantidad de iniciativas, no obstante estas pueden agruparse en temáticas como financiamiento, asociatividad estado – empresa – agricultor e implementación de técnicas y tecnologías.

  2. Estimado Juan: 5 de noviembre de 2009. Comparto gran parte de sus inquietudes. El tema del valor de la divisa es de enorme significado para nuestra economía y para sectores como la agricultura. Desgraciadamente no hay conciencia del Gobierno sobre el tema. Los precios internacionales además son muy imperfectos, a lo cual se suma la inestabilidad del dólar y su castigo derivado de los altos y oscilantes precios del cobre. Falta en nuestro país políticas de desarrollo con visión de largo plazo, que apoyen actividades generadoras de empleo, de mayor valor agregado. La mayoría de los países desarrollados y con diferentes estilos de desarrollo, mantienen políticas específicas en favor de la agricultura. Desgraciadamente no es el caso de Chile. Atentamente. Rolando Chateauneuf

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