Medicina natural, actualidad y economía

¿Hay pérdidas de valores en la sociedad chilena? Al parecer sí. Algunas posibles causas.

En mi opinión, el modelo chileno nacido del neoliberalismo iniciado autoritariamente en 1975 con la incorporación de economistas civiles de la Escuela de Chicago, que condujo primero a la gran crisis de los comienzos de los 80 que obligó a modificar temporalmente el modelo, ha sido causante de un negativo cambio profundo en la sociedad chilena. Si bien al modelo neoliberal se le ha considerado exitoso, adulado por poderes e intereses económicos-financieros internacionales, ha dañado en su base misma a nuestra sociedad. Ha contribuido a acentuar desigualdades en la distribución del ingreso y de la riqueza y quizás lo peor, a la pérdida de valores. Ha creado un creciente individualismo, un egoísmo que tiende a generalizarse.

Más adelante se analiza este tema y se procura considerar otras causas.

La crisis de los comienzos de los 80, la más fuerte que ha tenido Chile desde la de los comienzos de los 30, derivada principalmente de un aperturismo financiero con el exterior y a una desastrosa política monetaria, con la congelación del dólar en $ 39 por casi tres años, que incluso se pretendía durase a lo menos diez años, pudo ser superada en parte importante por un cambio transitorio del modelo, pero nuevamente el neoliberalismo se va reimplantando, agudizando en parte importante de los gobiernos de la Concertación, la desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza.

El neoliberalismo del Gobierno militar debilitó al sector público y desvalorizó al empleado público. Cabe destacar en esto el caso de la pérdida de presencia activa de CORFO y las nefastas municipalizaciones de la salud y la educación pública. El profesorado ha sido discriminado en su trato, con grandes diferencias de acuerdo a los recursos que dispongan las municipalidades; han sido perjudicados por deudas de arrastre, con tratamientos discriminatorios; algunos después de muchos esfuerzos y paros han conseguido sus tardíos pagos, pero muchos otros han logrado menos o mucho menos. A funcionarios de la educación y de la salud se les ha reducido en grado importante el campo de sus carreras a los límites de su comuna. Sin duda que todo esto genera desmotivaciones que en parte pueden ser causa de las deficiencias de los sistemas.

Las poco transparentes privatizaciones del Gobierno militar, que no pudieron ser investigadas por compromisos asumidos para recuperar una débil democracia, es una sombra de nuestro pasado, que contribuye a debilitar valores y a explicar e incluso a justificar, delitos posteriores.

Nuestra constitución con que muchos se llenan la boca, tuvo una criticable gestación. La base cívica de una nación es su constitución. Eso no lo tenemos en Chile y a esta realidad le damos segunda importancia. Para algunos es muy buena la nuestra actual, pero si eso fuese así, qué temor habría en que ella sea revisada por una Asamblea Constituyente y ratificada por un plebiscito nacional en lo que sea necesario. Parece increíble que seamos una minoría que persiga eso. Por Dios que sería importante que nuestra Nación, que nuestra población, estuviese orgullosa de la Constitución que la rige. Qué interesante podría ser para la formación cívica de los chilenos, tan debilitada, intervenir en la generación de esa carta nacional que nazca de una amplia participación, que en las defensas de posiciones intervengan personas ilustres de diferentes corrientes ideológicas, elegidas por la voluntad popular y que ese proyecto sea finalmente decidido por toda nuestra informada población.

.La droga aparece como un desahogo a la frustración y conduce a cometer delitos por las ansias de saciar su dependencia; hay ejemplos hasta de asesinato de drogadictos a sus familiares más directos. Además el comercio de la droga genera grandes ingresos a sus mayoristas e ingresos menores a decenas de miles de pobres en la base misma de la sociedad de la marginalidad y la pobreza; los poderosos de la cadena por una parte generan temor y por otra a veces se transforman en benefactores de su comunidad; eso no sólo se presenta en el extranjero, sino que también en Chile.

El delito del robo hormiga en supermercados y el de la ilegal venta callejera, pasan en la práctica a ser aceptadas por la Justicia; la puerta rotatoria no sólo favorece al hurto y al robo sino que también a otros delitos más graves. Las cárceles no dan abasto, a pesar de ser Chile uno de los países con más alta proporción de su población en cárceles, donde el arrestado se perfecciona como delincuente y algunos de ellos incluso dirigen con su “intelectualidad” operaciones externas, basados en sus experiencias y en las nuevas tecnologías de las comunicaciones. Esto debe hacernos pensar que hay causas profundas de la generación tan amplia de delitos.

Se me gravó lo que me contestó un guía en mi corta visita a Dubai hace años atrás. Le pregunté si había delincuencia callejera. Su respuesta fue: “No porque aquí hay empleo pleno”. El desempleo y subempleo crónico en Chile es sin duda una causa de delitos.

Menores son dirigidos por mayores, aprovechando la impunidad legal de los primeros; son procesos similares a los de en varios países del mundo. Esos menores llegarán a ser adultos en un medio que contribuye a tener delincuentes cada vez “más capaces y de mayor eficiencia y efectividad”. Hay causas profundas en nuestra sociedad que deben ser estudiadas, que nos están conduciendo a un callejón que parece no tener salida.

La pérdida de valores

Impresiona recientemente el tema de las licencias médicas fraudulentas. Cuesta comprender que médicos chilenos e incluso extranjeros a los que el país les dio acogida, se presten a este delito y que beneficiados sean motivados a delinquir hasta por razones vergonzosas como salir de vacaciones o atender a un familiar que viene del extranjero. Es sin duda un reflejo de una creciente pérdidas de valores.

Vemos por otra parte a parlamentarios cómo mal utilizan los recursos que el Estado y la legislación les otorga para cumplir mejor sus funciones y que entre ellos haya a lo menos un parlamentario abogado, de buena situación económica. Que recursos fiscales con fines tan nobles como generar empleo o fomentar el deporte, se destinen a fines electorales.

No podría negarse que no sean los tristes ejemplos anteriores estimuladores de delitos en los sectores más necesitados, si cuando los que más disponen, los cometen como antes se ha señalado.

Uno observa cómo los alumnos de la universidad tratan masivamente de copiar y en qué forma se debilita la ética universitaria. Cómo las corporaciones educacionales universitarias que deben constituirse como entidades sin fines de lucro, explotan a sus alumnos clientes y a sus familiares y financian infraestructuras a velocidades que impresionan y que después incluso vendan sus patrimonios a capitales extranjeros obteniendo notables excedentes, por no decir utilidades.

El neoliberalismo se jacta de que se han aumentado las matrículas universitarias a niveles jamás esperados, sin considerar mayormente la sobreoferta de profesionales que se han estado formando especialmente en las carreras llamadas de tiza y pizarrón. Se engañan a “clientes alumnos” con nuevas carreras a las que se les anuncia mercados atractivos, tanto a lo menos en una universidad pública y en una privada, que se están tratando en el medio judicial como posibles delitos y con exigencias de indemnización. Hemos llegado a una desproporción entre profesionales y técnicos, que no guarda relación con ninguna estructura realista de una sociedad normal.

Las infraestructuras universitarias y de clínicas privadas de salud se expanden en forma realmente impresionantes y todo ello ha ido generando esa transformación de una magnitud normal de estudiantes del pasado a una masa grandemente aumentada de ahora “clientes universitarios”. Por otra parte el paciente es cada vez más un cliente al cual hay que extraerle el máximo de su ingreso y cuando ya no sea capaz de responder, dejar que el sistema lo lance a la atención de los establecimientos públicos copados por mayores que pasan a “desertores de las ISAPRES” y por sectores de ingresos menores y de pobres e indigentes. Llegando a edades mayores, cuando el asociado más necesita de los servicios de salud, sus programas en las ISAPRES se encarecen para tener que finalmente pasarse a la salud pública, con atenciones manifiestamente demoradas; así agradece el sistema privado neoliberal todo lo que ese adulto ya mayor, le aportó al sistema. A muchos nos extraña lo poco que los cuatro gobiernos de la Concertación han podido cambiar; nuestras leyes orgánicas constitucionales son muy difíciles de modificar.

Impresiona cómo páginas enteras de prensa publicitan las clínicas y las universidades; es conveniente pensar quién termina financiando todo eso. A eso se agrega la publicidad de las ISAPRES.

Por otra parte, las universidades estatales, golpeadas por las restricciones financieras, entran en la vorágine de captar alumnos y las regionales, invaden a otros espacios geográficos. Las bajas remuneraciones hacen que sus académicos busquen caminos para mejorar sus ingresos, contribuyendo a alejar a la universidad pública de sus objetivos básicos. Los académicos son atraídos por las universidades privadas, algo parecido que sucede con los médicos con nombres prestigiados, que aparecen en la publicidad, son captados por las grandes clínicas privadas que se expanden con lujosas construcciones, con sofisticados equipos, en gran parte financiados por sus clientes de las ISAPRES, que atraen a la población activa de mayores ingresos.

Las grandes empresas, que tuvieron poderosos sindicados, se van transformando en una integración de contrataciones externas, que debilitan o destruyen el sindicalismo y que se cae en un sistema en que el empresario contratista tiene que explotar a sus trabajadores para poder subsistir. Se crea un sistema que se fue expandiendo a base de las contrataciones externas, las que se extienden incluso a esa gran empresa del Estado, CODELCO, generando dos estratos tan distintos de trabajadores. Las desigualdades finalmente explotan, creándose una crisis social, que incluso llega a la violencia.

Por otra parte se observan expansiones como las de las industrias del salmón, muy lucrativas, que estarían comprometiendo el medio ambiente y que además con su tremenda concentración espacial ha comprometido su sanidad. El salmón generó una expansión económica regional, con atracción de trabajadores y profesionales, para caer en una crisis sanitaria de no fácil salida rápida, dejando una cantidad importante de fuerza de trabajo cesante, motivando recesiones regionales más intensas.

El tema de las farmacias merece especial mención. La tan criticada colusión que se habría producido entre las tres grandes cadenas origina largos procesos; puede extrañar que una persona denunciante desencadena todo un proceso. En las investigaciones surge la noticia de la famosa “canela”, premio al vendedor que logra convencer al cliente para que compre un medicamento más caro que el prescrito por la receta. Qué vergüenza que sea el mismo sistema empresarial que motive o fuerce al vendedor a quitarle, mediante engaños, ingresos al cliente necesitado; pero esto no parece sancionado.

Impresiona cómo la delincuencia ataca a los hogares y como se defienden las familias a través de rejas, altos muchos, sistemas de alarmas y grandes gastos en vigilancia. Las viviendas de todos los estratos sociales se llenan de rejas en ventanas y he visto en algunos barrios que la vivienda con su pequeño terreno anexo, quedan dentro de una verdadera jaula, ya que no se instalan sólo las rejas laterales sino que hasta también en toda la parte superior. Recientemente hemos visto cómo quedó encerrada una madre con su hijo y muere quemada en un incendio; cuánto riesgo uno puede apreciar con ese enrejado de ventanas que llega a cubrir varios pisos, frente a un siniestro.

También ha entrado al debate el cierre de calles, transformando bienes públicos en semiprivados. Los condominios con entradas controladas se hacen cada vez más ocupantes de nuestros territorios urbanos y a pesar de todo, a ellos llegan los delincuentes con procedimientios crecientemente sofisticados.

El tema daría para mucho más, pero no quisiera dejar de mencionar que el antiguo sistema universitario en gran parte gratuito, generaba profesionales con compromiso con la sociedad. Hoy, el alto costo de su formación y las deudas con que termina su carrera, lo motivan o lo fuerzan a comportamientos distintos, motivados posiblemente también por el individualismo creciente que se va creando en la sociedad.

No puedo dejar de mencionar cómo funcionarios públicos en responsabilidades fiscalizadoras pasan a desempeñarse en nombramientos ofrecidos por sus mismos anteriormente controlados. Cómo funcionarios de Obras Públicas recibían sobresueldos a través de las mismas empresas por ellos controladas. El caso de Ferrocarriles del Estado es sin duda patético; ha sido poco transparente el conocimiento de las causas de esta verdadera catástrofe. Recuerdo una explicación, “los carros de pasajeros importados quedaron dañados o destruidos a causa del gran interés de los usuarios que motivó llevar pasajeros de pie, lo que causó esos daños. En el futuro sólo se llevarán pasajeros sentados”. Terrible explicación especialmente frente al Metro de Santiago con sobrecarga de pasajeros; qué importante es que las empresas del Estado sean manejadas por personas capaces y de valores.

Finalmente quisiera no dejar de mencionar el serio problema de nuestro país, el debilitamiento de la familia. Ya más de la mitad de los nacimientos no provienen de una familia constituida formalmente; eso ha de perjudicar probablemente el comportamiento futuro de esos niños y su felicidad.

En mi opinión es importante analizar en profundidad estos problemas y sus causas, para tomar más conciencia de estas realidades e ir buscando soluciones paulatinas y permanentes. Si no logramos modificar lo que está sucediendo, estos problemas se irán agravando. El tema de la delincuencia es un indicador que nos señala que cada día estaríamos peor.

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