Medicina natural, actualidad y economía

La colusión de las cadenas de farmacias y la pérdida de valores (2)

Hemos sido golpeados por esta realidad. Del orden superior al 90 % del mercado farmacéutico chileno está en manos de tres cadenas de farmacias que han llegado aparentemente a coludirse y con ello a grabar con altos precios a medicamentos esenciales. Esto ha llevado a la luz pública una serie de realidades que en verdad impresionan.

Ayer apareció la noticia de que el “Tribunal Constitucional rechaza recurso de Cruz Verde contra acuerdo de la Fiscalía Nacional Económica y FASA”(Farmacias Ahumada), que como se sabe confesó su colusión con las otras dos grandes cadenas. No deja de ser preocupante que el fallo haya sido de tres votos contra uno. Hubo un voto disidente que fue de Marcelo Venegas Palacios.

Ayer a su vez se oyeron las críticas del Director del Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC) en contra de Salco Brand por una publicidad de precios que sólo favorece a sus clientes con tarjetas y del Presidente de la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios(CONADECUS), por las fuertes y sorpresivas alzas de precios de un grupo de medicamentos de alto consumo. Parece que en la guerra entre cadenas estamos en presencia de una paz temporal, que les permite subir precios.

Este artículo en varias de sus partes repite lo incluido en artículo anterior, pero agrega nueva información y análisis. La solución de la causa básica del problema, la madre del cordero, la concentración, es de muy difícil solución. Su generación es una consecuencia lógica de nuestro estilo de desarrollo.

Impresiona primero la concentración que se ha presentado en este comercio esencial frente a la pasividad de la sociedad y en particular del Gobierno y del Parlamento. Es un reflejo y una consecuencia de ser Chile uno de los países más neoliberales del mundo, en donde se ha agudizado la desigualdad en la distribución del ingreso y posiblemente uno en los que más aceleradamente se ha ido generando una pérdida de valores. Lo observamos en los más diferentes frentes, entre otros, en las universidades y en la política. Hasta dónde uno puede preguntarse si esta pérdida de valores y estas tan profundas desigualdades junto a las altas tasas de desempleo, no favorecen el desarrollo de la delincuencia en la población necesitada.
Se sabe que los consumidores han sido golpeados por fuertes alzas de precios de los medicamentos, que se pueden considerar injustificadas y también con las más variadas ofertas, a veces desorientadoras, y en general, con inestabilidades de precios. Para una familia de escasos recursos, que está obligada a comprar determinados remedios, las fuertes e inesperadas alzas, equivale a quitarles un considerable ingreso, junto a la incertidumbre sobre cuánto tendrá que pagar más para una nueva adquisición.

Una triste realidad, la demanda por medicamentos es muy inelástica, la persona está obligada a comprar la medicina a costa de su salud, de su vida o de su bolsillo. No parece lógico que la oferta de estos productos esenciales, y especialmente sus precios, estén dependiendo de una oferta tremendamente concentrada, a veces al parecer coludida y a veces en tremendas guerras internas, cuyos costos terminan siendo pagados por la misma población necesitada. Gastos sustanciales en propaganda, que terminan pagándolos los consumidores finales, beneficiando sin dudas a las agencias publicitarias y a los medios de comunicación.

Parece increíble que todo el proceso inicial de denuncia, crítica e investigación en que estamos se haya originado, haya salido a luz, por una persona que reclama y con ello motiva la investigación que termina en una crisis, que quizás qué consecuencias va todavía a generar.

Algunos llegamos a pensar que puede ser de tanta seriedad que se termine por suavizar sus sanciones; por echarle paulatinamente tierra a estos delitos y finalmente no actuar sobre las verdaderas causas que los han generado. La concentración en nuestro modelo de desarrolló seguirá adelante con sus consecuencias perjudiciales a la masa de consumidores que se ven obligados a comprar sus medicinas, en un mercado de tan marcada imperfección. No cabe duda que estas cadenas pasan a tener poderes fácticos.

En días pasados parecía más centrarse el interés en el tema, en torno a disputas entre los directores de FASA y los conflictos derivados del proceder de su presidente de actuar sin informar ni menos consultar a su directorio. Los perjudicados consumidores finales van lentamente pasando al olvido. Ya no se oyen las fuertes intervenciones de algunos parlamentarios y las tres grandes cadenas siguieron adelante con sus agresivas propagandas.

Sorprenden además varios otros hechos. La colusión parece asociarse a integraciones verticales con laboratorios que habrían conducido a relacionar estructuralmente dos cadenas, las de Cruz Verde y la de Salco Brand.

La cadena Cruz Verde impresiona por la expansión que ha tenido y por pertenecer prácticamente en su totalidad a un dueño. Se inicia no hace muchos años con unas pocas farmacias en la Quinta región, para después extenderse a todo el territorio nacional a base de sus propios locales y de otros que lo integran a su red. Ha tenido una capitalización destacable, basada en un socio principal. Me recuerda en parte su expansión, a la Universidad Santo Tomás, creada y llevada adelante por un hombre en muchos aspectos extraordinario, que incluso supo captar para rectores a personalidades como un ex Ministros de Estado de Educación y otras altas y prestigiadas autoridades que fueron en la Universidad de Chile. También, como se verá más adelante, algo parecido ha sucedido en Cruz Verde.

La Fiscalía Nacional Económica frente a una denuncia, inicia la investigación y termina convencida de una colusión temporal de las tres cadenas para una gama amplia de productos, que motiva una elevación conjunta de precios. Los antecedentes parecen tan sólidos, que una de las cadenas, FASA, reconoce que la empresa se coludió y culpa de esta acción a un grupo de ejecutivos. Pasa a colaborar con la Fiscalía Nacional Económica, frente a la negativa absoluta de Cruz Verde y a una posición menos definida de Salco Brand. FASA pasa a ser una colaboradora importante.

Debe recordarse que Salco Brand es una fusión de dos anteriores cadenas menores, que se ven forzadas a integrarse para no desaparecer y que haya posteriormente tenido que relacionarse o asociarse en ciertas materias con Cruz Verde, en su afán de sobrevivir. Puede pensarse que a estas asociaciones les favorecen sus relaciones, logran economías de escala en sus laboratorios asociados y además, al mantenerse aparentemente independientes, dan una imagen de una mayor competencia.

Extraña que lo que sucedía lo hubiesen desconocido las altas directivas de FASA y, desde luego su Directorio, el que recibiría muy buenas remuneraciones. Se ha llegado a saber que éste obtuvo en un mal año, remuneraciones de más de la mitad de las magras utilidades. Dos accionistas se han hecho sentir en esta situación, uno son las AFP y el otro es Sebastián Piñera. Extraña que ninguno de ellos haya conocido la colusión o se haya dado cuenta de ella.

Entiendo que las AFP tenían representación en el Directorio y se supone que Piñera es un gran conocedor del mercado accionario y del funcionamiento real de las sociedades anónimas, además de seguramente disponer de muy buenos asesores.

Cuando se sabe públicamente que Piñera es accionista de FASA, pero minoritario, con menos de un 2 % de sus acciones, se produce un gran revuelo político, y este socio comunica abiertamente que se “arrancará de la empresa lo antes posible”, vendiendo a la brevedad sus acciones. Lo que prontamente hace.

No tengo claro qué pasa con las AFP y su representación en el Directorio. Hay al parecer buenas remuneraciones a los directores, que entiendo también las reciben la representación de las AFP. Se ha informado que lo percibido por el Directorio en el 2008 fue más de la mitad (55%) de las utilidades, lo que habría significado que los fondos de los afiliados recibieran utilidades menores a los montos recibidos por los directores que los representaban, directores que ni habrían sido capaces de captar las eventuales colusiones, que en cierto modos perjudicaban además a sus propios asociados, al ser éstos compradores de medicamentos.

En un interesante artículo de meses atrás en el Diario La Segunda, Oscar Garretón da informaciones que impresionan. Muestra la bajísima rentabilidad del capital de la empresa FASA que no llega al 1 % y sobre ventas, de menos de un 0,08 % de margen de utilidad.Tiene que haber sido un año muy anormal. En ese artículo Garretón señala que esta empresa de las 1.225 farmacias que posee, sólo 347 las tiene en Chile. Es posible pensar que sus inversiones en el extranjero le han originado pérdidas, a no ser que ellas en Chile hayan sido inmensas.

La colusión parece venir después de una verdadera guerra de precios entre las cadenas, que las llevó a tener que vender a precios inferiores a los costos. Era al parecer como una guerra a muerte en que termina sin muertos inmediatos, pero en una colusión que los salva temporalmente a todos. Desaparece así una etapa de la guerra existente que tuvo ofertas hasta ofensivas para los clientes. Recuerdo que a lo menos una de ellas ofrecía productos a un determinado precio, pero si compraban dos, el segundo costaba sólo un peso. Personalmente lo encontraba ofensivo para el comprador que necesitaba del producto, era una demostración de que se estaba cobrando un altísimo precio al que lo necesitaba y cómo que se le estaba motivando a comprar una unidad más, pero sin saber para qué.

Había rebajas especiales para ciertos días en circunstancias de que muchas veces no se puede postergarse una compra como tampoco cambiar de día para hacer las adquisiciones. Había ofertas especiales para los pensionados; recuerdo que fui a comprar a Cruz Verde con mi tarjeta del INP y me llevé la sorpresa de que el producto salía más caro de lo que me costaba sin rebaja en otra farmacia de barrio. Uno entra a pensar, a cuántos se les ha engañado con estas promociones o se le han creado verdaderas angustias, al sentirse posteriormente engañados.

Poco tiempo atrás se supo, por los mismos vendedores de las farmacias, que ellos reciben comisiones especiales por las ventas que le hagan a los clientes por un producto distinto al que él solicita, ofreciéndoles alternativas que se inician con las de precios más altos. Sería una práctica habitual tratar de alterar lo señalado por la receta médica. Se ha sabido que los vendedores reciben muy bajas remuneraciones fijas y gran parte la logran con las comisiones diferenciadas sobre las ventas. Es un procedimiento que obligaría a muchos empleados a actuar contra su conciencia; esto lo han hecho sentir los representantes de los posiblemente débiles sindicatos que los reúnen. Es realmente inmoral que empresas de esa envergadura fuercen a sectores necesitados como son sus vendedores a coludirse con la empresa para dañar a lo menos económicamente al cliente, al necesitado de una medicina que le es esencial. A ese daño se puede sumar el que podría generar en el usuario paciente el cambio de un medicamento.

Me llamó profundamente la atención que Cruz Verde, que pertenece casi en su totalidad a un dueño, tuviese en su Directorio nada menos que a un ex Presidente del Banco Central, economista incluso de prestigio internacional. Poco se ha comentado esta realidad. También no deja de llamar la atención que un anterior Fiscal Nacional Económico del Estado chileno, sea el asesor y defensor de los intereses de Cruz Verde. Se dice que esto es legal en Chile, que se cumplieron los plazos exigidos por la ley chilena, antes de asumir un cargo de esta naturaleza. Los principios morales y éticos no pueden abandonarse porque la ley lo permita. Da la sensación, que frente a esto, a lo menos, se refleja una pérdida de valores, que la sociedad la tolera con pasividad.
Me recordó esto cómo uno ha observado que personeros de altos cargos del Gobierno pasan a servir intereses privados, en forma tan manifiesta. Se puede recordar a una importante empresa financiera de triste proceder que captó para su Directorio a personalidades que se desempeñaron en instituciones del Estado, las que sin duda se vieron muy afectadas por los escándalos percibidos posteriores. Cómo también hoy preside la Asociación de ISAPRES nada menos que un ex Ministro de Hacienda de la nueva democracia.

Ha salido a la luz pública que este sistema de cadenas nacionales de farmacias ha llegado a vender productos a niveles de precios 10 veces los de sus costos de adquisición. No sé si cabría aquí considerar esto como una “lesión enorme”.

Es triste como han ido desapareciendo las farmacias de barrio; recuerdo con cariño cuando niño o joven aún, uno conocía a esa “boticas” como se les llamaba cariñosamente, muchas veces atendidos por su propio dueño y sus familiares. Recuerdo la Farmacia Barquín de la Plaza Brasil y la farmacia de la familia Santibánez en La Cisterna, comuna donde por muchos años viví.
Me viene a mis recuerdos también la farmacia en Lo Ovalle, en Carmen Mena, de la madre farmacéutica de un gran amigo mío prematuramente fallecido; ella había estado retirada de su profesión y por razones económicas debió volver a ejercer. Recuerdo cómo mi amigo y sus hermanos hacían turno para atender la farmacia dirigida por su madre.
Era habitual en esa época que las farmacias perteneciesen a un profesional farmacéutico.
Posiblemente sus productos podían tener a veces precios algo más altos que los de las grandes cadenas, pero entregaban generalmente sabías y honestas recomendaciones.
Mi esposa, taltalina de niña, me contaba cómo apreciaban en Taltal al dueño de la farmacia que siempre les entregaba sabios y atinados consejos. Así eran las farmacias de antaño y los comportamientos de sus dueños, generalmente farmacéuticos, y los de sus empleados que se desenvolvían en esas empresas familiares de valores, prestadoras de servicios. Donde sus dueños no sólo perseguían utilidades sino que también la satisfacción de poder trabajar en ellas, de prestigiarlas y de servir a la sociedad que las rodeaban.
Recuerdo las apreciadas y hermosas farmacias del Centro de Santiago, la El Indio en la vieja Alameda y la Petrizzio en calle Estado en su bello local que hoy ocupa una empresa comercial de otros rubros. Sin duda eran otros tiempos y de otros valores.

Después empiezan a aparecer las cadenas y la guerra entre ellas. Varias cadenas caen en la lucha. Recuerdo las ABC y Farrú, hoy ya inexistentes. Para ver después las nuevas cadenas como la de las Farmacias Ahumada, que no sé por qué inicialmente me daba confianza. Vi el nacer en la Quinta Región a las farmacias Cruz Verde y su alta presencia en la Calle Valparaíso de Viña del Mar. Entiendo que pertenecían esos locales al padre del actual dueño mayoritario de la hoy de esa cadena nacional, que agresivamente pasa a constituir la red más importante de Chile, donde quedan integradas no sólo sus propias farmacias sino también otras privadas que se deben incorporar con restricciones a su sistema, en su afán de sobrevivencia, perdiendo libertades e identidad. He sabido que éstas representarían del orden de un 40% de la gran cadena Cruz Verde.

Conocí varios años atrás a un farmacéutico, esposo de una profesora de la Universidad de Chile, dueño de una farmacia, quien dirigía una asociación de farmacias independientes; debían luchar con mucha intensidad para sobrevivir. Entiendo que hoy ésa u otra organización similar lucha igualmente en una asociación para sobrevivir; ellos han contribuido con valiosa información a conocer mejor el comportamiento de las grandes cadenas.

Sentí bastante tiempo atrás la presencia de las cadenas Brand y Salco, debilitadas por la competencia, que terminan integrándose, al parecer para subsistir frente a la competencia y para posteriormente seguir en su lucha, se asocian en varios aspectos con la agresiva cadena de la Cruz Verde.

Años atrás, cuando se iniciaban las cadenas, supe cómo éstas con su poder de negociación podían conseguir precios muy favorables de los laboratorios; era común les diesen docenas de 13 ó más. Entiendo que estas cadenas iniciales tuvieron una fuerte expansión y terminaron desapareciendo, quebradas, liquidadas o vendidas. No cabe duda que estas concentraciones les generaban abastecimientos a bajos costos, creando una especie de competencia desleal a las farmacias familiares, a las que fueron desplazando.

Se ha hablado de que existan farmacias del Estado. Hasta el momento para esa idea hay rechazo. No es fácil que el Estado pueda ser un buen administrador de empresas pequeñas, creo que lo podría ser para algo mayor, como lo fue el Laboratorio Chile que tanto se identificó en el pasado con el llamado Formulario Nacional que significó un importante aporte al suministro de medicamentos a bajo costo para la población. Chile fue pionero en América Latina en el Formulario Nacional, asociado a la existencia de ese gran Laboratorio estatal, hoy privatizado al igual que LAN, que mantienen el mismo nombre antiguo con la denominación nacional. Algo parecido ha sucedido con industrias lácteas que eran de productores organizados como SOPROLE y CALO, hoy pertenecientes a grandes sociedades privadas netamente capitalistas.

Me llamó la atención lo que dijo tiempo atrás Fernando Villegas en el Programa Tolerancia Cero. Él se informó que en Europa, salvo en Malta, existe un sistema de venta de fármacos con un margen establecido y que el negocio lo hacen las farmacias principalmente con la venta de otros productos no medicamentos, para los que no hay regulaciones. Eso me recordó cómo en el pasado el Gobierno fijaba el precio al pan corriente y dejaba en libertad a los otros productos, pero la panadería que no tuviese pan corriente, estaba obligada a vender el pan especial al precio del corriente. Hoy desgraciadamente hay una aparente colusión en el precio del pan; bien podría pensarse restablecer ese sistema. Recuerdo que un gran supermercado cerca de la Plaza Oeste, vendía el pan corriente hasta no hace mucho, no sé si aún lo hace, a muy bajo precio, pero limitaba la venta por persona a una cantidad prudente. Seguramente lo vendía o vende por debajo del costo, para atraer clientes.

En un programa radial oí la información aportada por una persona de nacionalidad española, que en ese país perdura en forma generalizada la farmacia perteneciente y atendida por un profesional farmacéutico.

Podría estimarse que hoy se está en una gran guerra entre las cadenas de farmacias. Hasta dónde cabe preguntarse si la delación de FASA no forma parte de una batalla de esta gran guerra en que se quiere destruir al enemigo. Para ella ha tenido un costo, cual ha sido una multa de beneficio fiscal, que para muchos sólo significa una baja proporción de las grandes utilidades que habría logrado esta cadena con la colusión. Ella quizás sacrifica a una parte de sus ejecutivos, para aparecer honesta, y plantea todo un complejo mecanismo para devolver los excesos cobrados a sus compradores de los medicamentos que entraron en la colusión. Gestión esta última en que interviene de alguna manera el SERNAC, con el descontento manifestado públicamente por el Presidente de CONADECUS, por no haber sido invitado a esas conversaciones.

Posteriormente de nuevo las cadenas han entrado a una competencia de precios y otra vez estarían entregando algunos productos a precios sensiblemente inferiores a sus costos. Páginas enteras de la prensa principal han aparecido ocupadas en estas campañas. La otra gran batalla es la que se está dando en el campo judicial; se habla que ésta podrá durar varios años antes que la Corte Suprema falle definitivamente. Quizás qué cosas iremos viendo en esta guerra y cuáles serán sus resultados finales.

Otro tema que debiera ser más analizado es el de los empleados de estas grandes cadenas, las que con gran poder pueden someter a sus trabajadores y a sus mandos medios a complejas situaciones, que se les hace más delicadas de abordar con los aumentos del desempleo y con los riesgos de una recesión más acentuada. Ya se ha comentado cómo a los vendedores se les fuerza a actuar a favor de sus empresas y perjudicando a sus clientes en los costos de los medicamentos y posiblemente también en los intentos eventualmente exitosos de convencer al comprador para adquirir medicamentos que más beneficien a la cadena y a sus laboratorios. No cabe duda que esta concentración perjudica a sus empleados; pasa a constituir el gran mercado para los químicos farmacéuticos.

Se puede caer en un sistema tal que la cadena que menos explote a sus trabajadores sea la que primero tienda a desaparecer. Recuerdo cómo se destruyeron empresas que procuraron dar tratos justos a sus trabajadores en la crisis de 1975; así desaparecieron muchas cooperativas que en general poseen más valores humanos. No pocos buenos empresarios hasta entonces, quebraron al no someterse al sistema económico que los obligaba a reducir remuneraciones, a despedir trabajadores y a quitar otras franquicias anteriores.
Recuerdo especialmente a Unicoop, esa gran cadena cooperativa de supermercados que se desarrolló en la vieja democracia. Cómo captaba leales socios que pagaban sus acciones con los descuentos que sobre sus compras le hacía la misma cooperativa. El sistema era muy interesante. Las municipalidades ayudaban a la cooperativa, entregándoles terrenos y locales para que se estableciera en sus comunas. Recuerdo como había voluntad del Gobierno para ayudarla; fue así que se respaldó un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo(BID) de varios millones de dólares de esa época, gestado a través de CORFO e incluido en un crédito mayor que se le otorgó a la institución por este banco regional, para el apoyo a la comercialización e industrialización de productos agrícolas. Me tocó participar en estas gestiones; recuerdo haber estado en la inauguración de dos locales de Unicoop a fines del Gobierno de Frei Montalva y decir una pocas palabras, fueron los establecimientos de San Joaquín y La Pincoya, los dos primeros que se tuvieran que cerrar al inicio del Gobierno Militar.
El sistema era interesante, ya que por una parte se recibía el apoyo de las municipalidades y por otro, el sistema permitía operar estos nuevos locales a costos marginales relativamente bajos, por las economías de escala de todo el aparato, para así atender a poblaciones de menores ingresos que centraban sus gastos en productos de márgenes más bajos.

Volviendo a la realidad de hoy. Hay grandes dudas que el sistema se corrija. Las luchas por una mayor concentración están en el racional comportamiento del empresario, “si no avanzo a costa del competidor, mi empresa perece”.

Cabría preguntarse, no podremos volver al pasado, el del predominio de las farmacias familiares, a cargo de profesionales farmacéuticos que atiendan directa y humanamente a sus clientes. Que el comprador recupere la confianza en su farmacia. Ello ¿no contribuiría a recuperar valores y a una mejor redistribución de los ingresos?. Esto requeriría de una profunda reforma, difícil de lograr por la constitucionalidad chilena, defensora de sectores privilegiados.

Es muy probable que la guerra entre las cadenas continúe, con períodos de batallas y de paz temporal, con cambiantes y desorientadores precios a los consumidores, con sus alzas sorpresivas, con páginas completas de publicidad en periódicos, con juicios y sanciones insignificantes, contribuyendo a copar al poder judicial y hasta llegando al Tribunal Constitucional en la defensa de unos pocos grandes intereses privados.

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