Medicina natural, actualidad y economía

Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias(INIA). Artículo 1. Manuel Elgueta Guerín ese gran primer Director del Instituto

A raíz de los problemas más recientes que se han suscitado en torno a la Dirección del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, he meditado sobre esta interesante institución que fuera creada a fines del Gobierno del Presidente Jorge Alessandri Rodríguez, siendo su gran impulsor ese distinguido Ing. Agrónomo Ruy Barbosa Popolizio, entonces ministro de Agricultura.

Esta situación  me ha hecho recordar a ese gran profesional chileno de prestigio internacional don Manuel Elgueta Guerín, quien fuera su primer Director.

Mi intención es abordar tres artículos referentes al INIA y a don Manuel Elgueta.

El primero es éste, el segundo inmediato, se refiere a un trabajo por el preparado que fue publicado en 1988, después de su muerte y uno tercero que se referirá en forma más amplia al INIA mismo desde su historia hasta los problemas que en el último tiempo han salido a la opinión pública.

Las grandes instituciones tienen para su permanencia y desarrollo que ser siempre dirigidas por hombres muy capaces y con condiciones de mando y de formadores de equipos. En lo posible, integralmente, deben ser superiores a gran parte de sus dependientes; sólo así su dirección se impone a base de su prestigio, su capacidad y su reconocimiento.

Más adelante hago referencia a las relaciones que tuve con quien con cariño y aprecio a ese hombre tan sencillo que llamábamos don Manuel y a varios antecedentes que he logrado reunir de su trayectoria profesional, sobre sus cualidades y sobre parte de los reconocimientos que ha recibido. Ojalá este artículo contribuya a que más antecedentes de él se puedan incorporar a sus registros en Internet.

Conocí referencias muy positivas  a don Manuel Elgueta cuando yo estudiaba Agronomía en los primeros años de la década de los 50. Supe que era un gran genetista y que ya había dejado la cátedra que ahora ocupaba otro gran profesional de la Agronomía don René Cortazar Samaniego,n quien en los años 90 fuese designado el segundo Premio Nacional de Ciencias Aplicadas, precedido por ese otro gran ingeniero chileno Raúl Sáez Sáez.

Posteriormente de otros apreciados colegas recibí expresiones de gran reconocimiento a su capacidad, a sus experiencias y a su estilo de trabajo, especialmente en equipo.

En 1964 cuando llega al Gobierno el presidente Eduardo Frei Montalva y formo parte del equipo del ministro de Agricultura Hugo Trivelli, empecé a conocerlo más, en una relación más directa. En 1965 se me nombra Gerente Agrícola de la Corporación de Fomento y ahí me toca trabajar más estrechamente con él, al integrarme por mi cargo en CORFO al Consejo Directivo. Con recursos humanos y financieros de la Corporación llevamos adelante varias iniciativas conjuntas con sus equipos profesionales; fueron muy gratas reuniones de trabajo y sus resultados resultaron en mi opinión fructíferos.

Termina el gobierno de Frei Montalva, yo dejo el cargo de Gerente Agrícola y lo veo a él alejado de la Dirección del INIA. Desconozco las causas de su alejamiento. Sin dudas que el Instituto perdió mucho con su partida.

A comienzos de los años 80 me toca participar en un proyecto del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), dirigido por otro distinguido Ingeniero Agrónomo, Maximiliano Cox. Este proyecto estaba relacionado con el análisis y proposiciones de políticas agrícolas, a base del trabajo de diferentes profesionales especializados en diferentes temas. Es así por la razón que llegamos a don Manuel Elgueta a pedirle su colaboración para abordar el tema de la investigación y la extensión agrícola.

Nos prepara un valioso documento cuyo resumen fue incluido en el libro que publicamos titulado  “Potencial y políticas para el desarrollo agrícola de Chile”. Salió a circulación en mayo de 1988, poco después de su trágica muerte. El libro fue dedicado como en la obra se señala “A la memoria de don Manuel Elgueta, colaborador de este proyecto y uno de los hombres que contribuyó a sentar las bases del desarrollo agropecuario nacional”.

Su artículo fue terminado en mayo de 1985 y se tituló “Política de transferencia tecnológica”. En la próxima publicación de mi página web irá este trabajo, pleno de sabiduría y de buenos consejos.

Recuerdo con tristeza mi último encuentro con él. Hacía poco que había fallecido su esposa después de una larga enfermedad, a quien él atendió con esmero hasta su muerte.

Don Manuel me dice una frase como ésta: “Ya no tengo razón para vivir”. Yo le señalé algo así, don Manuel queda mucho por hacer, lo que nos ha entregado recientemente es muy valioso. Al poco tiempo tuve la triste noticia que decidió partir.

Creo que lo que nos entregó para ese libro fue su última obra.

Tengo la impresión que él no recibió de la institución que formó el trato que se merecía ni se le aprovechó a él en la debida forma. ¿Será consecuencia ello de nuestro subdesarrollo?

Recuerdo a otros grandes chilenos, al Dr. Abraham Horvitz que su institución, donde fuera director por varios períodos, la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), lo aprovechó hasta final; su aporte era valiosísimo. Algo similar puede decirse del Director Regional de FAO, ese tan destacado chileno Hernán Santacruz, que fuera aprovechado plenamente por el sistema de Naciones Unidas hasta muchos años de dejar su cargo.

También Raúl Prebisch, ese argentino tan valioso de CEPAL y del Instituto Latinoamericano de Planificación, que dirigió la Revista de CEPAL hasta su muerte, entregando hasta el final de su vida sus valiosos aportes a la sociedad mundial con una firmeza y valentía que impresiona.

Revisando antecedentes de la vida profesional de don Manuel he encontrado valiosa información de lo por él realizado hasta antes de incorporarse a la Dirección del INIA, al nacer éste.

He logrado una síntesis biográfica del ingeniero Manuel Elgueta Marin preparada con motivo de serle entregada la “Medalla Agrícola Interamericana  1963”, distinción que se explica más adelante.

Nació en Chile el 3 de noviembre de 1902. Obtuvo su grado de Ingeniero Agrónomo en 1922 en la Universidad de su país, en Santiago, y muy pocos años después de una inteligente actuación en el campo particular, ingresó a trabajar como fitotecnista del Departamento de Genética Vegetal de la Estación Experimental de la SNA de su país. De 1933 a 1939 ocupó la Dirección de esta Estación Experimental.

Como becario de la Fundación Guggenheim viajó a los Estados Unidos para efectuar estudios superiores sobre Genética Vegetal en las universidades de California y Cornel.

De regreso a su país natal fue nombrado profesor de Genética Vegetal de la U. de Chile, al tiempo que ocupaba el cargo de Director de Ciencias Agrícolas  de Fitotecnia del Ministerio de Agricultura de su país.

En 1947 siendo Director General de Agricultura de Chile, fue llamado por el Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas. Este organismo le asignó las funciones de Jefe del Departamento de Fitotecnia de su Centro de Enseñanza e Investigación de Turrialba, Costa Rica.

De 1951 a 1962 trabajó con el mismo Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas  como Director Regional de la Zona Sur, donde llevó a cabo una fructífera labor, la que el mismo señor Elgueta ha resumido en una valiosa publicación titulada: “Ensayo de Cooperación Técnica”.

Desde el año 1963 sirve las funciones de Oficial Regional para América Latina de la División de Fitotecnia de la FAO.

Aparte de su labor técnica permanente, el ingeniero Elgueta Guerín ha prestado magníficos servicios en misiones especiales de estudio en el ámbito americano. Integró en 1955 la Misión del Banco Mundial de Reconstrucción y Fomento, que llevó a cabo en Colombia un estudio sobre la situación agrícola de ese país. Formó parte al año siguiente de la Misión conjunta CEPAL-Naciones Unidas que realizó estudios semejantes a los de Colombia, en el campo agrícola, en Argentina.

Individualmente y en cooperación con otros hombres de ciencia, es autor de numerosos trabajos científicos, entre los que figuran en primera línea por su importancia y utilidad, “Siete años de Investigación Agrícola” y “Ensayo de Cooperación Técnica” antes mencionado

A este último trabajo, publicado en Montevideo en 1962, hizo especial referencia el Director General del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, ingeniero Armando Samper, en su informe a la Junta Directiva reunida en Lima, Perú, en mayo de 1963 (Ver una Nueva Dimensión, Informe Nº 4, setiembre de 1963).

Se refirió al mismo, al informar a la Junta Directiva acerca de la labor desarrollada por la Zona Sur del IICA y por el Centro de La Estanzuela, en su primera etapa de actividades.

Es, en resumen, muy amplia y valiosa la obra cumplida por el Ingeniero Elgueta Guerín, tanto en el campo de la investigación, como de la enseñanza agrícola, por lo que ha sido muy justa y merecida distinción de que ha sido objeto. Por su trascendencia, sus trabajos tienen una directa utilidad para todos los países americanos, a los que ha servido a través de sus publicaciones y de su labor de cátedra con devoción y óptimos frutos.

 

Su tarea ha sido demostración del método más eficaz para producir grandes efectos.

De esos efectos a mi juicio el más importante sin duda alguna ha sido el que se desprende de su capacidad para trasmitir a cuantos lo rodean, el anhelo de alcanzar en la profesión los más altos niveles de capacitación y la convicción de que ése es el básico camino de progreso para estos países.

Debo agregar que fue un profesional que siempre se preocupó de su carrera profesional, del prestigio del Ingeniero Agrónomo. Su Colegio lo distinguió en 1958 con el premio por su actividad científica.

 

Parece conveniente saber qué es la “Medalla Agrícola Interamericana”.

La Medalla Agrícola Interamericana es la más alta condecoración establecida en América para reconocer y estimular pública e internacionalmente la obra y los méritos sobresalientes de quienes se consagran a trabajar por el desarrollo de la agricultura y de la vida rural en el Continente.

Esta condecoración es otorgada anualmente por el Consejo Técnico Consultivo del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA.

Su otorgamiento se hace únicamente en la categoría de Investigación y, o, Enseñanza

Corresponde al Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA hacer la entrega de la Medalla a sus ganadores en un acto que tiene carácter oficial, público y Solemne.

.Los nombre de quienes obtienen la alta condecoración de la Medalla Agrícola Interamericana, como testimonio permanente de reconocimiento a sus méritos, quedan grabados en el vestíbulo del edificio principal del Centro de Enseñanza e Investigación que el Instituto tiene establecido en Turrialba, Costa Rica.

ING. MANUEL ELGUETA GUERÍN “MEDALLA AGRÍCOLA INTERAMERICANA 1963”.

Más adelante se dan antecedentes del acto de premiación, en los que se destacan sus méritos. Considero especialmente los contenidos de su discurso de agradecimiento; presento a continuación los que más me han impresionado:

Afortunadamente se ha comprendido por fin que el progreso de los países no puede descansar solamente en su industrialización.

Los diagnósticos de la situación están hechos. Los remedios también están recetados. Falta la acción enérgica y salvadora.

Es necesario estudiar e investigar problemas del campo y llevar sus soluciones hasta el campesinado mismo. Es necesario  previamente crear las situaciones apropiadas para que se produzca el cambio.

Pero para poder efectuar el cambio, se requieren instituciones necesarias y eficientes. Sin estas herramientas no hay acción posible. Programas parciales de desarrollo que desconozcan este hecho fundamental, es decir la capacidad institucional de los países para aumentar la acción técnica eficaz desarrollada por los planes, están condenados al fracaso.

Debemos tener el valor moral para evaluar y percibir los errores que cometemos como profesionales. Sin este reconocimiento no hay muchas esperanzas de mejoramiento.

Las ciencias agrícolas cubren un campo tan vasto que no es posible para una persona abordarlas íntegramente. Más que en muchas profesiones un grado de especialización se hace necesario. Qué  grado y hasta qué profundidad, es materia que merece discusión inteligente.

Es necesario dar énfasis al concepto que un profesional no vale solamente por su título sino por su capacidad personal. Tenemos que buscar la manera de eliminar la política dentro de las consideraciones de selección. Un profesional colocado frente a una tarea que no es capaz de enfrentar no sólo se perjudica a sí mismo sino a toda la profesión.

La transformación del campo, el cambio de actitud del agricultor para adoptar nuevas prácticas requiere un proceso educativo cuidadosamente planeado que le enseñe técnicas que le produzcan beneficio práctico. El va entender y adoptar nuevos métodos, si con ello consigue un progreso. Pero si no lo consigue, si por cualquier causa fracasa o pierde dinero, perderá la confianza..

Acepto agradecido y emocionado esta medalla, con verdadero orgullo de mi calidad de ingeniero agrónomo y al mismo tiempo con verdadera humildad, porque al recordar  mis ya largos años de vida profesional, comprendo que la recibo como representante de varios equipos de trabajo, ya que en toda mi actuación sólo he sido un elemento de un grupo, un equipo que junto ha trabajado abnegadamente para realizar los ideales de las instituciones que he servido.

 

Es interesante destacar su capacidad para poseer lo que podría decirse por una parte una visión macro cuando insiste en la importancia de tener una adecuada institucionalidad que favorezca a toda la agricultura; los programas parciales sin esa institucionalidad van al fracaso. Pero también indica cómo llegar al empresario mismo, especialmente al campesino, y la importancia de la capacitación de los profesionales.

También llama la atención la importancia que le da a llegar a la acción misma después de investigar y buscar las soluciones; lo que se refleja en su trabajo su anhelo de alcanzar realizaciones concretas que descansen en serias investigaciones y experimentaciones.

Queda reflejado en sus palabras su humildad y sencillez, como también la importancia del trabajo en equipo; llama la atención su reconocimiento de los méritos de sus integrantes, de sus colaboradores, lo que sin duda favorece ese trabajo en equipo.

Impresiona la importancia que le da a la buena selección de los profesionales basada en sus capacidades y no considerando aspectos políticos en su selección. Se le aprecia su preocupación por el prestigio de la profesión. Destaco nuevamente su expresión “Un profesional colocado frente a una tarea que no es capaz de enfrentar no sólo se perjudica a sí mismo sino a toda la profesión”.

A continuación se presentan antecedentes del acto en que se le entrega la medalla

ACTO OFICIAL DE ENTREGA DE ESTA ALTA CONDECORACIÓN.

Por Resolución adoptada por el Consejo Técnico Consultivo del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA en su Octava Reunión Anual efectuada en Lima, Perú del 20 al 21 de mayo de 1963, le fue conferida la Medalla Agrícola Interamericana correspondiente al año 1963 al Ingeniero Manuel Elgueta Guerín, de Chile, como reconocimiento público internacional a su trascendental aporte al desarrollo y progreso de la educación y la investigación agrícolas en América Latina.

De acuerdo con los términos del Reglamento de la Medalla Agrícola Interamericana, que dispone que la entrega de esta alta condecoración debe efectuarse en un acto de carácter oficial, público y solemne, el Director General del IICA indicó como ocasión propicia para dar cumplimiento al requisito formal de la entrega de la Medalla 1963 al ingeniero Elgueta Guerín, la celebración de la Novena Reunión Anual del mismo Consejo Técnico Consultivo, la cual se llevó a cabo en Montevideo, Uruguay, el 16 de mayo de 1964.

En el Salón Colonial del Hotel Victoria Plaza de la ciudad Montevideo, el propio Director General del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas, ingeniero Armando Samper, hizo entrega oficial al ingeniero Manuel Elgueta Marín de la Medalla Agrícola Interamericana 1963 y del Diploma correspondiente, que testifica la resolución aprobada por el Consejo Técnico Consultivo sobre el otorgamiento en su favor de la insigne condecoración.

La Medalla Agrícola Interamericana es el símbolo que representa la forma más alta en América para manifestar el reconocimiento público en dimensión internacional de los méritos de quienes se consagran a trabajar por el desarrollo de la agricultura a través de la enseñanza o de la investigación, y por el mejoramiento de la vida rural en beneficio de los países del Continente Americano.

El ingeniero Benito Medero, Presidente de la Comisión Honoraria del Plan de Desarrollo Agropecuario y Vicepresidente del Plan Agropecuario de Uruguay, pronunció el discurso oficial de entrega de la Medalla al ingeniero Elgueta Guerín en nombre del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícola

.

Cabe destacar aquí que la postulación del ingeniero Manuel Elgueta Marín al otorgamiento de la Medalla Agrícola Interamericana 1963, fue propuesta al Consejo Técnico Consultivo del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas de la OEA, por el Representante del Uruguay en este organismo, ingeniero Eduardo S. Bello, quien dirigió a este respecto con fecha 21 de mayo de 1963 la siguiente carta:

 

Señor Presidente

Consejo Técnico Consultivo del

Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas

Ing. Jacobo Zenjder.

Presente

Señor Presidente

Tengo el agrado de dirigirme el señor Presidente para someter por su intermedio a la consideración del Consejo Técnico Consultivo la candidatura del Ing. Manuel Elgueta Guerín a la Medalla Agrícola Interamericana

El Uruguay, teniendo en cuenta que esta distinción ha recaído en años anteriores en figuras de significación y relieve continental, como son los doctores Martín Cárdenas de Bolivia, Lorenzo Parodi de Argentina, Wilson Popene de Estados Unidos, y Carlos Krug de Brasil, se honra en postular, en esta oportunidad, al Ing. Manuel Elgueta de Chile, también de actuación destacada en el ámbito americano, a favor del desarrollo de las Ciencias Agrícolas.

El Ing. Elgueta ha sido en su país el promotor de un mejoramiento básico y fundamental de la investigación agrícola, así como de la enseñanza superior y especialización profesional. Cuando fue llamado a desempeñar funciones en un plano de proyección internacional, encontró el campo propicio para el desarrollo de su imaginación, iniciativa y visión que aplicó con fe y entusiasmo para impulsar en todos los países en que actuó, nuevos programas agrícolas de investigación, enseñanza y extensión.

Por eso, señor Presidente, nuestra proposición no debe entenderse como un mero homenaje a quien ha ocupado una cargo destacado en un organismo internacional; queremos que signifique fundamentalmente un reconocimiento a las cualidades humanas de una persona que ha sido inspiradora y propulsora de tantos programas fecundos para el progreso y desarrollo agrícola de las países de la Zona Sur del continente americano.

 

Saluda al señor Presidente con la consideración más distinguida

EDUARDO S. BELLO

Representante del Uruguay.

Al cumplir con el grato deber de presentar esta memoria oficial sobre el otorgamiento de la Medalla Agrícola Interamericana correspondiente al año 1963, en nombre del IICA y del Consejo Técnico Consultivo de este organismo, dejamos constancia expresa de la honda satisfacción que ambos han experimentado de que esta alta condecoración, destinada a reconocer y estimular los méritos de quienes mejor sirven a la comunidad americana a través de la agricultura, le haya sido conferida al ingeniero Manuel Elgueta Guerín, cuya obra en el campo de la enseñanza y de la investigación agrícolas ha señalado rumbos de fecundos alcances para el desarrollo económico y social de América Latina.

 

A continuación se presenta el discurso de ofrecimiento del homenaje en nombre del IICA pronunciado por el Ing. Benito Medero:

Se me ha conferido el honor de presentar al Ing. Manuel Elgueta, en circunstancias de serle otorgada la Medalla Agrícola Interamericana que el Consejo Técnico Consultivo del IICA ha instituido para “reconocer y estimular, pública e internacionalmente, los méritos sobresalientes de quienes se consagran a trabajar en beneficio del desarrollo de la agricultura y de la vida rural del Continente.

Aunque inmerecido el honor que se me confiere he aceptado sin embargo la grata tarea, porque considero un acto de estricta justicia el que hoy se realiza; desde mi particular punto de vista, además, especialmente justiciero por los frutos de trascendencia tan significativa que la obra de don Manuel Elgueta ha dejado en mi país.

El Ing. Elgueta ha mostrado su capacidad como genetista, como profesor de genética, como fitotecnista de la Sociedad Nacional de Agricultura de Chile, como organizador de la investigación fitotécnica  y, finalmente, ha sido factor decisivo en la notoria superación técnica de los ingenieros agrónomos de su país.

Pero en donde a mi juicio ha puesto de manifiesto con más destaque sus excepcionales aptitudes de maestro, de organizador y formador de profesionales, ha sido sin duda en su gestión como Director de la Zona Sur del IICA.

Desde su cargo de Director Regional, Elgueta acertó en lo estratégico y en lo táctico.

Acertó en la planificación de la tarea adjudicándole, como finalidad superior, la de ejercer  su influencia “en el vértice de la pirámide”, despertando inquietudes y formando profesionales capaces de impulsar el desarrollo en sus propios países y capaces también de promover el cambio de las estructuras ineficientes en la enseñanza y  en la organización de los servicios.

Acertó procurando esa formación a través de centros donde se actuaba con total coordinación interdisciplinaria, apuntada a resolver de manera lineal los “simples grandes problemas” de mayor impacto en la producción, lo que por cierto no ha sido común en Latino América.

Conduciendo el programa con paciencia, con habilidad  táctica y hasta política – que son imprescindible en estas latitudes – llevó su tarea hasta la culminación que significó la concreción del Centro de la Zona Sur en “La Estanzuela” que, como siempre aspiró, concentra la investigación y la extensión, referidas a una zona concreta de influencia en la cual todas las disciplinas deben necesariamente coordinarse y orientarse, por tanto, en el sentido más trascendente. Tal conquista hará posible, al mismo tiempo, la obtención del más alto nivel de adiestramiento a través de la organización que aquélla supone.

El triunfo de Elgueta puede resumirse en su faceta más trascendente, diciendo que su tarea fue una cabal demostración del método más eficaz para producir grandes efectos con los muy limitados medios de un programa de cooperación técnica.

De esos efectos a mi juicio el más importante sin suda alguna ha sido el que se desprende de su capacidad para trasmitir a cuantos lo rodean el anhelo de alcanzar en la profesión los más altos niveles de capacitación y la convicción de que ése es el básico camino de progreso para estos países.

No es por cierto casualidad que en esta sala se encuentren entre muchos otros, un discípulo suyo frente de la Zona Sur del Instituto, otro como Director de Investigaciones Agrícolas y, también, el futuro Director del Servicio de Extensión.

Leyendo con detención hace poco tiempo una detallada historia de la investigación agrícola en Nueva Zelandia y preguntándome cuál, de entre los múltiples factores intervinientes, había sido el decisivo en su indiscutiblemente destacado nivel de hoy, llegué a la conclusión de la fundamental importancia de sus primeros líderes, Cockayne y Levy, quienes por más de 20 años predicaron también en el desierto hasta triunfar e        imponer en 1927 el comienzo del proceso.

Creo en la importancia del líder y en la época moderna líder sólo es aquél que sabe formar equipo.

Tanto se comprendió la importancia de aquellos líderes neozelandeses que, cuando la reina de Inglaterra visitó el país, a las únicas dos personas a quienes, en solemne ceremonia, confirió el título de caballero, fue a esos dos verdaderos forjadores del progreso neozelandés e ilustres investigadores, lo que en aquel país es reconocido por encima de todo talento.

Nuestros países paulatinamente van reconociendo y comprendiendo también el rol decisivo del desarrollo agrícola en su progreso y ello radica en mucho de la obra de Elgueta. Hoy recibe una distinción alta pero limitada a la esfera de quienes trabajan en el campo específico de la técnica agrícola y que, por ello, conocen íntimamente su capacidad, la importancia de su obra y su éxito. Pero seguro estoy de que, cuando como en Nueva Zelandia, se analice el proceso en el futuro, tendrá la obra del Ing. Manuel Elgueta el magno reconocimiento que merece, por lo que habrá determinado para el porvenir de nuestros países y para el nivel de vida y la felicidad de sus habitantes

 

El ingeniero Elgueta Guerín agradeció el otorgamiento de la Medalla Agrícola Interamericana 1963. Sus palabras tienen muy valiosos contenidos.

DISCURSO DE AGRADECIMIENTO DEL HOMENAJE, PRONUNCIADO POR EL ING. MANUEL ELGUETA GUERÍN

Agradezco sincera y profundamente las elogiosas palabras del estimado amigo Benito Medero. Para mí es una feliz coincidencia recibir esta medalla de sus manos, porque representa su persona la culminación de la acción del Instituto en este país con la creación del Centro de Investigaciones Agrícolas en la Estanzuela; un sueño hecho feliz realidad.

Estos diez años de acción continua en el Uruguay han dejado en mí experiencias y recuerdos que me son queridos, además de innumerables amigos en los cinco países de la Zona con cuya estrecha colaboración fue posible llevar a cabo el extenso programa de adiestramiento. Por esta razón me es especialmente grata también la presencia en esta ocasión de Alfonso Castronovo, subsecretario de agricultura en Argentina, que en su persona me trae el recuerdo de un grupo de amigos del INTA.

Afortunadamente se ha comprendido por fin que el progreso de los países no puede descansar solamente en su industrialización. En algunos casos se ha pagado cara esta noción con el desarrollo de industrias ineficientes sin mercados nacionales que las justifique económicamente. Hoy se pretende la urgencia grande que hay que desarrollar paralelamente la agricultura. Esta urgencia adquiere caracteres dramáticos porque no estamos avanzando sino más bien, en relación a producción per cápita, estamos retrocediendo. Tenemos que salvar el enorme obstáculo que representa el crecimiento explosivo de nuestras poblaciones.

Los diagnósticos de la situación están hechos. Los remedios también están recetados. Falta la acción enérgica y salvadora. El mejoramiento de la agricultura es un proceso múltiple pero cuya base es eminentemente técnica. Es necesario transformar un arte tradicional e intuitivo en una verdadera ciencia.

Es necesario estudiar e investigar problemas del campo y llevar sus soluciones hasta el campesinado mismo. Es necesario  previamente crear las situaciones apropiadas para que se produzca el cambio.

Pero para poder efectuar el cambio, se requieren instituciones necesarias y eficientes. Sin estas herramientas no hay acción posible. Programas parciales de desarrollo que desconozcan este hecho fundamental, es decir la capacidad institucional de los países para aumentar la acción técnica eficaz desarrollada por los planes, están condenados al fracaso. Éste es el reto de nuestra época en América Latina.

Este reto es a nosotros profesionales de la agricultura.  Nos corresponde tomar la tarea sobre nuestros hombros, llevar a cabo los programas de desarrollo, investigar los problemas y no sólo encontrar soluciones sino hacerlas realidad. El reto es muy grande y muchas veces superior a nuestras fuerzas. Desgraciadamente en la solución de los problemas agrícolas intervienen muchos factores, elementos e intereses, que sólo confunden el medio ambiente.

Debemos tener el valor moral para evaluar y percibir los errores que cometemos como profesionales. Sin este reconocimiento no hay muchas esperanzas de mejoramiento. Debemos comprender y aceptar que nuestras universidades no están formando el tipo de profesional que necesitan estos programas de desarrollo. Tenemos que buscar el camino para mejorar nuestros profesionales. Las ciencias agrícolas cubren un campo tan vasto que no es posible para una persona abordarlas íntegramente. Más que en muchas profesiones un grado de especialización se hace necesario. Qué  grado y hasta qué profundidad, es materia que merece discusión inteligente.

La tarea que se presenta a nosotros los profesionales del campo es inmensa y tenemos la obligación de crecer para ser capaces de afrontarla. En este confuso campo de la política agraria debemos imponer nuestra acción a base de capacidad. Nuestra profesión todavía no tiene el prestigio social de otras profesiones liberales. Debemos alcanzar ese prestigio a medida que nuestra acción se destaque dentro de las funciones que nos corresponden. Es necesario dar énfasis al concepto que un profesional no vale solamente por su título sino por su capacidad personal. Tenemos que buscar la manera de eliminar la política dentro de las consideraciones de selección. Un profesional colocado frente a una tarea que no es capaz de enfrentar no sólo se perjudica a sí mismo sino a toda la profesión. La transformación del campo, el cambio de actitud del agricultor para adoptar nuevas prácticas requiere un proceso educativo cuidadosamente planeado que le enseñe técnicas que le produzcan beneficio práctico. El va entender y adoptar nuevos métodos, si con ello consigue un progreso. Pero si no lo consigue, si por cualquier causa fracasa o pierde dinero, perderá la confianza. Nuestras poblaciones agrícolas aun las inminentemente indias, encierran un acervo de valor humano que les da un potencial efectivo para su desarrollo. Pero se requiere llegar hasta ellos, ganarse su confianza y demostrarles el valor de las enseñanzas que se les llevan.

Es en este inmenso campo de acción que comprende toda la agricultura, en sus matices empresa y medio de vida, donde tienen que actuar el ingeniero agrónomo y el médico veterinario. La magnitud de la tarea, su importancia, la nobleza que su desempeño implica, hacen de estas profesiones hermoso campo de acción para hombres que sientan el ideal del mejoramiento agrícola.

Acepto agradecido y emocionado esta medalla, con verdadero orgullo de mi calidad de ingeniero agrónomo y al mismo tiempo con verdadera humildad, porque al recordar  mis ya largos años de vida profesional, comprendo que la recibo como representante de varios equipos de trabajo, ya que en toda mi actuación sólo he sido un elemento de un grupo, un equipo que junto ha trabajado abnegadamente para realizar los ideales de las instituciones que he servido. En este momento para mí solemne, va mi recuerdo emocionado para el gran número de colaboradores y amigos con quienes me ha cabido la suerte de actuar.

TENEMOS QUE BUSCAR LOS CAMINOS PARA FORMAR MEJORES PROFESIONALES

Las ciencias agrícolas cubren un campo tan vasto que no es posible para una persona abordarlas íntegramente. Más que muchos profesionales, un grado de especialización se hace necesario. La tarea que se nos presenta a nosotros, profesionales de campo, es inmensa y tenemos la obligación de crecer para ser capaces de afrontarla.

Afortunadamente se ha comprendido por fin que el progreso de los países no puede descansar solamente en su industrialización.

Los diagnósticos de la situación están hechos. Los remedios también están recetados. Falta la acción enérgica y salvadora.

Es necesario estudiar e investigar problemas del campo y llevar sus soluciones hasta el campesinado mismo. Es necesario  previamente crear las situaciones apropiadas para que se produzca el cambio.

Pero para poder efectuar el cambio, se requieren instituciones necesarias y eficientes. Sin estas herramientas no hay acción posible. Programas parciales de desarrollo que desconozcan este hecho fundamental, es decir la capacidad institucional de los países para aumentar la acción técnica eficaz desarrollada por los planes, están condenados al fracaso.

Debemos tener el valor moral para evaluar y percibir los errores que cometemos como profesionales. Sin este reconocimiento no hay muchas esperanzas de mejoramiento.

Las ciencias agrícolas cubren un campo tan vasto que no es posible para una persona abordarlas íntegramente. Más que en muchas profesiones un grado de especialización se hace necesario. Qué  grado y hasta qué profundidad, es materia que merece discusión inteligente.

Es necesario dar énfasis al concepto que un profesional no vale solamente por su título sino por su capacidad personal. Tenemos que buscar la manera de eliminar la política dentro de las consideraciones de selección. Un profesional colocado frente a una tarea que no es capaz de enfrentar no sólo se perjudica a sí mismo sino a toda la profesión.

La transformación del campo, el cambio de actitud del agricultor para adoptar nuevas prácticas requiere un proceso educativo cuidadosamente planeado que le enseñe técnicas que le produzcan beneficio práctico. El va entender y adoptar nuevos métodos, si con ello consigue un progreso. Pero si no lo consigue, si por cualquier causa fracasa o pierde dinero, perderá la confianza..

Acepto agradecido y emocionado esta medalla, con verdadero orgullo de mi calidad de ingeniero agrónomo y al mismo tiempo con verdadera humildad, porque al recordar  mis ya largos años de vida profesional, comprendo que la recibo como representante de varios equipos de trabajo, ya que en toda mi actuación sólo he sido un elemento de un grupo, un equipo que junto ha trabajado abnegadamente para realizar los ideales de las instituciones que he servido.

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Debe recordarse que terminadas sus actividades en el IICA, el año 1963 pasa a servir las funciones de Oficial Regional para América Latina de la División de Fitotecnia de la FAO. Para después en 1964, con la creación del INIA a fines del Gobierno del Presidente Alessandri Rodríguez pasa a ser el Director del Instituto, donde deja muy gratos recuerdos y valiosos aportes. Su gran labor la desarrolla durante el Gobierno de Frei Montalva.

La llegada al poder del Presidente Allende, al parecer lo alejaría por los cuoteos políticos que caracterizó a ese gran cambio político. Cabe recordar especialmente lo que él decía al agradecer la distinción recibida en 1964, la Medalla Agrícola Interamericana 1963: Es necesario dar énfasis al concepto que un profesional no vale solamente por su título sino por su capacidad personal. Tenemos que buscar la manera de eliminar la política dentro de las consideraciones de selección. Un profesional colocado frente a una tarea que no es capaz de enfrentar no sólo se perjudica a sí mismo sino a toda la profesión.

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2 comentarios

  1. 26 de diciembre de 2011
    Soledad: Muy justa es su admiración por su abuelo, ese gran hombre a quien tuve el privilegio de conocer y apreciar hasta muy cerca de su muerte. Atentamente. Rolando

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