Medicina natural, actualidad y economía

Instituto de Investigaciones Agropecuarias(INIA). Artículo 2. “Manuel Elgueta en 1985 opina sobre Transferencia Tecnológica y sobre el INIA”

En el año 1988 el Centro de Estudios del Desarrollo publicó el libro titulado  “POTENCIAL Y POLÍTICAS PARA EL DESARROLLO AGRÍCOLA DE CHILE” cuyos editores fuimos  Maximiliano Cox y Rolando Chateauneuf.

El libro con estas palabras lo dedica “A la memoria de don Manuel Elgueta, colaborador de este proyecto y uno de los hombres que contribuyó a sentar las bases del desarrollo agropecuario nacional”.

En esta obra Manuel Elgueta entrega un valioso artículo, como obra póstuma, poco después de alejarse para siempre. El artículo se titula “POLITICA DE TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA” y fue terminado en mayo de 1985.   En él hace especialmente referencia al INIA.

Señala que el Instituto requiere mejorar, que se debe crear un Servicio Nacional de Extensión eficiente y transformar al INDAP en una institución dedicada sólo al suministro de crédito. Critica la política de autofinanciamiento de la investigación y la extensión.

Destaca la crisis que en esos momentos enfrentaba el Instituto y el abandono de varios programas para destinar recursos a financiar actividades de extensión. Señala textualmente: Es preciso que el INIA recupere su antigua estructura y autonomía, que se complemente su presupuesto y que se corrijan distorsiones que desnaturalizan los objetivos para los que fue creado.

No me extiendo más en sus contenidos, ya que a continuación  se presenta el artículo in extenso, con los siguientes 5 subcapítulos: 1. Institucionalidad de la investigación. 2- Propiedades y rentabilidad de la investigación.  3 Institucionalidad de la extensión. 4 Definición de un sistema integrado de producción, y. 5 Programa de Sistemas integrados de Producción para el mediano y  pequeño productor. Termina con un anexo con tres contenidos a saber: a) Área demostrativa de San Ramón 1952-62 b) El Programa del CATIE, Turrialba, Costa Rica y c) Experiencias en la Subestación Experimental Los Tilos, Buin (INIA)

A continuación viene el artículo completo.

POLITICA DE TRANSFERENCIA TECNOLÓGICA

Manuel Elgueta. Mayo de 1985

Buena parte de los agricultores medianos y campesinos exhibe rendimientos muy precarios, que inciden negativamente sobre los promedios nacionales. Es imprescindible entonces avanzar hacia la formulación de una política destinada a hacer de la agricultura un sector productivo más intensivo. Ello exige el concurso de las tres instituciones básicas: investigación, extensión y financiamiento.

  1. Institucionalidad de la investigación

Se requiere mejorar el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), crear un Servicio de Extensión eficiente y transformar el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) en una institución dedicada sólo al suministro de créditos.

La política de autofinanciamiento de esta actividad es inoperante. Gale Johnson y Theodore Schultz, entre otras eminencias en la materia, coinciden en que el retorno producido por los programas de investigación y extensión no es captado por los agricultores. Al Estado le compete pues hacerse cargo de estos programas.

El INIA vive una severa crisis económica, agravada por la obligación que le impuso el Gobierno de atender a los denominados Grupos de Transferencia Tecnológica (GTT). Esto lo ha llevado a suprimir algunos programas, como el de oleaginosas, y a reducir al mínimo el de maíz, en tanto que opera los restante a un bajo nivel. El organismo se va quedando atrás en tecnología de frutales y maíz. Los GTT han ayudado a dar a conocer el Instituto y a valorar el trabajo que él ejecuta, pero el ámbito de acción de estos grupos sigue siendo muy reducido.

Los agricultores que poseen menos de 12 hectáreas de riego básico están en la práctica abandonados a su suerte. INDAP se limita a proporcionarles crédito. Carentes de asistencia técnica, los beneficiarios terminan transformándose en deudores insolventes.

Es preciso que el INIA recupere su antigua estructura y autonomía, que se complemente su presupuesto y que se corrijan distorsiones que desnaturalizan los objetivos para los que fue creado. El actual sistema de remuneraciones se basa en asignaciones especiales, cuya significación fluctúa entre 15 y 45%, del sueldo de los técnicos y expertos y está ocasionando severo perjuicio a la institución. Con anterioridad el profesional ascendía por méritos, de acuerdo a sus evaluaciones anuales; los especialistas podían llegar a los grados máximos sin necesidad de cambiar de actividad. Adicionalmente, habría que exonerar al INIA de la obligación de prestar asistencia técnica a agricultores pudientes y aumentar su personal al doble.

  1. Propiedades y rentabilidad de la investigación

En frutales se necesita una investigación nacional que resuelva problemas sorpresas que surgen en la forma de nuevas plagas; evalúe los nuevos cultivares que se importan; asegure la propagación de material sano para las nuevas plantaciones; analice la aplicación de algunos insecticidas y fungicidas cuyos efectos laterales alteren el equilibrios biológico de la flora y fauna y eliminan especies predatorias de insectos dañinos, y busque la forma de combinar el control biológico con el químico.

El INIA debe dar nuevo impulso a su programa de maíz, otorgando prioridad al estudio de métodos agronómicos frente a la creación de híbridos. Es aconsejable asimismo que reinicie investigaciones en oleaginosas, dado que el raps posee gran importancia en la rotación de las provincias trigueras.

Si bien el quehacer del INIA está dirigido a la investigación aplicada, no hay una línea divisoria precisa entre ésta y la básica. En muchos casos es necesario profundizar en lo básico, según lo demuestra el caso de las leguminosas. Estas especies, tan importantes para la alimentación nacional y las exportaciones, no están respondiendo en la forma prevista a la fertilización. El frejol tiene una capacidad de rendimiento de hasta 40 qm/há., pero los rendimientos sólo llegan a la mitad. Para superar este problema se requiere acometer estudios fisiológicos que están en el ámbito de la investigación básica.

La investigación resulta costosa, pero su retorno es grande, por lo que cabe considerarla una inversión rentable. Estudios sobre la materia muestran que las tasas de retorno anual llegan incluso al 90% en México y fluctúan entre 31 y 34% en EE.UU.; 40 y 63% en la India ; 25 y 75% en Japón; 60 y 62% en Colombia (en estos dos últimos  países, para el cultivo del arroz). En Chile, estudios sobre el trigo han mostrado retornos de 21 a 23%, y de 33 a 53% para el maíz. En cuanto al arroz, se han detectado tasas superiores a las alcanzadas en Japón, fenómeno atribuible a un programa específico, de pequeño volumen, centralizado en la estación Quilamapu en Chillán y que ha producido algunas variedades de amplia difusión

  1. Institucionalidad de la extensión

Para alcanzar retornos elevados la investigación ha de complementarse con extensión. Es necesario entonces crear instituciones que lleven a cabo programas agresivos y eficientes.

El Servicio de Extensión fue suprimido por el actual gobierno. En su reemplazo se crearon las empresas ATE, compuestas cada una de ellas por un ingeniero agrónomo y varios prácticos, quienes prestaban asistencia técnica directa a los agricultores mediante el pago de una tarifa, con una bonificación gubernamental que sería decreciente en el transcurso del tiempo.. El número de beneficiarios aumentó de 9.051 en 1978 a 14.087 en 1979, pero se redujo a 5.120 en 1982. La experiencia terminó en un rotundo fracaso, prestándose incluso a algunos fraudes.

El Servicio de Extensión nunca cumplió en forma eficiente las tareas que le competían, debido a fallas de conducción y a que no se entendió que debía funcionar en estrecho contacto con la investigación. Incluso se vieron frustradas iniciativas promisorias, como la llevada adelante en 1966-67 por el INIA con la Universidad de Minnesota y el auspicio de la Fundación Ford para promover el cultivo del maíz y la producción de cerdo. El propósito del Servicio de Extensión de marginar a esta experiencia al INIA motivó el corte de la cooperación externa.

El sistema norteamericano impresiona a nuestros extensionistas por sus modernos métodos de comunicación, pero sus bondades obedecen en lo fundamental a la experiencia acumulada y a los hábitos que ha conseguido generar, al punto que son los agricultores quienes buscan la información que requieren. La mayoría de nuestros potenciales usuarios, en cambio, están en la etapa en que sólo entienden la comunicación operacional (“aprender haciendo”), que exige que el extensionista trabaje a la par con ellos.

Para llevar a cabo una labor eficiente, el presupuesto del Instituto debiera ser el triple del que fue otorgado en 1983, monto que se complementaría con entradas propias. En cuanto al Servicio de Extensión, su principal gasto de operación es la movilización y su personal debiera estar constituido principalmente por profesionales jóvenes. Con un programa bien organizado y orientado, el retorno de la investigación-extensión puede llegar fácilmente a 50%. El Estado recuperaría en corto tiempo la inversión y una masa considerable de campesinos se incorporaría a la clase productora.

  1. Definición de un sistema integrado de producción

El sistema consiste en instalar en las parcelas de campesinos que sean líderes naturales en cada zona, módulos o centros de origen del desarrollo, en los que se exploten diversos rubros de gran potencialidad. Los seleccionados se comprometen de manera formal a seguir las indicaciones dadas por la estación experimental correspondiente, la que les proporciona asistencia técnica en forma gratuita. Los beneficios derivados de los previsibles incrementos de la productividad y de la producción quedan para los participantes en la experiencia. Estos módulos tienden a multiplicarse en la forma de círculos concéntricos, hasta cubrir una parte importante de cada zona ecológica.

La literatura es rica en experiencias sobre estos sistemas integrados de producción. Los países asiáticos y africanos los vienen aplicando desde hace tiempo en la forma de cultivos mixtos. El estudio de sistemas en cuanto método de mejoramiento de la producción fue iniciado en Filipinas en 1960 por el Dr. Bradfield, del Instituto Internacional del Arroz (IRRI). Pero antes, en 1952, se había desarrollado algo parecido en el Área Demostrativa de San Ramón, Uruguay (véase Anexo).

Diversas fundaciones internacionales, principalmente la Rockefeller y la Ford, tomaron conciencia de que era necesaria una acción directa para conseguir un verdadero estímulo para la agricultura. Ello se tradujo en la creación de diversos institutos internacionales de investigación agrícola – 11 en la actualidad -,que se encuentran trabajando en esta materia.

La revolución verde producida por los trigos enanos del CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y del Trigo) y el arroz del IRRI comprobó las bondades de esta estrategia. Sin embargo, el problema que encaran estos institutos para desarrollar sus sistemas de producción es que sus objetivos están limitados a unos pocos productos. Recientemente, FAO ha mostrado gran interés en este problema y en 1984 organizó en Santiago un taller internacional sobre sistemas agrícolas. El INIA presentó en aquella oportunidad su proyecto, el que se detalla en el Anexo.

Al autor le correspondió a su vez participar en varias experiencias de este tipo. Una, a la que ya he aludido, en los alrededores de la ciudad de San Ramón, Uruguay. Otra tuvo lugar en el Centro Agronómico Tropical de Enseñanza e Investigación (CATIE), en Turrialba, Costa Rica, donde fue nombrado Director y decidió que la entidad se volcara a la investigación destinada al pequeño productor. Las actividades se iniciaron con un presupuesto de 800 mil dólares; ahora último, el presupuesto del CATIE asciende a unos 10 millones y su acción se extiende a todos loa países centroamericanos, en cada uno de los cuales tiene representación técnica (véase Anexo).

La tercera experiencia fue en el INIA, donde en 1976 se aprobó un proyecto de sistemas integrados de producción, que por falta de fondos y personal sólo pudo llevarse a cabo un caso con un inquilino de la subestación Los Tilos de Buin. Éste completó cinco años en el ensayo y obtuvo ganancias que fluctuaron entre 6 y 20% (detalles en el Anexo).

  1. Programa de Sistemas integrados de Producción para el mediano y pequeño productor

En síntesis, el programa consiste en desarrollar módulos o centros de origen del desarrollo en diferentes áreas ecológicos. Para ello deben definirse primero las diferentes áreas y sus exactas delimitaciones, quedando cada una al cuidado de una estación experimental o subestación.

Al elegir el rubro hay que tomar muy en cuenta lo que el campesino está haciendo; en lo posible el sistema debe basarse en los cultivos o exploraciones del área. Siempre habrá una gama extensa y u una dosis apreciable de tecnología susceptible de ser incorporada a las explotaciones de los campesinos. Ello exige que sea de fácil comprensión, establecimiento de una rotación adecuada, introducción de nuevas variedades, fertilización, elección adecuada de época de siembra y densidad de semillas.

A medida que el campesino tiene éxito pueden irse introduciendo cambios más sustanciales. Debido a los escasos recursos de estos agricultores, es preciso evitar que incurran en un endeudamiento exagerado y procurar que minimicen la utilización de nuevos insumos. Es preferible adoptar sistemas extensivos.

El INIA tiene en experimentación diversos sistemas de diferente intensidad. Se estima que la posibilidad de masificar el programa es mayor cuando se elige adecuadamente el agricultor de la experiencia piloto, quien debe detentar un claro liderazgo natural entre sus iguales. El éxito del programa depende también crucialmente de que el campesino manifieste confianza en lo que se le recomienda, por lo que es indispensable que las sugerencias de los técnicos estén muy bien fundadas. Es importante, asimismo, que la enseñanza sea operacional, con participación directa del asesor.

Elegido el líder, se debe llegar a un convenio que incluya el plan de rotación, el suministro de insumos a base de créditos otorgados por INDAP, la confección de una bitácora donde el campesino anote lo que hace cada día y el tiempo empleado en cada operación. Ello será de utilidad también para el técnico al examinar los resultados.

Se estima que podrían establecerse unos cien de estos centros entre Copiapó y Puerto Montt. El INIA ya tiene avanzados los estudios de sistemas integrados para diversas áreas ecológicas. Habría que intensificar estas investigaciones y conceder énfasis al aspecto económico, para lo cual el Instituto debiera reforzar sus cuadros técnicos. Además, es preciso investigar la realidad socioeconómica de las áreas, llevar a cabo un reconocimiento de la capacidad de uso de los suelos y hacer un estudio más detallado de la administración rural. Un programa de este tipo daría base para ampliar actividades de extensión hacia el hogar.

Durante el primer año convendría celebrar reuniones con agricultores vecinos en el campo del agricultor líder, de las que pueden surgir los candidatos para el período siguiente. El primer centro y el primer año son cruciales para el éxito del programa. Al término del ciclo hay que hacer un balance de los resultados económicos y una reunión de campo para darlos a conocer.

El proceso de investigación ha de ser continuo, con el objeto de ir buscando cada vez nuevas alternativas. Otra de las enormes ventajas de este programa es que obliga a trabajar juntos a investigadores y extensionistas, lo cual torna innecesario unir ambos servicios en uno solo. Los sistemas pueden ser de diferente composición, combinar cultivos, asociar ganadería y agricultura; incluso, en casos más particulares, ser monocultivos. Se debe empezar con aquellos en los que el empresario posea ya experiencia, cuidando de brindar adecuada orientación operacional al introducir un nuevo rubro.

El programa debe asimismo ser de bajo costo, ya que sólo envuelve enseñanza y al agricultor no se le debe dar nada gratis; asegurar a los extensionistas un fácil acceso a la estación o subestación experimental, estimulándolos para que mantengan un estrecho contacto con ella; ser considerado una actividad común para ambas instituciones –investigación y extensión- y lograr que INDAP actúe como fuente crediticia, y finalmente, tener en cuenta que el extensionista puede desarrollar otras actividades en las unidades campesinas incorporadas.

Por otra parte, es conveniente que exista una clara delimitación de responsabilidades para el investigador y el extensionista, sin caer eso sí en rigideces estériles. Además, uno y otro deben ayudarse mutuamente y tener conciencia de que el trabajo en común los ayudará a conocer en forma directa los problemas e intereses de los campesinos.

El programa, pues, es aplicable a escala regional o nacional con distintos grados de intensidad; suscita efectos que son masificables en un plazo relativamente breve; promueve una evolución gradual del nivel tecnológico; estimula la creación de cooperativas que apoyen en los aspectos comerciales a los participantes de toda una zona, y crea nuevas oportunidades de trabajo al intensificar producción.

  1. Anexo

a) Área demostrativa de San Ramón 1952-62

Se inició en 1952 con el propósito de contribuir al desarrollo de un programa de postgrado del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA) para ingenieros agrónomos de la zona sur, que incluía Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Ponía el acento en la extensión y la economía rural. Se escogió como “laboratorio” un área cercana a San Ramón, pequeña aldea ubicada a 80 Km. al norte de Montevideo.

El área cubría algo más de 64 mil hectáreas, con 1.805 propiedades agrícolas. Incluía dos regiones diferentes: una de agricultura extensiva y otra de ganadería intensiva. Para preparar el trabajo se hicieron diferentes estudios sobre:

I)       Clasificación económica de las fincas, las que fueron agrupadas en cinco categorías, la primera de extrema pobreza y la última, de explotación próspera. De las 1.789 que pudieron localizarse, 1.099 quedaron en le clase 2; 2.408 en la 3, y 252 en la 4. Las clases extremas no estuvieron representadas.

II)    Administración rural, mediante una encuesta estratificada a 180 fincas, con el objeto de servir de base a la evaluación de los avances del programa.

Se hicieron además estudios de suelos, fertilidad y fertilización del maíz, los cuales demostraron las grandes posibilidades que había para mejorar los rendimientos.

Para iniciar el programa se usó una táctica especial, ya que los agricultores eran huraños y se mostraban recelosos ante los forasteros. Se penetró a través de alumnos de escuelas, a los que se les distribuyó abono para que lo desparramara en una hilera de maíz de sus padres. Además, se aconsejó a quienes tenían gallinas que hicieran un cerco de caña, material abundante en la zona; una vez levantado éste, se les entregó pollitos de un día y alimentos para una semana, aparte de una plancha de zinc para protegerlos de las lluvias. Los muchachos vendieron los machos adultos y las pollas pusieron más huevos que las gallinas de campo de sus padres.

A causa de lo exiguo de la superficie involucrada, los aumentos de producción de trigo y maíz fueron insuficientes para alcanzar mejoras perceptibles en el bienestar. Debido a ello, y teniendo en cuenta de que por entonces el país era importador de huevos, en septiembre de 1952 se inició el proyecto agrícola.

Se tuvo la suerte de contar con un excelente líder natural, un joven pobre que demostró estar dispuesto a seguir las instrucciones y a quien el Banco de la República le otorgó un crédito de mil dólares, sin aval. Éste partió construyendo un gallinero para 500 ponedoras y con una campana para abrigar a los mil pollitos de un día. El balance efectuado a comienzos de 1954 arrojó una buena utilidad líquida.

A base de esta experiencia el Banco de la República accedió a extender una línea de crédito a otros agricultores, cuyos proyectos fueron recomendados por el Instituto. Un censo efectuado en 1962 mostró 143 gallineros con más de 500 ponedoras y 282 con menos de 500. En el área había 105 mil ponedoras, que producían 15 millones de huevos al año. El volumen de producción bruta del área aumentó en 47% entre 1953 y 1962, mientras que en el país disminuyó en 11.1%.

b) El Programa del CATIE, Turrialba, Costa Rica

En 1970 el autor se hizo cargo de la Dirección del Centro Agronómico Tropical del IICA, con sede en Turrialba, Costa Rica. El Gobierno se había encargado de buscar la forma de deshacerse de Turrialba; el primer cometido fue buscar una manera de crear una institución independiente, tarea nada fácil dentro de la realidad centroamericana.

Se preparó un proyecto de acuerdo con el Gobierno de Costa Rica, en virtud del cual se creó un nuevo centro agronómico de investigación y enseñanza con un aporte mayoritario de 800 mil dólares del IICA, que se iría reduciendo en 100 mil cada año, hasta llegar a sólo 300 mil.

La decisión de privilegiar la investigación fue crucial, ya que permitió que los profesores-investigadores orientaran su trabajo hacia proyectos con objetivos definidos.

Además, el examen de las investigaciones en marcha permitió detectar valiosos resultados que podían formar parte de paquetes susceptibles de ser difundidos.

Uno de los problemas era la mala calidad de los pastos, que crecían rápidamente y se lignificaban, perdiendo valor. Con la asesoría de un especialista chileno, se concluyó que era aconsejable talajear antes que la planta alcanzara a los 10 cm. de altura, ya que en esa etapa tenía un contenido proteico de 15%. El adecuado manejo se basó en alta carga diaria de potrerillos, los que se dejaban recuperar en poco menos de un mes.

Se logró llegar a producciones de 10 mil litros de leche por hectárea, con animales de no más de 7 litros de producción diaria, sin otro suplemento que hidratos de carbono que abundan en la región, provenientes principalmente de desechos de la cosecha de plátano, la pulpa de café y la melaza de caña. Se diseñó así un módulo para el pequeño agricultor con 3,5 hectáreas de superficie, 20 vacas y una producción de 10 mil litros por hectárea. Se contó con un equipo técnico excelente, integrado por expertos de diversas nacionalidades, todos con el grado de Ph D.

El programa se volcó a los productos alimentarios, a los que se dedicaban de preferencia los pequeños agricultores. (Los grandes cultivaban café y caña de azúcar y criaban ganado). Se aplicaron asociaciones, rotaciones intensivas y otros métodos, los cuales permitieron incrementar los rendimientos en hasta 40%. La difusión de estos resultados estimuló la llegada de nuevos recursos financieros. En la actualidad el CATIE tiene un presupuesto de caso US$ 10 millones y extiende su quehacer a todos los países centroamericanos.

c) Experiencias en la Subestación Experimental Los Tilos, Buin (INIA)

En 1976 el INIA aprobó un proyecto de sistemas integrados de producción presentado por el autor. Las distintas estaciones experimentales buscaron líderes naturales en áreas de interés para cada una. Se iniciaron alrededor de 10 centros, pero debido a las limitaciones de recursos sólo fue posible operar el de Los Tilos.

Después de estudiar con los especialistas de La Platina ocho diferentes sistemas de rotación, se eligió uno con cuatro cultivos tradicionales (trigo, maíz, frejoles y papas), además de trébol, para mantener dos vacas y un caballo. Se estimó que 9 hectáreas era un tamaño representativo. Se eligió un inquilino que vivía vecino a la parcela; su mujer se encargaba de lechar las vacas y hacer quesillo con la leche sobrante y un hijo de ambos ya en condiciones de ayudar al padre.

Se suscribió con este campesino un convenio de 5 años, Se le vendieron los implementos necesarios, incluidas dos vacas, a costo comercial y con crédito similar al de INDAP. Se dividió el campo en 5 potreros de 1,8 hectáreas, pero sin cierros interiores; el pastoreo se manejaba con cerco eléctrico.

El campesino siguió exactamente las instrucciones, y pese a la crisis generalizada que afectó por aquel entonces a la actividad agrícola, todos los años obtuvo utilidades. En comparación con dos asentados testigos, logró rendimientos muy superiores durante el primer año; no fue posible establecer comparaciones para los años siguientes, ya que no se dispuso de recursos humanos para tal efecto. En cultivos anuales los rendimientos logrados por este campesino duplicaron y hasta cuadruplicaron los alcanzados por los testigos, y en la producción de leche fueron alrededor de 80% más altos.

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