Medicina natural, actualidad y economía

Va Chile a una profunda crisis. Qué importante es que nos preocupemos de obtener una pronta constitución democrática que sea orgullo nacional

Chile continúa por una peligrosa senda, no hay voluntad para hacer los cambios profundos basados en uno de los principales, en el de una nueva constitución, como lo afirmaba Eduardo Frei Montalva en 1980, la que debía elaborarse a través de una Asamblea Constituyente.

Su posición la respaldaban grandes políticos, auténticos demócratas de otras épocas, de distintas corrientes políticas; eran representantes de los valores políticos del pasado, de personas en general desligados de intereses materiales personales o a minorías con poder económico.

Hoy el país sufre de una creciente violencia y delincuencia, que se agudiza y que nos puede conducir a una muy fuerte crisis que repercuta fuertemente en nuestra organización social y en particular en nuestra economía. No puede dejarse de hacer mención a la violenta delincuencial juvenil e infantil, que tiene que hacernos pensar cómo se comportarán éstos en los años venideros; son pésimos pronósticos.

Capítulo aparte merece el tema de la droga. Por ahora no me referiré mayormente a este tan serio problema.

En mi opinión se hace necesario un profundo cambio en esta sociedad que se inicie con una nueva constitución autentica democrática en sus contenidos y en su gestación. Que contribuya a recuperar valores del pasado que se están peligrosamente deteriorando.

El progreso permanente y estable de un país debe descansar en unos cuatro objetivos básicos. Crecimiento económico, justa distribución de los beneficios de este crecimiento, estabilidad y sustentabilidad, y especialmente del llamado pleno empleo.

Muy importante es que ese desarrollo descanse en el mejoramiento de los valores ciudadanos o al menos en la consolidación de ellos.

La estabilidad y sustentabilidad son esenciales; descuidarlas puede conducir a grandes conflictos y a crisis que terminen por destruir mucho los paulatinamente logros alcanzados.

La estabilidad no solo debe ser en lo económico y en particular en lo monetario-inflacionario; debe serlo principalmente en lo social y político. En cuanto a la sustentabilidad, es muy importante la conservación de los recursos naturales y el evitar la existencia y el deterioro de la contaminación ambiental.

Debemos realmente analizar si no vamos cayendo en un callejón destructivo sin difícil salida. Más adelante me refiero nuevamente a este tema.
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Para llevar el deseado camino adelante se requiere de grandes estadistas, como los que tuvimos en el pasado. Debemos recordar a presidentes como Aguirre Cerda, Ibáñez del Campo y especialmente a Frei Montalva.

La vida de una nación debe descansar en una sólida y respetada constitución, que sea un orgullo nacional como su bandera y su himno patrio.

Recuerdo cómo ese de los últimos grandes estadistas de Chile, Eduardo Frei, planteaba en 1980 como fundamental tener una autentica constitución democrática, nacida de una Asamblea Constituyente. Qué peligrosas eran para la dictadura opiniones de esas como las de Frei Montalva o de Bernardo Leighton; cada día aumenta el convencimiento de que Frei fue asesinado y como se pretendió hacerlo con Leighton en Roma. Además recordemos los asesinatos de Orlando Letelier en EE.UU. y del general Carlos Prats en Argentina.

Extraña cómo pasan los años, los meses y los días sin avances esperanzadores en lograr una auténtica democracia. Intereses transversales beneficiados con el statu quo en nuestra sociedad son obstáculos a los cambios necesarios.

Basta observar como por ejemplo el tema universitario favorece a tantas personas y empresas, a base de extraerles ingresos a ciento de miles de familia. Como el sistema beneficia a los sectores de la publicidad y financieros.

Me amarga, por el futuro de Chile, la baja importancia que se le da al tema.

Hace poco leí palabras nada menos que del Presidente de la Corte Suprema que señalaban su conformidad con el sistema constitucional actual.

Más recientemente Enrique Krauss, abogado de la Universidad de Chile, con sus estudios en liceos fiscales, gran político de la Democracia Cristiana, ex ministro de Estado de dos gobiernos democráticos, uno de sus cargos más importantes el de ministro del Interior por los cuatro años del gobierno de Patricio Aylwin y por ello en algunos momentos Vicepresidente de la República, hoy plantea dudas sobre si Chile necesita una nueva constitución o basta con solo modificar la actual. Todo lo cual para él no es prioritario.

Creo conveniente mencionar textualmente sus respuestas en la entrevista que Marcelo Pinto le hace y se publica en El Mercurio en Reportaje del último domingo (17 de enero de 2016).

Cuando le pregunta:
¿Pero coincide con el espíritu de las reformas? Contesta:

– Plenamente. Creo que la Constitución es necesario reformarla. No tengo certeza si remplazarla.

Se le pregunta a continuación

¿Es democrática? A lo cual responde:

El texto actual me parece, en términos generales, satisfactorio. Lo que corresponde modificar es el proceso formador de la ley, eliminando los quórums calificados para determinadas legislaciones que permanecen como enclaves de un modelo no democrático, regulando la participación en ese proceso de las distintas expresiones del poder ciudadano. No me parece práctico establecer asambleas constituyentes. No imagino el Estadio Nacional transformado en ágora ateniense.*

*Nota: Ágora según la Academia de la Lengua Española; 1. En las ciudades griegas, plaza pública. 2. Asamblea celebrada en ella. 3. Lugar de reunión o discusión.

La pregunta siguiente

– ¿Es prioritario que La Moneda impulse este proceso? Responde:

– A mí no me parece, creo que hay otros problemas más concretos.

Las expresiones de Enrique Krauss me desilusionaron y en parte me amargaron, conociendo sus altos valores. Otros políticos importantes y respetables piensan así, como nada menos que el actual ministro del Interior Jorge Burgos y ese gran político socialista Camilo Escalona. Es comprensible que muchos personeros de la derecha chilena sean defensores del actual sistema constitucional, pero no lo debería ser en políticos de otras corrientes a los que se les debiera considerar como serios y honestos que luchan por el bienestar de las grandes mayorías .

En personas mayores importantes de la Democracia Cristiana, también he apreciado que dominan posiciones conformes con la constitución actual, aunque comparten la idea de modificarla, pero no de cambiarla por otra.

Igualmente he captado en ellos opiniones contrarias a la Asamblea Constituyente. He percibido que habría temor a que en ella se impongan planteamientos del minoritario Partido Comunista, por la habilidad con que sus militantes se desempeñan en los asambleísmos.

Entiendo que en la juventud de la DC existen posiciones mayoritarias a favor de una Asamblea Constituyente. La juventud frecuentemente es más idealista; además piensa más en el futuro.

El Partico Radical que inicialmente defendiera el camino de la Asamblea Constituyente, se le capta en la pasividad. El MEO que fuera uno de los grandes apoyadores de esta senda, aparece políticamente fuertemente afectado y castigado en la opinión pública por las relaciones que habría tenido con SOQUIMICH.

Lo positivo parece ser que la opinión de los chilenos recogida de encuestas, en favor de la Asamblea Constituyente aumenta significativamente.

Las bases de la sociedad parecen distanciadas de las corrientes políticas tradicionales.

Yo he sido desde un comienzo un defensor de lograr una nueva constitución a base del trabajo de una Asamblea Constituyente. Varios factores han contribuido a este convencimiento, tal vez el más importante ha sido los planteamientos que con tanta claridad y firmeza los expuso y defendió para mí uno de los últimos estadistas de la sociedad política chilena, Eduardo Frei Montalva. El otro factor positivo fue mi experiencia al ser miembro del Congreso Transitorio de la entonces gran Universidad de Chile, cuando en 1968 inició el proceso de elaborar un nuevo estatuto para esta casa de estudios.

La base de esa preparación estaba en el trabajo de un congreso integrado por miembros de los tres estamentos: académicos, estudiantes y funcionarios, con 70, 20 y 10 porciento de representación respectivamente. La participación académica estaba constituida por representantes nacionales, de sedes regionales y de facultades e institutos. Yo participé como uno de los representantes académicos de la Sede de Santiago. Los otros dos estamentos estaban constituidos solo por representantes nacionales. El académico podía votar por tres candidatos, uno nacional, otro de su sede regional y el otro de su facultad o instituto.

El sistema establecido descansaba en que lo que aprobara el Congreso con alto respaldo quedaba a firme. Lo que no alcanzaba la mayoría límite establecida, iba a plebiscito.

Debo señalar que se llegaron a resultados muy parecidos por estamentos.

En todas estas discusiones me recuerdo el valioso aporte de académicos del Pedagógico y de la relativamente entonces nueva Facultad de Ciencias.

Para mí y creo que para muchos, bastante aprendimos en ese congreso para conocer mejor a nuestra universidad y a madurar posiciones para lograr un gran estatuto para ella.
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Anteriormente expresé “de la entonces gran Universidad de Chile” ya que para esos días tenía: sedes regionales, al Pedagógico y a carreras que fueron eliminadas por la Dictadura cívico-militar, para pasarlas al Instituto Profesional de Santiago. Además estaba presente una amplia representación ideológica, especialmente en el sector académico.

Muy importante era sin duda su relativa independencia financiera, proveniente de una legislación especial que le permitía recibir ingresos que aumentaban  de acuerdo al crecimiento económico nacional, tipo de legislación que fue después eliminada y además prohibida por la constitución de 1980, con disposiciones que aún existen. No pueden hoy haber constitucionalmente leyes que financien destinos específicos, salvo en la disposición de excepción para el destino a las Fuerzas Armadas del 10 por ciento de las ventas de CODELCO y para eventuales financiamientos especiales con destinos regionales.

Ese financiamiento del pasado daba a la Casa de Bello la gran autonomía que debe tener una universidad nacional y pública, para desarrollar sus responsabilidades académicas en docencia, investigación, extensión y creación artística, mirando los grandes intereses nacionales, especialmente de los sectores más desfavorecidos. Muy importante en su función pública, cúspide del Sistema Nacional de Salud, fue su hospital universitario el José Joaquín Aguirre con un sólido financiamiento estatal.

Su docencia era gratuita y se desarrollaba pensando por lo tanto no en su financiamiento sino en las necesidades del desarrollo del país. Un alto porcentaje de los profesionales formados en Chile provenían de esta casa de estudios y con fuerte presencia en ellos de valores solidarios, provenientes en grado importante de su formación gratuita de profesional y de especialista.

Esas generaciones de académicos van paulatinamente reduciendo presencia.

Además en relación a esto, teníamos una constitución que menos estimulaba las aspiraciones económicas individuales, como lo hace la que hoy nos rige.

Su rector era una de las grandes autoridades del país. Me permitiría calificarlo a nivel de un super ministro o de un vicepresidente de la República.

Qué lejos estamos hoy de esa situación.

La dictadura cívico-militar debilitó seriamente a la Universidad de Chile. Le quitó toda su presencia regional y además el Pedagógico con un brillante cuadro de académicos y con tan importantes responsabilidades universitarias. Le quitó carreras que fueron al IPS y el daño quizás más importante fue la expulsión masiva de académicos especialmente de ideologías libertarias y de izquierda. En sus designaciones de rector pasó hasta tener cambios simultáneos a los que tenían sus regimientos; era como uno más.

Hicieron prácticamente desaparecer áreas como las de sociología y psicología. Como también se marginaron primero a los economistas que eran de ideas de izquierda, para después eliminar a los que no eran de mentalidad neoliberal monetaristas. Para los nuevos directivos la economía era más bien una ciencia exacta y no se justificaba la existencia de cátedras de economías sectoriales. En 1980 se eliminó mi cátedra de Economía Agraria que había encabezado por 20 años.

Impresiona hoy la presencia de tantas nuevas universidades que han llegado a formar enormes patrimonios, incluso que han terminado siendo vendidos a capital extranjero. Varias de ellas creo que tienen hoy más alumnos que la Universidad de Chile y extienden su accionar a parte importante del territorio nacional. Ya los alumnos han pasado a ser más clientes que estudiantes.

Cómo se ha jugado con la ambición de los padres de tener hijos profesionales; cómo ello ha llevado a una publicidad irritante y a tanto elevar sus costos con todos esos desembolsos para mejorar falsas imágenes. Cómo esto se ha traducido en grandes desequilibrios en la formación de profesionales y de tener relaciones absurdas entre cantidades de profesionales y de técnicos.

Cómo todo esto ha creado grandes intereses económicos que se oponen a los cambios que requiere nuestra sociedad; llama la atención los altos gastos publicitarios que se hacen más intensos en los periodos previos a las matriculaciones.

Éstos y muchos otros intereses posiblemente sean factores en contra de las grandes cambios que requieren nuestras legislaciones y desde luego en contra de una nueva constitución y que ella se derive de una Asamblea Constituyente.

Para mí una Asamblea Constituyente no sería difícil técnicamente de establecer. Me baso en la experiencia del Congreso transitorio que a fines de los años 60 generó el nuevo estatuto de la Universidad de Chile. Pienso que debiera haber asambleístas nacionales y regionales. Cada ciudadano debiera poder votar por asambleístas nacionales y regionales. Creo conveniente que para cada cargo se pudiese votar por más de un candidato, de manera que uno elija no sólo al que considera mejor, sino a más de uno, que podrían ser incluso de diferentes orientaciones políticas. Cada corriente política elegirá a los más capaces para que sus principios puedan ser mejor representados en los resultados finales. Creo muy probable que eligiendo a asambleístas muy capaces se pueden lograr grandes consensos, eso podrá seguramente conseguirse especialmente en los asambleístas nacionales.

En cuanto al número de miembros de la asamblea pienso que alrededor de unos 150 puede ser suficiente.

Respecto a la legalidad de su constitución, bastaría que el Parlamento legislara delegando sus atribuciones actuales constitucionales en la Asamblea con el compromiso de ratificar lo en ella obtenido.

El trabajo de la Asamblea podría ser similar a lo establecido en la Universidad de Chile para su nuevo estatuto. Lo que apruebe la Asamblea por amplia mayoría quede a firme, y los temas con mayorías menores que vayan a pronunciamiento plebiscitario.
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Otro tema que no deja ser preocupante es la falta de conocimientos cívicos en sectores amplios de la sociedad chilena, y lo más grave, es lo poco o nada que se haya hecho para reponer en la educación formal la enseñanza de educación cívica. Cabe preguntarse, los intereses creados en función de lo existente, no serán causas que obstaculicen el camino al logro de una nueva auténtica constitución.

En mi opinión todo ese proceso para una la nueva constitución, desde sus inicios, pasa a ser una gran actividad de formación cívica de la población. Estoy cierto de que los que participamos en el Congreso Transitorio de la Universidad de Chile de fines de los 60, mucho aprendimos sobre las materias estatutarias como también todos los votantes finales cuando debieron pronunciarse en su participación plebiscitaria.

Pasando a otro tema, relacionado con el anterior, poco se recuerda y analiza la existencia en Chile de leyes secretas, que las conocían los acusadores y los jueces y las desconocían los acusados. Hubo ediciones de conocimiento general del Diario Oficial con espacios en blanco, donde iban las leyes y decretos secretos presentes en ediciones restringidas. Entiendo que todavía se mantienen en nuestro país leyes secretas.

La esencia de una ley es su gestación y su conocimiento por toda la sociedad; por ello una ley no puede entrar en vigencia mientras la población no la conozca; sólo se da por conocida una vez que ella es publicada en el Diario Oficial.
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En las políticas de desarrollo, especialmente de largo plazo, las que podríamos considerar políticas de Estado, debe siempre pensarse en una “Imagen Objetivo” a donde queramos llevar al país y a su sociedad. Para ello es fundamental la planificación de su desarrollo que debe apoyarse permanentemente en amplios y objetivos diagnósticos que consideren los problemas que se están enfrentando, sus posibles causas y sus prognosis, es decir hacia dónde estos pueden evolucionar si no actuamos.

Muy importante en la planificación del desarrollo es tener muy claros los objetivos pretendidos como las estrategias para alcanzarlos.

Recientemente se han oído voces de importantes personas en que señalan sus inquietudes en torno a saber hacia dónde va el país.

El modelo seguido por Chile desde la dictadura cívico-militar iniciada en septiembre de 1973, agudizado a partir de 1975, basado en el neoliberalismo y monetarismo, respaldado fundamentalmente por la Constitución espuria de 1980, nos sigue conduciendo a una profunda crisis de nuestra sociedad, a la cual no se le ve salida fácil.

La pérdida de valores se ha ido acumulando; un gran respaldo a esa pérdida se creó con los escándalos de las privatizaciones, los que quedaron impunes como precio de llegar a una pretendida democracia. Así se formaron grandes riquezas en empresarios de baja moralidad, se crearon poderes económicos, sociales y políticos impresionantes. Un ejemplo tal vez extremo es el de SOQUIMICH.

En mi opinión esta fue una de las negociaciones más lamentable que se han tenido en Chile y que han originado un daño imperdurable. Qué difícil se hace sancionar más adelante a delitos menores.

La concentración de la riqueza y la desigualdad de los ingresos han llegado a valores extremos.

Estos últimos años han ido apareciendo informaciones y delitos que impresionan y que dañan profundamente la credibilidad especialmente del Parlamento y más recientemente del Poder Ejecutivo. Desde luego el desprestigio de la política partidista es notorio; se han perdido en gran parte las ideologías. Se suma a lo anterior el deterioro de la imagen de la principal Iglesia de Chile, la Católica.

Debe hacernos pensar hasta dónde podemos llegar y qué riesgo tenemos de una salida violenta con consecuencia difíciles de prever.

Qué importante es buscar a tiempo salidas. Recordemos como al final del gobierno de la Unidad Popular se estuvo a punto de obtener una salida democrática. Lamentablemente este camino fue tardío y no alcanzó a implementarse.

La delincuencia está quedando impune; los robos hormigas aparecen sin sanción. Ya no serían considerados delitos. Muchos otros delitos pasan a tener sanciones mínimas; se habla tanto de las puertas giratorias. Las cárceles no dan abasto y Chile es un país de los que tienen más alta proporción de población encarcelada. Está proliferando las detenciones domiciliarias y especialmente las nocturnas. Por otra parte las cárceles pasan a ser verdaderas universidades del delito y desde ellas se siguen cometiéndolos, con altas sofisticaciones.

El detenido que termina su sanción, muchas veces no tiene oportunidad de trabajo y rápidamente vuelve a delinquir.

Qué importante podría ser lo que pasaba en el pasado cuando los presos podían aprender oficios y trabajar, obteniendo ingresos e incluso con posibilidades de ahorrar.

La venta callejera clandestina prácticamente no es impedida y tiende a generalizarse; no pocos consideran que es mejor que esto suceda y que no actúen como ejecutores de delitos mayores. Posiblemente gracias a ella tenemos menos desempleo.

Cuando existía la Caja Nacional de Ahorros se hizo un gran fomento al ahorro y después el Banco del Estado, sucesor de sus labores, mantuvo por ley el sistema creado, sistema hoy casi desaparecido. El banco estatal terminó apropiándose impunemente del ahorro de millones de ahorrantes que creyeron en el sistema. Sólo una baja proporción de esas apropiaciones pudo recuperarse gracias a una demanda de una organización de consumidores tras años de juicio y gracias a que solo el SERNAC del gobierno pasado lo respaldó; anteriormente eso no se había conseguido.

Parece increíble que los consumidores debieron demandar a una institución financiera del Estado chileno. Qué poco se da a luz estos hechos; el Banco del Estado es muy importante en sus gastos de publicidad como también en el financiamiento de las campañas electorales al prestarle a los candidatos con las garantías de que el Estado más adelante les entregará por los votos obtenidos, como lo establece la ley.
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Volviendo al tema de la necesaria estabilidad social y política, se capta un malestar social en sectores de la población que se manifiesta violentamente, violencia que cuesta comprender. Impresiona que los bomberos cuando van a apagar incendios en algunas poblaciones sean atacados; o que en días de manifestaciones destruyen no sòlo propiedades privadas sino que incluso salas cunas, escuelas públicas y consultorios; en las concentraciones se hacen presentes destructivamente los encapuchados, destruyendo propiedades privadas mucha veces de personas de bajos ingresos, robando y destruyendo estructuras públicas.

La Fuerza Pública pasa a ser incapaz de controlar estos desmanes.

Las quemas de vehículos de la movilización pública ya pasan a ser habituales.

Las desigualdades de ingresos son impresionantes. Ello es posiblemente un factor favorable a la violencia que nos parece irracional.

Recientemente hice un cálculo simple. Un trabajador con el sueldo mínimo de hoy, remuneración que ha mejorado, trabajando continuamente durante treinta años obtiene menos de los que el Gerente de SQM recibe en un mes, o algo similar a lo que llega a obtener un conservador de bienes raíces en designación vitalicia.

Robos en los hogares que se denuncian, en alta proporción no son investigados.

Tuve la experiencia de un trabajador con 28 años de imposiciones que sólo logró una jubilación que era inferior a la mínima. Todo lo que él impuso no tuvo ningún significado.

A los que tenemos más edad, nos impresiona ver en diferentes barrios cómo han aumentados los enrejados y las puertas metálicas. Uno llega a ver en parte familias viviendo en verdaderas jaulas.

Recuerdo en el pasado la existencia de retenes especialmente rurales, con pocos policías, sin protecciones especiales diarias ni nocturnas. El carabinero era respetado; recuerdo en La Cisterna donde vivía como en las noches rondaban la pareja de policías a caballo con sus mantas de Castilla y sus carabinas. Ya casi no se ven policías a pie en las noches.

Los retenes y las comisarias jamás eran atacadas o asaltadas. Qué distinto es todo eso ahora.

En Chile se ha perdido el respeto a la policía. El hacerlo debiera constituir graves delitos y traducirse en fuertes sanciones como sucede en países desarrollados. Parece increíble ver como poblados actúan contra las fuerzas policiales, las que a veces deben retroceder para protegerse. Cómo se les lanza bombas Molotov, y al parecer todos esos delitos quedan impunes. Incluso tirarle una piedra a un policía debiera ser sancionado a lo menos con cárcel.

Impresionan las estadísticas que muestran los viajeros impagos en el Transantiago, y que incluso aumente su porcentaje.

Todo esto ocurre cuando estamos frente a un bajo desempleo. Qué sucederá si éste aumenta.

El caso de SOQUIMICH impacta. Cómo ha financiado campañas políticas de candidatos de tan distintas corrientes políticas. Esperamos llegar a tener en claro hasta donde ha llegado esta delincuencia, tanto de los que la generan como los beneficiados de ella.

Reciente encuesta demuestra la fuerte  pérdida  del prestigio empresarial chileno.

Realmente pensemos en el futuro de Chile, hacia dónde vamos, en qué puede terminar todo esto. Ojalá eso nos haga actuar hoy más racionalmente. Mucho cuesta construir; muy poco destruir.

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