Medicina natural, actualidad y economía

Preocupación por las características de la matriz exportadora. El Mercurio sigue señalando en sus editoriales inquietudes por la economía nacional

 El sábado 27 de abril El Mercurio publicó en su página editorial en “Temas económicos” un interesante artículo en que plantea como condiciones necesarias para que el país alcance su desarrollo, diversificar su matriz exportadora y la no dependencia de comodities. Da interesantes antecedente sobre la realidad nacional de los últimos años, en los que la minería ha aumentado su presencia en la economía chilena, especialmente la del cobre con su alto precio, reduciendo la importancia de la industria y la agricultura.

 Se va al extremo de las aspiraciones para señalar que Chile debe exportar inteligencia (valor agregado) y esto plantea retos a los sectores público y privados.

 Da pena observar que no profundiza el artículo en las causas de esta evolución regresiva de la economía chilena y las indeseadas características de la matriz exportadora actual.

 Cabe hacerse la pregunta, ¿es posible diversificar la matriz exportadora con el bajo valor de la divisa, como consecuencia principalmente de la abundancia de ella proveniente principalmente de la minería y en especial del cobre, actividades agotantes de nuestros recursos no renovables, como lo son los mineros”. Riqueza y empleo para hoy, hambre y cesantía para mañana.

 Qué falta nos hace tener un sistema nacional de planificación de carácter estatal que esté haciendo un diagnostico continuo, planteando prognosis, hacia dónde va nuestra economía e incluso nuestra sociedad y sugiriendo medidas de políticas, no sólo con visiones cortoplacistas sino que con mirada de futuro, de ayudarnos a alcanzar el país que deseamos.

 Las inversiones en alta proporción se han ido destinando a la minería alentadas por los altos precios de los minerales. El empleo en esta rama es creciente, con altas remuneraciones, dañando la disponibilidad de trabajadores en otros sectores de la actividad económica, dentro de éstas especialmente la agricultura. Impresiona como crece la población en las zonas mineras.

 Más adelante continúo analizando este tema y presento in extenso el artículo de El Mercurio que comento.

 

Cabe preguntarse qué pasara cuando el auge de la minería desaparezca. Pasamos susto recientemente porque cayó fuertemente el precio del cobre por una leve reducción que se observó en la economía china. El costo de la producción minera, especialmente de la del cobre, al parecer seguirá subiendo debido a la tendencia a la baja en la ley de metal rojo de los yacimientos mineros, sin considerar otros aspectos adversos como las deficiencias e inseguridades en los abastecimientos de energía eléctrica.

 En artículo anterior hago referencia a una interesante entrevista a un prestigiado e informado economista que anuncia una posible caída de la economía china y a difíciles mercados que se le generarán al cobre, que hace peligrar que su precio se reduzca a la mitad de sus valores actuales.

 Qué incapacidad del modelo de desarrollo chileno para usar esas divisas para el desarrollo del país, para capitalizarlo y tecnificarlo y no para hacer caer el valor del dólar y con ello facilitar importaciones que dañan profundamente a muchos sectores productivos que generan bienes de mayor valor agregado. Ese bajo valor de la divisa desalienta exportaciones provenientes de actividades en las que tenemos ventajas comparativas; bien señala el artículo la pérdida de importancia en Chile de la industria y la agricultura. Con esa caída del valor de la divisa, con su inestabilidad y las incertidumbres que la rodean, qué posibilidad real tenemos de avanzar en procesos más sofisticados, con mayor desarrollo y uso de nuestras inteligencias.

 La carencia de una política cambiaria está dañando profundamente a la economía nacional, generando grandes desequilibrios sectoriales y regionales. Además contribuye a un mayor consumismo, al endeudamiento asociado al bajo ahorro nacional.

 Qué podemos decir de la capacidad de formación de recursos humanos y del progreso científico y tecnológico, de avanzar en ciencia y tecnología, con el debilitamiento de nuestras auténticas universidades. Nos llenamos de profesionales innecesarios y mal preparados, muchos de ellos altamente endeudados, provenientes de un sistema universitario dominado por el lucro de gran parte de las universidades privadas y por la lucha por la supervivencia de las universidades públicas lanzando más profesionales al mercado para captar recursos para ellas esenciales provenientes de los aranceles crecientes que se les cobrar a sus estudiantes. Todo esto ha ido generando un grave desequilibrio entre las relaciones de cantidades de profesionales y técnicos. Se suma a ello que la universidad pública se ve limitada cada vez más en los recursos para financiar la investigación científica y tecnológica para el desarrollo del país, destinando sus limitados recursos preferentemente a asociarse a los aportes de intereses privados para investigar a favor de minorías y de la concentración de los ingresos y de la riqueza

 Cuesta aceptar que el país no sea capaz de destinar esas abundancias de divisas al desarrollo del país, sino que van a estimular importaciones sustitutivas de nuestras producciones y con la caída del valor de la divisa dañar al proceso exportador de bienes con mayor valor agregado.

 Que lamentable que el Estado chileno no tenga equipos capacitados y estables de recursos humanos que estén analizando estas realidades y que aporten sugerencias sobre las políticas que el país debiera llevar adelante con visión de futuro. Lo anterior se subsanaría si volviésemos a tener un sistema nacional de planificación económica y social, ya sea una Dirección Nacional de Planificación o un MIDEPLAN junto a oficinas sectoriales y regionales de planificación. Hoy nuestro sistema planificador estatal parece sólo preocupado de los temas de la pobreza.

A continuación presento el artículo de El Mercurio al que hago referencia

Sábado 27 de abril de 2013

Temas económicos

La diversificación de la matriz exportadora y la no dependencia de commodities son condiciones necesarias para que el país alcance el desarrollo. Nuestra histórica dependencia del cobre debe dar paso a un proceso de sofisticación de nuestras exportaciones. En el mediano y largo plazo, Chile debe exportar inteligencia (valor agregado), y esto plantea múltiples retos a los sectores público y privado.

¿Se diversifica nuestra matriz exportadora?

Chile es “cobredependiente”. Dicho metal aporta más del 12% de los ingresos del Estado -se estima que por cada centavo que aumenta el precio del mismo, el Estado recibe 120 millones de dólares adicionales-; en 2012 aportó el 53,5% del total de exportaciones en bienes; el ciclo alcista de su precio, iniciado a mediados de 2006, explica que el 60% de la inversión materializada vía D.L. 600 tenga como destino el sector minero; solo en 2011, este contribuyó con el 22,4% de la formación bruta de capital fijo en el país.

Por eso, la reciente caída en el valor de este metal ha alertado a la autoridad económica y al mercado. Desde el 12 de abril ha retrocedido aproximadamente 7% en su valoración, y si bien durante las últimas jornadas ha mostrado un leve repunte, el valor promedio de 399 centavos de dólar la libra, alcanzado en 2011, parece lejano. Algunas voces incluso están planteando que su valor podría acercarse a 300 centavos la libra en un futuro cercano. Si a esto se agregan los aumentos en los costos de producción, la situación es muy delicada.

Esto obliga a reflexionar sobre la evolución de las exportaciones de nuestro país en bienes y servicios, en general. Chile, integrado al mundo, debe estar continuamente buscando nuevos mercados y ampliando sus exportaciones. Este fue el modelo utilizado décadas atrás por países como Corea, que primero impulsaron su comercio internacional y luego basaron en él su estrategia de desarrollo. Pero, según los datos, Chile no ha logrado avanzar significativamente en diversificar sus exportaciones.

Exportaciones no mineras: ciertamente posibles

Las cifras del Banco Central muestran que el valor de las exportaciones de bienes alcanzó en 2012 a 78.810 millones de dólares (FOB). De ellos, 46.537 millones (59%) correspondieron al sector minero, en el que el cobre contribuyó con 42.184 millones de dólares (91% del sector, 53,5% del total de exportaciones en bienes). Y si bien el predominante rol de dicho metal en las cifras de nuestro comercio internacional es parte de nuestra historia económica, en los últimos años ha aumentado en forma significativa. Por ejemplo, en 2003 su participación en el total de exportaciones de bienes era de 36,9%.

Naturalmente, este importante aumento en su participación ha sido impulsado por su mayor precio -el “superciclo” que se inició a mediados de 2006-, pero también alerta sobre la necesidad de que otros sectores de nuestra economía abran nuevos mercados y coloquen nuevos productos. El boom de los commodities evidencia la necesidad de diversificar nuestra matriz exportadora. Entre 2003 y 2012, la proporción de las exportaciones de bienes de sectores no mineros respecto del total sufrió una reducción de 59,5 a 41% (cifras del Banco Central). En esta caída destaca el sector industrial, que pasó de contribuir con 49,6% del total de exportaciones de bienes en 2003 a solo 33,8% en 2012. Algo similar se observó en el sector agrícola-silvícola y pesquero, que pasó de 9,9% en 2003 a 6,5% en 2012.

En este sentido, las recientes cifras respecto de la exportación de servicios de nuestro país son positivas: según el Banco Central, pasaron de 5.103 millones de dólares en 2003 a 12.626 millones en 2012 -un aumento de 143%-. De estos, casi 30% correspondió a servicios de mayor valor agregado, o “servicios no tradicionales”. Si bien este crecimiento no es comparable con el del sector minero -que creció 430% en el mismo período-, sí sugiere que existen oportunidades para reducir nuestra dependencia de los commodities , mediante la exportación de servicios más sofisticados, que no están restringidos por nuestra lejanía de los grandes mercados.

Lo que falta: capital humano, innovación e incentivos

Para avanzar hacia el desarrollo, Chile debe ser capaz de progresar en producción y exportación de bienes y servicios de mayor valor agregado. Los recientes avances en la exportación de servicios no tradicionales son un paso importante en esa dirección, pero aún queda mucho por hacer. En el corto plazo, las políticas públicas deben contribuir a incentivar el desarrollo de empresas que puedan operar no solo en el mercado local, sino también en el global. Ese emprendimiento global puede asegurar nuestro desarrollo futuro. Además, es necesario profundizar la agenda de impulso competitivo modernizando la normativa que regula los servicios de exportación. En el largo plazo, el país requiere desarrollar una política de capital humano que transforme nuestra estructura productiva desde la producción de materias primas a bienes y servicios de mayor valor agregado.

En el Año de la Innovación, es de esperar el arribo de políticas públicas que aseguren este camino al desarrollo, junto a una estructura productiva que nos permita competir en el mercado global.

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