Medicina natural, actualidad y economía

La educación chilena en crisis

Pilares del desarrollo socio económico de un país son la educación, la salud, la previsión y la seguridad. Estos cuatro grandes temas enfrentan actualmente situaciones difíciles en nuestro país, que agudizan las desigualdades y repercuten posiblemente en negativas reacciones en sectores de la sociedad. En este artículo me referiré en particular a la educación.

El tema puede abordarse inicialmente con enfoque doctrinarios extremos. Uno es el considerar la educación, un servicio público para contribuir al desarrollo humano; un derecho constitucional, asociado a que el niño o el joven que viva en el país tengan el derecho a una educación gratuita de calidad desde la sala cuna hasta los altos niveles universitarios. Otro enfoque es considerar la educación como una prestación de servicios de carácter esencialmente económico y que su generación y uso descanse principalmente en el mercado.

La realidad de cada sociedad es probable que nunca llegue a los límites extremos señalados y evolucione alejándose de los extremos o acercándose a ellos.

Más adelante me  refiero especialmente a dos situaciones a mi juicio tremendamente graves, ellas son la de la educación municipalizada y la de las universidades estatales.

Ambos temas pertenecen a lo que podemos llamar la educación pública.

El gobierno militar con su orientación profundamente neoliberal, generó estas tristes y preocupantes realidades, que terminaron en un daño profundo a la educación chilena y en beneficios increíbles al negocio de la educación privada, especialmente al nivel universitario. En torno a esto se ha desarrollado una negativa estructura de poder que ha generado una serie de intereses que motivan que el sistema no pueda corregirse y que incluso se llegue al incumplimiento de disposiciones legales, como las prohibición de la existencia del lucro en la universidades privadas..

En Chile tuvimos en el pasado un derecho a que toda familia, todo individuos, pudiese disponer de una educación gratuita de calidad, desde la primaria o básica hasta la universitaria o técnica superior. Con algunas limitaciones en los niveles superiores, como la de cumplir determinados requisitos, especialmente mostrar aptitud y capacidad para un buen desempeño en su formación profesional y técnica superior.

Aquí debe distinguirse la educación obligatoria de las otras de carácter optativo; la obligatoria debe ser gratuita y desde luego de calidad; así lo era en la antigua democracia, en gran parte del territorio nacional.

A partir del Golpe Militar y de la incorporación del estilo de desarrollo basado en el neoliberalismo, la educación tuvo cambios muy importantes.

Una dictadura, – especialmente con las característica de la que se inicia en septiembre de 1973 y frente a la realidad en que se encontraba el país,- para afianzarse debe tomar una serie de medidas entre otras debilitar o destruir estructuras que puedan ser defensoras de la democracia, superar obstáculos a que la dictadura se afiance y perdure por largo tiempo. Lo vimos en Chile con lo que se hizo con los gremios de obreros, empleados y profesionales (sindicatos y colegios profesionales); desde luego también con los partidos políticos.

El Ministerio de Educación fue fuertemente afectado, como también las universidades del Estado. En forma resumida, recordemos cómo fueron destituidas masas de profesores, algunos asesinados, otros hasta ahora desaparecidos. Su colegio profesional y sus organizaciones gremiales fueron disueltos. Las remuneraciones fuertemente reducidas junto con generar la inestabilidad de su trabajo.

El perjuicio que se le ha hecho al profesorado chileno fue inmenso; eso sin duda ha contribuido a dañar a la educación y posiblemente a menospreciar al profesor y favorecer un menor respeto hacia él de parte del alumnado y de sus padres y apoderados. En el pasado el profesor era un ser apreciado y respetado en la sociedad chilena, tanto a nivel nacional como en la base misma de la población.

Tengo el triste recuerdo de una reunión desayuno en 1990 a la cual el rector del Instituto Nacional invitó a los decanos recientemente electos que habían sido alumnos de ese establecimiento. Asistí a ese encuentro como decano de una de las facultades; en la mesa había varios profesores. Me quedó grabado en la memoria y podría decir en el corazón, cuando una de las profesoras presentes señaló que su sueldo era más bajo que el de una empleada doméstica; eso recibía un profesor del Estado en uno de los mejores establecimientos educacionales de la nación.

Recuerdo con tristeza e indignación cuando un par de profesoras durante el Gobierno Militar me contaban como eran acosadas sexualmente por autoridades municipales.

Recordaba hace unos pocos días con un distinguido profesor de matemáticas, cómo era el sistema antiguo de remuneraciones y de carrera funcionaria. Existían los trienios, pasado tres años los sueldos tenían un importante aumento, un pago a la antigüedad, a la mayor experiencia y un apoyo a las mayores necesidades familiares.

Por otra parte el profesor podía hacer carrera concursando a cargos en todo el territorio nacional. Así un profesor iniciado en una escuelita rural podía ascender a los niveles superiores e incluso alcanzar altos cargos del Ministerio de Educación. Eran evaluados por sistemas idóneos que daban confianzas y existían centros de capacitación. El director de la escuela pública era designado por méritos y era apreciado por la comunidad; podía desarrollar su cargo con personalidad propia. Cada establecimiento educacional tenía su propio proyecto de desarrollo.

Fueron famosas en el pasado las escuelas normales. Formaban profesores con mística y gran capacidad educativa.

Educación municipalizada. Hay bastante consenso en que esta educación está en crisis. Se refleja en que cada día se observa que menos estudiante pertenecen a esta educación pública y en general el rendimientos de estos alumnos es comparativamente más bajo y con grandes desigualdades entre establecimientos y comunas. Surgen las noticias de que nuevas escuela van desapareciendo ya que las municipalidades, especialmente más pobres, son incapaces de financiar con el aporte fiscal el mantenimiento de estos establecimientos.

Se puede afirmar que para una mayoritaria opinión pública, la municipalización de la educación especialmente básica y media ha sido un fracaso. Para el Chile de la democracia del pasado, la escuela pública y el liceo fiscal habían sido exitosos; el profesorado era respetado por la sociedad y por el Estado. Gabriela Mistral fue un símbolo y cuántos destacados hombres públicos provinieron de la escuela pública, del liceo fiscal y de la universidad pública gratuita. Cuánto ascenso social se logró por el sistema de educación pública, dependiente del Ministerio de Educación y de las grandes universidades públicas del pasado, en particular de las universidades de Chile y Técnica del Estado, que cumplían sus responsabilidades académicas especialmente de educación, investigación y extensión.

Una herramienta importante de la dictadura para ejercer su poder fue la municipalización de la educación, haciéndola depender en lo principal de los alcaldes designados. Parece increíble que esa municipalización todavía persista, después de más de 20 años de democracia.

Hoy el financiamiento de la educación municipalizada es nefasto. Muchas municipalidades deben destinar recursos propios a financiar la educación de su comuna, lo que sin duda afecta más a las comunidades más pobres. Las deudas de las municipalidades en muchas de ellas han llegado a ser inmensas, afectando tanto a su profesorado como a la mantención y desarrollo del establecimiento educacional. Desde luego esta situación daña el cumplimiento de otras obligaciones muy propias de cada municipio.

Las comunidades más pobres, donde los padres menos pueden ayudar a sus hijos, deberían tener los mejores establecimientos; lo que sucede es lo contrario. Cada establecimiento debiera tener un financiamiento propio basado en el servicio que debe dar y en su necesaria evolución; cada establecimiento debería ser una verdadera empresa social.

Qué sucede hoy. El Ministerio entrega un aporte a la Municipalidad considerando el número de alumnos y los porcentajes de asistencia. Las zonas más pobre es habitual que tengan escuelas con menos alumnos y que la asistencia de ellos a clases sea menor. El sistema obliga a que las Municipales creen corporaciones educacionales de relativa autonomía, teniendo que financiar personal para esas funciones.

No puede dejar de recordarse la famosa deuda histórica con el profesorado. Algunos de las comunas de más recursos no sufrieron este problema, otros profesores por fallos judiciales lograron recuperar parte de sus recursos patrimoniales y en algunos casos debiendo la municipalidades liquidar patrimonios para cumplir con lo exigido por la justicia. Para otros profesores, los fallos les fueron adversos y muchos otros, nada pudieron hacer y nada por lo tanto recibieron.

Increíble que en Chile se hayan producido injusticias de esa naturaleza. La nueva democracia fue incapaz de corregirlas. Uno puede preguntarse, será eso consecuencia de una pérdida de valores en nuestra sociedad.

La educación pública universitaria.

Las dos grandes estructuras públicas de la educación universitarias fueron prácticamente destruidas. La Universidad de Chile fue fraccionada dejando sus sedes provinciales como universidades independientes. Lo mismo se hizo con la Universidad Técnica del Estado que pasó a denominarse Universidad de Santiago; la Universidad de Chile llegó  también a ser básicamente de la región Metropolitana, perdió todas sus sedes entonces provinciales que iban en clara y definida expansión. El entonces reciente estatuto de la Casa de Bello, gestado desde fines de los años 60 y comienzo de los 70, contemplaba que cada sede regional quedaba a la cabeza de un vicerrector universitario, y la meta era que las sedes llegasen a ser paulatinamente una universidad completa. Recordemos que en Santiago se establecieron cuatro sedes identificadas por los puntos cardinales; cada una de ellas tenía a la cabeza un “vicerrector universitario o de sede”.

Varias de las fracciones regionales de las dos universidades, de la de Chile y de la Técnica del Estado, fueron integradas en nuevas universidades locales.

Se exoneraron a muchos académicos principalmente por razones políticas. Primero lo fueron los de ideas o militantes de izquierda, para después exonerar a muchos que no concordaban con el pensamiento neoliberal. Departamentos y cátedras fueron eliminadas, como lo fue la asignatura de Educación Cívica en la educación secundaria, situación que increíblemente todavía perdura.

No olvidemos que las autoridades de estos establecimientos fueron designados por la autoridad militar. En la Universidad de Chile varias veces se dio que cuando había cambios de mandos en el Ejército, regionales y de regimientos, se cambiaba a su rector.

La P. Universidad Católica de Chile tuvo la suerte de tener un rector designado por largo tiempo; posiblemente ello se debió a la relación de esta Casa de Estudios con la Iglesia Católica y que al parecer influyó también que esta universidad quedó en cierto grado bajo la tutela de la Marina, rama bastante católica.

Hasta antes del Golpe Militar, las universidades del Estado disponían de importantes recursos financieros. Una ley especial establecía un impuesto a las remuneraciones cuya recaudación iba para esos establecimientos.

El modelo neoliberal que se implantó y que después se reflejó en la Constitución, eliminó todo tipo de impuestos para fines específicos, salvo para las Fuerzas Armadas que quedaron con un ingreso propio obtenido del 10% de las ventas de Codelco. Debo sí señalar que la Constitución establece la posibilidad de que se apueben impuestos regionales para fines específicos.

Al perder la Universidad de Chile esa fuente de ingresos propios provenientes de impuestos que generaban recursos reales crecientes, pasó a ser dependiente en alto grado de los aportes que le asigne cada año la ley del presupuesto nacional, los que fueron cada vez menores para cubrir el cabal cumplimiento de sus objetivos; se la forzó así a tener que recurrir a cobrar aranceles a sus alumnos, y que éstos fuesen elevándose en valores reales a través de los años.

Fue así como la enseñanza universitaria pública que era gratuita, que constituía un orgullo nacional, que tanto sirvió para el ascenso social y para formar profesionales con compromiso con la sociedad, debió paulatinamente establecer aranceles crecientes para poder financiarse. Lo habitual fue que cada año se subiesen los aranceles a tasas mayores que la de la inflación, a veces respetándose el arancel real a aaaaaalumnos dea los cursos anteriores y subiendo en términos reales a los nuevos ingresados.

Tema aparte es lo que significó para la universidad pública el financiamiento de la investigación. Parte importante de ella ha tenido que financiarse con recursos de privados que se ven beneficiados ya que suman a sus propios aporte, los que le entrega la universidad con el trabajo de sus investigadores y con el uso de muchos de sus activos, especialmente sus laboratorios. Ha perdido con ello la universidad parte importante de su autonomía en este quehacer académico; debilitando la investigación a favor de los grandes beneficios para la sociedad y favoreciendo a minorías con poder.

Días atrás conversaba con un ingeniero quien me decía que tuvo 6 hijos, hoy día no los podría haber educado para obtener sus títulos profesionales. Me consta que en la actualidad matrimonios limitan su número de hijos por el riesgo de no disponer más adelante de los recursos para educarlos.

Los gobernantes de hoy no analizan que la preocupante reducción de la natalidad se pueda deber en parte a esta causa, a lo que se suma la eliminación para muchos estratos socioeconómicos de la asignación familiar, suprimida por el modelo neoliberal impuesto por la dictadura militar. Al parecer las Fuerzas Armadas de Chile no pensaron el impacto geopolítico de medidas de esta naturaleza.

La educación gratuita, especialmente la universitaria, creaba generaciones de profesionales comprometidos con la sociedad; con los años cada día quedan menos de aquéllos; ahora gran parte de las nuevas generaciones que se forman con fuertes inversiones monetarias, salen a ejercer su profesión con otra mentalidad. Muchos de ellos egresan con elevadas deudas, asociadas a altos intereses, los que han contribuido a la expansión de las utilidades del sistema bancario. Incluso parte importantes de esos préstamos ha sido con el aval del Estado(CORFO).

No pocos académicos de las universidades públicas, formados en ellas, han debido pasar a ser servidores de universidades privadas generadoras de utilidades y de formación de grandes patrimonios, incluso algunas de esas lucrativas empresas han sido vendidas al capital extranjero. No olvidemos que las universiaddes privadas  no pueden tener legalmente fines de lucro, pero los resquicios legales en Chile han permitido, en el pasado y en el presente, vulnerar la voluntad de los legisladores  y el espíritu de la constitución y de las leyes.

Qué falta de visión de futuro se nos fue presentando en Chile y que aún perdura.

En la política educacional hay actualmente dos materias de especial preocupación, una educación municipalizada y la otra la educación superior y su financiamiento.

Las universidades del Estado tenían un financiamiento autónomo, como ya lo he mencionado anteriormente, otorgado por leyes específicas y ellas formaban una verdadera red académica nacional en expansión.

Todo eso fue destruido durante el Gobierno Militar principalmente, en mi opinión, por dos grandes razones. Una, la búsqueda del debilitamiento de estas dos grandes estructuras defensoras por tradición de la democracia y la otra, por la llegada al gobierno de un neoliberalismo de los más extremos que se han observado en el mundo.

Si bien es cierto, sectores importantes de las fuerza armadas no eran partidarios de ese neoliberalismo extremo, éste terminó imponiéndose fundamentalmente por la decisión del General Pinochet que logró un poder enorme dentro de las mismas fuerzas armadas a lo que se sumó poderosos intereses nacionales e internacionales que apoyaron la penetración y el reforzamiento de ese estilo de desarrollo.

En mi opinión este modelo o estilo de desarrollo ha contribuido a un debilitamiento geopolítico preocupante que se refleja en varias realidades: la profundización de las desigualdades sociales y económicas, la concentración vergonzosa del poder económico, el debilitamiento preocupante del Estado y, los conflictos sociales. Otros ejemplos más específicos han sido el debilitamiento extremo de los ferrocarriles, el retroceso relativo importante de las zonas extremas y los riesgos de una crisis energética ya reflejada en los altos costos de la energía eléctrica y la inseguridad en los abastecimientos futuros. No debe dejar de ser preocupante también la extranjerización de sectores muy importantes de la economía nacional y dentro de ésta especialmente la generación y distribución de la energía eléctrica. Extensas superficies de nuestro territorio ya pertenecen a extranjeros.

El daño a la educación chilena ha sido enorme, lo que compromete la formación de los recursos humanos de amplios sectores de la población. Se ha jugado con la ambición de los padres de tener hijos profesionales, desarrollándose vacantes en varias carreras muy superiores a las necesidades del país. Parte importante de sus alumnos egresan con deficiente formación y posiblemente muchos de los clientes alumnos captados no tenían la aptitud ni formación adecuada para llegar a ser universitarios.. Por otra parte se redujo en términos relativos la formación técnica, llegando así a una preocupante relación entre número de técnicos y de profesionales. El país de hoy, en muchos campos, carece de técnicos en número y de buena formación, frente a una sobre oferta de profesionales, muchos de los cuales terminan sin poder ejercer sus carreras.

Quisiera también destacar finalmente el debilitamiento del sentido de solidaridad para terminar fomentando un egoísmo, un marcado individualismo; ello seguramente en parte consecuencias de las fallas de nuestro sistema educacional. Existe paralelamente en importantes sectores un marcado resentimiento social que genera una violencia para muchos no comprensible. Preocupa a muchos la falta de respeto a las fuerzas de orden, que parecen incapaces de enfrentar los desórdenes sociales, los que tenderían a agudizarse.

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