Medicina natural, actualidad y economía

El Transantiago parece sin pronta solución. Debe tener un cambio fundamental. No hay otra alternativa.

                                                                                 18 de mayo de 2007
 
 
Pasa a ser un problema de Estado.  La oposición tiene una enorme responsabilidad para ayudar al Gobierno a evitar la explosión social.
 
El tema es tremendamente preocupante.
 
    La pregunta es cómo se pudo preparar un proyecto con tantas fallas y cómo no se tuvo la visión de esperar partir hasta que todos sus componentes estuvieran terminados. Este análisis de responsabilidades debe quedar postergado pero no olvidado, por ahora es importante buscar solución a un grave problema nacional; ya se sabe que no hay más alternativa que la de seguir adelante, tratando de hacerlo lo mejor posible, con las correcciones y los agregados que sean necesarios.

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   Se está en el financiamiento como en un círculo vicioso, parte importante de los usuarios no pagan, dando como un argumento el hecho de que se da un mal servicio;  el de ahora, además de las incomodidades, con más tiempo por viaje y más incertidumbres, no sólo  perjudica al usuario, sino también a la vida familiar. Puede dañar las relaciones trabajador empleador, como también a muchos pequeños empresarios les posterga el inicio de actividades diarias de su empresa; los estudiantes también se ven afectados. Con esa omisión de pago bastante masiva, alentada por organizaciones, y por la lógica reacción de grupo, el desfinanciamiento se agudiza o bien, como el Gobierno lo considera, aumentan los costos de puesta en marcha.
 
    Al parecer los conductores poco pueden hacer para que los pasajeros paguen, ya que si lo intentan corren riesgos; de todos modos es interesante el saber por qué en algunas líneas ellos han podido actuar con mejores resultados.
 
    Si hubiera estado todo terminado antes de partir, parece que igualmente el elemento crítico hubiera sido el  Metro, por su sobrecarga de pasajeros, por su congestión en su operación normal. Ya se ha comentado en otro artículo las incomodidades para el pasajero y todos sus efectos en salud; riesgos vitales para enfermos y personas de mayor edad y fuente de contagios de enfermedades transmisibles.  Sin duda que hay que reducir la carga y ello en algo se habría logrado con servicios de superficies paralelos a las líneas en las horas de mayor congestión.
 
    Lo grave del sistema se presenta frente a las paralizaciones temporales del Metro, que es imposible impedirlas. Fallas técnicas en los trenes, fallas técnicas en sus sistemas fijos, cortes de luz y suicidios; al parecer todo esto no se consideró oportunamente.
 
    Es preocupante que el sistema muy poco mejore, se acumulan tensiones y descontentos, que pueden llevar a explosiones violentas por saturación, por desesperanza que conduzcan a colmar la paciencia y más aún por paralizaciones temporales que puedan tener los desplazamientos, por las causas antes señaladas, que generen la chispa que encienda la mecha de una gran explosión social.
 
    Si no se logran mejoramientos rápidos y sensibles, el problema se agudizará; los usuarios están tensionados, han sufrido mucho por las demoras, incomodidades e incertidumbres. Se podría decir que los usuarios se están saturando; los conductores y el personal del Metro son incluso agredidos; como también lo son los conductores de los buses.
 
    Me ha parecido conveniente mencionar la carta enviada por un médico al Director de El Mercurio que aparece en el día de hoy, 18 de mayo, que viene titulada Síndrome Transantiago.
 
Señor Director:
 
    Me permito mencionar que aparte de las alteraciones de salud física, psicológica y emocional que han afectado a los usuarios del sistema de transporte del Transantiago, hay un grupo que ha sido afectado de igual y quizás de peor manera: éstos son los choferes de los buses del sistema.
    Ellos acuden a la consulta con severos síntomas de estrés laboral, expresándose en diversas patologías como el lumbago, el síntoma intestino irritable y trastornos
 adaptativos.
    Este estrés deriva de su trato laboral inadecuado; el maltrato de los usuarios, quienes en actos de incivilización extrema los golpean hasta producir traumatismos físicos y psicológicos, y a la falta de vida familiar por sus horarios, lo que provoca crisis familiares, y ha llevado al hecho de llegar a producir accidentes como el de hace un par de días.
 
                                                      DR. JOSÉ PEÑA MARTÍNEZ
 
 
    El Mercurio en su edición de hoy señala en uno de los titulares interiores y textos de encabezamiento:
 
Violencia en el transporte
 
 Conductores de Transantiago sufren 50 agresiones por día.
 
Dirigentes sindicales observan una tendencia al alza en la insatisfacción, en el descontrol y en la ira de los pasajeros.
 
    Crítico es lo que  ha pasado con interrupciones del Metro, la mayor que significó una demora de unas dos horas, produjo una reacción violenta de la población, la que tuvo que ser repelida también con violencia por la fuerza pública; posiblemente no había otra forma de hacerlo. Cabría preguntarse, qué hubiese pasado si esta falla técnica no hubiese sido un sábado, sino un día de semana en momento de más carga. En la semana se han tenido otras dos fallas técnicas menores, que también originaron serios perjuicios a una parte importante de los usuarios.
 
    Hay que tener presente que el Metro tiene varias causas de interrupción: entre éstas están las fallas técnicas de los trenes, fallas técnicas en el sistema de apoyo, los cortes de energía y los suicidios. En las horas de máxima, cualquiera detención por diez minutos o más crea un grave problema; no hay alternativas de sustitución, salvo el caminar. Antes existía la abundancia de medios de superficie subutilizados, y frente a una menor carga de pasajeros en el Metro, que no atochaba a las estaciones y que podían buscar otros medios, especialmente en sistemas de transporte de superficie. No les era difícil al personal de las estaciones devolver pasajes.
 
.   El riesgo está ahora especialmente en éstas paralizaciones inesperadas y temporales del Metro que pueden repetirse; habitualmente éste tenía interrupciones por diferentes causas, sus efectos, como ya se ha señalado eran menores, por la  gran disponibilidad de transporte  de superficie de alta frecuencia y subutilizado, a lo que se sumaba menos cargas de pasajeros. Se puede decir que fue suerte o fue extraño que antes no se hubieran presentados estos problemas. Recientemente voces autorizadas del Metro han señalado que siempre se han de producir fallas técnicas de esta naturaleza y lo que ha sucedido estos últimos días está dentro de lo normal; se ha comunicado  que esta empresa es una de las que en comparaciones internacionales, tiene menos fallas de esta naturaleza.
 
    Se han desarrollados tensiones en los usuarios y en el personal del Metro. El público reacciona injustamente contra ellos. Hay problemas también de reacción del publico contra los controladores de superficie y contra los conductores.
 
   Grave lo recientemente sucedido en Argentina con las violentas reacciones de usuarios que se vieron afectados por interrupciones de los servicios de transporte, esto puede tener efectos de demostración. Debiera aquello servir de advertencia al Gobierno.
 
   Es interesante conocer la carta de una psicóloga a la Directora de La Segunda publicada el 16 de mayo de 2007 y que se le titula “Estallidos espontáneos”.
 
   Señora Directora:
 
    Manifestaciones  como las de las últimas semanas en estadios o por problemas de transporte impactan por la violencia y por lo inexplicable de ver multitudes tranquilas estallar en tumultos agresivos.
    Hay varios motivos por los que una persona o un conjunto de ellas transforman ira en agresión. Sin embargo el principal es la frustración.
    Los seres humanos tenemos un umbral de tolerancia ante la frustración y estrés social. Cuando este umbral es sobrepasado, los individuos adoptan un comportamiento de lucha o de huida.
    Lamentablemente, en nuestra sociedad abundan factores frustrantes y estresantes. Además, si consideramos que los actuales problemas de locomoción colectiva registrados en la capital han deteriorado aún más la calidad de vida, es comprensible la manifestación de furia observada. Y no sería extraño que similares expresiones masivas se reprodujeran en el futuro.
 
                                                                              Lucía Godoy Ide
                                                                                    Psicóloga
    
    Por otra parte cabe preguntarse, cómo se explica la lentitud en arreglar las calles y en la construcción de los paraderos, responsabilidades del sector público; pero también tampoco han cumplido empresas privadas participantes en el sistema. La pregunta puede ser si hay ineficiencia o hay indolencia. Personeros del Gobierno culpan a los privados, y varios de éstos culpan al Gobierno. Las relaciones se resienten, lo que es dañino para las soluciones a los problemas actuales y para los del futuro.
 
    ¿No se debiera trabajar día y noche, todos los días de la semana, para completar las infraestructuras?. Uno observa calles cerradas por meses, cuando son obras que podrían realizarse en unos pocos días, con dedicación plena de recursos.
 
     Todo lo sucedido también desgraciadamente desprestigia a la ingeniería chilena, a su clase política, y al Gobierno mismo, por la baja capacidad de ejecución. Tampoco sale prestigiada la empresa privada.
 
    En cuanto a la ingeniería chilena, de tanto prestigio en el pasado, ha debido enfrentar una serie de hechos que la comprometen: Pueden mencionarse lo sucedido con el puente de Loncomilla, el proyecto de puente sobre el Canal de Chacao, los problemas con Ferrocarriles del Estado y hoy, con mayor intensidad, el Transantiago.  Cada día tenemos nuevas especialidades, postítulos y posgrados que rellenan los currículos y disponemos de mejor instrumental de apoyo y de sistemas de información. Uno puede mirar con nostalgia a los viejos ingenieros, identificados con sus servicios como los de Ferrocarriles y Obras Públicas, que trabajaban con sus reglas de cálculo, sus tablas y sus ábacos. Probablemente entonces había más valores.
 
    Interesantes ideas ha lanzado el exPresidente Frei Ruiz Tagle sobre la estatización del sistema de transporte de pasajeros del Gran Santiago. Bastante apoyo ha tenido este planteamiento en diferentes sectores. Llama la atención que estas ideas surjan de un mandatario que tanto privatizó y que trato de hacer desaparecer al Ministerio de Planificación. Parece que los años y las experiencias nos conducen a pensar distinto. Tuvimos en el pasado la interesante experiencia de los tranvías eléctricos, reemplazados después por los trolleybuses, tan poco contaminantes de aire y de ruidos,  de muy bajos costos de operación y de mantención y rápidos para tomar velocidades prudentes. Todo ello en manos de una empresas del Estado, la Empresa de Transportes Colectivos(ETC), que se complementaba con las empresas privadas; sus buses habitualmente atendían los servicios menos rentables. Pero el Gobierno Militar y su modelo económico que pretendía eliminar a las empresas del Estado, destruyó la ETC  y con ello a toda la red de trolleybuses, que había sustituido a  los tranvías. No puede dejar de recordar como los líderes civiles de esa época fueron contrarios al Metro, hasta decir que querían levantar su línea 2 por antieconómica y que si ellos hubieran estado antes en el Gobierno, no se habría construido la Línea 1.
 
    Cabe recordar que se detuvo el gran proyecto Metro que se inició en el Gobierno de Frei Montalva que contemplaba muchas líneas y hasta un círculo que rodeaba a Santiago; de haberse llevado eso adelante, podríamos haber estado hoy construyendo nuestros propios trenes y  hasta siendo exportadores de equipos y de tecnología. En Chile fabricábamos nuestros tranvías, carros de trenes e incluso locomotoras. Empresas privadas fabricaban ruedas para carros de ferrocarriles, que incluso exportábamos.
 
    Las ideas de Frei Ruiz Tagle escandalizan a sectores de derecha e incluso a hombres de la Concertación. Creo que bien podría pensarse en tener una gran empresa del Estado, que podría ser a base del actual Metro, que restableciese en Santiago a los trolleybuses y se hiciese responsable de las redes matrices del transporte y dejar todo lo restante en un sector privado dentro de un gran proyecto de complementación entre lo público, sin fines de lucro o de máximas rentabilidades sociales, y lo privado, de empresas que operen dentro de marcos perfectamente definidos, que permitan aprovechar las capacidades empresariales existentes y con experiencia, empresarios que estén motivadas por lógicos y naturales fines de lucro.
 
    Estos sistemas mixtos me traen recuerdo de la Industria Azucarera Nacional(IANSA). Nunca se podría haber creado en Chile la industria del azúcar a base de la remolacha; los costos del producto de origen remolacheros eran mayores a los provenientes de la caña de azúcar producidas en zonas tropicales o subtropicales y refinadas en Chile. Pero esa IANSA estatal permitía que decenas de miles de empresas privadas produjesen la remolacha, y muchos transportistas privados trasladaran miles de toneladas desde los potreros a las canchas industriales y transportaran los insumos y otros subproductos. Cómo las plantas industriales eran construidas por empresas privadas a base de contrataciones y subcontrataciones.
 
    Hoy vemos, a mi juicio desgraciadamente, al Banco del Estado compitiendo con la banca privada para captar clientes incluso usando la Canción Nacional y la Bandera Chilena o rechazando los cheques de la Tesorería de la República en manos de miles de contribuyentes que recibieron sus devoluciones de tributos, por no disponer de fondos por una falla burocrática y por la falta de criterio de la institución bancaria. gubernamental. También cómo este banco no sólo abandonó desde hace varios años sus responsabilidades de promover el ahorro masivo de la población, que venía como tarea heredada de la antigua Caja Nacional de Ahorros, sino también cobrando altas comisiones por los millones de libretas de ahorro que se fueron comiendo el capital de los ahorrantes, que ha contribuido a destruir este capital social, todo ello para aumentar sus rentabilidades financieras, lo que “prestigia a sus ejecutivos” y les permite hacer carrera pública o privada. Increíble, esto acontecido en gobiernos con presidentes de la República socialistas.   
 
    Debiera en las empresas públicas primar el criterio de costo efectividad, lograr cumplir sus obligaciones con eficiencia y al menos costo posible y no primar en ellas el criterio de costo beneficio, de las obtención de altas rentabilidades financieras. Pero para ello, ése criterio debe estar primero en quienes nos gobiernan.
 
    La abundancia de dólares nos permitiría una importación masiva de medios de transporte de personas y reforzar el sistema del Transantiago, dentro de un proyecto de readecuación que sea rápidamente preparado. Éste debe alivianar al Metro, que está saturado y permitir paliar los efectos de sus cortes que se seguirán produciendo.
 
    Anoche, 17 de mayo, presencié de entrevista a Germán Correa, experto de prestigio internacional en estas materias, que señaló muchas cosas sabias y causas de este gran problema nacional. Manifestó que el gran error fue partir sin tener todo preparado, que el sistema es como un puzzle de muchas piezas y que todas deben calzar para obtener el producto; eso lo advirtió y no fue oído. También señaló que desgraciadamente cada vez que llega una autoridad nueva quiere darle al proyecto su tónica propia.  Además expresó lo importante que es la tarifa, si ella es baja el sistema se desfinancia, como también sucede si ésta es alta, pues el usuario potencial busca otros caminos. Lamentable que este hombre, al parecer de altos valores, no haya sido mejor aprovechado. Recuerdo lo que manifestó tiempo atrás cuando se dio la noticia que pasaría a dirigir una gran empresa privada del sistema; él declaró algo así que era como falta a la ética es pasar del sector público al privado, en situaciones de esta naturaleza, como muchos otros lo han hecho.
 
    En las expresiones de Germán Correa, cabe también destacar su insistencia en preocuparse por el trato digno y respetuoso al usuario.
 
    Todos debemos luchar para superar esta grave situación, tanto la Concertación como la oposición, el sector público y el sector primado, las organizaciones sociales y dentro de ellas las gremiales, los profesionales en general y también lo deben hacer las iglesias.

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