Medicina natural, actualidad y economía

Sobre el Banco Central en la nueva constitución. Debería ampliar sus atribuciones al campo de la política cambiaria y algo más

Sin dudas el Banco Central es fundamental en la economía de un país. No solo debería ser en la política inflacionaria, sino que en un campo más amplio. En el caso de Chile lo debiera ser en grado importante en la política cambiaria. Como también debiera contemplarse que esta entidad bancaria pudiese prestarle al Gobierno en caso de catástrofe nacional. La constitución actual solo contempla poder prestarle al Gobierno en caso de guerra o temor de guerra.

Sobre política cambiaria:

Un valor adecuado de la divisa es muy importante para Chile. La carencia de una política cambiaria hace que su valor dependa en alto grado de los precios internacionales del cobre.

Nuestro país está muy ligado al comercio exterior. Una parte importante de la producción va a los mercados externos por varias razones. Una de ellas son los recursos mineros y especialmente del cobre; actualmente el litio se ve de mucha importancia a futuro. En ambos recursos no renovables sus reservas tienen significados mundiales.

El otro rubro importante es el de los recursos forestales, que en general se pueden considerar que casi todos son renovables; algunos del bosque nativo no lo son, dentro de ellos pueden destacarse la araucaria chilena y el alerce. Estos podrían serlo, pero en un larguísimo plazo.

Chile tiene condiciones ecológicas extraordinarias para le producción de pino insigne. Su crecimiento tiene una doble rapidez que la que tiene el hemisferio norte. Su condición para producir celulosa y papel son extraordinarias. El mercado externo para la celulosa se ve muy firme a futuro; hoy este producto tiene un alto precio internacional.

Las condiciones ecológicas de nuestro país son muy favorables para una amplia gama de productos agrícolas, especialmente en el campo de la fruticultura. Además los mercados externos son muy favorables por la diferencia de estacionalidad entre los hemisferio Norte y Sur.

El del Norte concentra poblaciones de altos ingresos, incluso crecientes. Las frutas tienen una alta elasticidad de ingreso y los mayores conocimientos alimentario-nutricionales, contribuyen a promover un mayor consumo de frutas y hortalizas frescas.

China, por otra parte, con su crecimiento económico extraordinario, va creando un mercado creciente para nuestra fruticultura, a pesar de que esa nación oriental está apoyando fuertemente su producción frutícola. Pero se debe tener presenta que este país está al igual que Europa en el Hemisferio Norte.

El otro rubro importante de la exportación lo constituye la pesca marítima. A ello suma la condición favorable que nuestro país tiene para los cultivos acuáticos, especialmente para el salmón.

A todo lo anterior, se puede agregar el turismo; Chile posee un interesante potencial de desarrollo en este rubro, cuya demanda internacional es creciente; baste mencionar la expansión de los cruceros.

Por otra parte, dependemos bastante de las importaciones. Hay productos  que no los podemos generar en el país como son alimentos de agriculturas tropicales, ejemplos son el café y los bananos; en parte está la azúcar, especialmente al pasar IANSA a propiedad privada. También por las condiciones climáticas estamos siendo importadores estacionales de frutas que se producen en el país y que exportamos en otros períodos del año.

Igualmente necesitamos importar muchos bienes de capital que no estamos en condiciones de producirlos en el país. Otra importación importante es la del petróleo.

 

Carencia de una política nacional de empleo. El empleo está bastante dependiente del valor de la divisa y de la política de comercio exterior, especialmente de la arancelaria.

En mi opinión, un tema muy preocupante es el de la industria manufacturera que se ha ido debilitando considerablemente, dañando seriamente el empleo laboral formal. Culpa de ello, a mi parecer, ha sido la errada política cambiaria y también la arancelaria.
Han casi desaparecido rubros importantes que fueron grandes fuentes de empleo como los de textiles y de la confección, los de cuero y calzado, los de las actividades metal mecánica, incluso la generación de insumos para la construcción.

Parece increíble que cuánto se habla de dar mayor valor agregado a nuestras exportaciones, como ejemplo al cobre, y en Chile haya desaparecido la industria elaboradora del metal rojo; cabe recordar con cierta amargura como dejó de existir MADECO, empresa creada por el Estado a través de la CORFO y después privatizada. Ahora nos abastecemos del cobre elaborado en el exterior.

Es alarmante en nuestro país la expansión del comercio y empleo informal callejero y el daño que eso origina al comercio legalmente establecido; perjuicios que también se derivan al ser fuentes para la ventas de productos robados o provenientes del contrabando. Mucho de lo anterior es la carencia de oferta de ocupación formal; cabría preguntarse hasta dónde lo anterior ha contribuido al desarrollo del problema de la droga; su presencia crearía un empleo especial de la juventud, asociado a la caída en la drogadicción.

Es importante analizar las causas de lo señalado anteriormente; a mi juicio dos son las principales, una es la carencia de una política cambiaria que deja el valor de la divisa dependiendo en alto grado del variable precio internacional del cobre y la otra, la apertura indiscriminada al comercio exterior, tanto al adherirse el país a la política internacional de la globalización como a la firma de acuerdos bilaterales.

Las dos causas a mi parecer se derivan en alto grado del abandono en nuestro país de las políticas de planificación del desarrollo socioeconómico y en particular de la carencia de una política nacional de empleo.

El caso impactante es el de Argentina, cómo este país gran productor de alimentos, sufre de un angustioso creciente desempleo, una alarmante pobreza en parte  con presencia incluso de hambre. A mi juicio ello se debe a algo similar a lo que ha sucedido en Chile con el debilitamiento de su industria manufacturera.

Ese país, al igual que Chile, mucho sufrió con el congelamiento del valor del dólar, que perduró en el país vecino por unos diez años y que en Chile se hizo presente solo por tres años, durante el Gobierno Militar, situación que rápidamente fue superada por un cambio en la política de desarrollo que nos liberó del neoliberalismo extremo que se hizo presente en el país con la Escuela de Chicago.

El cambio se produjo a partir de asumir como Ministro del Interior, el nacionalista Sergio Onofre Jarpa, en Economía el Ingeniero Comercial ex Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, Luis Escobar Cerda y en Agricultura, el dirigente empresarial Jorge Prado Aránguiz, conocedor del modelo de desarrollo agrícola europeo. Ese equipo condujo a una devaluación del peso, a establecer aranceles de importación y a una acción de fomento de la agricultura a través de: políticas especiales crediticias, un fuerte desarrollo de la asistencia técnica y una acertada políticas de precios. Se llegó hasta crear una nueva empresa del Estado, COTRISA, para contribuir a lograr que al productor nacional de trigo se le pagase un precio por su producto equivalente al del costo del cereal importado.

Poco se ha comentado el tema, pero impresiona la recesión económica a la que llegó el país a comienzos de los años 80, crisis solo superada por la de comienzos de los años 30 del siglo pasado, que fue una crisis mundial; la de los 80 fue solo de Chile.

La causa principal de esa crisis fue la fijación del valor del dólar por tres años y la facilidad de endeudarse el país con el mercado financiero internacional.

Impresiona como se recuperó la economía nacional a partir del gobierno de ese equipo humano encabezado por Onofre Jarpa, que se extendió por toda la economía nacional, donde puede destacarse la recuperación de la industria manufacturera  y desde luego la agrícola.

En el sector agrícola cabe destacar el aumento de la producción triguera, a consecuencia principalmente del aumento del rendimiento por hectárea. El país llegó a tener una producción de este cereal superior a nuestro consumo, lo que no sucedía desde los años cuarentas del siglo pasado.

La economía nacional al término del Gobierno Militar llegó a niveles algo superiores al que tenía el país a los inicios del Gobierno del Presidente Allende.

Volviendo al tema constitucional, la actual carta magna establece que el Banco Central no puede prestarle al Gobierno, salvo en caso de guerra o de temor de guerra. En mi opinión debería contemplarse otra situación para prestarle al Gobierno. Debería a mi juicio establecerse que pudiese hacerlo en caso de una catástrofe nacional, que sea reconocida como tal no solo por el Poder Ejecutivo sino que también por una amplia mayoría del Senado.

Como ejemplo y justificación podría darse para la reconstrucción de una zona dañada por un terremoto como el de febrero de 2010 en que el Gobierno, para enfrentar la reconstrucción debió destinar recursos que estaban asignados para hacer inversiones en otras regiones del país. En un caso como ese bien podría considerarse que el Banco Central tuviese la facultad de prestarle al Gobierno, como se le autoriza actualmente en caso de temor de guerra o de guerra.

En artículos anteriores he insistido en la conveniencia de realizar en el país un profundo diagnóstico de la realidad nacional; enfrentamos muy serios problemas nacionales y regionales. Deberían estudiarse a fondo las causas de ellos, su evolución y sus prognosis.

La prognosis conduce a prever las situaciones futuras si no se actúa en forma diferente; sus resultados refuerzan la necesaria presencia de un sistema nacional de planificación que haga una amplia gama de recomendaciones.

Tuvimos en el pasado una positiva experiencia con la aprobación en el Gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez  con el Plan Decenal de Desarrollo Nacional, generado en la Dirección de Planificación Nacional y con la creación de Oficinas Sectoriales de Planificación.

 

 

 

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