Los pastizales y los incendios. Inquietudes y planteamientos para superar esta asociación. Formación de brigadas voluntarias

Los pastizales cuando se secan son las fuentes principales de los inicios de los incendios forestales, como también de otros lugares como campamentos habitacionales y otros espacios de residencia y de actividades de otra naturaleza. Por ejemplo debe recordarse la limpia de pastizales en Concón para proteger la refinería de petróleos; en parte el tema tuvo relación con investigaciones de malversación de fondos.

Los pastizales secos facilitan además la expansión de los incendios por las chispas y otras porciones en ignición arrastradas por el viento.

Recientemente tuvimos dos casos de incendios asociados a pastizales. Uno fue en Viña del Mar, en altos de Reñaca, en un sector residencial en que el incendio se inició en los pastos, para después propagarse a matorrales y árboles grandes; el otro es el más lamentable fue el del campamento “Las Totoras” de Quilicura, donde se incendiaron una alta proporción de las viviendas, con pérdidas no solo de la vivienda misma sino de lo que se tenía en su interior. Con toda seguridad “no había seguros comprometidos”.

Pocas semanas atrás se presentó un amplio incendio de pastizales de una gran superficie al sur de Mall Santiago Oeste, que no generó incendios de viviendas pero sí creo situaciones bien críticas de contaminación del aire, que obligó a suspender actividades del mall. Calculo que este pastizal debe haber tenido una superficie cercana a unas cien hectáreas; gran parte de esos terrenos pertenecían a una viña que dejó de tener ahí actividades. Son terrenos de riego o eran terrenos que disponía de agua de riego.

Años atrás nuestra familia experimento situaciones riesgosas. Teníamos unas parcelas de agrado en una de las hijuelas de la Hacienda La Ermita (Hijuela I). Están ubicadas entre el Camino a Lonquén y el Cerro Chena por su vertiente poniente. Al sur de nuestras parcelas está la Hijuela II. Allí había una plantación de frutales, en una superficie de unas 30 ha. Las dueñas entraron en desfinanciamiento y debieron vender la propiedad a su banco acreedor. El terreno en manos del banco quedó sin actividad agrícola entrando a generarse pastizales naturales. Un año se incendió; un día de calor y de fuerte viento; las llamas avanzaron con gran rapidez generando fuerte temperaturas. Pasamos bastante susto. Se nos aseguró que eso no se repetiría; al año siguiente nos pasó lo mismo.

En vista que la institución bancaria no reaccionaba, tomé contacto con la Superintendencia de Bancos, para plantearle el problema; al parecer el banco no podía desarrollar actividades agrícolas. Supe que hubo molestias en la institución bancaria por mi intervención, en la que entre otras cosas sugería que a ella se le autorizara desarrollar en esa propiedad agricultura; las molestias del banco me indicaron que mi petición había dado resultados positivos. Observamos que se empezó con cultivos agrícolas; especialmente papas y alfalfa. Esas son buenas tierras. La propiedad posteriormente el banco la vendió y hoy se tiene ahí una plantación de nogales con alta tecnología, ya en plena producción.

Dejamos de correr riesgos de incendio.

Los pastizales secos en alta proporción terminan quemados.

Desde hace muchos años he estado luchando por llevar adelante una idea de programa a base de lograr que una masa ganadera consuma oportunamente esa vegetación antes de secarse y llegar al período de altas temperaturas y fuertes vientos. Cerros y lomajes de fuerte pastoreo generalmente no se incendian. Mi idea era que evitando la presencia de esos pastizales, transformábamos el futuro incendio en una actividad generadora de empleo y de producción de alimentos, contribuyendo además a una mejor conservación de la flora y fauna y reduciendo la contaminación atmosférica y dando una contribución a la lucha contra en calentamiento de la tierra.

Pero nada de eso prosperó.

La triste experiencia del campamento Los Totoras de Quilicura, me ha llevado a pensar en un programa preventivo de incendios. En el caso de este campamento, habría sido posible evitarlos con la limpia de los pastizales de parte de su contorno y quizás mucho más fácil con quemas controladas que van dejando espacios quemados como efectivos cortafuegos.

Cualquiera persona capacitada en la materia habría diagnosticado lo que podía suceder y sucedió. Fue el fuego y el calor generado por el incendio, agudizado por los vientos dominantes que motivó su avance hasta el campamento mismo y dentro de él habría habido mucho material combustible, innecesario, que contribuyó a propagar el fuego en el interior del campamento.

Pienso que para prevenir estas catástrofes podrían organizarse brigada de voluntarios que se capaciten en estos temas, identifique las situaciones de riesgos y participen en los programas de reducción o anulación de riesgos. Estas brigadas de voluntarios podrían ser de distintas edades y tener organizaciones similares a las de bomberos, a la Cruz Roja y a la Defensa Civil especialmente. Estoy seguro que una organización de esta naturaleza contaría con el apoyo de Gobierno, con los ministerios de Educación y Salud, con las organizaciones deportivas y las iglesias de distintos credos.

A nivel de las universidades, especialmente en Ciencias Forestales de la Universidad de Chile, se tienen amplios conocimiento. Estoy cierto que académicos y estudiantes estaría dispuesto a capacitar a los integrantes de este nuevo cuerpo tanto para hacer diagnósticos, identificar situaciones de riesgo y para finalmente actuar preventivamente.

Estoy seguro que lo que sucedió en el Campamento Las Totoras era pronosticable y con una quema controlada, posiblemente con la ayuda y control de una compañía de bomberos, se habría evitado esta tremenda catástrofe para esa población de escasos recursos económico, que han sufrido tan tremendas pérdidas.

Convendría tener presente que el Cuerpo de Bomberos de Chile, nace después de un gran incendio en Valparaíso en 1851.

El Gran Incendio de los Cerros de Valparaíso pudo perfectamente evitarse; las soluciones preventivas estaban definidas perfectamente y los pronósticos se conocieron. Solo faltaron los recursos económicos y la agilidad administrativa y ejecutiva para hacerlo. Posiblemente una organización de un voluntariado pudo haber ejecutado lo que se recomendaba.

De las catástrofes recientes ojalá surjan organizaciones como la que propongo. Ellas podían también extenderse a sectores plenamente urbanos, considerando otros factores de riesgos, como son los hacinamientos humanos y el manejo de las energías, especialmente la eléctrica y la de gas.

Las labores de estos brigadistas es posible que genere grandes satisfacciones a los que las constituyan y contribuyan a ampliar los valores solidarios que tanto necesita nuestra sociedad.

¿Algo que decir? comparta con nosotros un mensaje:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

4 Comments
  • ALFONSO SILVA
    28 diciembre 2017

    Muy bien acotado el comentario, le adjunto algo que le puede interesar con respecto a Brigadas Voluntarias Forestales, que alguna vez funcionaron en Chile, solamente debe buscar en el Google la página web:
    BRIGADAS VOLUNTARIAS FORESTALES.

    Un abrazo

  • RChateauneuf
    28 diciembre 2017

    28 de diciembre de 2017

    Alfonso: Gracias por sus comentarios y su información sobre las brigadas. Atentamente. Rolando

  • Francisco bley
    1 octubre 2018

    Hola…ya existen brigadas forestales voluntarias….habemos 6…..La Florida, San José de Maipo, Lampa, talagante y Laguna Verde….nos estamos organizando y operando!
    http://Www.BEAF.cl

  • RChateauneuf
    2 octubre 2018

    2 de octubre de 2018

    Estimado Francisco:

    Gracias por tan positiva información. Les deseo éxito. Atentamente. Rolando