Medicina natural, actualidad y economía

Nuevamente la Organización Mundial de Comercio(OMC) actúa contra la agricultura de los países en desarrollo

                                                                                                                                                  25 de mayo de 2007

 Las bandas de precios para el trigo, el azúcar y las oleaginosas, que fueron tan útiles para la agricultura chilena,que apoyan la estabilidad de precios y permiten seguir las tendencias de los precios internacionales, después de más de 10 años, han sido declaradas ilegales por petición de Argentina y respaldada por la OMC.
 
    Lamentablemente esta actitud de la OMC proviene del respaldo a una acusación argentina, que termina sin  beneficiar posiblemente a ese país, ya que Chile recurrirá a medidas arancelarias para mantener los precios internos. Es un triunfo indirecto para EE UU que siempre estuvo contra nuestras banda de precio, especialmente para el trigo
 
 
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Joseph  E. Stiglitz, distinguido economista muy conocedor de las instituciones internacionales financieras y encargadas de los aspectos comerciales, premio Nobel de economía, en su libro titulado   “El malestar en la globalización” señala:
 
 “Las protestas contra la globalización comenzaron en la reunión de la OMC en Seatlte porque era el símbolo más obvio de las desigualdades globales  y de la hipocresía de los países industrializados más avanzados. Habían predicado – y forzado – la apertura de los mercados en los países subdesarrollados para sus productos industriales, pero seguían con sus mercados cerrados ante los productos de los países en desarrollo, como los textiles y la agricultura. Predicaron a los países en desarrollo para que no subsidiaran a sus industrias, pero ellos siguieron derramando miles de millones en subsidios a los agricultores, haciendo imposible que los países en desarrollo pudieran competir. Predicaron las virtudes de los mercados competitivos, pero EE UU se apresuró a propiciar carteles globales en el acero  y el aluminio cuando las industrias locales fueron amenazadas por las importaciones. Estados Unidos recomendó la liberalización de los servicios financieros, pero rechazó la liberalización de los sectores donde los países subdesarrollados tienen fuerza, como la construcción y los servicios marítimos. Como hemos apuntado, la agenda comercial ha sido tan injusta que no sólo los países pobres no han recibido una cuota equitativa de los beneficios sino que la región más pobre del mundo, el África subsahariana, de hecho empeoró como resultado de la última ronda de negociaciones comerciales.
 
 
    El acuerdo de la OMC
 
    El 22 de mayo de 2007 los países miembros de la OMC dictaminaron la ilegalidad de los aranceles aplicados por Chile en función del sistema de bandas de precios y que afectaron sobre todo al trigo y a la harina de trigo importados desde Argentina.
 
    En la sesión del Órgano de Solución de Disputas(OSD) de la OMC, la delegación de Argentina dijo que “gracias al resultado de esta controversia ha quedado claro que, desde 1995”, Chile ha mantenido “una barrera indebida contra las exportaciones argentinas de trigo y harina de trigo, a pesar que la OMC determinó en dos ocasiones la legalidad de esta medida”.
 
 
Comentarios.
 
    Es lamentable que la OMC imponga a Chile eliminar las bandas de precios y que ello sea consecuencia de haberlo pedido Argentina. Sabemos que los precios de muchos productos agrícolas están castigados en el mundo por las protecciones agrícolas de las grandes potencias especialmente las del Hemisferio Norte y que generan excedentes que se lanzan subvencionados a los mercados externos. Estos países además cierran sus fronteras al ingreso de los productos provenientes especialmente de países en desarrollo.
 
    Contra eso le ha sido imposible actuar a la OMC o no ha tenido la voluntad para hacerlo; sin embargo no tiene escrúpulos para tratar de dañar a un país como Chile que mantiene una agricultura con prácticamente sin subsidios y abierta al ingreso de productos extranjeros con mínimas limitaciones, sólo eventuales para impedir que sus precios internos bajen como consecuencias de excedentes mundiales generados por el mundo desarrollado que protege su agricultura o por otras inestabilidades ocasionales de los mercados externos..
 
    EE UU siempre ha estado en contra de las bandas de precio chilenas para el trigo, por eso no extraña que la OMC haya actuado así. Lástima que esto sea consecuencia de la actitud argentina. Los países en desarrollo debiéramos ser más solidarios y no aprovecharnos de eventuales ventajas cortoplacistas, amparadas en intereses que muy bien saben manejar las grandes potencias para sus propios beneficios.
 
    Es conveniente recordar que el fuerte desarrollo agrícola del gran país del norte se debió en grado importante a una política de precios garantizados basados en paridades históricas, en mantener su poder adquisitivo. Así el productor se dedicaba a producir mejor, sin tener la intranquilidad de falta de mercado o de inseguridad de precios.
 
    Reconozco que los países desarrollados han llevado políticas de protección  a su agricultura por varias razones, entre otras porque consideran que debe haber agricultura y población rural y que ella debe recibir ingresos similares a los urbanos. Para ello uno de los mecanismo es el de la política de precios. Los equilibrios económicos, sociales y medioambientales, importantes para el desarrollo y su estabilidad, se apoyan en parte en estas protecciones a las agricultura; dentro de estas preocupaciones están la seguridad alimentaria. Políticos importantes de EE UU han declarado que disponer de alimentos para el mundo, es tener poder político más allá de sus fronteras.
 
 
    Las bandas de precios
 
    Es conveniente conocer algo básico de las características de las bandas de precios. Su origen viene principalmente de las acertadas políticas agrícolas del Gobierno militar establecidas cuando era ministro de Agricultura Jorge Prado, destacado hombre público y dirigente agrícola, que dejaron una huella muy positiva en agricultura nacional y que se establecieron para salir de la crisis en que quedó la economía chilena y su agricultura como consecuencia de la política de congelación del dólar en $ 39 que perduró por casi tres años. Con esa desastrosa política cambiaria, desapareció prácticamente de la agricultura chilena la producción de oleaginosas, sólo quedó cubierta con producción nacional del orden del 5 % de su abastecimiento, a base principalmente de aceite proveniente de las pepas de uva. La producción de azúcar de remolacha se redujo a alrededor de la mitad y aún más la producción de trigo. Todo ello como consecuencia de las caídas de precios en estos productos transables, cuyos niveles estaban directamente relacionados con los precios internacionales que con el dólar tan bajo llevaron a valores internos bajísimos. No olvidar que ese bajo valor del dólar se derivó de esa inmensa oferta de petrodólares provenientes de los mercados internacionales, mediante un endeudamiento externo irracional, y que los economistas de Gobierno de entonces lo respaldaban diciendo que había que aprovechar el ahorro externo para nuestro desarrollo. A tal extremo era la llegada de esas divisas, para gastos nacionales, que incluso el Banco Central tuvo que comprar dólares para evitar que su precio bajase por debajo de los $ 39 garantizados. Llegamos a una alta deuda externa, con una economía semidestruida en los aspectos productivos y con una dependencia enorme de importaciones.
 
    Aparece así la crisis: los petrodólares se habían agotado, la deuda externa que era esencialmente privada, tuvo que pasar a ser garantizada por el Estado chileno, para que financieramente tuviésemos ayuda externa; así pasó esa deuda privada que a los ideólogos de la época les daba garantía de buen uso, a transformarse en deuda pública. Además subieron los intereses internacionales y también subieron precios de muchos productos. El aceite se fue a las nubes y hubo hasta que envasarlos en especies de calugas plásticas, para los sectores de menores ingresos pudiesen comprar ese alimento esencial.
 
    La producción nacional estaba fuertemente deprimida; capacidades productivas subutilizadas y una altísima cesantía. La banca comercial en gran parte quebrada, como también las empresas constructoras que no podían vender sus obras; muchas empresas industriales ya estaban desaparecidas
 
    Frente a esa crisis, dos hechos interesantes se dieron en cuanto a precios para el sector agrícola, las sucesivas devaluaciones exigidas por la realidad económica y el establecimiento de las bandas de precios para tres productos esenciales de la agricultura chilena: trigo, oleaginosas y azúcar.
 
    Además para el caso del trigo, un gobierno tan contrario a las empresas del Estado, creó COTRISA, la llamada Compradora de Trigo SA, para lograr que el precio del trigo en las regiones productoras se diera a los niveles acordes con los que debía tener con motivo de la devaluación y de la banda de precios.
 
    Es importante estar conscientes de lo que perseguían las bandas; principalmente era darle estabilidad a los precios de estos tres importantes productos. Las bandas tenían un piso y un techo. Si el precio internacional llegaba a niveles inferiores al piso, se establecía un derecho de internación para llevar su costo al piso. Si el precio internacional estaba por encima del equivalente al piso, no se cobraban esos derechos. El techo, correspondía al nivel sobre el cual no podía subir el precio en los mercados internos, si el costo del trigo importado estaba sobre ese nivel, su costo debía bajarse por eliminación de aranceles o vía subsidios.
 
    Estos valores de piso y techo se establecían a base de los precios históricos internacionales; para trigo y oleaginosas de los valores de los últimos 5 años y para el azúcar de los últimos diez años. Los valores históricos usados eran los mensuales. Así se trabajaba entonces con los 60 precios para trigo y oleaginosas y con 120 precios para el azúcar. La base de los niveles se obtenían con el promedio de los más bajos para el piso y con los promedios de los más altos para el techo. Entiendo que se eliminaban los valores más extremos o altamente anormales. En su esencia, las bandas eliminaban anormalidades y permitía que se siguieran las tendencias de precios internacionales. Los métodos de cálculo se fueron perfeccionando y se puede decir que eran en general transparentes.
 
     El trigo fue en el pasado el eje central de la economía agrícola chilena, junto a la ganadería, especialmente la bovina.
 
     Hasta la llegada del Gobierno militar, el precio del trigo en el país era independiente del precio internacional y del valor de la divisa. Era establecido por el Gobierno y operaba sobre la base de un poder de compra interno de la molinería y de la Empresa de Comercio Agrícola(ECA), con su poder comprador y con el estanco de las importaciones. El trigo usado por la molinería en el segundo semestre era principalmente proveniente de las ventas de la ECA de productos generados por su poder comprador y por las importaciones y le entregaba a los molinos en proporción a lo que ellos habían comprado a los productores nacionales; con esto último se estimulaba a la molinería a comprar en el primer semestre trigo nacional.
 
      Con la desaparición de la ECA y la apertura a los mercados externos, el trigo pasó a a tener un precio equivalente al costo del trigo importado, derivado de su precio internacional y de la tasa cambiaria. La molinería llegó a pagar a los productores nacionales precios inferiores a ese equivalente, como consecuencia de que se les permitió usar créditos externos a largo plazo y bajas tasa de interés proveniente de EEUU. Las importaciones de trigo pasaron a ser negocios no sólo mercantiles sino que también financieros. Sectores molineros se asociaron a bancarios para compartir beneficios.
 
    Chile había sido exportador de trigo hasta los años 40. Después fue deficitario.
 
    Fue muy interesante la recuperación de la agricultura chilena después de la crisis de comienzos de los 80. Las bandas de precios contribuyeron a ello como también las devaluaciones sucesivas del peso chileno, obligado por las circunstancias: la alta deuda externa, la escasez de divisas y los fuertes déficit de la cuenta corriente de la Balanza de pagos. Para el caso del trigo fue impresionante su recuperación productiva, derivada de los aumentos de superficies sembradas y de sus mejoramientos de rendimientos por hectárea.
Como muchos de los agricultores trigueros no podían dar garantías para la obtención de créditos por sus altas deudas y sus patrimonios reducidos, el Gobierno a través del Banco del Estado estableció una línea de crédito con la garantía prendaria sobre la cosecha venidera. A su vez el Ministerio de Agricultura estableció un apoyo a la transferencia tecnológica. La investigación agronómica tenía resultados para mejorar notablemente los rendimientos, mucho de lo cual fue transferido, con además el estímulo de los buenos precios previstos. Tan impactante fue el crecimiento de la producción triguera que llegó a superar la demanda nacional, generando excedentes que no teníamos desde los años 40.
 
    Esta recuperación agrícola significó mejoramientos de ingresos para el sector y ampliación importante del empleo. También los altos valores del dólar fueron un estímulo importante para el aumento de las producciones de exportación y un aliento a las inversiones, especialmente en fruticultura. Contrasta aquello con la situación actual de nuestra fruticultura, que enfrenta momentos difíciles por el bajo valor del dólar, consecuencia de una falta de política de Estado para sustentarlo, frente a la abundancia de divisas provenientes especialmente de los altos niveles de precios internacionales del cobre.
 
     Me ha parecido muy interesante el documento preparado y hecho circular por tres académicos del Departamento de Economía Agraria de la Universidad de Chile, ingenieros    
Mauricio Meyer, Ricardo Marchant y Rampon Valderas. A continuación la transcribo:
 
 
CIRCULAR AGRÍCOLA
 
RESOLUCIÓN FINAL DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE COMERCIO (OMC) SOBRE BANDA DE PRECIO PARA EL TRIGO.
 
Fallo de la OMC
 
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile comunicó el 8 de Mayo  que la OMC  había rechazado la apelación de Chile frente a la demanda argentina sobre  la aplicación de banda de precios al trigo por Chile. El Organismo mundial considera que Chile aplica una medida “similar a un gravamen variable a la importación”; Chile por otro lado se ha comprometido a la supresión de las bandas en un mediano plazo.  El Estado tiene un compromiso de defender el precio del trigo hasta el año 2014 en caso de bajas importantes de su precio internacional.
 
Consecuencia del fallo.
 
            Esta resolución afecta a otros productos nacionales de origen agrícola; la banda de precios no ha sido concebida como un gravamen o arancel variable sino que es un mecanismo de protección frente a imperfecciones del mercado que impide a los agricultores nacionales tener ingresos estables especialmente frente a grandes exportadores  mundiales de trigo cuyos excedente se venden  a precios inferiores a su costo final interno.  Esto agrava la situación  de obstrucción a la competencia, con subsidios que otorgan a sus propios productores de esos países. El objetivo que deben buscar los estados y las empresas es asegurar, en condiciones de funcionamiento  equilibrado del mercado, la estabilidad económica de los productores. La inestabilidad de los mercados externos se transmite a las economías más débiles. Chile con  las bandas ha protegido sus productores ante bajos precios artificiales del trigo en el mercado.
 
            Probablemente, no sea el fallo de la OMC en el presente, tan impactante  como lo sería si lo hubiese hecho antes,  dado que los precios de los comodities o cereales  se han afirmado en el exterior por la irrupción de China como gran comprador, por malas cosechas en algunas temporadas y el uso de ellos en la producción de biocombustibles.
 
La OMC y la asimetría del comercio de productos agrícolas.
 
             Sin embargo, ese es sólo un capítulo para Chile dentro de las inquietudes que se han planteado muchos países en el seno de la OMC, referente al castigo que sufren los países en desarrollo por los subsidios en la agricultura de parte de los países exportadores de trigo y que a su vez son los países con mayores ingresos per cápita en el mundo.
 
            Los países desarrollados, sin embargo, no aplican  el mismo razonamiento para los países en desarrollo como Chile o Argentina que deben considerarlo irracional para ellos mismos, agregándole la restricción que no se les facilita una defensa a sus intereses.
 
            Recuérdese la precaria situación de la OMC que luego de la Ronda de Doha (Quatar), ha entrado en una crisis.  El presidente del organismo, se ha referido a “la agricultura como el campo más complejo de la organización”, y señaló en Octubre del 2005 que lanzaba un llamado para reaccionar ante la asimetría que se creaba en el funcionamiento del comercio de productos agrícolas.
 
            Para subsanar  la situación  Chile ha debido aplicar  una tasa de salvaguardia del 31.5 % a la internación de trigo a partir  de Enero de 2007  (Decreto 35, exento del Ministerio de Hacienda del 18 de Enero de 2007). Las medidas de Argentina en orden a controlar la inflación (impuesto de 20% a las exportaciones de trigo y subsidio estatal a productor al vender a la empresa molinera) e incentivar una exportación con mayor valor agregado, castigan la exportación de trigo. Todo esto favorece la exportación de harina, incluyendo en este caso un subsidio al trigo empleado.  Esto afecta particularmente la industria molinera chilena y en el largo plazo, si se mantiene la situación, las inversiones en esa industria. Además el efecto inmediato es incentivar el pago de bajos precios a los productores chilenos.
 
La reacción de Chile.
 
            La política tradicional del país ha sido, prácticamente la de mantener una disminución permanente de los aranceles, llegando actualmente a un nivel de una economía abierta. Dentro de ese contexto el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno declara que: “Chile está dispuesto a hacer uso de todos los mecanismos permitidos por los acuerdos de la OMC, sobre la base de las recomendaciones del fallo, teniendo en consideración la realidad de los sectores productivos involucrados. Añade : “Los equipos jurídicos de los Ministerios involucrados se encuentran estudiando y analizando el contenido y repercusiones de dicho fallo”.
 
Interpretación de la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores.
 
            Es pertinente interpretar las declaraciones del Ministerio, dentro del normal  cuidado que se mantiene en las declaraciones públicas que afectan la relaciones con otros países lo cual significa:
 
Que, la aplicación de la cláusula  de salvaguardia no constituye un cambio de política sino que está contemplado en el Acuerdo de Complementación  N° 16 entre la República Argentina y la República de Chile, Capítulo IX,” Cláusula de Salvaguardia, aprobado mediante Resolución 70 del Comité de Representantes de la ALADI.
 
Que El compromiso adquirido por Chile ante la OMC en la ronda de Uruguay, es de consolidación del arancel de 31.5 % para un número reducido de productos agropecuarios, dentro de los cuales se incluyen trigo y harina de trigo.
 
Que El arancel general chileno es de un 6% (salvo con aquellos países con que  se ha suscrito un acuerdo de libre comercio). Esto significa que Chile no puede sobrepasar dicho nivel sin consultarlo con el resto de los miembros de la OMC.
 
En consecuencia El Ministerio no incorpora cambio en ninguno de los puntos anteriores.
 
            Aparentemente el consumidor podría verse beneficiado con una harina más barata que afectaría a su vez el precio del pan. Esto significaría un beneficio para los consumidores, con el consiguiente efecto en el IPC, cosa que podría interesarle al Gobierno. En ese caso, Agricultores, molineros, Gobierno y ciudadanos tienen que sopesar todos los pro y los contra, incluyendo los temas de la seguridad alimentaria y la estabilidad de los sectores económicos involucrados.
 
            Por otra parte esta situación podría significar que los productores deban recurrir y utilizar los mecanismos que dispone la bolsa de productos agropecuarios.
 
                                               __________________________________
 
    El tema de la harina
 
    Bien tratado está el tema en la circular anterior. Argentina apoya las exportaciones con valor agregado y por ello ha desestimulado las exportaciones de trigo y alentado a las de harina. Lo lógico es que el comercio internacional sea del cereal y no de la harina; su costo de transporte es más bajo, el producto es menos perecible y puede manipularse mejor; las exportaciones de harina para realizarse, en general, tienen que hacerse a base de subsidios.
 
    La molinería nacional debe ser la elaboradora de gran parte del trigo que utiliza nuestra población. Hay competencia en esta industria, que puede garantizar márgenes adecuados, es decir precios para la harina que se produzcan a los niveles racionales.
 
 
Ideas resúmenes finales
 
1.      Lamentablemente la actuación de la OMC, previsible por la experiencia histórica que se tiene de su actuar, como bien los señala Joseph Stiglitz.
 
2.      Triste que este fallo provenga de una intervención del país vecino que no va obtener beneficios de ello, ya que Chile está dispuesto a usar otros mecanismos. Nuestro país ha abierto sus fronteras a los productos argentinos que entran en gran cantidad especialmente los alimenticios, que tienen precios convenientes y en general altas calidades.
 
3.      Se destruye para nuestro país una interesante experiencia de herramienta de políticas de precios para la agricultura, como lo fueron las bandas de precios, que se iban cada vez más perfeccionando.
 
4.      Positivo ha sido la posición chilena de respetar a la OMC y especialmente del Ministerio de Agricultura que ha confirmado su política de defensa de precios de los productos afectados.
 
5.      Ojalá podamos ver en fecha próxima una política de Estado  para el valor de la divisa, que a sus bajos niveles, está perjudicando a la economía nacional y en particular al empleo, especialmente a la pequeña y mediana empresa. Fuerte daño está llegando a la agricultura de exportación que tantas satisfacciones y empleo ha generado, especialmente en las regiones frutícolas y vitivinícolas. Desgraciadamente no se capta voluntad en este sentido y la incertidumbre del valor futuro dólar es manifiesta.
 
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